‘Vivimos en un mundo dominado por la dictadura del utilitarismo’

‘Vivimos en un mundo dominado por la dictadura del utilitarismo’

Nuccio Ordine en ‘La utilidad de lo inútil’ reivindica la importancia de la cultura y los clásicos.

Nuccio Ordine, profesor y filósofo

Ordine es profesor de literatura italiana en la Universidad de Calabria.

Foto:

Leonardo Cendamo / AFP

Por: Juan Rodríguez M. - EL Mercurio (Chile) - GDA
19 de enero 2019 , 09:19 p.m.

En la bota que es Italia, la región de Calabria es la punta, de hecho, todo el empeine. En la zona norte de esa región está Diamante, un pueblo de 5.300 habitantes, unos 800 más de los que había en 1958, cuando nació Nuccio Ordine: “En ese pequeño pueblo, en mi casa, no había libros. Papá y mamá habían estudiado solamente en la escuela básica” –recuerda Ordine, al teléfono desde Italia–. “Y no había librerías, no había bibliotecas”.

Asombra oír eso, pues hoy Ordine es profesor de literatura italiana en la Universidad de Calabria, filósofo, autor de libros sobre Giordano Bruno, uno de los mayores expertos en el Renacimiento y un intelectual muy valorado a nivel internacional.

Su último libro se llama ‘La utilidad de lo inútil’ y es un manifiesto a favor del cultivo de las humanidades, las artes y las ciencias básicas, y contra el imperio del utilitarismo y el beneficio.

El libro ha sido publicado en 32 países. La versión en español fue lanzada en el 2013 y lleva veinte ediciones. “Algunos impenitentes agradecemos a Nuccio Ordine su manifiesto –dijo el filósofo español Fernando Savater– en el que repasa las opiniones de filósofos y escritores sobre la importancia de seguir tutelando en escuelas y universidades ese afán de saber y de indagar sin objetivo inmediato práctico”.

“A raíz de la publicación de mi libro ‘La utilidad de lo inútil’, he vivido una experiencia un poco cansadora, pero ciertamente extraordinaria: he impartido casi cien conferencias en institutos de toda Italia; me he reunido con miles de estudiantes, con centenares de profesores y de padres”, se lee en las primeras páginas de ‘Una escuela para la vida’, una conferencia dictada por Ordine en marzo del 2018, en Barcelona.

Otro libro de Ordine es ‘Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal’. En él selecciona fragmentos de autores clásicos a los que agrega pequeños comentarios. Por el volumen, pasan personajes de la talla de Shakespeare, Hipócrates, Platón, Thomas Mann, Maquiavelo, Marguerite Yourcenar, Goethe, Borges, Dickens, Primo Levi, Cervantes, Edgar Lee Masters, Montaigne y García Márquez, entre otros.

Estos se suman a los incluidos en ‘La utilidad de lo inútil’: Víctor Hugo, Foster Wallace, Nietzsche, el Quijote, el coronel Buendía, Dante, García Lorca, Tocqueville y Gramsci, lo que permite tener en pocas páginas una breve enciclopedia del espíritu humano.

¿Cómo hace un niño que se crió sin libros en su casa, en un pueblo sin librerías ni bibliotecas, para convertirse en profesor de literatura, autor y recolector de sabiduría?

La escuela, la universidad, la cultura han contribuido mucho a cambiar mi vida. Por eso siento la carta de Camus como conmovedora y también autobiográfica –Ordine se refiere a la misiva que el escritor francés le envió a su profesor de Argel, tras recibir el Premio Nobel de Literatura en 1957–. “Querido señor Germain –escribe Camus–, esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto”.

¿Cuál es la responsabilidad de los profesores en el desinterés por los clásicos?

Hay profesores que matan a los clásicos. Una lección mal construida por un profesor es un crimen terrible. ¿Por qué? Porque el profesor que no prepara bien la lección no activa la atención de los estudiantes. La palabra del profesor es muy importante, porque, como decía Platón, la enseñanza tiene un erotismo, un eros. Los estudiantes tienen que amar las cosas que el profesor enseña. El profesor... la misión del verdadero profesor es cambiar la vida de los estudiantes. Camus ha devenido en el Camus que hemos leído porque ese profesor que él tuvo hizo un trabajo enorme, pues el destino de Camus no era continuar los estudios, sino ir a trabajar para aportar algo de dinero a su familia.

Su último libro se llama ‘La utilidad de lo inútil’ y es un manifiesto a favor del cultivo de las humanidades, las artes y las ciencias básicas, y contra el imperio del utilitarismo y el beneficio

Permiso para trabajar

Cuando comienza un curso en la universidad, el profesor Ordine les pregunta a sus alumnos por qué están ahí. “Muchos de los estudiantes responden que se han matriculado para conseguir un título. Bueno, yo pienso que el deber de la escuela y de la universidad, y del profesor que enseña, es hacer entender a nuestros estudiantes que no están ahí para eso. No. El instituto y la universidad son oportunidades que la sociedad nos brinda para que intentemos ser mejores. Hoy, por el contrario, los estudiantes piensan que la escuela y la universidad son solamente una destinación, un recurso para obtener un título, y con este título, un salvoconducto para el mundo del mercado y del trabajo”.

¿A qué atribuye el éxito de ‘La utilidad de lo inútil’?

Cuando he escrito el librito, lo he hecho solamente para los estudiantes. No me habría nunca imaginado que podía tener el éxito que hemos visto. Pienso que es un libro que responde a una pregunta de los profesores en todo el mundo, y es ¿por qué los gobiernos cortan el dinero para la educación, para escuela, la universidad, para la investigación básica, para los conservatorios de música, para las excavaciones arqueológicas? ¿Por qué? Porque piensan que son cosas inútiles. ¿Y por qué piensan que son cosas inútiles? Porque no producen beneficio inmediato; ese beneficio que es solo material, solo dinero. Sin embargo, tienen el beneficio, entre comillas, muy muy importante, de hacer a la humanidad más humana. El problema es que vivimos en un contexto político, social y económico que es dominado por la dictadura del utilitarismo. La primera cosa que te preguntan es, siempre, ¿y eso para qué sirve? ¿Para qué sirve leer poesía? ¿Para qué sirve visitar el Museo del Prado en Madrid? ¿Para qué sirve visitar el Museo de Louvre en París? Bueno, es claro que en el universo del utilitarismo es muy fácil entender la eficacia de un utensilio, por ejemplo, de un martillo, un cuchillo, una llave inglesa, pero es más difícil comprender para qué sirven un cuadro, un poema, una sinfonía.

¿Por qué leer a los clásicos?

Los clásicos son siempre contemporáneos. ¿Por qué? Porque un clásico se llama así porque es capaz de responder a las preguntas que los lectores les hacen en todos los siglos. Homero puede responder hoy a muchas cosas. Es por eso que he seleccionado, en el curso de los años, páginas de los autores importantes de varias literaturas, para hacer comprender a los estudiantes que una página de un clásico puede ayudar a comprender el presente, nos puede ayudar a reflexionar sobre las cosas fundamentales de nuestras vidas.

¿Es posible revertir el predominio del utilitarismo?

Jeje... Soy pesimista y optimista. Empecemos por el pesimismo. Hoy, la gente no lo sabe, pero es una cosa muy muy grave: los parámetros internacionales de la enseñanza están condicionados por las directrices de agencias trasnacionales, por ejemplo, el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), la Organización Mundial del Comercio. ¡Cómo es posible que gente que se ocupa del comercio, de los bancos, del dinero, dicte la dirección de la educación del mundo! ¡Es un escándalo! Bueno, el problema es que si no respondes a estos parámetros, el riesgo es el aislamiento total. Cada año, el prestigio de la universidad es medido por una serie de clasificaciones internacionales, en las que el valor de los centros universitarios asciende y desciende como las acciones de las bolsas del mundo. Las universidades y las escuelas son transformadas en empresas. ¿Y qué hacen estas empresas? Venden diplomas. ¿Y quiénes compran esos diplomas? Unos clientes llamados estudiantes. Es una locura.

¿Y la parte optimista?

Pienso en tres razones para ser optimista: la primera es que la única cosa que no se puede comprar con el dinero es el conocimiento. Por eso pienso que la universidad y la escuela, el saber, pueden ser una forma de resistencia a esta lógica triunfal del utilitarismo: si el hombre más rico del mundo viene a mi universidad y me dice ‘profesor, tengo aquí para ustedes un cheque en blanco para conocer, para saber’, no va a poder comprarlo. El conocimiento pide un esfuerzo que nadie puede realizar en nuestro lugar, solo lo puedes hacer tú, y ese precio te permite conocer.

La segunda razón es que la enseñanza puede destruir las reglas del mercado. ¿Por qué? Porque las reglas del mercado prevén siempre una ganancia y una pérdida correlativas. Si compro una botella de agua, quien me la vende obtiene mi dinero y pierde el agua, y yo pierdo el dinero y gano el agua. Pero hay un milagro, cada día en cada pequeña escuela, en África o en Estados Unidos, cuando un profesor enseña, por ejemplo, el teorema de Pitágoras a un estudiante, y él, el profesor, no lo pierde. El conocimiento es un proceso virtuoso con el cual se enriquecen todos, al mismo tiempo, quien da y quien recibe, pues el profesor siempre aprende de los estudiantes. Una pregunta de un estudiante, una simple mirada, te pueden permitir comprender cosas que tu no habías comprendido antes.

La tercera razón de su optimismo la toma Ordine del escritor irlandés Georges Bernard Shaw. “Imaginemos que hoy dos estudiantes salen de sus casas con una manzana cada uno. Se encuentran en la universidad y se intercambian sus manzanas; cada uno volverá en la noche a su casa con una manzana. Pero imaginemos que esos dos estudiantes salen de su casa con una idea cada uno, se encuentran en un aula, se intercambian las ideas y en la noche, cuando regresan a casa, tienen dos ideas cada uno. La cultura siempre enriquece, es un círculo virtuoso que enriquece a todos sus protagonistas”.

¡Cómo es posible que gente que se ocupa del comercio, de los bancos, del dinero, dicte la dirección de la educación del mundo! ¡Es un escándalo!

Cosa de locos

De los autores y personajes que Nuccio Ordine reúne en sus libros, quizás el Quijote sea el mayor héroe de la inutilidad. “Hay muchos héroes de la inutilidad” –explica–. “Claramente, el Quijote es un ejemplo muy conocido, un clásico leído en todo el mundo, porque la idea de Cervantes fue crear un personaje que trabaja solamente para los otros. El Quijote dice ‘mi vida está al servicio de las personas débiles, de todas las gentes que necesitan la ayuda de un caballero como yo’. Bueno, esa es la idea de gratuidad. Hoy estamos construyendo un mundo muy peligroso, porque la idea es que cada hombre es una isla, piensa solamente dentro del pequeño perímetro de su vida y no tiene mayor relación con los otros. Estoy escribiendo un nuevo libro, que sale en Francia y en Italia a fines de octubre. El título es ‘Los hombres no son islas’. Es una meditación de un gran poeta inglés, John Donne, que ha escrito (en 1624) esta pequeña reflexión: (Ordine imposta la voz y recita) ‘Ningún hombre es una isla completa por sí mismo. Todo hombre es un trozo del continente, una parte del todo. Si una porción de tierra es arrastrada por el mar, toda Europa queda disminuida. (...) la muerte de cualquier hombre me empequeñece, pues formo parte de la humanidad, por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti’ ”.

No faltará quien le responda: ‘bueno, pero el Quijote era un loco’. ¿Qué le diría usted a esa persona?

Que también mucha gente dijo que Nelson Mandela era un loco... Pero hay gestos, hay cosas de los ‘locos’ que pueden cambiar el mundo.

JUAN RODRÍGUEZ M.
EL MERCURIO (Chile) - GDA
En Twitter: @ElMercurio_cl

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