Diego el Cigala, el rey del flamenco, le canta a México y al Caribe

Diego el Cigala, el rey del flamenco, le canta a México y al Caribe

Tras 22 años de carrera, el Cigala le dedica su undécimo álbum de estudio a los clásicos mexicanos.

Diego el Cigala

El Cigala, recordado por su trabajo con el cubano Bebo Valdés, representa el flamenco fuera de España. Esta vez canta clásicos mexicanos.

Foto:

Manuel Queimadelos Alonso. Getty Images.

Por: Mateo Arias Ortiz
17 de junio 2020 , 07:06 p.m.

La voz del Cigala y su forma de cantar es lo que nos imaginamos cuando pensamos en flamenco. Diego Ramón Jiménez Salazar (Madrid, España, 1950) es en buena parte uno de los responsables de la internacionalización de esta tradición musical, que él mismo describe como el lugar en el que se siente seguro: “La música, en general, es el refugio en el que me meto para ser dichoso. Pero sobre todo el flamenco”.

La fórmula con la que logró que se oyera la música andaluza y sevillana de este lado del Atlántico fue acercarla a la cultura latinoamericana. Y es que la atracción que siente Diego el Cigala hacia la cultura y la gente de esta parte del mundo ha crecido con los años, hasta el punto de que en 2015 se instaló en República Dominicana, donde ahora vive.

En la charla que tuvo con EL TIEMPO a través de una videollamada, se le veía con una camisa de manga corta adornada con flores, adaptado al clima de Punta Cana.

Su manera de habitar estas tierras y mares trasciende el plano físico. Su flamenco ha recorrido todo el continente. Comenzó en 2003, con el disco que se encargó de hacer ese lazo inquebrantable: 'Lágrimas negras'. Allí se fusionó la tradición ibérica con la caribeña, de la mano del célebre músico cubano Bebo Valdés.

Su peregrinaje por el continente siguió. En 2010, se fue del Caribe hacia el sur y grabó 'Cigala & Tango', una colección de clásicos de este género reinterpretados con su voz. Algo así es lo que presenta año con 'Cigala canta a México': esta vez llevó su viaje musical al extremo norte para reapropiarse de las grandes canciones mexicanas y entregárselas al público.

¿Cómo describiría la relación entre la música de la Península Ibérica y la de América Latina y el Caribe?

Creo que es una relación mágica. Son dos mundos que están muy enlazados, a pesar de estar separados por el charco. Siempre se pueden encontrar matices entre el arte de ambas regiones. Hay una unión que está ahí. No hay que buscarle los tres pies al gato.

Particularmente yo me siento muy identificado con estos pueblos, con sus creencias, con sus vivencias. Me dan cosas positivas para vivir. Hablo de toda América Latina, pero singularmente de República Dominicana, donde me siento feliz, sobre todo por la gente. Esta manera de vivir la relaciono con la que tiene el pueblo gitano: esa unión, esa familiaridad, Dios por delante. Me identifico, me siento a gusto. Se trata de tener el alma tranquila, de sentirse parte de ese lugar que se habita.

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Y lo que me hace sentir bien en Punta Cana, además de la gente, es la buena música. Aquí son amantes de la salsa, como yo. Y hay grandes músicos de esta tierra. Y de todos ellos intento aprender algo, para luego aportar con mi arte, que es el flamenco.

Muchos ritmos del Caribe llegan a Colombia para quedarse. ¿Usted cómo se conecta con la música colombiana?

Hay una simbiosis perfecta. Cómo han tocado de bien los de la Cali Salsa Big Band o José Aguirre, del Grupo Niche. Esta gente te conmueve el corazón. Te tocan un guaguancó o una rumba con un sabor tremendo. Conocen la salsa caribeña y la afrocubana. Eso en cuanto a la salsa, pero es que tienen mucho por dar, como las cumbias y los vallenatos. Son músicas que también me quedan por explorar y descubrir. También se parece a Andalucía -comienza a aplaudir, de la manera flamenca, y al mismo tiempo dice-: Un poquito de esto y ya estamos ahí. Ya estamos cantando, estamos de fiesta.

A Frenando Trueba, que produjo hace años su disco con Bebo Valdés, se le conoce más por su faceta como director de cine. Y usted participó en 'Toy Story'. ¿Tiene una relación con el cine?

Soy un cinéfilo total. El cine me vuelve emocional. Hay grandes actores de una época que admiro, como Al Pacino, Robert De Niro, Marlon Brando. Respecto a Fernando Trueba, debo decir que es un pedazo de director de cine. Y con 'Toy Story' me sentí como un niño al que le dan su primer juguete. Yo tenía un guion, pero podía saltármelo y eso fue lo bonito. Me hizo sentir feliz poder interpretar a Buzz Light Year.

¿Qué significa hacer música que ya no es la que suena en todas las radios?

¿Música para uno solo? Ja, ja, ja. Creo que hay música para todos los gustos y creo que hay público para todas las músicas. Hay ciertos géneros que son para grupos reducidos que tienen conocimiento. Por ejemplo, la música que oyen los músicos es muy especial.

El mayor reto fue grabar el disco con todo esto que nos ha venido, con la pandemia.(...) Esto me ha traído altos y bajos. Me levanto unos días con más ánimos que otros.

¿Qué opina de la evolución que ha tenido el flamenco con un fenómeno como el de la Rosalía?

Me parece muy bien que se fusione el flamenco con el mundo del pop. Yo sigo siendo un cantaor de flamenco flamenco. Me he criado de esa forma. Pero me parece fantástico que se pueda mezclar con otra música.

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A la Rosalía le mando mis bendiciones. Que todo le vaya bien, porque tiene un gran camino por delante. Tiene una gran proyección. Me encanta y le digo: ¡pa' lante! Me alegro de sus éxitos.

Hablemos de 'Cigala canta a México'. ¿Cómo fue el proceso de selección de las canciones que iba a interpretar para este disco?

Lo hice con mi compadre, Jaime Calabuch Jumitus. Nos sentamos a oír varios clásicos: 'Soy lo prohibido', 'Perfidia', 'Somos novios', 'De qué manera te olvido'. Fue una larga búsqueda para encontrar las canciones que incluso nuestros padres oyeron. Toda mi vida he tenido esa música adentro de mí, siempre la he recordado. Luego nos pusimos a pensar a quién le íbamos a pedir que tocara cada instrumento y escogimos los temas con ese criterio.

¿Tiene relación con los artistas mexicanos?

Sí. Con este proyecto quise aportarle mi sello a la música mexicana y, de paso, hacerle un homenaje a tantos grandes artistas y a todos mis años de viajes a ese país. Conocí a Chabela Vargas, por ejemplo, que me dio unos consejos muy bonitos. He estado en la casa de Vicente Fernández. También estuve con ‘el Potrillo’ (Alejandro Fernández) hace unos meses, que vino a verme, nos sentamos a comer, hablamos de su vida y me dio sus bendiciones. Además, tengo el recuerdo con Javier Solís. Ellos me han llenado con sus almas y esa música de allá me ha hecho vibrar. Ahora tomo todo eso y lo intento expresar y transmitir a través del flamenco.

Es un disco que se prestaba para hacer varias colaboraciones, ¿consideró esa posibilidad?

El repertorio sí da para eso, pero no quería que fuera un proyecto de colaboraciones. Se trataba de que el Cigala cantara y expresara desde su propuesta. El proyecto tiene colaboraciones majestuosas respecto a lo musical, que me han hecho emocionarme y sentir. Cada día que llegaba a los estudios en México a grabar, me encontraba con una aventura nueva, diferente a la del día anterior. Era un trabajo de todo el día: entraba, grababa, oía, salía a revisar las cuerdas... Y de pronto, 'voilà': se hacía la música, la magia. Era humano, enternecedor, era algo muy de verdad.

¿A qué retos se enfrentó en el proceso?

Fue complicado encontrar los temas que de verdad me quedaran bien a mí, que yo me sintiera cómodo con ellos. Tuve encontronazos. Los clásicos los has oído muchas veces, entonces tienes que ser muy atento a todos sus sonidos, para no pasar nada por alto. Hay que estar alerta. Yo oigo mis canciones en soledad, en silencio, para ser más crítico. O a veces les doy unos días para alcanzar a reflexionar y refrescarme.

Pero el mayor reto fue grabar el disco con todo esto que nos ha venido, con la pandemia. Tuve que grabar muchas cosas desde casa después de regresar de México. Esto me ha traído altos y bajos. Me levanto unos días con más ánimos que otros. Pero el poder de la música me hace sentirme libre.

¿Qué tanto intervino las canciones? Hay unas que suenan muy fieles a las originales y otras con más impacto flamenco…

¿Sabes qué me pasaba mientras grababa? Yo me metía al estudio a cantar de una manera con una métrica y una estructura, pero mis dejes en la voz me llevaban hacia otro lugar. Hacíamos tomas diferentes y luego la cosa se complicaba a la hora de escoger cuál había quedado mejor. Eran los mismos temas con los mismos arreglos, pero sonaban diferente en cada ensayo. Y no me parecía mal, yo quería estar suelto, dejarme llevar.

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En los boleros me sentí más libre. A 'Bésame mucho' le metimos sazón: le mezclamos guaguancó, interpretado por la Cali Salsa Big Band. Y todo salió de la improvisación. No, no, más bien de la inspiración. No queríamos llegar con ideas preconcebidas. Probábamos y lo que no funcionaba, lo quitábamos.

¿Cree que la pandemia va a cambiar nuestra forma de entender el papel de la música y el arte en la sociedad?

No creo que cambie en un sentido negativo. La música va a seguir llegando a nuestros corazones. Tampoco creo que pase con nuestro cine o nuestro teatro. Pronto nos veremos en un concierto y diremos: “¡Ole!”.

MATEO ARIAS ORTIZ
Redacción Domingo
EL TIEMPO
En Twitter e Instagram: @mateoariasortiz

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