Pérez Galdós, cien años después

Pérez Galdós, cien años después

Se cumple un siglo de la muerte de don Benito. Hay que celebrar el legado del maestro del realismo.

Benito Pérez Galdós

Entre los actos de reconocimiento hay una exposición en la Biblioteca Nacional de España hasta el 16 de febrero: ‘Benito Pérez Galdós. La verdad humana’.

Foto:

Pablo Audouard Deglaire

Por: Fernando Pajares - EFE Reportajes
19 de enero 2020 , 10:16 p.m.

De haberlo conocido, Cervantes lo hubiera llamado, como a Lope, ‘Monstruo de Naturaleza’. Galdós lo fue, qué duda cabe.

También Azorín diría sobre el alcalaíno y el canario que “los dos, el antiguo y el moderno, han transitado los caminos de España; los dos han convivido con los populares; los dos influyen al lector sosiego y confianza; los dos escriben sencillo”.

En todo caso, tómese esta comparación como un divertimento literario. ¿Galdós después de, o junto a, Cervantes? Quedémonos con ambos, que la literatura española va bien servida.

Don Benito nació en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843 y murió en Madrid, en su Madrid, el 4 de enero de 1920.

El centenario del fallecimiento de este gran maestro del realismo ha sonado como un repique de campanas que no han dejado de escuchar editoriales, libreros, instituciones y una legión de lectores deseosos de homenajear a un autor tan grande como poco leído en España y en el resto del mundo.Por eso hay que celebrar toda iniciativa que contribuya a fomentar la lectura de Galdós entre sus compatriotas de hoy, los hispanohablantes de América y el mundo lector, al menos en inglés, francés y portugués.

(Le puede interesar: Cinco libros para sintonizarse con el Hay Festival 2020)

Galdós en el mundo

De ahí la buena decisión que han tomado el Instituto Cervantes y la Comunidad de Madrid (CAM) de traducir la obra de don Benito a otros idiomas para “internacionalizar su figura”, como dijo Luis García Montero, director del Cervantes, en una mesa redonda celebrada en Madrid el pasado 17 de diciembre.

García Montero sostuvo que la traducción del inmenso escritor ha de hacerse con el mismo orgullo que sintieron los franceses al difundir las joyas de Flaubert; los ingleses las de Dickens o los rusos las de Tolstoi.

Con todos los respetos, ¿hay quien no conozca al Grupo de Bloomsbury, ese círculo de intelectuales que reunió, en la primera mitad del siglo XX, a Virginia Woolf, su marido Leonard, los escritores Lytton Strachey y Edward E. Forster y al economista John Maynard Keynes?

Gente notable, desde luego. ¿Y si juntamos a cuatro amigos como Galdós, Leopoldo Alas ‘Clarín’ (‘La Regenta’ es quizá la mejor novela en español tras el Quijote), doña Emilia Pardo Bazán (‘Los pazos de Ulloa’) y el sabio conservador, extraordinario polígrafo Marcelino Menéndez Pelayo? Las comparaciones, sí, pueden ser muy odiosas...

El Instituto cervantino y la Comunidad de Madrid también tendrán un detalle de lujo en forma de la edición limitada de un facsímil del tercer episodio, primera serie de sus conocidos ‘Episodios nacionales’, el titulado: ‘El 19 de marzo y el 2 de mayo’.

En él se hacen referencias al motín contra Manuel Godoy, favorito del rey Carlos IV y gobernante de España, y al alzamiento del pueblo de Madrid en 1808 contra los ocupantes franceses mandados por Napoleón.

En la presentación de estas iniciativas, la consejera de cultura de la CAM, Marta Rivera de la Cruz, insistió en la idea de “rescatar a uno de los escritores que los españoles de hoy conocen mal”.

Entre los actos de reconocimiento que ya están en marcha, se inauguró en noviembre una exposición que se puede ver en la Biblioteca Nacional hasta el 16 de febrero: ‘Benito Pérez Galdós. La verdad humana’.

La muestra da una primera idea sobre quién fue este novelista, dramaturgo, cronista de Madrid y de España: el hombre que retrató como nadie el siglo XIX, desde 1805 a 1880, desde la batalla de Trafalgar hasta Cánovas y su restauración.

Él se ocupó de este largo y convulso periodo de la historia de España en las cinco series de los ‘Episodios nacionales’: son 46 los capítulos que, empezando por ‘Trafalgar’, pasan por la guerra de la Independencia, el Trienio Liberal, la Década Ominosa, las guerras carlistas, La Gloriosa (Revolución de 1868), la salida de España de la reina Isabel II, el asesinato del general Prim, presidente del consejo de ministros, y, finalmente, la Restauración.

Más atenciones. ‘Canarias, la tierra de Galdós’ es el lema que ha servido de referencia para que las autoridades del archipiélago, los regidores del ayuntamiento de Las Palmas y el cabildo de Gran Canaria hayan organizado cien actos en homenaje a su insigne paisano.

Los ‘Episodios’ en la Castro

Otro homenaje, valioso por cuanto se trata de material de lectura, viene de la mano de la prestigiosa Biblioteca Castro, que ha hecho una cuidadísima edición, en dos tomos, de la cuarta serie de los ‘Episodios’, y que se compromete a ofrecer la quinta, ya en un único volumen, el próximo año.

Dice una nota de la editorial: “A lo largo de estas diez novelas (cuarta serie) viajamos desde los intentos revolucionarios de 1848 hasta los descalabros de la época isabelina que terminan con la reina en el exilio. Y en ese vaivén, desde los grandes acontecimientos a la pequeña historia, Galdós nos sigue enseñando sobre un tema tan candente en nuestros días como es la esencia del alma nacional y, en suma, sobre el ser humano”.

Un nuevo tributo que merece ser destacado es la más reciente biografía –‘Benito Pérez Galdós. Vida, obra y compromiso’ (Alianza Editorial. Madrid, 2019)– que ha escrito Francisco Cánovas Sánchez
, un doctor en Historia que ha complementado el trabajo de estudiosos como Carmen Bravo-Villasante o Pedro Ortiz-Armengol.

El trabajo de Cánovas Sánchez es apreciable porque describe, en toda su complejidad, la vida del escritor, detalla el valor de sus grandes novelas –también obras de teatro– y nos habla mucho del hombre comprometido con su idea cierta de España y con los españoles de su tiempo.

Aunque canario, para deleite de sus paisanos, Galdós fue tan castizo de Madrid como el barrio de Lavapiés o la Puerta de Alcalá. Como decíamos, es un lugar común hablar del ‘Madrid galdosiano’; que fue para él ese pueblo grande que con tanta pasión describió en muchas de sus novelas; sobre todo en su obra maestra: ‘Fortunata y Jacinta’.

Además, ‘Episodios’ aparte, don Benito nos ha dejado perlas como ‘Misericordia’, ‘Doña Perfecta’, ‘Tormento’, ‘Miau’, ‘La desheredada’, ‘Tristana’ o ‘Ángel Guerra’, que contiene elementos autobiográficos.

Como Cervantes, también Galdós quiso ser un buen dramaturgo, aunque los grandes regalos literarios de ambos nos llegaron desde el mundo de la novela. Don Benito, sin embargo, tuvo éxito de crítica y público cuando subió a las tablas obras como ‘Realidad, La de San Quintín’ (las dos con María Guerrero); la ‘Electra’ que soliviantó a la Iglesia más retrógrada por ‘anticatólica’; ‘La loca de la casa’, ‘Casandra’, o ‘El abuelo’, adaptada de la novela homónima.

En sus últimos años siguió escribiendo dramas y fue director artístico del Teatro Español de Madrid durante un periodo que le permitió cierta estabilidad económica, habida cuenta de que Galdós, una vez más como Cervantes, vivió y murió relativamente pobre.

El Madrid galdosiano

De su modestia a la hora de comer salió el despreciativo ‘Benito el garbancero’, apenas un arañazo que le dedicó, en su versión más maliciosa, el inmenso Valle-Inclán, que en realidad admiraba profundamente a Galdós: “Me inclino ante el maestro”, escribió en la revista ‘Alma Española’.

Su infancia y adolescencia en Canarias no fueron felices, según nos cuenta Cánovas Sánchez. Benito era entonces un niño solitario, observador, asmático.
“Nada se me ocurre decirle de mis primeros años” –escribió a quien fuera su mejor amigo, Leopoldo Alas ‘Clarín’–, aunque también le dijo: “Aficiones literarias las tuve desde el principio, pero sin saber por dónde podría ir”.

Su padre, Sebastián Pérez, militar, fue un hombre distante. La madre, Dolores Galdós, le hizo más daño. Para su último biógrafo, esta mujer, fría y dominante, aparece retratada en ‘Doña Perfecta’: “... Había en aquellas facciones cierta expresión de dureza y soberbia que eran causa de antipatía”.

Apartado de su primer amor, Sisita, una adolescente cubana, hija natural de su tío José María, Benito llega a la capital para hacer derecho con 19 años.

A Galdós lo marcó Madrid de por vida, como Madrid quedó marcada para siempre por la huella de Galdós. “Aquí, en Madrid –escribe–, fue donde me curé y donde me desarrollé muy deprisa”.

El joven Benito estudia poco pero vive intensamente su entorno: lee, escucha, flanea (galicismo que usaba para significar sus callejeos sin rumbo), descubre el Ateneo –“templo intelectual”, “logia de la inteligencia”–, pero se forma en los cafés. De uno de ellos, La Fontana de Oro, sale su primera novela seria. Antes había escrito un ensayo literario, ‘La sombra’, que siempre consideró uno de sus primeros pinitos.

En Madrid también se hizo periodista. Empezó a mandar crónicas para ‘La Nación’, del progresista Pascual Madoz, y después, su pluma deslizándose a la sombra de Cervantes, de Larra, de Mesonero Romanos, siguió escribiendo en otros periódicos, como ‘Las Cortes’, ‘El Debate’ o ‘La Revista de España’.

Amigo de sus amigos, el escritor cultivó a quienes quería o respetaba más allá de consideraciones ideológicas. Queda dicho que fue íntimo de Clarín y tuvo mucha relación con Sagasta, Giner de los Ríos o Marañón, su médico de cabecera en los años finales.

Clarín, citado por el historiador de literatura José-Carlos Mainer, dijo sobre los autores de su época que Galdós era “el más atrevido, el más avanzado, por usar una palabra muy expresiva, de estos novelistas, y también, con mucho, el mejor de todos ellos”.

No es solo Galdós el más fecundo de los novelistas españoles; es además el más fuerte, el más creador, el más original entre los maestros de su tiempo

Galdós político

Su compromiso político, casi en consecuencia y siempre desde posiciones firmemente republicanas, salvo su apoyo a Prim y al fugaz monarca Amadeo de Saboya, empezó en los círculos liberales para pasar al republicanismo moderado del reformista Melquíades Álvarez hasta abrazar a su admirado Pablo Iglesias, con quien formaría la Conjunción Republicano-Socialista (1909), de la que él mismo fue presidente.

Tres veces diputado casi por inercia, su activismo político más intenso fue durante la última década de su vida, entre 1907 y 1912, cuando se sintió más cercano al fundador del Partido Socialista Obrero Español.

El hombre político, patriota hasta la médula, se ha formado en el krausismo, ha admirado a la Institución Libre de Enseñanza, se ha hecho un decidido regeneracionista.

Cánovas Sánchez considera: “En toda la obra de Galdós hay una búsqueda permanente de la identidad española”.

El Galdós multifacético se expresa en su gran afición por el dibujo, que mantuvo desde niño, y su gusto por la pintura y la música: tocaba el armonio y el piano y acudía a menudo al Teatro Real, fundado en 1850, para escuchar ópera.

Por ser tan discretos como él mismo lo fue sobre su vida privada, digamos casi de corrido que fue soltero hasta la muerte; que con su primera mujer conocida, Lorenza Cobián, tuvo una hija, María; que la compañera a la que más quiso al final de sus días fue una maestra llamada Teodosia Gandarias, y que su pareja en el amor y en la cultura fue la muy ilustre doña Emilia Pardo Bazán.

Su refugio, y también el lugar donde reunía a sus amigos queridos, distinguidos o no, lo tuvo en la casona San Quintín, en Santander.

Benito Pérez Galdós, miembro de la Real Academia Española al tercer intento, fue presentado tres veces al premio Nobel de Literatura. Tanto en el primer caso, exitoso, como en el segundo, frustrado, intervinieron las malditas rencillas entre españoles y la presión de las fuerzas más reaccionarias, empezando por la Iglesia.

Durante sus últimos años fue perdiendo la visión hasta quedarse ciego. Lo cuidaron mucho Teodosia Gandarias y su sobrino, el ingeniero agrónomo canario José Hurtado de Mendoza, en cuya casa de Madrid falleció el maestro el 4 de enero de 1920. Tenía 77 años.

Un joven Federico García Lorca escribió “... Yo recuerdo con ternura a aquel hombre maravilloso, a aquel gran maestro del pueblo, don Benito Pérez Galdós, a quien yo vi de niño en los mítines sacar unas cuartillas y leerlas, teniendo como tenía la voz más verdadera y profunda de España”.

Y el gran Antonio Machado consideraba que “no es solo Galdós el más fecundo de los novelistas españoles; es además el más fuerte, el más creador, el más original entre los maestros de su tiempo”.

FERNANDO PAJARES
EFE Reportajes

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.