El músico que descubrió los talentos de Rafael Orozco y Diomedes Díaz

El músico que descubrió los talentos de Rafael Orozco y Diomedes Díaz

Con este acordeonero comenzaron muchas voces que después se convitieron en ídolos del folclor.

Emilio Oviedo

Emilio Oviedo, de 75 años, lleva toda su vida tocando acordeón. En su grupo comenzaron grandes figuras, entre ellas Jorge Oñate y Farid Ortiz.

Foto:

Jaime Sagbini

Por: Liliana Martínez Polo
01 de junio 2019 , 02:45 p.m.

Acordeonero desde los 5 años, pese a la oposición materna, Emilio Oviedo (hoy de 75 años) decidió muy temprano hacerse profesional de la música.

El acordeón lo ayudó, pero su legado parte también de otro don: el criterio para descubrir talentos que luego fueron grandes: Cuando Jorge Oñate apenas soñaba con cantar, Emilio Oviedo lo sacó a la luz. Cuando nadie creía en Diomedes Díaz, le produjo un álbum. En su conjunto comenzaron Beto Zabaleta y Farid Ortiz. En total dice que son 45 voces las que salieron del semillero que fue Emilio Oviedo y su Conjunto.

Ahora vive en Valledupar (pero nació en un pueblito llamado Costilla, a tres horas de esa ciudad) y dice que la etapa de "recibir homenajes", lo dice con sencillez mientras celebra que en Santa Marta le harán un reconocimiento en el Festival Mar de Acordeones (antes conocido como Festival del Indio Tayrona).

¿Cómo llegó la música a su casa, por dinastía?

Sí, una dinastía: mi padre, mi abuelo y todos mis hermanos -soy el menor de seis y quedamos nada más dos-, todos tocamos el acordeón.

Me metí la idea de ser un profesional de la música porque ellos lo hicieron en forma deportiva. Entonces, después de salir del ejército luché para impulsarme y gracias a Dios se me dieron las cosas. Soy el descubridor de las voces grandes que tenemos en el vallenato.

¿Cómo empezó esa carrera de descubridor de voces?

Los acordeoneros antes cantaban ellos mismos. Pero, cuando yo grababa, veía que mi voz no era comercial. Sentía que no era agradable. Entonces, inventé eso de poner un cantante. Nadie lo hacía. Yo hice la división entre la voz y el acordeón. El primero fue Jorge Oñate. Lo descubrí porque estaba haciendo una producción, iba a cantar yo, pero un familiar suyo me pidió que lo dejara cantar un tema. Lo di por bien hecho y le dije: "Mándamelo". Cuando oí su voz, ya no quise cantar, sino que le dejé ocho canciones. Yo canté cuatro nada más.

Rafael Orozco estudiaba en el colegio Loperena. Le oí la voz y le grabamos 'Cariñito de mi vida'. Así se abrieron los caminos.

De ahí, Jorge Oñate se fue con los Hermanos López. Cuando llegué a Valledupar, me sentí solo y tuve que conseguir otro cantante. Rafael Orozco etudiaba en el colegio Loperena. Le oí la voz y grabamos Cariñito de mi vida. Con esa canción sacamos a Diomedes Díaz como compositor, a Rafael Orozco como cantante y a mi persona en el acordeón. Así se abrieron los caminos, tanto que hicimos un segundo trabajo. Fue cuando lo enamoraron, lo conquistaron y me lo quitaron...

Israel Romero se lo quitó para fundar el Binomio de Oro...

Sí, él. Rafael Orozco ya tenía fama. Era tan asediado por la gente que había que ponerle vigilancia en los hoteles desde Cariñito de mi vida. Pero ya me había fijado yo en la voz de Diomedes Díaz.

Cuando me fijé en Diomedes, todo el mundo lo despreciaba porque era muy "pegao": oía una parranda donde había un conjunto y quería cantar. Y la gente decía: "Ese hombre si canta feo, canta como ovejo amarrado". Todo el mundo le huía. Y yo estaba agradecido porque me había dado el éxito de Cariñito de mi vida. Cuando me entregó ese casette yo le sentí algo agradable. Pensaba: Lo rechazan pero yo le siento la voz bonita. Entonces, decidí hacerle la producción.

¿Qué anécdotas hay de esa primera producción?

Fui a dirigirlo, el acordeonero era Náfer Durán. Náfer es muy bueno en parrandas, pero ya grabando un disco se pone nervioso. Entonces, él hizo la producción y se fue.

Cuando fui a revisar, había errores. Entonces, cogí el acordeón y empecé a corregirlo, lo doblé. El chanchullito (1976), el éxito que más le sonó a Diomedes de su primera producción fue con el acordeón mío. Nunca había hecho esto público, porque soy amigo de Náfer y él se fue confiado...

Ese álbum se llamó Herencia vallenata, no quise figurar porque trabajaba todavía con Rafael Orozco. Entonces, saqué a Diomedes como compositor y luego como cantante. Cuando lo dirigí, lo bauticé 'El Cacique de la junta', le dije a Rafael Orozco que lo saludara así, por eso dicen que fue él. Después, vino Beto Zabaleta....

Beto Zabaleta también empezó con usted...

​Con Zabaleta hicimos tres trabajos. Al tercero me lo quitaron. La gente vivía pendiente de qué cantante iba a sacar Oviedo, si sería bueno o si sería malo. A los que veían buenos, les hacían regalos y promesas y se los llevaban. Beto Zabaleta se fue y fundó Los Betos. Fue cuando saqué a Farid Ortiz.

Y la gente decía: 'Ese hombre si canta feo, canta como ovejo amarrado'. Todo el mundo le huía a Diomedes. Y yo pensaba: 'Lo rechazan pero yo le siento la voz bonita'.

Tenía buen ojo para los cantantes...

Un olfato muy grande. Como que Dios dispuso que fuera descubridor de músicos. No solo de cantantes sino de acordeoneros. Rolando Ochoa está de moda ahora, a él lo llevé a Valledupar y le hice dos producciones, se encaminó y se volvió grande. Saqué también a Goyo Oviedo, que después fue acordeonero de Beto Zabaleta, y a Juan José Granados, que después fue rey vallenato.

Entonces, usted llevaba artistas a las casas disqueras, para producirlos...

El Binomio de Oro existió por mí, Diomedes empezó por mí. Toda esa gente yo la llevaba. Llegó un punto en que recomendaba a alguien en Codiscos y lo firmaban de una. A veces ni le veían la cara, lo conocían después.

A la par de la producción, era dueño de su propio conjunto musical...

Viví de la música. Tenía mi grupo: Emilio Oviedo y su Conjunto. Cuando se me iba un cantante buscaba otro y con él seguía. Ese fue el nombre del grupo que hice con Farid Ortiz, ganamos doble platino, doble oro, estrellla de oro, palma de oro por grandes ventas. Los discos siempre se firmaron como "Emilio Oviedo y su Conjunto" y en letras más pequeñas se ponía: "Canta Beto Zabaleta" o "Canta Farid Ortiz". Y los cantantes se me iban, hacían su carrera aparte, triunfaban.

Ahorita que sacan sus "grandes éxitos", el nombre de Emilio Oviedo desaparece. Es injusto porque el sacrificio fue mío. En los "30 Éxitos de Farid Ortiz" no figuro. Ni me mencionan en la radio. Emilio Oviedo desapareció, pero si usted ve las carátulas, la letra pequeña siempre era para el cantante: "canta Fulano".

Ya cuando Beto Zabaleta hizo Los Betos (1982) ya acordeonero y cantante compartían protagonismo. Después empezaron a liderar los cantantes. Ahora, tengo una idea. No mencionar al cantante. Haré una producción que sea Emilio Oviedo y sus grandes del vallenato, porque ya me han hecho muchas. Soy un acordeonero coemercial. Todo lo que hice lo hice por mis propios medios. Tengo en mi oficina los pergaminos, los homenajes que no se imaginan y sin embargo, me han ignorado.

¿Quién canta ahora en su conjunto?

En diciembre se me fue el último cantante. Tengo cinco meses de estar sin cantante. Ahora no es fácil grabar porque las disqueras de antes no existen. No hay un sello que haga producciones porque un disco no se vende. Pero antes nos pagaban una buena suma, para lo último que hice con Codiscos me pagaron 80 millones... ahora llega uno con el trabajo hecho y no lo aceptan porque dicen que no se vende.

La industria tomó otro rumbo...

Figúrese que con el cantante Edward Morelos, que reemplazó a Farid Ortiz, vendí 45 mil copias de una canción de mi autoría llamada Quédate conmigo. Sonó más en Venezuela. Yo componía muchas canciones que hacía con Farid, las ideaba pero él se ponía de autor, porque a mí no me interesaba ser compositor. Le decía: Mira esta melodía, Farid. Y él decía:" Ah, esta buena, la grabo, pero me pongo yo..."

Así era entonces, y cuando se iba a poner en Quédate conmigo, le dije: "No, ahora yo soy el compositor". Él dijo: "Entonces no la grabo". Y yo: "Pues, no la grabe". Y se la di a Morelos.

En esa época no le daban mucha importancia a los derechos de autor...

No me interesaban porque estaba bien en la música. En una semana hacía tres bailes  y me quedaban 5 o 6 millones. Así que no andaba pendiente de regalías. Pero cuando abrí los ojos, ya Farid había ganado bastante. 

Después, en venezuela duré casi un año encabezando listas con una canción que no sonó en Colombia: "El payaso de tu risa". En Caracas me entregaron la Orquídea de Oro. 

En telenovelas, me han interpretado, pero me han ignorado. En la de Rafael Orozco me cambiaron el nombre.

En las series de televisión que novelan las vidas de los cantantes que usted descubrió ¿Lo han mencionado?

Me han interpretado pero me han ignorado. En la de Rafael Orozco me cambiaron el nombre. Me pusieron "Egidio Oviedo". Esta vida no es fácil, pero con paciencia suceden cosas grandes. He sacado cantantes, acordeoneros, coristas que hoy son reconocidos como las mejores segundas voces del vallenato. He sacado a tanta gente... 

Ahorita hay un cantante moderno, muy pegado en Valledupar: Rafa Pérez, que estuvo en Kvrass y tiene grupo aparte. Lo dirigí antes . Él va a llegar lejos.

Descubrir talento es un legado más para la música...
Así están las cosas. He sacado 45 cantantes. Usted sabe lo que es Jorge Oñate como cantante, lo que fue Diomedes. Cuando Martín Elías estaba gordito lo propuse en Codiscos, pero ya habían cambiado las cosas. No me hicieron caso y después salió con tanta fuerza.

Ahorita estamos recibiendo los homenajes. Llevo como cuatro o cinco homenajes. Me llamaron de Santa Marta para el Festival Mar de Acordeones, la edición número 23, del 30 de mayo al 2 de junio. Voy a ser homenajeado en compañía de Rita Fernández, gran compositora y pianista, autora del Himno de Valledupar. Y Rafael Manjarrez, uno de los compositores más grandes de La Guajira.

Es justo el homenaje, si está en la música desde niño...

Aprendí a tocar a los 5 años y tengo 75. Aprendí solo porque aunque mis hermanos sabían tocar, mi mamá les prohibió dejarme el acordeón para que no saliera parrandero. Y no fui parrandero, pero sí acordeonero. De Costilla (Cesar) salí para Bucaramanga y Medellín, después fui a Valledupar. Ahí cogí fuerza. 

¿Qué más hace ahora?


Ahora estoy de profesor de acordeón, enseñándoles a los niños de Valledupar, en la casa de la cultura, en la escuela Leo Gómez tengo 30 alumnos.

La suya es una historia de amor por el acordeón...

Al acordeón lo amo. Es mi devoción. Todos los días me lo pongo en el pecho. Para mí es sagrado porque con él saqué cuatro hijos profesionales, de universidad privada. Entonces el acordeón vale la pena. Ellos ahora no quieren que yo siga en esto, porque se hacen cargo de los gastos de la casa. Pero a mí me gusta. ¿Dejar la música? Si dejo de hacerla no me queda más que sentarme a volverme viejo...

LILIANA MARTÍNEZ POLO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
Twitter: @Lilangmartin

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