El diablo toca guitarra, arpa y acordeón

El diablo toca guitarra, arpa y acordeón

Una reflexión musical sobre el cruce de caminos entre el ‘blues’, el vallenato y la música llanera.

Documental ‘El acordeón del diablo’

Escena del documental ‘El acordeón del diablo’.

Foto:

Zero Film GMBH

Por: Oscar Forero Peña
02 de diciembre 2018 , 10:40 p.m.

Con frecuencia se escucha decir: “Esa música es del diablo”. Se trata de una afirmación que forma parte de los imaginarios universales y que, en ocasiones, genera predisposición frente a varios géneros musicales.

Sin embargo, la historia de la música sí teje una trama curiosa y coincidente: el ‘blues’, el vallenato y la llanera han construido su narrativa con la influencia de este personaje.

Pero ¿de dónde surgió este cruce de caminos? Era el siglo XIX, en Estados Unidos y Latinoamérica se vivía aún una época de esclavitud. En Norteamérica, los colonos eran principalmente británicos y algunos franceses, mientras que en las ‘Indias’ eran españoles y portugueses.

Los grandes terrenos de las haciendas utilizaban la mano de obra esclava y campesina, y ellos usaban como ruta de escape por los sometimientos de sus amos, a las cuerdas de las guitarras, las arpas y los acordeones para acompañar las letras de sus canciones que reflejaban el estilo de vida de la época, lanzando lamentos al aire, gritos y encarnaciones de una vida sufrida.

En Norteamérica la música que se creaba en los campos, provenía de la influencia africana con visos de percusión combinada con costumbres religiosas, así nace el góspel.

A mediados de 1800, el góspel empezó a cambiar y a crear un sonido más oscuro y triste, dando paso al ‘blues’. A principios de 1900 empezó a hacerse más popular. Aquí aparece la leyenda Robert Johnson.

El Rey del Blues del Delta como se le conocía, luego de caminar por la autopista 61 en Misisipi (Clarksdale), esperaba transporte en una parada de autobús. De repente, la brisa trajo los sonidos de un punteo de guitarra, era el diablo retándolo a un duelo para demostrar quién era el más hábil.

A este incidente se le conoce como Crossroads o Cruce de caminos. Robert canjeó su alma a cambio de tener el mejor talento. Eso le trajo fama y habilidad. Incluso, los espectadores de sus presentaciones en la década de los 30 afirmaban que en cada toque sus expresiones corporales parecían poseídas.

Existe una referencia cinematográfica de 1986, cuando se lanzó la película ‘Crossroads’, dirigida por Walter Hill. En una escena, el protagonista Ralph Macchio, actor de ‘Karate Kid’, tiene un duelo de guitarras con Steve Vai haciendo referencia al duelo de Johnson contra el diablo. La película se inspiraba en la leyenda de Robert Johnson y la mítica Ruta 61. Curiosamente, en esta escena, el ‘riff’ interpretado por Steve está inspirado en otra leyenda clásica como lo es la del violinista Niccolo Paganini, del que se dice también vendió su alma al diablo para lograr el talento y la velocidad de interpretación.

¡Ay, camarita!

El relato dice: “A mí no me asustan sombras ni con luces me acobardo… Es un reto, soy tigre que en sabana nunca lo han acorralao”.

Es la narración de un hombre que caminaba por la sabana y al que se le aparece el diablo en una noche con risas, truenos y pánicos.

“¿Qué es lo que quieres de mí?”, le preguntó. “Si quieres pelear conmigo, alístate José Amalio, porque voy a demostrarte que para mí no hay humano que se atreva a desafiarme en este, tu inmenso llano”. Este fragmento de la canción ‘El caporal y el espanto’, poema escrito por el compositor araucano Héctor Paúl Vanegas e interpretado por Juan Harvey Caicedo, lo dice todo.

Un mortal osado que andaba por los Llanos colombianos y desafiando al diablo logró ver el amanecer sin haber temblado. Antes de llamarse música llanera, en los años en Venezuela se le decía más comúnmente joropo y se hizo popular porque un político de la época llamado Luis Francisco de Castellanos prohíbe “esa música”, supuestamente porque incitaba al baile y a la cantina. Era una forma de cortejo del hombre hacia la mujer.

Más allá del juicio conservador de aquel gobernante, ese sonido (el joropo) de los atardeceres con la puesta del sol rojo que bañaba el ganado y se acompañaba con guarapo, se extendió y llegó a Colombia después de los años 30.

Así que la música llanera también tiene una extraña semejanza con la forma en que inicia el ‘blues’ en Estados Unidos. A pesar de tener kilómetros de por medio y que ensanchan la distancia, las narraciones siguen siendo parientes.

Acordeones y juglares

La arena de las costas, la brisa en la playa y el calor empiezan a juntar diferentes personas de otros países del mundo, no solo la llegada de inmigrantes de países árabes, sino también alemanes, quienes traen los primeros acordeones “entrados” por Riohacha en 1885.

Es una historia paralela a la del ‘blues’, porque el vallenato se da en las haciendas y con cantos realizados por los peones y lugareños, una manera de narrar aquellas historias que vivían como jornaleros.

Eran labores de vaquería, de arriar ganado y recoger las cosechas para llevar el sustento diario a sus familias. En medio de estas labores fueron incorporando instrumentos como la caja, la guacharaca y, por supuesto, la voz.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX surgió un relato que narra la historia de Francisco el Hombre, del que se dice fue el primer juglar que alimenta las leyendas tradicionales de la costa Atlántica colombiana.

La escena fue llevada a la música por el maestro Rafael Escalona y también Alejo Durán le hizo una versión. Además, fue narrada por Gabriel García Márquez en su novela ‘Cien años de soledad’.

En el caso de la música ‘country’ también pasa lo mismo, el grupo The Charlie Daniels Band compone una canción en 1979 llamada ‘The Devil Went Down to Georgia’ (‘El diablo bajó a Georgia’).

Es la historia de un demonio que fue a Georgia a robar un alma y se encuentra con Johnny, un campesino de esta región que le sale al paso al diablo y lo reta a un duelo de violín, sorprendiéndolo con gran destreza y ganando un violín de oro.

Luego la banda norteamericana de ‘funk-metal-rock’ llamada Primus hace una versión de esta canción en 1996, volviéndose más famosa que la versión original de The Charlie Daniels.

El videoclip conjuga varios elementos de animación en ‘stop motion’ y fue dirigido por Mike Johnson, quien también codirigió la película ‘El cadáver de la novia’ junto a Tim Burton.

Francisco el Hombre, creado por García Márquez

“Meses después volvió Francisco el Hombre, un anciano trotamundos de casi doscientos años que pasaba con frecuencia por Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo. En ellas, Francisco el Hombre relataba con detalles minuciosos las noticias ocurridas en los pueblos de su itinerario, desde Manaure hasta los confines de la ciénaga, de modo que si alguien tenía un recado que mandar o un acontecimiento que divulgar, le pagaba dos centavos para que lo incluyera en su repertorio. Fue así como se enteró Úrsula de la muerte de su madre par pura casualidad, una noche que escuchaba las canciones con la esperanza de que dijeran algo de su hijo José Arcadio. Francisco el Hombre, así llamado porque derrotó al diablo en un duelo de improvisación de cantos, y cuyo verdadero nombre no conoció nadie”.

OSCAR FORERO PEÑA
Para EL TIEMPO
@LaCajaNegra1

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.