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El verdadero creador de la ciencia ficción
Libros de Julio Verne

Portadas de algunos de los famosos libros de Julio Verne.

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Archivo EL TIEMPO

El verdadero creador de la ciencia ficción

Portadas de algunos de los famosos libros de Julio Verne.

Atribuyen el origen de la novela fantástica a Johannes Kepler, pero ¿qué hizo Verne por este género?

Julio Verne, ícono de la cultura popular de los siglos XIX, XX y XXI, se mantiene vigente más de 150 años después de haber publicado Veinte mil leguas de viaje submarino. Esa obra empezó a divulgarse en la Revista de la educación y recreación (Le magazin d’éducation et de récréation), bautizada en un principio como Biblioteca ilustrada de la familia, el 20 de marzo de 1869, y a lo largo de los últimos 152 años se ha comercializado en más de 147 idiomas y en varias películas realizadas entre 1902 y 2012.

Verne sigue vivo. Este año, los seguidores, amantes y expertos en su obra se reunirán en el III Congreso Internacional Verniano, organizado por la Sociedad Hispánica Jules Verne, para debatir sobre ciencia y geografía en los viajes extraordinarios entre el 10, 11 y 12 de noviembre en Palma de Mallorca (España).

La entidad, una asociación literaria sin ánimo de lucro, creada oficialmente el 2 de julio de 2012 y que funciona en las Islas Baleares, agrupa a más de 200 miembros de 18 países y cuenta además con un sello editorial propio, dedicado exclusivamente a Jules Verne.

Además, realiza sus congresos cada cuatro años, alternando entre Europa y América. El primero fue en Barcelona, el segundo en La Habana, el tercero, se programa en Palma, ya sea presencial o virtual según la evolución de la pandemia, y se espera que el cuarto sea en Colombia o Perú en 2024.

Esos congresos se realizan para que los vernianos e investigadores sobre la vida y obra de Verne presenten sus trabajos de investigación. En el encuentro de Mallorca, por ejemplo, están programadas 20 ponencias, además de otras conferencias relacionadas.

Escritor Julio Verne

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Archivo particular

Los amantes y seguidores de Verne son celosos con su producción y a pocos les gustan las películas que se han hecho sobre sus libros hasta hoy. “Por lo general, las adaptaciones han sido muy malas y no han reflejado fielmente sus obras pero, si hay que resaltar algunas películas, mencionaría las del cineasta checo Karel Zeman (1910-1989), las del francés Georges Méliès (1861-1938) y alguna que otra hecha en los años 50, como Las veinte mil leguas de viaje submarino de 1954", dice a EL TIEMPO Ariel Pérez Rodríguez, presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne.

Zeman hizo La invención diabólica, en 1958, basada en una novela de Verne y más tarde En el cometa de 1970 y La nave robada de 1967, inspiradas en otras de sus obras.

Méliès realizó en 1902 Le voyage dans la Lune (Viaje a la Luna), que se inspiró, entre otros, en De la tierra a la luna, de Verne. Las Veinte mil leguas de viaje submarino, de 1954, fue dirigida por el neoyorquino Richard Fleischer (1916-2006) y protagonizada por Kirk Douglas, James Mason, Paul Lukas y Peter Lorre.

Adelantado a su época

Nacido en Nantes, Verne (1828-1905) es considerado un visionario y el padre de la ciencia ficción, junto al escritor y novelista británico Herbert George Wells, más conocido como H. G. Wells (1866-1946). Sus casi 100 obras continúan atrayendo y sorprendiendo a lectores de todo el mundo.

Pero los expertos aseguran que no fue un visionario, como muchos imaginan y repiten, sino “un escritor adelantado a su época que supo utilizar los adelantos científicos y técnicos de su tiempo para recrear con un estilo narrativo único el mundo que lo rodeaba”, según Pérez Rodríguez, el presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne.

Fue visionario en el sentido de tomar los elementos que podía de su entorno, mejorarlos y proyectarlos hacia el futuro pero, siempre basado en algo ya existente. El Nautilus, por ejemplo, ya existía como submarino y Verne se basó en ese modelo o prototipo para crear una máquina que tuviera otros aditamentos y funcionalidades y ponerla a viajar a través de los cinco continentes”, precisa.

En su opinión, Verne tampoco escribió ciencia ficción sino ficción científica, que es una cosa muy diferente. “No fue la ciencia ficción dura al estilo Wells, de las películas de Hollywood y de muchos escritores que vinieron después. No es lo mismo escribir sobre mundos imaginados, ficticios, utópicos que recrear mundos reales basados en adelantos científicos que fue lo que Verne hizo”, afirma.

Fue visionario en el sentido de tomar los elementos que podía de su entorno y mejorarlos hacia el futuro, pero siempre basado en algo ya existente

Verne incluso fijó una distancia entre su obra y la de Wells en una entrevista. Dijo que sus creaciones pertenecían a una época y a un grado de conocimientos científicos muy alejados del presente y que Wells no solo elaboraba sus sistemas “a partir del reino de lo imaginario” sino también los elementos que le servían para construirlo.

Citó como ejemplo Los primeros hombres en la luna, novela en la que Wells involucra “una sustancia antigravitatoria completamente nueva, de cuyos modos de preparación o composición química real no tenemos ni la más mínima pista. Tampoco hace referencia al conocimiento científico actual que nos permita, por un instante, imaginar un método por el que se pudiera lograr semejante resultado”, dijo.

Pese a las polémicas y a las diferentes visualizaciones de su obra, los libros de Verne se continúan publicando y vendiendo en todo el mundo.

En Colombia, librerías como la Panamericana no solo venden las obras más populares, como Veinte mil leguas de viaje submarino, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, La isla misteriosa, La vuelta al mundo en 80 días, Los hijos del capitán Grant y Escuela de Robinsones, sino otras menos conocidas como El secreto de Wilhem Storitz y Miguel Strogoff.

La antepenúltima obra fue modificada por Michel, el hijo de Verne, y publicada póstumamente, por entregas, en Le Journal entre el 15 de junio y el 13 de julio de 1910. Esta última apareció originalmente por entregas en la Revista de la educación y recreación, del primero de enero al 15 de diciembre de 1876.

La importancia

¿Por qué la obra de Verne sigue viva en el gusto popular desde el siglo XIX? Ariel Pérez menciona tres factores claves: “La capacidad de hacernos soñar a través de su literatura bien escrita, de su estilo directo y descriptivo y la cualidad de transmitir una fuerte ilusión de libertad, solo limitada por la naturaleza y la moral, con horizontes cada vez más extendidos por la razón y la ciencia, a través de sus héroes humanos que se apoyan en la tecnología para llegar a lugares recónditos a los que, en ocasiones, nadie había llegado antes para lograr las hazañas más recordadas”.

Sus obras tuvieron una gran influencia en mi propia carrera. Está entre las cinco personas que desearía haber conocido

También, por la capacidad de permitirle al lector absorber “los conocimientos más profundos de una forma didáctica y fácilmente asimilable… Verne ha hecho viajar a varias generaciones durante más de ciento cincuenta años y sobre su permanencia en el tiempo, su compatriota y también escritor Raymond Roussel (autor de Heliópolis) anticipó que sería el genio literario más grande de todos los siglos y que seguiría existiendo cuando todos los otros autores de nuestra época fueran olvidados”, subraya.

Verne no solo influenció a Roussel. También marcó la vida literaria de otros grandes, como Arthur Rimbaud (1854-1891), que escribió Le bateau ivre (El barco ebrio), poema en verso de 100 líneas y una de sus más famosas creaciones, después de leer Veinte mil leguas de viaje submarino, según diversos biógrafos.

También figuran en la lista el escritor y novelista francés Jean Cocteau (1889-1963), “quien mencionó La vuelta al mundo en 80 días como una de sus mayores influencias y Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), que descubrió los Viajes extraordinarios cuando era niño, se convirtió en uno de los entusiastas defensores adultos de Verne en la primera mitad del siglo XX y que utilizó una de sus novelas como inspiración”, recuerda Ariel Pérez. Menciona, igualmente, al escritor y científico británico Arthur C. Clarke (2001. Odisea espacial), quien escribió que “Jules Verne ya llevaba muerto una docena de años cuando nací pero, sin embargo, me siento fuertemente conectado con él. Sus obras tuvieron una gran influencia en mi propia carrera. Está entre las cinco personas que desearía haber conocido”.

Portada de 'De la Tierra a la Luna', de Julio Verne.

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Archivo EL TIEMPO

El escritor estadounidense Ray Bradbury (1920-2012) también reconoció que Verne fue una de sus principales influencias al igual que lo hicieron otros grandes como los filósofos, escritores y novelistas franceses Jean-Paul Sartre (1905-1980), Marcel Aymé (1902-1967), Michel Butor (1926-2016) y Roland Barthes (1915-1980), entre otros.

Para complementar la lista, Ariel Pérez sostiene que algunos estudiosos han establecido también una relación entre la obra de Verne y algunos pasajes de El señor de los anillos (2001, 2002 y 2003) o El Hobbit, la batalla de los cinco ejércitos (2014).

En Hispanoamérica Ariel Pérez afirma que desconoce algún sucesor de Verne, pero menciona al escritor cubano Juan Manuel Planas (1877-1963), llamado el Verne cubano, que escribió varios libros en la misma cuerda que los de Verne en los años 20 y 30 del siglo XX como la novela La corriente del Golfo, sobre los resultados de una apuesta entre el enigmático científico y profesor Duna y los jefes del Ejército Libertador durante la guerra por la independencia.

“Con la ayuda de una empresa norteamericana, la Gulf East and Corp, el profesor plantea arruinar económicamente a España, desviando el curso de la corriente del golfo de México, para alterar radicalmente el clima de la Península y el de sus aliados europeos. Los generales cubanos aceptan la propuesta de forma unánime y los trabajos dan comienzo, asesorados por un ingeniero cubano, el coronel Acosta”, según la reseña de Ediciones Obrador de 2017.

Pero, a lo largo de los años, varios escritores de ficción de América Latina han admitido la influencia de Verne en sus escritos y con eso también han prolongado la vida de un hombre único que demostró, en vivo y en directo, lo que llegamos a concluir muchos en la edad madura: que, sin imaginación, el conocimiento es estéril.

GLORIA HELENA REY
Para EL TIEMPO

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