Simon Rattle trajo la ‘mahleria’ a Colombia

Simon Rattle trajo la ‘mahleria’ a Colombia

El célebre director comandó a la Orquesta Sinfónica de Londres en sus dos presentaciones en Colombia

Simon Rattle

En el Teatro Mayor, Simon Rattle y la Orquesta Sinfónica de Londres recibieron una ovación de varios minutos.

Foto:

Juan Diego Castillo

Por: Yhonatan Loaiza Grisales
12 de mayo 2019 , 10:00 p.m.

Escuchar a la London Symphony Orchestra (Orquesta Sinfónica de Londres) bajo la batuta de 'sir' Simon Rattle es como pararse bajo la corriente de una potente catarata por la que recorre el agua más cristalina posible. El espectador solo tiene que dejarse remover por esa demoledora fuerza de la naturaleza.

En ocasiones, el propio Rattle parece zambullirse en ese torrente, pues durante toda la presentación sostiene una expresión que mezcla satisfacción, placer y orgullo. Así sucedió el pasado sábado, cuando la Orquesta, que tiene 115 años de historia, empezó su primera gira por Latinoamérica en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, de Bogotá (el domingo también estuvo en el Teatro Metropolitano de Medellín).

Rattle, que a su diestra tuvo al violinista colombiano Julián Gil Rodríguez, quien lidera la sección de segundos violines, hace dos años que asumió el cargo de director musical de la LSO (por sus siglas en inglés), luego de dejar la misma posición en otra de las orquestas más importantes del mundo, la Filarmónica de Berlín.

“Habiendo pasado una vida muy afortunada dirigiendo las mejores orquestas del mundo, tengo que resaltar lo importante que es para mí tener este tiempo con la LSO en este momento. Se siente como un regreso a casa, no solo por el país, sino por la forma de hacer música, por la extraordinaria vitalidad y energía de los músicos. Así que si alguno de ustedes piensa que los británicos somos personas reservadas y tímidas, lo siento, se van a llevar una decepción cuando escuchen a esta orquesta”, dijo el director un día antes del concierto, en una reunión de medios en Bogotá.

Aquella conferencia fue una muestra de que las palabras de Rattle son tan virtuosas como su trabajo en escena. Fue toda una lección de humanidad y música. Ya al frente de la orquesta, el músico de 64 años tenía su propia partitura de certeros movimientos, con los que parecía estar hablándoles a todos y a cada uno de sus músicos.

El primer plato de su menú musical fue una pieza no tan conocida, la ‘Sinfonia da Requiem’, que el británico Benjamin Britten compuso cuando tenía 25 años, justo antes de que empezara la Segunda Guerra Mundial. “Es simplemente asombroso pensar en su edad teniendo en cuenta la profundidad emocional y el drama implícitos en la pieza”, aseguró el director sobre esta obra.

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Simon Rattle asegura que, al mejor estilo de la película ‘Memento’ de Christopher Nolan, la música de Gustav Mahler está tatuada en su piel. De hecho, si se levantara la camisa se podrían ver cicatrices garabateadas en su pecho con las notas de las sinfonías del músico checo.

Esa presencia es el resultado de la infancia de Rattle, que creció en Liverpool, una ciudad que según recuerda era un crucigrama en el que se cruzaban todas las formas de arte. Su casa estaba justo al lado de Penny Lane, la calle que los Beatles inmortalizaron con su canción homónima. Él bien hubiera podido ser un ‘chico Beatle’, pero se terminó convirtiendo en un ‘chico Mahler’ por la simple razón de que The Royal Liverpool Philharmonic Orchestra fue la primera agrupación europea que interpretó el ciclo completo de sinfonías del checo.

“La razón por la que soy un director de orquesta es su interpretación de la ‘Sinfonía n.° 2’ de Mahler, que escuché cuando tenía once o doce años. Sentí que había quedado grabada en mí”, rememoró Rattle.

El músico, que se formó como pianista, violinista y percusionista, añadió que, a pesar de su pasión por Mahler, cuando estaba estudiando no lo dejaban interpretarlo en su escuela, pues sus maestros aducían que su música no era tan interesante y que él y sus compañeros no eran lo suficientemente maduros para encarar su música.

“Pero nosotros nos juntábamos de todas maneras y tocábamos las sinfonías de Mahler con mis amigos. Ahora que es el centro del repertorio de las temporadas de muchas orquestas, parece que sufrieran de ‘mahleria’ en vez de malaria. Es difícil recordar lo nuevo que era esto y lo difícil que era esta música”, agregó Rattle, quien recordó que durante parte del siglo XX la música de Mahler prácticamente no existía en la programación de las orquestas europeas y que incluso en Viena, la capital mundial de la música clásica, se rehusaban a tocarlo.

En Bogotá y en Medellín, Rattle y la LSO les regalaron a sus espectadores la ‘Sinfonía n.° 5 en do sostenido menor’ del checo. Fue una interpretación monumental, un recorrido impecable por una pieza llena de bellos contrastes, que pasaba de momentos en los que las notas tenían la delicadeza de un cristal a pasajes en los que la vehemencia de la música hacía elevar las almas de los asistentes.

Esta es la primera vez que la LSO interpreta esta pieza en una gira bajo la batuta de Rattle. “Es una pieza que quería mucho hacer y físicamente es posible ponerla en las giras, no requiere una orquesta tan gigante, ni un montaje tan grande. Igualmente, es un ejercicio muy grande física y emocionalmente”, dijo el director.

Somos afortunados de tener a Mahler, ha sido una influencia tan extraordinaria para todo tipo de música, para músicos de cualquier campo

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Cuando tenía 21 años, Simon Rattle recibió una oferta de la Filarmónica de Los Ángeles que no pudo rechazar: convertirse en su director invitado principal. En aquel momento, el director musical de esa orquesta era el legendario Carlo Maria Giulini, quien invitó al joven conductor a pasar un día junto a él en Milán. No necesitaba escuchar su música, solo quería saber qué tipo de persona era Rattle. Se la pasaron entonces hablando de política y al final del día, cuando en la conversación apareció el tema musical, Giulini le dio un consejo inolvidable a Rattle: “Solo prométeme una cosa: apresúrate lentamente”.

“Esto no significa dejar las tres sinfonías de Mozart para tan tarde en tu carrera como lo hice yo, porque son muy difíciles, pero él me dijo: ‘La música vendrá a tocar en tu puerta cuando realmente te quiera’. Toco madera aquí, los directores de orquesta usualmente tienen una vida larga, se vuelven mejores con la edad, porque no tenemos la oportunidad de practicar solos, somos afortunados de pasar décadas haciendo líos horribles y cometiendo errores en público, y a medida que avanzas aprendes a evitar algunos de esos y llega un poco de sabiduría”.

Otra de las búsquedas más importantes que ha emprendido Rattle ha sido resaltar la importancia de la educación musical -una de las razones por las que aceptó dirigir la LSO fue porque la orquesta tiene programas en educación y desarrollo comunitario-.

El director cree que en nuestros cerebros, incluso antes de formarnos completamente como humanos, está arraigada profundamente la idea del ritmo. Es por eso que para él la música es la forma de comunicación que puede ir directamente a los corazones y sistemas nerviosos de la gente sin ninguna traducción.

“En un tiempo en el que no necesitamos tantas abejas obreras, necesitamos gente que vea periféricamente, no directamente, que entienda cómo hacer equipos, que vea conexiones invisibles entre las cosas, ahí es donde la música, como una herramienta educativa, es absolutamente importante”, enfatizó.

Por otro lado, tanto Rattle como la LSO han protagonizado estrategias para potencializar la presencia digital de la música clásica. En la Filarmónica de Berlín, Rattle dirigió decenas de conciertos que se transmitieron por el Digital Concert Hall, una plataforma de ‘streaming’ que se creó en el 2008; mientras que la agrupación británica tiene su propio sello discográfico, LSO Live, y en sus canales digitales, como YouTube y Spotify, acumula 3,5 millones de reproducciones al mes.

Estos son algunos de los pasos que se dan en un camino largo. Según Rattle, ya estamos muy adentrados en el siglo XXI y aun no se ha descubierto realmente qué es una orquesta en este siglo. “Probablemente apenas estamos empezando a ver cómo van a evolucionar las orquestas. Todavía somos una forma muy del siglo XIX y tal vez en los próximos cincuenta años las orquestas cambiarán radicalmente, y tengan muchos más satélites, o asteroides, o lo que sea que esté a su alrededor”, afirmó.

Sin embargo, en Colombia el director y su tropa de músicos demostraron que la experiencia de ver a una orquesta en vivo es un tesoro que no se puede clonar. En el final del concierto quedó una imagen para el recuerdo: sir Simon Rattle recorriendo el escenario saludando a sus dirigidos, mientras la catarata de música se convertía en un tornado de aplausos. La LSO respondió regalando una pieza fuera del programa, ‘El pájaro de fuego’, de Stravinski. Era la historia musical que batía sus alas.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
Cultura
En Twitter: @YhoLoaiza

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