El parentesco entre el perico ripiao y el vallenato

El parentesco entre el perico ripiao y el vallenato

El dominicano Wilfrido Vargas cuenta cómo surgió su romance con nuestra música y cultura.

Wilfrido Vargas

Wilfrido Vargas y su agrupación durante su participación en el Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla, del 2011.

Foto:

Carlos Capella / EL TIEMPO

Por: Wilfrido Vargas
22 de junio 2018 , 07:18 p.m.

Imaginemos que fuera posible hacer un análisis del ADN de los ritmos musicales. En ese caso, se encontraría que el perico ripiao y el vallenato, esos ritmos folclóricos de la República Dominicana y la costa Atlántica colombiana tienen un origen similar, y por consiguiente, una serie de coincidencias.

En el Caribe, como en toda América Latina, los cantos y composiciones de los indígenas recibieron una clara influencia africana y europea. Entre estos cantos se encontraban los de trabajo, los rituales y los románticos.

En la década de 1870 entró por los puertos de nuestro continente el acordeón, con una sonoridad bastante fuerte que desplazó rápidamente a la guitarra.

Este instrumento (la guitarra) se utilizaba tanto en el merengue típico como en el vallenato, y define una paridad matemática en la construcción del conjunto típico del perico ripiao y del vallenato de tres instrumentos.

En el perico ripiao: acordeón, güira y tambora; y en el vallenato: acordeón, raspa de caña y caja, más el cantante, o algunas veces los mismos instrumentistas cantaban.
La güira, tambora, raspa de caña y caja representan los instrumentos autóctonos de cada región, con marcadas influencias africanas.

Si analizamos los ritmos, en el vallenato hay un estilo llamado merengue que se interpreta en compás de 6/8, es decir que su subdivisión es ternaria, asemejando al vals pero mucho más rápido, y en el perico ripiao también hay un ritmo llamado merengue que se escribe en compás de 4/4 con subdivisión binaria, como una marcha más cuadrada.

Son admirables estas similitudes genéticas; pero cada ritmo, como los miembros de una familia, tiene sus particularidades que los distinguen. Con el perico ripiao se puede tocar pambiche, merengue derecho o redondo, guinchao (combinación entre pambiche y derecho), palo y maco; y en el vallenato se puede tocar paseo, merengue, puya y son; cada aire o estilo se canta de una manera folclórica especial y tienen una gran cantidad de variaciones y fusiones.

Fue en el año de 1965 cuando, gracias a un emisora dominicana llamada Radio Guarachita, de Radhamés Aracena, empecé a escuchar el vallenato cantado por voces hoy clásicas del vallenato como Jorge Oñate y Los Hermanos Zuleta, que al principio me resultaban extraños, del mismo modo que le podría resultar a un colombiano de esa época oír a Guandulito, un cantante de perico ripiao.

Wilfrido Vargas

Wilfrido Vargas, conocido por canciones como ‘El jardnero’, ‘El baile del perrito’, o ‘El loco y la luna’.

Foto:

Carlos Rincón / Archivo EL TIEMPO

Radio Guarachita se dedicó a poner la música que ninguna otra emisora del país colocaba. Además, tenía presentaciones de radioteatro en vivo, y un servicio interactivo de anuncios públicos en un formato tan coloquial y pueblerino que parecía como una bocina en un mercado vendiendo yuca.

Dichos elementos llevaban a que Radio Guarachita se ajustara a las necesidades cotidianas de la gente y brindara un importante servicio social. Su alto 'rating', sobre todo en el área rural, contribuyó a la popularización de la bachata como género y a la difusión de otros ritmos como el vallenato.

Radhamés Aracena nos introdujo a esos ritmos, que como hermanos crecieron juntos y no volvieron a separarse en nuestro imaginario.

Cuando me mudé a la capital, esta emisora llevó a mi estómago esa expresión musical llamada vallenato, ya que no había podido digerirla anteriormente.

Pero, como el ADN, la música es algo que llevamos dentro y se expresa de manera fortuita, y eso mismo pasó con el vallenato y el perico ripiao en mi ser. Nunca supe con precisión cómo se consolidó en mí esa unión. Si pudiera compararla con algo sería, con el flechazo que uno siente hacia una mujer, ese amor que es mágico y al mismo tiempo misterioso, y que eventualmente motiva la decisión de casarse.

Fue gracias a ese ADN musical como no se me hizo difícil conquistar los corazones de los colombianos, cuando en el año 1981 entré por la costa Atlántica de Colombia con un tema musical titulado 'El barbarazo'. Era un tema de despecho que, según los abogados, podría definirse como una canción de adulterio con violación a domicilio. Escrita por un genio publicista, muy creativo, de nombre Ramoncito Díaz, que escribía para mí en ese entonces, y dice así:

“Qué barbaridad lo que tú me has hecho, entregarte a otro en mi propio lecho,
“y precisamente cuando más te amaba, me das por la espalda esa puñalada,
“usaste el cepillo, mi propio jabón, en la intimidad de mi habitación,
“qué barbaridad, qué tremenda herida, después de haber sido tan grande en tu vida.
“Eso le pasa a quien lleva amigo a su casa”.
 
Luego dice el coro de El barbarazo:
“Y el queso que había en la mesa también se lo comió
“¡Ese barbarazo acabó con tó!” 
De no haber sido por ese tema tan pintoresco, el país colombiano no hubiese podido conocer a Wilfrido Vargas.

“Qué descaro tuvo el que fue tu amante, usar mi mujer y mi desodorante,
“¡ese barbarazo acabó con tó!
“se afeitó la barba en mi tocador, me dañó la radio y el televisor,
“¡ese barbarazo acabó con tó!”.

De hecho, esta canción la canté también con Héctor Lavoe en la Fania All-Stars, y a ese ‘barbarazo’ le agradezco que me haya abierto el camino hacia la costa Caribe de Colombia.

A partir de ahí se erige una figura llamada Wilfrido Vargas, que nunca perdió un Congo de Oro cada vez que participó en el Festival de Orquestas y Acordeones del Carnaval de Barranquilla.

Gracias al vallenato, gracias a la aceptación y acogida de 'El barbarazo', tomé aire y traje 'Abusadora', ¡y me lo celebraron igual! Después de 'Abusadora' traje 'Comején', y me lo celebraron mucho mejor, y tras esto vine con 'El jardinero' y 'El loco y la luna', que me los celebraron en grande.

Sin embargo, lo que más quiero resaltar de esa época es el trato humano que recibí cuando pisé Colombia: Rafael Orozco, el ‘Pollo’ Isra, Diomedes Díaz, Calixto Ochoa, entre otros, me veían como uno más de la familia.

En lugar de verme como la competencia y pensar que ese dominicano había venido a quitarles el trabajo, lo que hicieron fue tomarme en sus brazos, brindarme un trato de primera y todo lo que uno puede pedir de los colegas: admiración, aprecio, amabilidad y fraternidad.

Eso sentí de ellos y de la cultura colombiana: ¡así me enamoré de este país!
Y así, como alguien que encuentra a su pareja ideal, me casé con Colombia. Por eso, aquí quiero dejarles a ustedes la canción de esa boda:

WILFRIDO VARGAS
PARA EL TIEMPO

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.