La verdadera historia de la ‘Sinfonía inconclusa’ de Piero

La verdadera historia de la ‘Sinfonía inconclusa’ de Piero

Este fin de semana el artista y su obra llegan a Bogotá, con un concierto con orquesta en vivo.

Piero

Piero, en un ensayo de la obra, con algunos de los muchachos que lo acompañan.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

Por: María Camila Bernal
15 de noviembre 2018 , 08:43 p.m.

El álbum más exitoso del cantautor ítalo-argentino Piero solamente tiene una canción de su autoría y no habla de problemáticas sociales, como sus más famosas letras. En cambio, está compuesto por diez canciones infantiles. La 'Sinfonía inconclusa en la mar' nació de la persecución que en 1976 adelantaba la dictadura argentina en contra del artista, quien, en un acto desesperado por seguir cantando, retomó las rondas de niños que le escuchó al sacerdote Alejandro Mayol en el seminario al que asistió durante su infancia.

Esa decisión de seguir haciendo música, aun en la represión, lo ha mantenido vigente por más de cuatro décadas. En 2011, 35 años después de la primera edición del disco, fue nominado a los Premios Grammy Latino en la categoría de mejor álbum de música latina para niños, por la nueva versión de la 'Sinfonía' que hizo junto al sello discográfico Toy Cantando, con karaoke e ilustraciones, la cual, incluso, ha sido utilizada como estimulante en procesos de aprendizaje para niños.

Este fin de semana, 42 años después de su lanzamiento, Piero De Benedictis y su 'Sinfonía' llegan a Bogotá con un concierto que incluye representaciones teatrales de las canciones y una orquesta tocando en vivo.

¿Es la primera vez que presenta este ‘show’ en Colombia?

No, estuvimos en El Carmen de Viboral (Antioquia) hace dos años. Allá, la entrada fue gratis y asistieron al menos 10.000 chicos, cada uno llevó un instrumento bien ‘afinado para la paz’. Terminamos todos bailando y cantando. Quisiera recorrer Colombia con la 'Sinfonía' y visitar lugares que han sido castigados históricamente por la guerra. Este disco es una bandera de paz en tiempos de discordia.

¿Tiene una canción favorita de ese álbum?

Algunas me gustan más que otras, según los momentos. La que lleva el nombre del disco, 'la Sinfonía inconclusa en la mar', para mí es una canción redonda. Es la única del disco que escribí. Las demás son de Alejandro Mayol, que era un cura –pero terminó siendo papá de cuatro hijos– (risas). Él las escribió todas.

¿Él es el autor de su álbum más famoso?

Sí. Lo conocí cuando estudiaba en el seminario. Veía que agarraba la guitarra y se metía a los chicos en el bolsillo cantándoles esas canciones. En ese momento solo era un juego, pero años después, en la dictadura argentina (1976), me empezaron a prohibir canciones como: 'Que se vayan ellos' o 'Para el pueblo lo que es del pueblo', y sentí que se venían acercando. Dije: “No es una canción lo que quieren, me quieren a mí”. Entonces se me ocurrió rescatar las canciones de Alejandro y hacer un álbum que no pudieran censurar.

Así nació la 'Sinfonía'. No solo es mi disco más vendido, también es un trabajo con mucha historia y anécdotas. Lo paradójico es que los militares nunca se imaginaron que prohibiéndome iban a tener un revés tan grande.

¿Hizo más música con Alejandro?

¡Sí! Pero pasó algo curioso. No habíamos terminado de grabar la 'Sinfonía' y le dije: “Alejandro, grabemos una ópera para chicos”. Empezamos a diseñar algo sobre la identidad. Nos organizamos, las cosas fluían, pero de pronto se pudrió todo, se puso mal la cosa en el país y hubo que salir como se pudo.

¿Se exilió?

Me salvé de que me agarraran por diez minutos. Me fui a vivir a España, allá pasé unos cinco años. En ese tiempo también viví en Italia y Colombia.

¿Nunca terminó el álbum?

En el exilio me dijeron que a Alejandro lo habían matado y a él le dijeron lo mismo de mí. Estuvimos muertos el uno para el otro cuatro años, hasta que por conocidos nos volvimos a encontrar. Cuando retomamos el contacto terminamos la ópera. Se llama 'Ópera del cachuso rantifuso' y me gustaría llevarla al teatro.

¿Qué es cachuso rantifuso?

¿Viste la bola con la que jugamos los chicos al fútbol? Esa con el tiempo se desaliña y va quedando, como decimos, cachusa. Rantifuso es alguien que se ve descuidado, así que cachuso podría ser apodo para un rantifuso. ¿Se entiende? La obra es un trabajo sobre la identidad. En ella hay montones de personajes y el mensaje que queremos dejar es: uno es uno y el otro es el otro. No puede ser de otra manera.

¿No hay casualidades?

Lo que te quiero decir con esta experiencia de la Sinfonía y de la ópera es que empezaron a salir un montón de cosas que no estaban previstas, pero que ocurrieron para bien. Yo me metí al seminario, por ejemplo, porque creí que era un colegio de curas, pero resultó ser una fábrica de curas y yo no quería eso. Pero gracias a haber entrado ahí por error, conocí a Alejandro. Por algo suceden las cosas, esas son las casualidades.

¿Cómo ha sido cantar con niños?

Un hallazgo desde que grabamos las canciones. Los músicos cobraban por sesión y sabíamos que cada día de grabación era valioso, pero con los niños se olvidaban de eso, se divertían; nos pusimos a jugar toda la grabación y el resultado gustó. En Argentina sentí que tuvo el poder de hacer que la situación que vivía el país se calmara un poco, al menos entre las personas del común. Lo mismo ocurre en Colombia, yo creo que para la paz los chicos tienen un rol importante, y si ellos están entusiasmados, vamos por buen camino.

Piero Sinfonía inconclusa en la mar

La presentación recrea las diez canciones del disco, en ella participan niños, artistas y una orquesta.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

Piero Sinfonía inconclusa en la mar

La presentación recrea las diez canciones del disco, en ella participan niños, artistas y una orquesta.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

Piero Sinfonía inconclusa en la mar

La presentación recrea las diez canciones del disco, en ella participan niños, artistas y una orquesta.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

Piero Sinfonía inconclusa en la mar

La presentación recrea las diez canciones del disco, en ella participan niños, artistas y una orquesta.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

Piero Sinfonía inconclusa en la mar

La presentación recrea las diez canciones del disco, en ella participan niños, artistas y una orquesta.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

¿Qué efecto cree que causa en los chicos la ‘Sinfonía’?

Tengo experiencias de todo tipo. Me acostumbré a llevar discos de la Sinfonía en la maleta, y por donde veía a un chico le daba uno. Un día mi otorrinolaringóloga, Dorita, me dijo que sus hijos mellizos de año y medio aún no hablaban ni caminaban. Entonces, le llevé el disco y le dije: “Hacé que lo escuchen”. Al tiempo me llama el marido y me dice: “Piero, no solo caminan y cantan, bailan, saltan y nosotros lloramos con ellos”.

¿Lo conectó con un Piero que no conocía?

Sí, y creo que seguirá siendo así. Me mostró la pureza y la alegría de una forma que yo no conocía.

¿Le creó un vínculo con sus hijos?

Te voy a contar toda la historia. Yo me tuve que escapar por la dictadura. Un día me fueron a buscar a mi casa en un Ford Falcon sin patente y me salvé porque me avisó mi hermana. A ella un exnovio suyo de la Policía le contó que había visto una lista de chupados (reclutados) con mi nombre. Fue tan rápido que me tardé nada en salir de mi edificio e ir al piso 14 de la torre del frente, donde vivían dos amigos míos actores, Arturo Puig y Selva Alemán. Cuando salí por el balcón de ellos ya los carros estaban estacionados frente a mi casa. Pero bueno, tampoco quiero enseñarle nada de eso a Colombia, porque eran cosas muy burdas.

El caso es que logré escapar a España. Me fui al aeropuerto, me subí al avión y tuve que esperar horas para el despegue, porque no sabíamos si nos iban a dejar salir. Ellos (la dictadura) hacían lo que querían. Aunque cuando empecé a contarte iba por otra cosa, pero ya no recuerdo a dónde quería llegar con la historia (risas). Acordate vos, que sos la periodista (risas).

La pregunta era si la ‘Sinfonía’ había creado un vínculo con sus hijos...

Ah bueno (risas), te felicito por esa memoria. Pues ahora que te conté entenderás lo demás. En ese momento, mi hijo Juan tenía 11 meses, ahora tiene 43 años, y yo no estaba con él en Argentina, por lo que había pasado. La canción de la Sinfonía inconclusa fue el cordón umbilical entre los dos. Él se despertaba en la mañana y decía “papá, papá”, y le tenían que poner el disco. Y todos los días “racatacapum, racatacapum”, esa era nuestra conexión. Tiempo después fui a Uruguay a verlo y reunidos ahí cantábamos las canciones. Fue algo que nos marcó. De hecho, ahora él hace parte de los músicos del show.

Este disco, la ‘Sinfonía’,
es una bandera de paz en tiempos
de discordia”

¿Y con sus nietas también existe ese vínculo?

Mi hijo Juan me hizo abuelo de tres niñas. La más grande asistía a un colegio francés y un día le pidieron llevar un trabajo hecho con alguien de su familia. Podía ser un cuento, un poema, una canción. Entonces me dice: ‘Abuelo, ¿no querés venir a cantar alguna canción?’ (Risas). Le dije que sí y me fui al colegio con ella. Fuimos mi hijo, dos de mis nietas y yo. Cuatro De Benedictis en el escenario cantando la canción con todo el colegio. De ahí hasta ahora, mi nieta, que se llama Ámbar, está enamorada más que yo de la 'Sinfonía'.

¿Cómo está su relación con Colombia?

Cada vez más linda. Ustedes esquivan la paz y le dan vueltas. Pero es tan fuerte lo que pasa aquí que supongo que ya todo se irá ordenando. Yo me crié en La Candelaria (risas). Tenía amigos como Simón Vélez, el arquitecto, o Jenaro Mejía (pintor), que cuando visitaba Bogotá se iban y me dejaban su casa.

¿Qué legado cree que deja con este disco?

Yo creo que amor, afecto, paz. Cosas que todos tenemos adentro, pero que no usamos o las usamos mal.

¿Qué les recomienda a los que asistan a su concierto?

Hay algo que queremos hacer con la ayuda de todos. La idea es que los chicos que vayan al concierto lleven un juguete, puede ser elaborado por ellos mismos, para los niños de Guapi (Cauca), que nunca en su vida han recibido un juguete. Además, la idea es que todos (en lo posible) traigan un instrumento ‘afinado para la paz’, que lo usaremos para lo que vamos a vivir en escena. Y, como plus, si vienen vestidos de blanco, sería maravilloso, porque el blanco es la suma de todos los colores.

Dónde y cuándo

Este viernes (8 p. m.), sábado (4 p. m. y 8 p. m.) y domingo (3 p. m. y 6:30 p. m.), en el Teatro Cafam de Bellas Artes (carrera 68 n.° 90-88). Boletas disponibles en www.primerafila.com

MARÍA CAMILA BERNAL
Redacción EL TIEMPO 
En Twitter: @Camibernald

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