‘Colombia no se puede definir por un solo color’: Alexis Play

‘Colombia no se puede definir por un solo color’: Alexis Play

El cantante, compositor y productor forma parte de la nueva generación de artistas del Chocó.

Alexis Play, cantante, compositor y productor

Alexis Play nació en Quibdó, hace 34 años. Ha producido varios temas del grupo ChocQuibTown.

Foto:

Cortesía Alexis Play

Por: Julia Alegre Barrientos
06 de enero 2019 , 09:40 p.m.

El Chocó es tierra de música y de músicos. De ahí son la chirimía, el abozao y el tamborito, la folclorista Gloria Perea, el compositor y fundador del Grupo Niche Jairo Varela, el cantautor y director de la agrupación Rancho Aparte, Dino Manuelle… Y así, una larga lista de géneros y artistas que mantienen viva la identidad afrocolombiana que distingue de forma inequívoca el departamento bañado por las aguas del Pacífico y su tradición por los sonidos ancestrales.

De ahí son también Goyo, Tostao y Slow, los tres integrantes de ChocQuibTown, quizá la agrupación más representativa de la nueva ola musical chocoana, esa que reivindica la riqueza musical de esta región unido a los ritmos más pop y comerciales que han hecho de su música una expresión artística vendible en todo el mundo.

Una combinación que ha demostrado ser un éxito: sus aportes a la industria les han valido varios premios Grammy Latino y son los artistas detrás de ‘De donde vengo yo’ o ‘Pescao envenenao’, canciones que ya hacen parte del imaginario de las nuevas generaciones del Chocó y en las que se exalta esa forma de ser propia de las gentes del Pacífico, sin abandonar las letras reivindicativas que buscan visibilizar las carencias que aún padecen.

Alexis Play es otro referente de esta nueva camada de artistas chocoanos que hace 20 años decidió poner su arte a disposición de la difícil tarea de mostrar que el Chocó es más que violencia y abandono, sino un laboratorio musical que aporta a la multiculturalidad y diversidad. Formó parte de ChocQuibTown y todavía los acompaña en la producción de algunos de sus temas y colabora con ellos como cantante en tantos otros.

Ángel Alexis Ríos Valencia, como lo bautizó su madre en Quibdó, ciudad que lo vio nacer hace 34 años, empezó a crear música desde su paso por la institución educativa Carrasquilla Industrial, cuando con 14 recibió su primera clase de música que se incluía dentro del currículo del colegio.

De esa época recuerda también cómo llegaron a sus manos casetes de ‘hip hop’ provenientes de Estados Unidos que le sirvieron de inspiración para escribir sus primeras letras. Así, sin muchos recursos, pero con mucha determinación, empezó a formarse de forma autodidacta, a producir, componer y grabarse, para luego buscar otros artistas y músicos de la región que le enseñaran aquello que musicalmente se le escapaba.

Con varios EP y el álbum ‘Lírica satírica’ a la espalda, acaba de presentar ‘Salte’, primer sencillo de su próximo trabajo ‘Llegó la lírica’, que verá la luz este año. Una canción que, como explica Alexis Play, se debía desde hace tiempo como manifestación del nuevo folclor que se está haciendo en el Chocó. EL TIEMPO habló con él.

Decidió poner su arte a disposición de la difícil tarea de mostrar que el Chocó es más que violencia y abandono, sino un laboratorio musical que aporta a la multiculturalidad y diversidad

¿Quién es Alexis Play?

Soy un artista chocoano dedicado a la música desde los 14 años. Entre las muchas músicas que escuché cuando estaba chico, el ‘hip hop’ fue quizá la que me enamoró desde el principio. Ahí encontré esa forma de decir lo que no era capaz de decir, de enfrentar esa timidez que me caracterizó desde pequeño. Me dediqué a la producción desde muy temprano, porque era la única forma de hacer esta música que en el Chocó todavía no era muy común. Pero no teníamos los medios, así que empecé a producir lo que hacía.

¿Por qué decidió dedicarse a la música?

Crecí en un ambiente musical. Desde muy temprano escuchaba música en el barrio; al frente de la casa había un grupo de músicos que siempre ensayaban. La música que escuchábamos era el ‘reggae’, el ‘dance hall’, la champeta. En mi familia ha habido músicos, tíos, tías abuelas... Ha habido varias manifestaciones de arte dentro de la familia y, en mi generación, creo que fue a mí a quien me tocó. En mi casa siempre se escuchó muy buena música. Llega el sábado y lo primero que hace mi madre es poner música.

¿En qué se inspira?

Yo le canto a la vida, a cada cosa que me pasa. Soy de escribir desde mi propia realidad de mi entorno: lo que siento, lo que veo. Eso que me hace sentir cualquier emoción, desde el amor, a lo social, de lo que veo que sucede en mi país. También las historias de otras personas cercanas.

Yo era muy tímido para el tema del enamoramiento y aprendí a escribir del amor a partir de la música; esa es una de las cosas más valiosas a las que le escribo hoy.

¿Cómo es su proceso de creación?

Con el tiempo fue tomando un orden. A mí me puede llegar la inspiración para componer en cualquier lugar. Lo que procuro siempre es tener el teléfono cargado para poder grabar, así sea un sonido o una melodía que salga, o escribir una idea. Aprendí con el tiempo a hacer primero la letra para saber con qué música acompañarla. Y como aprendí a producir y soy músico, procuro ir construyendo la música acorde con la canción, para que sean una unidad. Desde hace mucho tiempo tengo un estudio en mi habitación, así que a cualquier hora que me llega la inspiración, en la madrugada, si lo sueño, me despierto y grabo, aunque sea una guía. Luego por la mañana desarrollo la idea completa. Lo único que no he aprendido y no soy capaz es escribir por obligación. Me puedo sentar por horas y no sale.

¿En qué género se siente más cómodo?

Tuve un tiempo que me generó un bloqueo horrible porque estuve buscando mercados de música y todo el mundo trataba de encasillarme. Pero lo mío es música del mundo, porque contiene de todo.

Mi acento sí es muy rapero y el sonido busca tener ese carácter del rap con bombos fuertes, bajos presentes, cajas sonoras, pero con armonía un poco más suave, con un poco más de complejidad en los arreglos musicales, en la melodía. Pero soy una combinación de todo lo que sé, conozco y vivo, desde el ‘latin’ al ‘reggae’, pasando por el ‘dance hall’, la champeta, la salsa, el ‘funk’…

En sus canciones siempre hay alguna referencia a los problemas que afligen al Chocó o una reivindicación en pro de la diversidad. Por poner un ejemplo, en el tema ‘El pueblo’, canta: ‘Se les olvida que este país se construyó al lomo del negro; que hasta Simón Bolívar necesitó de los negros para lograr la independencia’.

Es necesario, porque nosotros venimos de una región históricamente abandonada que solamente se la mira para explotar recursos o cuando sucede algo negativo.

Nuestro departamento ha sido invisible, con carencias, necesidades. Personajes como yo, más visibles, tenemos la tarea de que se vea esa otra cara de nuestra gente. Del chocoano trabajador, del habitante del Pacífico luchador, con talento, con inteligencia. Mostrar, a través de nuestro arte, esa descendencia que tenemos, nuestras músicas tradicionales, nuestra cultura, nuestra gastronomía, nuestra naturaleza. En nuestro país se conoce nuestra región por lo poco que difunden los medios, que generalmente es mostrar esa imagen de ‘pobrecitos los negritos del Pacífico’, pero en el Chocó hay mucha gente haciendo cosas importantes e interesantes para el desarrollo de nuestras comunidades. Necesitamos reconstruir esa imagen y hacer que la gente conozca nuestra historia, que se ha contado amañada y de forma incompleta. El desconocimiento es grande.

¿Considera que Colombia es un país racista?

Sí, claro, y es inexplicable por qué. Es un país tan mestizo, tan diverso, tan de colores y sabores diferentes. De negros, blancos, de zambos, mulatos, indígenas... Colombia es un país que no se puede definir por un solo color.

No entiendo todavía el racismo que persiste en Colombia, que, además, se enraíza en una cuestión de clases: somos un país clasista. La gente que se cree de mejor familia o mejor estrato por su poder adquisitivo aísla a los otros por lo que visten, por lo que tienen. Sí, definitivamente Colombia es un país racista, clasista, machista y muchos ‘istas’ más.

No entiendo el racismo que persiste en Colombia, que se enraíza en una cuestión de clases: somos un país clasista. La gente se cree de mejor familia o mejor estrato por su poder adquisitivo

Ese racismo del que habla, ¿también se siente en la industria musical? Por ejemplo, ¿a la hora de lograr contratos o posicionar su música?

Sin duda. Muchos artistas negros colombianos hemos tenido la dificultad de entrar en esta industria musical masiva por eso. Un ejemplo: hay agrupaciones –como ChocQuibTown– a las que les tocó un proceso muy complejo para ser escuchadas. Pese a que su sonido ha cambiado, siempre mantienen la temática de la música negra y la reivindicación.

Hay muchos músicos negros haciendo música de altísimo nivel, pero los músicos negros más visibles hoy en día, la mayoría, son productores y están detrás de las cámaras. Y eso que están organizados: vienes al Valle del Cauca o al Chocó, y lo que ves ahí es inmenso a nivel musical. El tema racial todavía influye mucho en el cómo llegas a los medios, en el cómo te miden para ponerte en determinado canal de televisión.

El negro parece que todavía no es estético: para ser bonito o llamativo tienes que ser más clarito, con el pelo más liso, con los ojos más claros, con la nariz más pequeña o con los labios más delgados. Eso todavía pesa, y no solo en la industria colombiana, sino en la latina, en el mundo. Vivimos en un país que sueña con ser otro país.

JULIA ALEGRE BARRIENTOS
Redacción Domingo@JuliaAlegre1

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