En determinadas condiciones, el aburrimiento puede ser un verdadero enemigo y, para los más de 62.000 refugiados que hay en Grecia, el tiempo de espera para que se resuelvan sus demandas de asilo es indeterminado.
Esto fue lo que llevó a Esther Ten Zijthoff y Laura Samira Naude, dos jóvenes holandesa-peruana y sudafricana, respectivamente, a organizar una biblioteca móvil para proveer a los refugiados de libros en diferentes lenguas, cursos de formación y acceso a internet.
A partir de las siglas en inglés de los principios fundacionales de su proyecto: Educación, Comunidad, Esperanza y Oportunidad, lo bautizaron con el nombre de ECHO.
Así, con donaciones de particulares y micromecenazgo, se hicieron con una furgoneta que llenaron con más de un millar de libros, donados o fotocopiados, y una mesa con tabletas y acceso a internet que empezaron a llevar por diferentes puntos de Atenas.
Con esto, en septiembre de 2016, la biblioteca ECHO inició su andanza en Salónica, en el norte de Grecia, y, desde marzo de 2017, por las calles de Atenas. Así, han conseguido fondos para que el proyecto pueda continuar, llevado por otros voluntarios, dando los servicios que ofrece desde hace casi un año.
Entre los estantes de la biblioteca, Jaffar Taei, un refugiado iraní de 26 años, ha encontrado una recopilación de ensayos del escritor iraní Sadeq Hedayat.
"Estoy muy contento porque este libro es muy bueno, Sadeq Hedayat vivió la guerra entre Irán e Irak", cuenta Taei.
Otro de los usuarios de este proyecto es Jaled Abbud, originario de Bagdad, donde era traductor, y que huyó de su país natal por la persecución de las milicias. Cuenta que el proyecto le ha acompañado en la mayoría de sus 18 meses de espera en Grecia, en los que ha completado varios cursos de formación facilitados por el mismo. Además, en el último mes -desde que le comunicaron que España sería el destino de su reubicación- ha empezado a aprender español con una tutora a través de Skype.
El joven cuenta que la mayoría de refugiados no tiene su suerte y que proyectos como ECHO, "centrados en la integración y la formación", son muy necesarios.
De hecho, la demanda principal en la biblioteca móvil es de libros de idiomas, "esto demuestra un verdadero interés de la población refugiada", expresan las fundadoras de ECHO.
También, son muy populares los libros infantiles, y es que, según Unicef, la mitad de la población refugiada es menor de edad.
Los libros que conforman la biblioteca están en constante evolución. "Hace unos días nos pidieron una versión en árabe de filosofía griega postsocrática o por la versión en farsi de 'El Extranjero', de Albert Camus, y los acabamos consiguiendo", comentan Naude y Zijthoff entre risas.
Desde que lleva en marcha el proyecto, las dos voluntarias cuentan que han visto cómo la espera indefinida (de más de un año de media) en Grecia ha supuesto una mella psicológica en la población refugiada.
"Si no ves esperanza en el horizonte, es difícil que encuentres la motivación para seguir formándote o leyendo", explican. "Nunca se debe perder la curiosidad, y menos en estas condiciones, y este es el proyecto ideal para ello", cuentan Roger Cuartielles y Mireia Rom, que colaboran con la biblioteca móvil.
Y es que, como explican los dos voluntarios españoles, nada mejor que un libro para evadirte, reencontrarte con historias que leíste en tu país de origen o encontrar un rato de preciada intimidad.
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