La Orquesta Filarmónica de Bogotá roquea con Aterciopelados

La Orquesta Filarmónica de Bogotá roquea con Aterciopelados

Andrea Echeverri y Héctor Buitrago celebrarán el cumpleaños 480 de la capital del país.

La Orquesta Filarmónica de Bogotá roquea con Aterciopelados

Aterciopelados tiene ocho álbumes de estudio, seis nominaciones a los premios Grammy y dos estatuillas de Grammy Latino. Su último disco es ‘Claroscura’, cuya gira está en curso.

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Cortesía Sony Music

04 de agosto 2018 , 05:50 p.m.

La primera vez que Andrea Echeverri, vocalista de Aterciopelados, cantó con una orquesta sinfónica se sintió parte de una película de Disney. Fue una versión de Maligno, con la Orquesta Filarmónica de Bogotá (OFB), en 2009, como parte del proyecto Mestizajes.

Este 6 de agosto volverá a tener esa sensación, aunque esta vez será en un concierto completo de Aterciopelados, la banda que creó en los 90 junto con Héctor Buitrago, en el que, como homenaje a los 480 años de Bogotá, interpretará por primera vez en formato sinfónico canciones como Rompecabezas, El estuche y Colombia conexión.

El concierto, en el parque Simón Bolívar, será gratuito y contará con más de 100 músicos en el escenario, bajo la dirección de Leonardo Marulanda, director artístico de la OFB.

Aterciopelados es uno de los primeros grupos colombianos que fueron un referente internacional. Con ocho álbumes de estudio, seis nominaciones a los premios Grammy y dos estatuillas de Grammy Latino, su propuesta se ha caracterizado por ser un rock con tintes de folclor, con letras que van desde la protesta social y ambiental hasta la melancolía por el amor.

“Yo tengo harta curiosidad por cómo va a sonar Colombia conexión –dice Andrea. Habla con las piernas cruzadas. Sus medias son verdes fosforescentes y con el rostro de Frida Kahlo–. Porque digamos que es un tema raro... Y con una filarmónica, pues más raro”.

Colombia conexión hace parte de su segundo álbum, El Dorado (1995), que potenció el éxito internacional de Aterciopelados. Comienza con un fragmento de la icónica canción popular Soy colombiano. Luego se corta para dar paso a un ritmo de punk alternado con cumbia, cuya letra destaca las riquezas culturales y naturales de Colombia, a la vez que señala aspectos como “los malos del cartel” y la desnutrición infantil.

De acuerdo con el director artístico, la idea de los cinco arreglistas que adaptaron las canciones para el concierto es que la orquesta suene a Aterciopelados. “Soy enemigo de esas adaptaciones sinfónicas que ya no permiten reconocer las canciones, en especial cuando estas han marcado a una generación, en la que me incluyo”, comenta.

La Bogotá que no existe

Yo conocí a Héctor en 1993 y me tragué de él –cuenta Andrea–. De una nos fuimos a vivir juntos, a La Candelaria, porque era lo más barato. Y para vivir de algo montamos un bar, se llamaba Barbarie. Ahí empezamos a ensayar y a tocar, al principio como Delia y los aminoácidos. También sonaron en Barbarie bandas de la época, como Estados Alterados, KGB, Le’Kaffage. Hasta que lo cerraron. Luego tuvimos otro por el sector de Cedritos, le pusimos Barbie, pero también lo cerraron”.

Los cierres los hacía la Policía. “Esos eran bares de verdad, lo chévere era que pasaran cosas”, dice Andrea riendo, y concluye con tono solemne: “Por toda la ciudad alegramos la noche bogotana”.

Esa Bogotá de los 90 que vivieron Andrea y Héctor está presente en las canciones y en la estética inicial de Aterciopelados. El video de Bolero falaz, canción elegida en 2014 por la revista Rolling Stone Colombia como la más importante de todos los tiempos, transcurre en la troncal de la Caracas, en la carrera 7.ª y en la plaza de San Victorino.

“De hecho, es una Bogotá que ya no existe –dice Andrea–. El video fue grabado cuando San Victorino no era lo que es ahora: un espacio digamos medio limpio, con la escultura de una mariposa. Entonces era un mercado lleno de cosas”.

San Victorino era el “puerto seco” de Bogotá. Allí se aglomeraban cientos de vendedores de libros, zapatos, cobijas, entre otros productos, formales e informales, bajo unas casetas con techos de zinc.

A partir de 1998, durante la primera alcaldía de Enrique Peñalosa, se ejecutó un programa de transformación con el argumento de la recuperación del espacio público. La plaza se convirtió en un parque, en el que aún se ven vendedores ambulantes, varios de ellos de origen chino. Según Carlos Carbonell, doctor en Antropología Social, esa decisión del gobierno local “soslayó la actividad comercial del sector y otras dinámicas que se daban allí desde épocas coloniales”.

Otro espacio que ya no es el mismo es la troncal de la Caracas. Ya no está el escenario –el paradero de buses, cerca del edificio del Sena y de la Academia Superior de Arte de Bogotá– en el que se ve a una Andrea de 30 años, con una guitarra adornada con flores cantando: “Estoy hasta la coronilla, tú no eres mi media costilla”. En su lugar hay un doble carril de TransMilenio. En esa vía se inauguró el 18 de diciembre del 2000 la primera ruta del sistema integrado de buses.

Lo que sigue existiendo

Este año, Aterciopelados lanzó su octavo álbum de estudio, Claroscura, cuya gira, ya iniciada, planea seguir por ciudades como Wisconsin, San Diego, Monterrey, Ciudad de México, Barcelona, entre otras.

Una de sus canciones, que viene del proyecto solista de Andrea Echeverri, Piernas, dice en un fragmento: “Aunque quede mal en ropa interior con un reguetonero, yo amo mis piernas”.

Y es que los años también han pasado para la industria musical. Muchos de los sucesores de bandas como Aterciopelados, los actuales embajadores musicales de Colombia, son cantantes de reguetón.

Sobre este género, Andrea tiene opiniones divididas: “Depende de con qué genio me cojan. Puedo decir que hay que ser tolerantes, que el reguetón es el reflejo de una sociedad sexualizada y que dentro de ese género hay de todo: cosas ofensivas, chistosas, pendejas y divertidas. Aunque el empaque en general, la estética, sí me molesta”.

Es otra forma de decir que, sin importar si es en un bar en La Candelaria en los 90 o con una orquesta sinfónica y frente a 80.000 personas en el parque Simón Bolívar en 2018, el mensaje de Aterciopelados sigue siendo el mismo: “Mira la esencia, no las apariencias”.

¿Dónde y cuándo?

El concierto será este lunes, 6 de agosto, en el parque metropolitano Simón Bolívar, a partir de las 7 de la noche. La entrada es gratuita y está permitido el ingreso de menores de edad.

Este domingo, a las 5 de la tarde, con boletería agotada, Aterciopelados se presentará en el Teatro Julio Mario Santo Domingo.

JUAN MANUEL FLÓREZ
Escuela de Periodismo Multimedia de EL TIEMPO
Twitter: @juanduermevela

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