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Delfina Dib, la rapera que brilla con letras de fuerza femenina
Delfina Bid

Delfina, además de dedicarse al rap, también trabaja en proyectos de ‘styling’ y de moda.

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Andrea Moreno. EL TIEMPO

Delfina Dib, la rapera que brilla con letras de fuerza femenina

La artista argentina que llegó a Colombia hace seis años ya ha logrado cantar con raperos famosos.

En el escenario se mueve con fuerza, lanza versos sinceros y empoderadores, proyecta su voz que viene acompañada del ‘ch’ en palabras como ‘yo’ y ‘llegué’. En su casa, es más suave y habla largo, reafirma sus argumentos y se repite: “lo más importante es creer en uno mismo; si no, todo se cae”.

Delfina Dib (30 años) es una rapera argentina que llegó de su país a Colombia hace seis años con el sueño de triunfar en lo que la apasiona: música y moda. Aunque llegó con una ilusión que se desboronó, siguió persistiendo y actualmente se posiciona como una rapera reconocida entre el mundo del ‘hip hop’ y el rap colombiano y especialmente bogotano. 

Delfina ya tiene un álbum encima, varios sencillos y videos que son todo un éxito en redes. En agosto de 2017 se subió a la tarima de la Batalla de Gallos de Red Bull y su carrera cogió el ritmo que ella soñaba. Ha colaborado con Pezcatore y Karin B., de Rap Bang Club, con Akapellah, Crudo Means Raw… Para este año tiene grandes proyectos, lanzar más canciones, trabajar en un nuevo álbum, hacer más videos y fortalecer su presencia en redes sociales.

EL TIEMPO habló con la artista en su casa.

¿Por qué venir de Argentina a Colombia?

Quería venir a hacer música acá. Tenía una banda en Argentina, yo era como la cabeza, la que escribía las letras, la que estaba como más compenetrada con la movida. Y sentí que necesitaba construir algo sola porque la banda no me estaba dando lo que yo quería. Siempre mi conexión con la música ha sido muy fuerte y mis ganas de hacer me mantuvieron en la meta de que esto no es un ‘hobbie’, sino que es lo que quiero hacer siempre. Vendí todas mis cosas, me fui a vivir con mi mamá un tiempo, saqué la visa, y me vine y me quedé. Voy todos los años a Buenos Aires a visitar a mi familia, pero pues ya son 6 años acá. Fue una decisión que tomé muy segura. No sé cuánto me voy a quedar, pero no quise volver.

Pero ¿por qué Colombia?

Yo siempre he pensado que Colombia está más cerca de todo, me proyecto yendo a México, a Estados Unidos. Quiero que mi música siga, y en Argentina estamos tan abajo. Uno tiene que salir a mostrarse. Cuando llegué, la persona que me impulsó a venir, ya cuando estoy acá, me soltó y le salió otro trabajo y no tenía tiempo para dedicarme a mi proyecto. En ese momento dije: nada de lo que planeé está pasando, pero no me voy a devolver. Durante dos años descuidé mi carrera como solista, que era lo que yo había venido a hacer. A principios de 2018 y todo 2019, estos últimos años tomé mi camino, lo que realmente quería y en dos años he podido sacar videos y música muy buena. Y pues si bien existo hace muy poco para la industria, me están escuchando y están saliendo grandes cosas.

Es un proyecto muy de Delfina, muy íntimo…

Ha sido un proceso de mirarme a mí misma, de autorreflexión, de escribir letras muy profundas, parándome en el escenario como Delfina y no atrás de una banda o un proyecto. En las ganas de hacer música nunca me quedé quieta, pero no encontraba el lugar, y ahora sí, ya lo tengo, hacer un disco y estar en la portada. Esto es lo que yo tengo para darle al mundo, este es el mensaje que yo traigo. Estoy muy feliz porque siento que tengo un poco más el poder de qué es lo que quiero mostrar y cómo.

Yo siempre he pensado que Colombia está más cerca de todo, me proyecto yendo a México, a Estados Unidos. Quiero que mi música siga...


¿Qué es lo que quiere mostrar?

Mi manera de ver la vida, de filtrar muchas cosas que se presentan y que son duras así como otras que se presentan y son muy buenas. Poder darle herramientas a la gente que escucha mi música para poder atravesar muchas situaciones que yo atravesé, y el precio por el que yo pagué es que ahora otro puede sufrir un poco menos. Mi música habla un poco de superación, es un tanto Osho (risas). Es como: ‘dale, vos podés’. Y en realidad me lo digo a mí misma, me lo demuestro a mí misma, y por eso puedo cantarlo y puedo decírselo a las demás personas porque no es algo que yo estoy viendo si es verdad o no, sino que es algo que yo ya comprobé.

Letras algo así como terapéuticas…

Cuando alguien me dice que escuchó una canción mía y desbloqueó algo, eso es lo que más ganas me da de seguir escribiendo, no porque me crea una salvadora; es que yo hago mi música para salvarme a mí primero. No digo que voy a escribir un tema para la gente que sufre; no, cero, pero con lo que uno va viviendo, con lo que va atravesando, le va dando el permiso a poder a escribir sobre lo que uno vive y también haberme ido del país en el que nací y vivir en otro lado, y ser mujer, y vivir en un país latinoamericano tan machista que me choca mucho.

Es un mensaje dirigido a las mujeres…

Hace un año me di cuenta de que el lugar que tengo entre las mujeres que me escuchan puede ser un lugar muy bueno para que otras se contagien de hablar de cosas sin tener miedo como el aborto, la misoginia, la cosificación a la mujer, el feminismo no extremo, sino el que escucha, el que es real.

Mi música habla un poco de superación, es un tanto Osho (risas). Es como: ‘dale, vos podés’. Y en realidad me lo digo a mí misma, me lo demuestro a mí misma

El recorrido ha sido corto... ¿cuál fue el momento en que dijo: ‘lo estoy logrando’?

En el 2017, en octubre más o menos, fue la batalla de gallos de RedBull, que fue en el Royal Center, y me invitaron a cantar un tema y canté sola; en ese momento quedé sorprendida. Ese día lo sentí. Lo hice. Estoy acá, con RedBull y qué buena honda. Fue un ‘streaming’ y en Argentina también me vieron. Me da vértigo cada vez que pasa algo nuevo, pero creo que lo mejor de todo lo que he recogido estos años ha sido eso, es creer en uno mismo. No va a pasar nada si no crees en vos.

¿El rap es una forma de empoderar a las mujeres?

Sí, para mí sí. Pero no me gusta la palabra empoderamiento, es más una guía. Es más una dirección, una salida clara. El empoderamiento tiene más que ver con alguien que no tenía poder y ahora lo tiene. Pero siento que las mujeres siempre hemos sido superpoderosas. Mucha gente relaciona la palabra empoderamiento con resurgir y ser mejor y si eso es, buenísimo, me encanta. Una amiga me decía que mi música es ‘gaylor’ (risas). Es una palabra que no existe, pero a lo que se refería es que mi público es muy gay. Yo nunca lo había pensado, pero tiene que ver con creer en uno mismo, no importa lo que seas porque sos vos. Eso es lo que yo digo en mis canciones. Ahí toco la fibra de esas personas que socialmente se sienten discriminados. Si puedo cantarles a ellos, buenísimo. Me encanta.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo

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