Evocación poética de Eduardo Camacho

Evocación poética de Eduardo Camacho

Exalumnos suyos de la U. de los Andes publican el poemario póstumo 'Perder el tiempo'.

Eduardo Camacho

El libro es editado por Icono.

Foto:

Archivo particular

Por: Amalia Iriarte
08 de julio 2019 , 10:49 p.m.

Eduardo Camacho Guizado, destacado maestro de literatura de la Universidad de los Andes en los años 60 y 70, contribuyó a la formación de una generación de escritores como Laura Restrepo, además de periodistas, directores de teatro y profesores de literatura; murió a comienzos de año en España, donde se había dedicado a la cátedra y a la escritura. Autor de novelas y ensayos, Camacho no había publicado su poesía. Por ello, como homenaje a su memoria, varios de sus alumnos se unieron para publicar, en Ícono Editorial, la obra Perder el tiempo, en la que sin duda se nos revela un poeta.

Este libro enriquece esa larga historia de reflexión poética sobre la temporalidad y la muerte. En su diálogo con poetas como Manrique, Góngora, Quevedo, Darío, Antonio Machado, García Lorca o Neruda, Camacho recrea, e incluso cita, versos clásicos como el clamor de Lorca “No, yo no quiero verla”, o la angustia de Darío por no saber “a dónde vamos/ ni de dónde venimos”. En este diálogo, Camacho revela su propia y personal experiencia de lo efímero, aludiendo a episodios autobiográficos y lugares en donde vivió.

Los diversos territorios en los que experimentamos lo pasajero son visibles en estos poemas y se materializan en tonos que van desde lo prosaico y coloquial hasta esmeradas elaboraciones líricas. Al mezclar vivencias disímiles en su búsqueda de un efectivo decir del tiempo y la muerte, Camacho carga de sentido poético objetos como una bolsa de desperdicios, al lado de imágenes de rancio ancestro. Lo que da sentido a la irrupción de lo prosaico en estos poemas es su efecto de ruptura, su capacidad de desenfocar el verso para centrarlo en lo inesperado.

En este poemario es sugerida la muerte en imágenes de arraigo doméstico, al lado del ancestral recurso poético de personificarla. Unas veces la evoca pero no la nombra, lo que hace su presencia más onerosa. Otras veces, siguiendo la tradición de las danzas macabras, pone en escena el personaje teatral en el que se convirtió la muerte hace siete siglos. Y, en todo el libro, la muerte –como la temporalidad– impregna sentimientos, emociones y cosas; acecha en cualquier esquina, la sentimos llegar y está a punto de llamar a la puerta. También la naturaleza, muy presente en estos poemas, testimonia el paso del tiempo.

Este libro, que poetiza el habla cotidiana, que se apodera de versos de la poesía clásica, que realiza ese prodigio del lenguaje de las artes, da una dimensión universal a lo particular, elabora de manera peculiar los recursos distintivos de la lírica, inventa palabras, juega con ellas y trabaja, ante todo, la imagen.

En conclusión, estos poemas señalan nuevos senderos a la tradición poética, revelan facetas ocultas de la temporalidad y la muerte y acceden a algunas de las ilimitadas maneras de decir las vivencias de lo efímero. Por eso resultan tan conmovedores.

AMALIA IRIARTE
Alumna de Camacho y profesora de literatura en la Universidad de los Andes durante más de veinte años.
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