El último adiós a Fernando del Paso: el final de un imperio

El último adiós a Fernando del Paso: el final de un imperio

Vale la pena recordar su legado intelectual y literario y su especial cariño por Colombia.

Fernando del Paso, escritor mexicano

El escritor nació en Ciudad de México el primero de abril de 1935.

Foto:

Ulises Ruiz Basurto / EFE

Por: Juan Camilo Rincón y Natalia Matallana Restrepo
19 de noviembre 2018 , 02:16 p.m.

México es el país latinoamericano que en más ocasiones se ha hecho acreedor al Premio Miguel de Cervantes: Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y Fernando del Paso fueron reconocidos con el galardón literario más importante de la lengua española. Se trata del gran ejército de los seis; la tropa que estructuró buena parte de la literatura latinoamericana del siglo XX, con una P en su línea frontal a la que Fuentes, con su apellido, llevó la contraria.

Este año también perdimos a Pitol y ahora, tras el fallecimiento del insurrecto Fernando del Paso, el 14 de noviembre pasado en Guadalajara (México), nos acercamos al final de una generación y de un momento cultural que nos dieron, a través de sus palabras, nuevas formas de vernos y pensarnos.

De ellos, hoy solo sobrevive una mujer de letras poderosas y fecundas, mientras nos vamos volviendo testigos del ocaso de ese gran imperio de las letras, ese que hizo la perfecta transición desde el boom para ofrecernos otros modos de literatura.

“¡Qué tristeza la muerte de Fernando del Paso, quien seguirá siendo uno de los más grandes novelistas mexicanos!”, expresó Elena Poniatowska, su gran amiga, por quien no solo sentía un gran cariño sino una inmensa admiración.

Jorge Volpi, digno heredero de la obra del creador de ‘Palinuro de México’, se refirió a él como “uno de los más grandes narradores de nuestro tiempo”, cuyas obras maestras son “portentosos universos verbales que seguirán confrontándonos”.

Para el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, también ganador del Premio Cervantes, fue “uno de los grandes clásicos de la lengua española, quien llegó en cada una de sus obras hasta el fondo de las palabras”.

La autora y periodista mexicana Mónica Lavín se refirió así a la obra de su coterráneo: “Sin ‘Noticias del Imperio’ no tendríamos luces para comprender la tragedia del breve imperio de Maximiliano en México ni nuestra raíz liberal con Juárez. Sin la obra de Fernando del Paso, Carlota no nos resonaría en primera persona desde el Castillo de Chapultepec, tan deseosa del amor de Maximiliano, tan dispuesta a defenderlo hasta el final. Con ‘Noticias del Imperio’ tuvimos renovados ojos para ver a México a través de ellos, los extranjeros, que se llenaron de asombro, y de los que los consideraron intrusos por ser producto del deseo de los conservadores. Sin ‘Noticias del Imperio’ comprender México hoy sería imposible”.

Jorge Volpi, digno heredero de la obra del creador de ‘Palinuro de México’, se refirió a él como uno de los más grandes narradores de nuestro tiempo

Obra delirante

Carmen Villoro, poeta y narradora mexicana encargada de la Cátedra Fernando del Paso en la Universidad de Guadalajara y hermana de Juan Villoro, considera al autor de ‘José Trigo’ “el escritor más sólido e importante de los últimos tiempos”.

La autora de ‘Obra negra’ estuvo muy cerca de Del Paso y su familia, sobre todo en los últimos diez años. Señala que sus obras fueron monumentales y de un riquísimo manejo del lenguaje, influyendo de manera significativa en su proceso creativo, pues el poder de la escritura del cervantino radica en su capacidad de inspirar pasión por el lenguaje, invitando a dejar a un lado el temor a los riesgos.

Me contagió esta tonalidad, un tanto delirante, que explora las imágenes, muy atrevida y que no se detiene en el sentido común. Creo que esta es una gran virtud de la literatura de Fernando del Paso, que lo contagia, que es atreverse a seguir el flujo natural del pensamiento y la imaginación, permitiendo que se desborden. Creo que esto, combinado con un rigor en el dominio de la gramática, más precisa y ortodoxa, es una composición excelente como para atreverse a seguir jugando; es algo que a todos nos atrapa de su literatura y ojalá, en alguna medida, se cuelgue en el trabajo de los que estamos intentándolo”, afirma Villoro.

También recuerda que a Del Paso le gustaba discutir sobre los autores que consideraba debían ser incluidos en la colección de narrativa que él dirigía para la Universidad de Guadalajara. Hacía énfasis en que los jóvenes debían leer los clásicos, pero también le apostaba al tipo de historias que rompían esquemas: “Insistía en llevarlos a la literatura universal, porque él era un hombre universal. Le importaba mucho que las propuestas literarias fueran revolucionarias, vanguardistas, distintas, atrevidas, incluso temerarias”.

Una catedral verbal

Fernando del Paso sentía una gran admiración por la obra del escritor Antonio Ortuño, narrador y periodista nacido en Guadalajara, finalista en 2007 del Premio Herralde de Novela con su libro ‘Recursos humanos’ y cuya primera novela, ‘El buscador de cabezas’, fue seleccionada por el diario Reforma como el mejor libro debut de 2006.

Para esta nueva pluma mexicana, ‘José Trigo’ y ‘Palinuro de México’ fueron apuestas radicales por una literatura exuberante; afirma además que ‘Noticias del Imperio’ revitalizó la novela histórica en nuestro idioma: “Del Paso fue un gran barroco, un tipo que levantó catedrales verbales, que supo conservar de pie esas enormes montañas de lenguaje, que construía las frases con una ambición y un talento asombrosos”. Ortuño señala que es importante leerlo porque “aúna ambición, riesgo, humor, coloquialismo, erudición e inteligencia”.

Fernando del Paso fue un gran barroco, un tipo que levantó catedrales verbales, que construía las frases con una ambición y un talento asombrosos

Fernando del Paso

Fernando del Paso con su gran amigo Gabriel García Márquez.

Foto:

AFP

Palinuro de Colombia

Hace un par de meses fue inaugurada en Medellín la librería del Fondo de Cultura Económica. Esta lleva, en un acto de profundo cariño del país que quiso tanto, el nombre del creador de ‘Linda 67’.

Y es que el chilango tenía un inmenso afecto por nuestro país; le encantaba el ajiaco, lamentaba el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán “tanto como cualquier colombiano que se respete” y se dolía de la violencia que por largas décadas ha sufrido Colombia.

Se declaró admirador de la obra de Jorge Zalamea, principalmente por sus traducciones de Saint-John Perse, así como del trabajo creativo de Álvaro Mutis y de Gabriel García Márquez, de quienes afirmó alguna vez que le habían enseñado a leer, abriéndole las puertas de la literatura.

Al padre de Maqroll (Mutis) lo citó más de una vez en sus textos, y lo consideraba “un personaje salido de un libro de Marcel Proust. Un personaje, desde luego, lleno de vida y alegría, a quien la cultura y el buen humor le salen por los poros”.

Su enorme cariño por el bardo bogotano nació porque este lo llevó a amar la poesía y a Gabo, con quien pasaba largas tardes viendo jugar a sus hijos en la sala de su casa. Ambos dieron a luz, además, a un libro titulado ‘El coloquio de invierno’ (1992), producto de un conversatorio con Fuentes en el auditorio Alfonso Caso de la Ciudad Universitaria del país manito en febrero de 1991, en el que los tres autores fueron los encargados de las lecciones inaugurales en un evento en el cual se debatió sobre los grandes cambios de nuestro tiempo.

Gran amigo de sus amigos, llegó a heredar el moisés que dejó el artista Fernando Botero a su paso por el país azteca. ‘Coleccionó’ colombianos como Fernando Arbeláez, Nicolás Suescún, Nancy Vicens y Antonio Montaña Nariño, conformando la que él llamó “una cadena de amigos”.

Cuando vino a Colombia en 1993 para presentarse en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, fue entrevistado, entre otros, por Jorge Consuegra. Al terminar el diálogo, el periodista cultural le pidió una firma en ‘Noticias del Imperio’ pero, contra la costumbre, no en las primeras hojas sino en la mitad del libro. Fernando le preguntó: “¿Para qué quieres la firma ahí donde se puede perder?”; Consuegra respondió: “Es que ahí termina el capítulo que más me marcó”. Sorprendido pero satisfecho con su respuesta, le dejó su rúbrica con un abrazo.

Fernando del Paso iba a presentar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara su nueva novela, ‘La muerte se va a Granada’, publicada por el Fondo de Cultura Económica, y tenía planeado hacer presencia en el homenaje a Juan José Arreola por los 100 años de su natalicio.

También se había contemplado que hiciera entrega del Premio Sor Juana Inés de la Cruz a Margo Glantz. Debido a la noticia de su fallecimiento, la feria decidió realizar un reconocimiento a su vida y obra.

Con unas sentidas palabras que envió para el evento de inauguración de la librería antioqueña, Del Paso recordó a los asistentes lo que el poeta mexicano Juan de Dios Peza escribió tras el deceso de su amigo Ramón López Velarde: “Qué triste será la tarde en que a México regrese sin ver a López Velarde”.

Las hizo entonces suyas al rememorar a su entrañable Antonio Montaña, con quien, “navegando en un mar de recuerdos” escribían juntos en una Olivetti “si no al alimón, sí al unísono”, y hoy las repetimos para despedir al incomparable creador de ‘Sonetos de lo diario’: “Qué triste será la tarde en que a México regrese sin ver a Fernando del Paso”. Hoy, Fernando, “vamos a inventar de nuevo la historia”.

JUAN CAMILO RINCÓN Y NATALIA MATALLANA RESTREPO*
PARA EL TIEMPO
*Natalia Matallana Restrepo. Comunicadora social y periodista. Reportera en el diario mexicano La Crónica de Hoy (Jalisco) para las fuentes de Cultura y Metrópoli @nataliavuela
** Juan Camilo Rincón. Periodista, escritor e investigador cultural. Autor de los libros 'Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Jorge Luis Borges y Colombia', 'Viaje al corazón de Cortázar' y 'Nuestra memoria es para siempre'.

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