Carlos Vives habla de lo que significó para él y su familia este 2020

Carlos Vives habla de lo que significó para él y su familia este 2020

Fueron muchos los proyectos aplazados, pero dice que hay motivos para celebrar con alegría.

Carlos Vives acompañado de su esposa Claudia Elena Vásquez y sus hijos Elena y Pedro

Carlos Vives acompañado de su esposa Claudia Elena Vásquez y sus hijos Elena y Pedro.

Foto:

Cortesía Familia Vives Vásquez

Por: Carlos Vives
23 de diciembre 2020 , 11:27 p. m.

Parece que fue ayer la Navidad de 2019. El 25 de diciembre, Claudia y yo sacábamos de debajo de nuestra cama un paquete de regalos increíbles que nos había traído el niño Dios y dábamos gracias frente al pesebre por un 2020 que predecíamos lleno de bendiciones. No era para menos, habíamos firmado una gira increíble que nos llevaría de regreso a los mejores escenarios de Europa y los Estados Unidos y en la que WK y el Team Vives habían estado trabajando varios años.

Recuerdo también que mi corazón se quería salir de solo pensar que en el siguiente mes de mayo volvería a ser un actor parado frente a la cámara. Ya no sería Capitolino, Gallito Ramírez o Rafa Escalona, sino que encarnaría a un samario del Barrio Norte y el Ancón, para contarles una de las grandes historias del fútbol colombiano y un sueño largamente acariciado: Pescaíto.

Pero había más. El nuevo año también traería el lanzamiento de Cumbiana, un nuevo álbum. Imagínense semejante oportunidad para un artista que, como yo, después de 30 años, sigue experimentando con la música nacional en tiempos donde el mainstream parece estar monopolizado y uniformado.

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Anhelábamos que Cumbiana nos diera la oportunidad de llamar la atención del público, no solo por la música, sino también por mostrar la problemática ambiental del delta del Río Magdalena y la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Esto a propósito del proyecto de ampliación de la carretera Ciénaga-Barranquilla, necesario e importante pero que de no hacerse bien, cumpliendo altos estándares ambientales, profundizaría el deterioro del ecosistema y, por consiguiente, del hábitat humano a su alrededor. Recordemos que está en juego la adaptación al cambio climático, en donde la conservación de humedales juega un papel fundamental, como lo estipula la Comisión Ramsar.

(Un cuento de Navidad para leer en estas fiestas: Pancracio)

Y ni hablar del regalo que nos traería nuestra fundación Tras La Perla: la inauguración de la Casa de la Danza en el popular barrio Pescaíto, una vieja deuda de los samarios con la cuna del carnaval y el gran aporte de hombres y mujeres a la cultura del Barrio Norte, nacido de una costilla del puerto de Santa Marta.

También esperábamos el inicio de la construcción del tan anhelado centro de alto rendimiento ‘Carlos Alberto Valderrama Palacios’ y la nueva Scotland o cancha de La Castellana con dimensiones Fifa… Imagínense nuestra felicidad esa Navidad por todo este trabajo y sus frutos. Brindábamos con ponche crema, buñuelos y natilla, sin sospechar siquiera que ese año de número tan perfecto tendría para nosotros, y para todos, un plan muy diferente y grandes lecciones.

La estupefacción, el miedo, la soledad, el llanto, la muerte de seres queridos, la información y la desinformación, la teoría de la conspiración, los remedios y los remedios. Los héroes que nunca faltan, pero también el ‘sálvese quien pueda’ que siempre aflora ante lo desconocido. En fin, lo mejor y lo peor de todo lo que somos.

Estaba claro que el tan anhelado 2020 no nos iba a traer todo lo que queríamos, pero nos estaba enseñando a pasos agigantados y a ritmo de pandemia a valorar todo lo que teníamos, incluidas esas cosas sencillas de la vida para las que nunca teníamos tiempo.

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Hoy, después de 21 exámenes de PCR negativos y otros 21 positivos “psicológicos”, sin saber si la vacuna será rusa, china, gringa o cienaguera, mientras escribo estas palabras y disfruto de estar de regreso en casa, termino la decoración de navidad frente al pesebre y vuelvo a pensar que nunca debí desmontarlo.

Pero reflexiono en su mensaje, en la oportunidad y en el derecho que tenemos todos de volver a nacer. En el deseo de todos de ser felices y vivir esa sensación de amanecer después de una larga noche de tristezas. No sé qué nos depare el 2021, seguramente también el tapabocas. Pero nada cambia, igual estaremos llenos de esperanza, con algo de distanciamiento claro está, pero con la alegría que se merece.

De lo que sí estoy seguro es de que ya no podemos ser egoístas, no es sostenible. La solidaridad o ‘zhigonezhi’ es el llamado. El país es mucho más que nuestros sueños personales y nuestros propios éxitos.

Ya no podemos ser indolentes
y vivir de espaldas al clamor de la gente que nos necesita, ni sordos al llanto de un territorio que sufre nuestro maltrato

Ya no podemos ser indolentes y vivir de espaldas al clamor de la gente que nos necesita, ni sordos al llanto de un territorio que sufre nuestro maltrato. Pero nada, frescos, con la misma alegría de ser de aquí, con la de siempre, con buñuelo, natilla y ponche crema, brindamos por todos junto al pesebre. ¡Feliz Navidad o felices fiestas como algunos dicen ahora!

CARLOS VIVES
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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