Fantastic Negrito: de vender crac a ganar dos Grammys

Fantastic Negrito: de vender crac a ganar dos Grammys

Fue gánster, cultivó marihuana y estuvo cuatro semanas en coma. Hoy es exaltado por los críticos.

Fantastic Negrito

El artista Fantastic Negrito posa en la 61.ª edición de los Grammy, celebrada en febrero, con su Grammy a mejor álbum de ‘blues’.

Foto:

Frederic J. Brown / AFP

Por: José Totah - La Nación (Argentina) - GDA
14 de abril 2019 , 12:12 a.m.

Su técnica para robar no era muy original. Se hacía un grupo de amigos y elegía al más ingenuo. Iba a su casa, memorizaba los horarios de entrada y salida de su familia, hacía copia de las llaves y entraba a desvalijar cuando no había nadie.

A mediados de los 80, Xavier Dphrepaulezz desarrollaba actividades de gánster a medio tiempo: de día se hacía pasar por estudiante de música de la Universidad de Berkeley (Estados Unidos), se colaba en las clases y copiaba las escalas que aprendían sus compañeros, y de noche vendía crac en las calles de Oakland.

Pero el traje de traficante nunca le quedó bien. “Una vez le compramos armas a una pandilla, y después vinieron a reclamarlas junto con el resto del dinero. Me pegué tal susto que al día siguiente estaba fuera de todo”, dice. Tenía 19 años.

Ese adolescente se hace llamar hoy Fantastic Negrito y es uno de los músicos más renovadores del blues contemporáneo, aunque su propuesta excede el ‘blues’ porque mezcla ‘funk’, rock, ‘boogie’, punk, góspel, ‘hip hop’ y ‘rhythm & blues’, con influencias que van desde los padres de la pentatónica, como Robert Johnson, Skip James, R. L. Burnside y Chuck Berry, hasta Parliament Funkadelic, David Bowie y Nina Simone. Sus dos últimos discos, ‘The Last Days of Oakland’ y ‘Please Don’t Be Dead’, recibieron un Grammy cada uno.

El tándem infierno-resurrección siempre tiene buen gancho cuando se cuenta la historia de un músico. Hay un morbo especial en eso de saber cuánto polvo mordieron los ídolos antes de pasearse en las alfombras rojas y recibir el reconocimiento de la industria. La lógica es que cuanto más bajo se cae, más heroica parece la remontada.

El caso de Fantastic Negrito es un cliché perfecto porque este hombre realmente la tuvo difícil desde el inicio. Nacido el 20 de enero de 1968 en un hogar pobre de 15 hermanos, en una zona rural de Massachusetts, en Estados Unidos. Hijo de un somalí musulmán, Xavier se mudó a la ciudad de Oakland, California, a los 12 años. Allí durmió en el auto de su primo y comió lo que había en la basura.

Lo que encontró Xavier en la San Francisco Bay Area no fue el sueño soleado de Barton Fink en la Costa Oeste, sino un nido de pandillas que copaban la ciudad a la caída del sol. Una epidemia de crac se había tomado esos suburbios a principios de los 80, pero la zona también era un hervidero de buena música (hip hop, punk, ‘thrash metal’, pop, ‘hair metal’), en donde se podía ir a ver en un mismo fin de semana a RUN DMC, Prince, MC Hammer, Souls of Mischief o Tony! Toni! Toné!.

“Todos vendíamos drogas y andábamos con pistolas encima”, le confesó al diario ‘The Guardian’. Ahora, le cuenta su historia a ‘La Nación revista’.

Tuvo una vida dura, problemas de drogas y un accidente de tránsito muy grave que lo dejó en coma durante casi un mes...

(Interrumpe) Nunca consumí drogas, solo las vendía.

¿Qué recuerda de esa época de su vida?

Esos recuerdos siempre salen a la luz en mi música. Cuando compuse ‘The Last Days of Oakland’ me sumergí en ellos, del mismo modo que en ‘Please Don’t Be Dead’ hablo sobre la vivencia del coma. Escribí canciones como ‘Working Poor’, ‘Plastic Hamburgers’ y ‘Transgender Biscuits’ que me hicieron revivir esa época. Siempre pienso mucho en la línea del bajo para transmitir esos momentos.

¿Por qué el bajo?

Te propongo algo: escucha el bajo en ‘Bud Guy Necessity’ (se pone a cantar muy grave durante un rato largo): vas a pensar en políticos, en vendedores de drogas. Es la cadencia de los traficantes mientras caminan las calles buscando clientes. Ellos son los que nos mienten, los que destruyen la comunidad, y me volvieron mierda a mí también. En esa época también fui uno de ellos. El tema es que las sociedades necesitan un chico malo, de eso se trata la humanidad.

Me veo como artista más que músico. Con los instrumentos lo que hago es ‘loopear’ partes que me gustan de lo que toco en el bajo, la guitarra y el piano, y después un todo, como un ‘collage’

El tobogán del infierno

El susto que se pegó cuando una pandilla de traficantes de armas casi lo asesina a sus 19 años no fue lo que le hizo dejar esa vida. Fue la música, más precisamente el tercer álbum de Prince, ‘Dirty’. “Ese disco cambió todo para mí”, admite. Tan fascinado quedó que lo único que podía hacer era pasarse día y noche sacando las canciones de oído. La faceta de autodidacta se iba completando con la teoría musical que había robado en las clases de la universidad. Sin pensarlo demasiado se mudó a Los Ángeles con lo que llevaba puesto y un demo en un casete. El problema fue que ahí solo se escuchaba ‘gangsta rap’. Había llegado a la ciudad equivocada en el momento equivocado.

¿Es cierto que es autodidacta de la guitarra y que después del accidente de tráfico tuvo que aprender a tocar de nuevo?

Todavía no sé si aprendí a tocar la guitarra. Y, sí, tuve que ingeniármelas para tocar distinto después del accidente, tanto la guitarra como el piano. De todos modos, nunca me sentí un virtuoso. Me veo como artista más que músico. Con los instrumentos lo que hago es ‘loopear’ partes que me gustan de lo que toco en el bajo, la guitarra y el piano, y después un todo, como un ‘collage’. Me siento un hijo del ‘hip hop’ (ellos hacen un ‘collage’ parecido), pero no soy un artista de ‘hip hop’. Trabajo con lo que tengo. A veces pierdes un poco, pero siempre ganas algo.

En 1996, un ‘caddie’ que trabajaba en el Bel Air Country Club de Los Ángeles le entregó en la mano a Joe Ruffalo, mánager de Prince, un casete de su amigo Xavier. A Ruffalo le gustó el material, y ayudó al joven músico a sacar un disco de neosoul que se llamó ‘The X Factor’. El álbum pasó sin pena ni gloria, pero le sirvió para meter algunas canciones en series de televisión y cine, y colaborar con bandas que nadie recuerda.

Así de prometedor parecía el futuro cuando, en la noche de Acción de Gracias de 1999, todo quedó patas para arriba: su coche fue embestido por un conductor borracho, y Xavier quedó con brazos y piernas destrozados, en coma durante cuatro semanas. Cuando despertó, el sello Interscope, que lo había fichado en 1993, le había cancelado el contrato.

Sin poder tocar ni caminar, luego de meses de terapias contra el dolor, tuvo que volver a lo que mejor le salía: ser estafador ‘part time’. Para eso acondicionó su casa en Los Ángeles y la transformó en un club nocturno clandestino. “Había ‘strippers’, una bañera con hidromasaje en la terraza y bandas de punk y blues; todo lo que siempre imaginé”, explicó en una entrevista a la revista ‘Wired’. Aquello funcionó un tiempo, hasta que la policía empezó a tocarle el timbre bastante seguido y Xavier tuvo que bajar la persiana del local.

Lo siguiente fue vender sus instrumentos, abandonar Los Ángeles y mudarse a una granja en las afueras de Oakland, en donde se puso a plantar y vender marihuana. “Básicamente era la misma vida de estafador, pero más segura. Hacer música y estafar es todo lo que sabía hacer”, le dijo a ‘Wired’.

Los meses se repetían sin novedad hasta que, una tarde, le quiso enseñar a su hijo un par de canciones de los Beatles con la guitarra. Le costó hacer un acorde de sol mayor (aún convivía con los dolores del accidente), pero lo logró, y su hijo, que estaba en medio de un berrinche, dejó de llorar. Xavier entendió que quería volver a la música, pero las manos le habían quedado muy mal luego del accidente y le aterraba no poder tocar la guitarra ni el piano como antes.

Entonces se inventó una pantalla para regresar a las pistas: instaló una especie de galería de arte que, cuenta, “tenía camareras desnudas y mujeres francesas de 80 años que hablaban sobre la ocupación nazi”. Para que nadie lo viera, él tocaba el piano atrás de una cortina y probaba nuevas canciones.

Lo que viene después son los años de redención. En 2015 ganó un concurso en una radio de escucha nacional y en 2016, el candidato a presidente por los demócratas, Bernie Sanders, se lo llevó de gira proselitista por todo el país, enamorado de la canción ‘Working Poor’. En uno de los conciertos, los medios locales informaron que Xavier fue atrapado por gente de seguridad al querer revender entradas de su propio ‘show’.

También en 2016 lanzó ‘The Last Days of Oakland’ y ganó el Grammy a mejor álbum de ‘blues’ contemporáneo. Su siguiente disco obtuvo un segundo Grammy en la misma categoría. Luego llegó una gira mundial que, además de Sudamérica, también lo llevó a Europa y Oceanía.

¿Ganar un Grammy tuvo un significado especial para usted después de todo lo que vivió?

Fue un honor ganarlo las dos veces, pero tengo claro que no puedo dejar que un Grammy controle de ningún modo mi proceso creativo. No puedes creértelo, porque cuando pisas el estudio de grabación solo tienes que pensar en tu música: que sea bella, pura, fuerte, real. Nunca pensé en los Grammy hasta que estuve nominado, y tampoco ahora va a condicionar mi forma de componer.

Mi vida tuvo muchas cosas negativas, pero pude convertirlas en positivas y útiles. La música es el modo que encontré de salir de la mierda

¿Está trabajando en un nuevo álbum?

En este momento estoy metido en toda una búsqueda dentro del ‘blues’ y las ‘black roots’. Mantengo mi cabeza ocupada con música todo el tiempo. Siempre me produje yo mismo y estoy armando un compilado con artistas que me gustan.

¿Quiénes son sus ídolos?

Uff (risas). Son muchos, pero creo que el primero de todos fue Robert Johnson, porque pienso que es alguien al que puedes escuchar toda tu vida y seguir descubriendo cosas nuevas. También, Skip James, Leadbelly, Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Little Richard, David Bowie, Chuck Berry, Kendrick Lamar, Nina Simone; yo escucho de todo.

¿La música le salvó la vida?

Mi vida tuvo muchas cosas negativas, pero pude convertirlas en positivas y útiles. Es el modo que encontré de salir de la mierda. Y también volver a quedarme en Oakland, lejos de Los Ángeles. En Oakland encuentro la fuente y la energía de mi música, que es el canal para comunicar lo que vivo y lo que siento.

¿Alguna vez pensó qué hubiese sido de su vida si no fuera músico?

Creo que hubiese sido abducido por los extraterrestres. Los extraterrestres claramente ven que yo no soy de este mundo, lo saben. Somos todos de las estrellas. Si no hubiese sido músico y cultivador de marihuana, habría desaparecido para convertirme en una estrella más en el amplio cielo.

JOSÉ TOTAH
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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