Cimarrón, los llaneros del joropo universal

Cimarrón, los llaneros del joropo universal

Ana Veydó, directora del grupo colombiano, habla del joropo, la experimentación y los premios.

Grupo Cimarrón

El grupo Cimarrón en la imagen de su último álbum ‘Orinoco’ (2018), el primero de sus trabajos discográficos grabado en Colombia.

Foto:

Angela María Vives

Por: Karen Parrado Beltrán
23 de mayo 2020 , 10:50 p.m.

El grupo colombiano que lleva veinte años consolidando una música llanera experimental en los escenarios de todo el mundo es el primero del país en recibir
el Songlines Music Award a mejor agrupación.

Cuando el grupo Cimarrón canta “Orinoco, magia y canción” en uno de los temas de su último álbum, 'Orinoco' (2018), lo que suena no son solo las voces e instrumentos de llaneros virtuosos, sino la vena experimental de un proyecto musical nacido en una región de la que extrajo la fuerza y belleza del sonido criollo para convertirlas en un híbrido aclamado mundialmente.

El proyecto surgió del encuentro de un arpista y una cantaora de los llanos orientales. Carlos ‘Cuco’ Rojas y Ana Veydó se juntaron en el año 2000 para formar un grupo que desplazara la música llanera del arpa, cuatro y maracas hacia fronteras musicales más porosas. Desde ese momento, Cimarrón emprendió una ruta contemporánea por 38 países, en más de 500 conciertos, hacia latitudes inauditas para un sonido casi endémico de los llanos colombo-venezolanos.

Cimarrón, un nombre que apela al toro salvaje de la llanura, es una rareza en su propia tierra y una vanguardia en tierras extranjeras. Después de recibir dos nominaciones a los Grammy —una como mejor álbum tradicional de músicas del mundo (2004) y otra como mejor álbum folclórico en los Grammy Latinos (2019)—, Cimarrón suma a su galope solitario el Songlines Music Awards 2020, un premio a lo mejor de la música del mundo, el cual recibieron luego de su gira ‘Quitapesares’, homenaje a su fallecido líder Carlos Rojas. Un nuevo reconocimiento que destacó a los colombianos sobre otras tres agrupaciones de Hungría, Venezuela y Gran Bretaña.

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¿Por qué el joropo se convirtió en una música del mundo?

Ana Veydó: Creo que el trabajo que se ha hecho a lo largo de estos 20 años es precisamente buscar espacios para alcanzar ese circuito musical. Querer posicionar un sonido, llevar el joropo a otro nivel, implicó cambios en nuestra manera de hacerlo y presentarlo. En ese entonces, los grupos de joropo estaban enfocados en la región, con muy pocas salidas incluso al país, y como la idea era presentarlo al mundo, pues había que buscar espacios. Los idóneos para nuestra propuesta fueron los festivales internacionales.

Uno de los diferenciadores de Cimarrón es la búsqueda de nuevas facetas percutivas…

Claro. Si uno mira un grupo tradicional llanero, pues diría que la percusión está en las maracas, pero para nosotros era un elemento muy limitado. Entonces vimos en los zapateos (golpe que dan los bailarines con las cotizas sobre el suelo) un gran potencial, porque si hay algo percutivo son las rítmicas que se hacen con el zapateo doblando al arpa. En verdad, las rítmicas que se escuchan en Cimarrón no son traídas de otras músicas; están dentro de la música llanera, pero no eran visibles antes. Por eso recurrimos a instrumentos más fuertes como la tambora afrocolombiana, luego el surdo brasileño, entonces ahí mirábamos las distintas tímbricas que podíamos lograr casi como un set que se asemejara a la batería.

Hemos tomado la licencia
de la improvisación en lo rítmico
y melódico desde los golpes tradicionales del joropo, con
un desarrollo orgánico en su instrumentación

¿Eso pasó porque ustedes exploraron el joropo como una experiencia más cercana a la improvisación del jazz?

Si el jazz es la música improvisatoria por excelencia, pues, nosotros hemos tomado la licencia de la improvisación en lo rítmico y melódico desde los golpes tradicionales del joropo, con un desarrollo orgánico en su instrumentación. Hemos sido una banda que ha dado un gran valor de manera decidida a los golpes más emblemáticos y hemos experimentado con ellos bajo la visión de darles la importancia que merecen y convertirlos en piezas sofisticadas como es el caso de la canción 'Zumbajam' (2018).

Es una innovación que les ha dejado muchas críticas…

Desde el comienzo, en la medida en que íbamos nutriendo nuestra sonoridad y puesta en escena, recibimos críticas sobre todo de los músicos de la región. Lo primero que se nos criticó fue haber presentado un bailador a zapatear solo en el escenario, era algo inconcebible en ese momento en el que esperaban un baile más en pareja. Luego, al introducir el cajón afroperuano, la tambora afrocolombiana y el surdo, se dijo que estábamos distorsionando la tradición llanera. Pero siempre hemos defendido nuestra propuesta porque aunque algunos de estos elementos pueden ser prestados, están al servicio de potenciar lo más tradicional del joropo.

Con esa propuesta han pisado escenarios insólitos. Estuvieron en Japón en 2017, ¿qué fue lo más intenso de tocar ante un público culturalmente tan distante?

Nosotros hemos tenido la oportunidad en China, Japón, Malasia, Marruecos, Argelia, Líbano, Emiratos Árabes, y han sido siempre públicos de allá, nunca tocamos para la colonia colombiana, casi ni latina. Japón fue una gran experiencia porque no suelen levantarse a gritar y uno pensaría al ver al público que está súper quieto: ¿pero sí están escuchando? (risas). Me pasó que cuando salí me abrazaban las señoras en Tokio llorando, decían que nuestra música era algo muy conmovedor.

Y ante eso, ¿Colombia ha sido un escenario difícil de conquistar para ustedes?

Sí, la verdad Colombia es un país difícil para nuestra propuesta. Hemos tocado más en Gales (Reino Unido) que en Colombia. Cuando estuvimos allá, en febrero, hicimos 15 conciertos con ciudades nuevas, pero regresamos a escenarios donde ya nos conocían. En verdad hemos tenido más oportunidad de presentar nuestra música por fuera.

Grupo Cimarrón Llanos Orientales

La propuesta de Cimarrón integra el zapateo del baile del joropo como un instrumento más, así como trajes inspirados en la región del Orinoco.

Foto:

Evan Dawson

Se presentaron en Villavicencio (Meta) por primera vez el año pasado…

Estuvimos en el Torneo Internacional del Joropo por primera vez. Fue una experiencia muy linda. Pensábamos que el público no quería ver a Cimarrón y no era así, fuimos muy aplaudidos, a la gente le encantó; además, se había creado como toda una expectativa de qué era lo que tenía nuestro grupo, cómo éramos escénicamente. Nos dieron la oportunidad y, pues, es el festival más grande que tiene la música llanera de Colombia y Venezuela.

(Lea además: Yembemá apuesta por la tradición y lo urbano)

Carlos Rojas, cofundador del grupo, murió en enero pasado, ¿cuál será el rumbo del grupo ahora?

Empezamos los dos ideando este proyecto de Cimarrón. Yo creo que todavía hay mucho por hacer, conozco perfectamente el sentido de lo que quisimos proyectar, hay una manera de hacer la música en Cimarrón y alrededor de eso trabajaré. Faltan muchos escenarios que alcanzar, hay países donde no hemos llegado y que a los que siempre quisimos ir con Carlos: Australia, Italia. Pero también hay muchas cosas por grabar, siempre quisimos hacer colaboraciones musicales, y es un trabajo pendiente. Seguiré adelante con Cimarrón porque hay un legado y el compromiso de que si alguno faltaba el otro continuaría el trabajo. Es algo que siempre nos unirá donde sea que vayamos.

Ustedes dos eran las figuras más estables del grupo, pero el resto de músicos rota mucho. ¿Cimarrón es también una escuela?

Por supuesto. Creo que en eso se convirtió porque casi siempre se están cambiando los instrumentistas. Si bien son muchachos que llegan con muy buenas bases y formación en la tradición llanera, deben aprender a tocar a la manera de Cimarrón. El año pasado que hicimos la gira de dos meses y medio, nos preparamos dos meses concentrados en una casa. Estuvimos trabajando todo el día, preparando de todo porque nosotros en el escenario debemos bailar, cantar, tocar; no es solo trabajo musical, sino escénico.

Usted es la voz y ahora, también, la líder de un grupo predominantemente masculino ¿Ha sido difícil?

Sí. Ser mujer tiene su complique porque de todas maneras el Llano es una región muy machista, es una carga con la que llegan los músicos. Una cosa es atender una sugerencia de un hombre —en el caso de Carlos— y otra es de una mujer, como que uno tiene que hacer el doble de trabajo: primero decirle ‘mire, es así’, y la otra es convencerlo. Ademas, en mi caso alguien debe poner el orden porque tenemos que ser un grupo profesional, y a quien le corresponde ese trabajo siempre será visto de otra manera. Siempre hemos trabajado con la intención de comportarnos como una banda internacional, y eso requiere de una disciplina y cambiar el chip de cómo funciona el joropo en los Llanos.

KAREN PARRADO BELTRÁN
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
En Twitter: @piedemosca

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