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La queja como solución / conexión sonora
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La queja como solución / conexión sonora

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El que se mete a roquero siempre encontrará más tropiezos que logros.

Quejarnos es uno de nuestros oficios más comunes, casi que podría existir la ‘quejadera’ como profesión. De la usanza de mis padres era la frase popular: “El que no quiera ver sus mulas muertas, que no las mande a viaje”, muy común en el ámbito rural colombiano para relacionar la precariedad de caminos angostos y peligrosos en laderas de montañas en los que los semovientes con carga resbalaban y perdían la vida.

El roquero se queja, se queja todo el tiempo. Siente que no pasa nada, que todo parece estático y muchos ponen por encima la espera de un apoyo sobre el trabajo mismo. El que se mete a roquero debería saber a qué se atiene. Pero también el que hace jazz, música contemporánea, pop, balada y ciertas fusiones.

El roquero siempre encontrará más tropiezos que logros, es una realidad. Así que sólo queda el tesón, el trabajo constante, el ensayo diario, la búsqueda incansable, ser el mejor para ser reconocido, aprender cada día y tomar cada logro como un peldaño para uno más grande.

Partamos de la premisa eterna de que somos un país tropical. Fuimos de música andina y campesina y ritmos europeos hasta mediados del siglo XX, cuando los ritmos del Caribe entraron con fuerza al centro del país. Luego fuimos ‘chucuchucu’, vallenato, salsa, merengue, bachata, reguetón. Es la tendencia popular. La música que se consume en nuestro país. Somos el más costeño de los países de esta región: el único con costas en el Pacífico y en el Atlántico, eso pesa.

¿Y el rock qué? Nació por reflejo. Se desarrolló copiando a los mexicanos, que a su vez copiaban los éxitos americanos. Tuvimos una cultura original: Flippers, Génesis, Ampex, Banda Nueva ó The Speakers, todos muy pronto estigmatizados. El rock colombiano prácticamente no existió durante los años 70. Resurgió y con sus más y sus menos se ha mantenido ahí, en casi 30 años, con buenos momentos y maravillosas propuestas.

Hoy, hay festivales de rock de asistencia masiva, convocatorias con cientos de agrupaciones inscritas, mercados musicales, estudios de grabación, salas de ensayo que generalmente están llenas, emisoras de radio que parecen apoyar, redes sociales moviéndose incansablemente, medios en internet, pero ante todo, talento, mucho talento. Pero sólo el que se consagra sacará una cierta ventaja sobre los demás.

Es en serio. Si algunas cosas no cambiaron sustancialmente en casi 30 años es porque nuestra naturaleza es esa. Las excepciones existen, cierto es, pero la queja no será nunca la solución a las precariedades de nuestro medio.
Eso sí ¡las tiendas de instrumentos musicales siguen siendo un buen negocio!

DANIEL CASAS
Periodista musical

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