Cinco libros para sintonizarse con el Hay Festival 2020

Cinco libros para sintonizarse con el Hay Festival 2020

Obras recomendadas escritas por autores invitados al evento cultural cartagenero.

Margaret Atwood

La escritora, profesora y activista canadiense Margaret Atwood es una de las invitadas más visibles al Hay Festival 2020.

Foto:

Cortesía Hay Festival

Por: Jorge Iván Parra
10 de enero 2020 , 08:22 p.m.

Cartagena está preparándose para recibir a los invitados que le darán vida al Hay Festival del 30 de enero al 2 de febrero. Los asistentes a las conferencias pueden ir preparando las lecturas que permitirán, seguramente, acercarse a las figuras que estarán en los conversatorios de este encuentro cultural.

A continuación, la ya acostumbrada selección de libros recomendados por el profesor de literatura Jorge Iván Parra, para ambientar la llegada del Hay Festival, en los escenarios cartageneros.

‘La gran casa’, Nicole Krauss (Salamandra)

Parte de la trama de esta novela collage de la afamada autora de La historia del amor es jalonada por un antiguo, pesado y obsoleto escritorio que un poeta chileno (posiblemente encarcelado, torturado y ejecutado por el ejército durante el régimen de Pinochet) le deja en custodia a la también escritora y narradora del texto.
Sin embargo, la obra desarrolla varias vertientes cuyos escenarios son Budapest, Londres, Nueva York y, principalmente, Jerusalén.

Cada capítulo es como una novela corta que le aporta al tejido de la narración que la contiene. Así, por ejemplo, la parte titulada ‘Bondad verdadera’ es la historia de una familia judía que recae en el monólogo del padre después de enterrar a su esposa.
La que lleva por título ‘Mentiras que cuentan los niños’ es una memorable historia de amor, mientras que ‘Todos en pie’ es una historia de desamor en la que una mujer termina atropellando con un coche ajeno al joven judío que la rechazó.

El misterioso escritorio que aparece como un comodín literario en las ocho historias o capítulos que conforman el libro pudo haber pertenecido a García Lorca, pero fue a parar a manos de un judío que fue asesinado por los nazis.

Después lo recuperó su hijo judío-húngaro, quien a su vez se lo dio a una escritora alemana que terminó cediéndolo al malogrado poeta chileno Daniel Varsky. El motivo para este último traspaso constituye la mayor sorpresa de la novela.

‘Los testamentos’, Margaret Atwood (Salamandra)

En la distópica ciudad norteamericana de Gilead, el sistema imperante funciona mediante los recursos socorridos de toda dictadura, a saber, propaganda, terror y una rígida estructura social organizada así: las econoesposas, que solo sirven para parir; las esposas, que son apenas atributo transitorio (por no decir desechable) de los comandantes; las criadas, que reemplazan en todo a las anteriores; las Marthas, que hacen todos los oficios y fungen de informantes; las Suplicantes, que aspiran a ser peones de la dictadura; las Perlas, que van a Canadá a reclutar muchachas, y las Tías, que son las más abyectas del régimen y cuyo nivel de perversión las hace perfecta representación de Madame Mao y su banda de los Cuatro de la Revolución Cultural China.

Lo que viene a ser el Estado Mayor de Gilead, lo conforman los Comandantes, que tienen el poder para machacar a quien quieran; los Ángeles, que son como la policía, y los Ojos, que serían como las cámaras con las que se controla a la sociedad hoy en día. Todos obran, según ellos mismos, obedeciendo la voluntad de Dios.

La trama se centra en el plan que se fragua desde afuera para infiltrar la estructura fascista, debilitarla y provocar el fin de la utopía. La novela, igual que sus predecesoras El cuento de la criada y Por último, el corazón, no es más que una inteligente y filosófica alegoría de lo que ha ocurrido en el siglo XX bajo distintas formas de Gran Hermano y una inquietante advertencia del peligro de los mesianismos, y de lo que se puede ocultar detrás de discursos políticos y religiosos que ofrecen salvación.

‘El arte de perder’, Alice Zeniter (Salamandra)

Lo que nos regala en esta extensa novela la célebre escritora francesa es la historia de Argelia; el antes y el después de su independencia de los franceses.

Para ello monta una historia de una familia cuyo patriarca, el empecinado Ali, se las tiene que ver con tres poderes a los que están sometidos los cabileños, sin que se sepa cuál de ellos representa el mal menor: por un lado, el FLN, un movimiento guerrillero que así como le ofrece resistencia armada al colonialismo francés, también persigue y ejecuta a los argelinos que no lo apoyan.

Por otro lado, los invasores franceses, que se quieren vender como buenos, pero que son lobos con piel de oveja, también perpetran masacres en represalia por lo que reciben del FLN. Para completar la triada que atosiga a los cabileños, que no saben para dónde coger ni a qué amo servir, está el mismo gobierno, representado en la ostentosa y caricaturesca figura del caíd, a quien no respetan ni los niños.

Entreverada con toda la trama política, aparece la descripción de la sociedad con sus costumbres y supersticiones; la narración sin ambages de episodios violentos que causan horror, y una clara toma de posición frente al colonialismo. Todo lo que la magnífica escritora nos pone al frente en estas páginas está salpimentado con un lenguaje robusto y pleno de recursos, en el que se evidencia gran aliento poético.

‘Seis formas de morir en Texas’, Marina Perezagua (Anagrama)

Todo lo que está escrito en este libro de la autora sevillana de 41 años es impactante; cada párrafo y cada capítulo están relacionados con el sufrimiento (infligido por la mano perversa de un sistema macabro) y con la muerte.

De hecho, la narradora explaya su terrible experiencia acudiendo al género epistolar, desde el llamado ‘corredor de la muerte’, la antesala por la que tienen que pasar todos los condenados a la ejecución, que en el estado de Texas tiene seis modalidades, entre las cuales la inyección letal es la más consuetudinaria.

Lo más terrorífico es el gran negocio que se cuece al amparo de las condenas: el tráfico de órganos que han de ser sustraídos a los condenados, incluso antes de morir.

Robyn, la narradora-protagonista, condenada por un crimen que en realidad fue un montaje urdido en su contra (con anuencia de su mismo padre), ha esperado durante años la frase con lo que algún guardia de la prisión de Mountain View bajará el telón de su vida el 11 de diciembre: “Es la hora”.

La novela, cuya trama como tal casi no cuenta (pues sucumbe ante el peso de todas las denuncias y espantosas revelaciones que saltan en cada página), es un cuestionamiento al orden jurídico, al sistema penitenciario y a la llamada justicia penal (lo cual pone al libro de Perezagua en sintonía con las obras de Foucault Vigilar y castigar y El poder, una bestia magnífica, por la forma como este filósofo analiza los mismos temas). También es un llamado sobre la maldad humana y los siniestros alcances de la práctica médica cuando la ética de desfonda.

‘De repente un toquido en la puerta’, Etgar Keret (Sexto Piso)

Este genio del cuento (minimalista, para más señas) es uno de los mejores exponentes del género en el mundo. No pocos de sus relatos nos recuerdan historias de Cortázar. ¿La razón? Pues porque son una combinación de lo fantástico, lo absurdo, lo grotesco y lo humorístico, todo ello elevado a un tenor metafísico, y en todos ocurre algo insólito.

En uno de ellos, Keret es amenazado por tres hombres que irrumpen en su casa para que les cuente un cuento, pero que no contenga la frase “de repente un toquido en la puerta”; en otro, un hombre, para paliar su soledad a la hora del desayuno, se hace pasar por quien sea, con tal de tener compañía, ¡pero le sale caro! Otro cuento trata sobre cómo se forman equipos tras un divorcio (para continuar con el enfrentamiento): de un lado, la esposa y su mamá (y, de ñapa, el nuevo marido de aquella); y del otro, el esposo y el hijo, ¡pura pelea de tigre con burro amarrado!

En Escoge color, nos regala una alegoría sobre el racismo y la maldad gratuita de los humanos, y se carga a Dios y a la religión. Mystique demuestra que las personas no piensan tan distinto; que lo que uno piensa un segundo antes pudo haber sido pensado por otro.

Se diría que, en general, el corolario de los cuentos del escritor de Tel Aviv es llevarnos la contraria en algo; poner patas arriba nuestras creencias y hacernos avergonzar por ellas. Todos sus cuentos son como un espejo para que veamos lo majaderos que somos.

JORGE IVÁN PARRA
Para EL TIEMPO
parrapower2001@yahoo.com

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