Con las nuevas tarifas de Sayco, ¿si es rentable un concierto virtual?

Con las nuevas tarifas de Sayco, ¿si es rentable un concierto virtual?

Los empresarios se quejan del excesivo porcentaje del cobro en una época de crisis por la pandemia.

Importantes eventos que se cancelaron por cuenta del coronavirus

Estéreo Picnic, organizado por Páramo Presenta e ISLA Presenta habitualmente en abril,  debió posponerse por culpa del nuevo coronavirus.

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Cesar Melgarejo / EL TIEMPO

Por: Sofía Gómez G. - Con reportería de Valentina Sánchez
01 de junio 2020 , 10:04 a.m.

Como si se tratara de una trama sobre una relación conflictiva y eterna, Sayco y los empresarios de conciertos sostienen desde hace algunos días una nueva puja. Ya en el pasado la corrupción de la sociedad de autores y los cobros por realización de eventos públicos masivos han sido motivos de otras discusiones. Hoy, la pelea se enfoca en tarifas nuevas para los conciertos virtuales.

Debido a la prohibición de organizar eventos masivos en el país por la pandemia de covid-19, los productores de espectáculos empezaron a mudarse a los espacios digitales, en un intento por mantener una industria que fue a la primera que vetaron y que será de las últimas en reactivarse, junto a las demás del entretenimiento (cines, bares, teatros, restaurantes y discotecas).

“Hace unas semanas, tuvimos la posibilidad de hablar con Sayco para hacerles unas peticiones con el tema de la pandemia. Les pedimos que con esta emergencia, que puede prolongarse por más de 18 meses hasta que retomemos actividad comercial, deberían optar medidas para que se rebajen las tarifas (…) Su respuesta fue un nuevo manual de cobro”, expone Allan Acosta, vocero de Asocespro, la Asociación Colombiana de Productores de Espectáculos.

El documento de la discordia –fechado el 19 de marzo de este año, pero que se dio a conocer el 20 de mayo pasado– es un tarifario que regula las presentaciones de artistas a través de plataformas que no están licenciadas en internet: en términos prácticos, cualquier evento o presentación, sea con cobro o gratuito para el público, deberá aportar un porcentaje de su recaudo a la sociedad de autores, tal como sucede con los espectáculos presenciales.

(Lea también: La nueva puja de Sayco y los empresarios: los conciertos virtuales)

Hay que aclarar, eso sí, que las tarifas no incluyen a los músicos que interpreten sus propias canciones en sus sitios en línea, y tampoco aplica en plataformas como YouTube, Instagram o cualquiera de las de 'streaming' musical (Spotify, Deezer, Apple Music, Claro Música), ya cubiertas por LatinAutor.

“Un evento no licenciado es que Páramo u Ocesa (que están detrás del Estéreo Picnic o los conciertos de Sting y Foo Fighters), por ejemplo, organicen un festival en su página web. Para eso es el nuevo tarifario, que es legal, regular, bajo los estándares de la ley de derecho de autor y de las normatividades internacionales”, explica Catalina Santa, abogada especialista en derechos de autor.

Un evento no licenciado es que Páramo u Ocesa organicen un festival en su página web. Para eso es el nuevo tarifario

Lo que les ha caído muy mal a los productores de conciertos no es el hecho de pagar por el uso de las canciones a sus autores, algo que ya hacían desde la organización de eventos presenciales. “Nosotros no somos enemigos de los autores y compositores (…) Estamos totalmente de acuerdo en el pago de los derechos de autor. Queremos respetar el tributo que se merecen por haber escrito estas obras musicales, de las cuales nos vemos beneficiados”, asegura Acosta.

La molestia surge ante el sorpresivo y elevado costo que se aplicaría a los espectáculos exclusivos para la web por este concepto.

“Las tarifas estaban establecidas para los conciertos y plataformas digitales en un 3 por ciento. Cuando sucede todo el tema de la pandemia, cuando debimos reinventarnos en el tema digital, Sayco subió las tarifas entre 7,5 por ciento y 12,5 por ciento”, agrega.

Sobre todo el revuelo causado por el documento que expidieron, Rafael Manjarrez, vicepresidente de Sayco, comentó en tono conciliador: “Hay que flexibilizar las tarifas responsablemente, porque Sayco tiene una carga financiera de 9.000 socios a los que beneficia mensualmente con pagos entre 300.000 y 2’500.000 pesos. De lo contrario, se pone en riesgo la existencia de la sociedad”.

Yéndose a la minucia jurídica, me pregunto cómo Sayco obtendrá la información de las obras que se interpretaron y que es necesaria para que a los autores se les pague

Para contextualizar y entender mejor la discusión, al realizar un concierto presencial un empresario debe adquirir varios permisos y hacer varios pagos por anticipado: un adelanto para el artista, abonar dinero a algunos proveedores y cancelar los derechos de autor a Sayco, que expide un permiso, entre otras cosas. La propuesta de los empresarios en este último apartado es que la sociedad cobre su porcentaje ya no sobre el valor de la boletería de los asistentes al evento, sino a partir de lo que se le paga al artista.

“Es él quien va a interpretar las canciones de los compositores (…) Para los productores sería más cómodo. Digamos que el cantante cobre 300 millones de pesos, nosotros terminaríamos pagando, con base en ese ejemplo, 21 millones de pesos a Sayco por las canciones a interpretar”, dice Acosta. “(…) En cambio, si tengo hoy un evento que cuesta 4.000 millones de pesos y vendí 3.000 millones de pesos en boletería, debo pagar 210 millones de pesos por los derechos de autor”.

Los cobros y las ganancias

La pregunta clave es: ¿Y cómo planea Sayco hacer este nuevo recaudo? Aunque el tarifario es muy específico y similar, en cuanto a categorías, al que ya existía sobre conciertos presenciales, es muy diferente la forma de percibir y controlar los cobros de manera correcta.

“Los conciertos virtuales no existían y gracias a la publicidad habrá cómo enterarse”, dice el vicepresidente de Sayco. “Los eventos donde hay un propósito comercial de usufructo, en sitios en internet que no están licenciados, son a los que se les cobrará”.
Suena sencillo. A la abogada Catalina Santa no le parece tanto: “Yéndose a la minucia jurídica, me pregunto cómo obtendrán la información de las obras que se interpretaron y que es necesaria para que a los autores se les pague”.

En su criterio, los eventos grandes son controlables, pero ¿cuántos conciertos o presentaciones en web puede haber al día en todo el planeta? “Es muy difícil hablar de una jurisdicción si mi sitio web no está alojado en Colombia. ¿Sayco puede cobrar así? Habría que analizar dónde está el servidor, dónde están los usuarios, cuál es el territorio del evento, de dónde es el empresario... Todo eso define la jurisdicción”. Hay mucho que aclarar y Sayco no tiene las respuestas.

Lo veo un poco como un tiro al aire, porque de ahí a que puedan hacer cumplir esas tarifas, va a ser muy complicado. En este momento no tienen el pretexto de los permisos (que Sayco emite para que se pueda llevar a cabo un espectáculo presencial)”, asegura el empresario Camilo Parra, responsable de haber traído al país a Lenny Kravitz, Primus, Offspring, Marco Antonio Solís y Matisyahu.

Del otro lado está el tema de las ganancias. ¿Cuánto se puede recaudar en un concierto virtual? “No mucho”, dice el representante de Asocespro. “Más del 50 por ciento se va en el montaje, porque hay que tener escenario completo (con luces y pantallas), pagar la plataforma que va a transmitir y hacerle publicidad, común y corriente. Cobrar por un concierto virtual más de 20.000 o 30.000 pesos por persona es costoso. Así que no es muy rentable, pero ayuda a mitigar un poco la crisis económica que está viviendo nuestra industria”.

En medio de la discusión, existe algo de alivio: todas las tarifas de gestión colectiva son negociables y esa concertación está amparada por la ley.

Eso significa que los costos se pueden acordar entre Sayco y los empresarios, y esa negociación está avalada por la Dirección Nacional de Derecho de Autor, entidad adscrita al Ministerio del Interior.

Lo que les molesta a los empresarios es que “sea un ente privado el que regule las tarifas, además de no saber nunca la destinación final de los recursos”, expone Acosta.

“Ese es el mayor problema: la gente no sabe lo que está pagando, no sabe si es una ley o por qué les cobran. Es muy raro el concepto por pago de derechos de autor en este país”, acota el compositor e intérprete Juan Gabriel Turbay, integrante de Poligamia y quien está afiliado a Sayco. “La cosa es que los empresarios y los autores de las canciones tienen una relación simbiótica: si uno no vive; el otro, tampoco”, puntualiza.

SOFÍA GÓMEZ G.
Con el apoyo en la reportería de Valentina Sánchez 
En Twitter: @CulturaET

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