Cicloturismo: mirada a los nuevos puertos de montaña del país

Cicloturismo: mirada a los nuevos puertos de montaña del país

Llega a librerías 'Los puertos donde se han forjado los escarabajos', con las altimetrías del país.

Ciclismo Alto de la Línea

En el alto de La Línea, entre los departamentos del Tolima y Quindío, se encuentra el paso de montaña por excelencia para los aficionados al caballito de dos ruedas.

Foto:

Nestor Gómez/EL TIEMPO

Por: Asier Bilbao y Gustavo Duncan
06 de agosto 2019 , 02:26 p.m.

Hay algo muy especial en los puertos de montaña. Significan el paso natural de un valle a otro: un nuevo paisaje, otra gente y salvar la frontera geográfica que los separa. Si esta frontera significa además el esfuerzo físico arriba de una bicicleta, lo que simboliza no puede ser más diciente.

Es el desafío de cruzar una barrera hacia otro mundo por encima no solo de la geografía sino de la superación del dolor físico que implica subir un puerto en bicicleta. Quizá solo quienes lo hayan realizado entiendan la sensación casi religiosa que se tiene cuando la voluntad se impone sobre el sufrimiento del cuerpo. Es como una procesión a escala personal.

Debe ser esa la razón por la que tantos cicloturistas en el mundo gastan su tiempo y su dinero coronando puertos míticos de las grandes vueltas por etapas como Alpe D’Huez, Mont Ventoux, Mortirolo, Lagos de Covadonga, por mencionar solo algunos.

Colombia no es la excepción. Tanta tradición de campeones de las montañas y de puertos míticos se corresponde, como debe ser, con miles de cicloturistas que llenan las carreteras. En Bogotá, Patios y Guadalupe; en Medellín, las Palmas y Santa Elena; en Cali, el Km 18 y Dapa, por solo mencionar algunas ciudades, son una celebración a los puertos de montaña cada fin de semana.

Sin embargo, hay una gran diferencia entre los puertos míticos de Europa y los de Colombia. Existe una cultura en Europa que se apropia de ellos a través de libros, páginas de Internet, marchas cicloturísticas, videos y fotos. Una simple búsqueda en Google permitirá encontrar sus altimetrías en versiones cada vez más detalladas, su ubicación exacta y toda la información necesaria para subirlos, así como hoteles cercanos, restaurantes, climatología, fuentes de agua y carreteras aledañas.

Los propios ciclistas han dejado huella de ellos en los más diversos medios. Eso sin mencionar todas las historias y material fílmico de las gestas ciclísticas que se han vivido en cada puerto. Acaso, ¿quién puede subir el Mortirolo sin recordar a Pantani en aquella etapa Merano-Aprica de 1994.

En Colombia existe muy poco de esa cultura. De seguro es uno de los países del mundo con mayor diversidad de puertos de montaña para los cicloturistas. Además, con la posibilidad de crecer debido a la necesidad que tiene el Estado de integrar a la población de zonas periféricas de las cordilleras y serranías con nuevas vías pavimentadas.

Pero las altimetrías, los mapas, los videos y fotografías son más bien escasos. Tampoco existe un registro de grandes crónicas con los duelos ciclísticos allí librados en la Vuelta a Colombia y el Clásico RCN. Solo ahora, con el auge de los mapas en Internet, aplicaciones como Strava y las redes sociales, los cicloturistas han ido creando de forma espontánea un archivo con las subidas existentes en el país.

Este libro tiene como propósito comenzar a llenar este vacío. Es más que una recopilación de altimetrías de los puertos de montaña míticos de Colombia y de las nuevas joyas que desde hace no más de un par de décadas han sido pavimentadas y que, salvo algunos aficionados acérrimos, el mundo aún desconoce.

Es un intento porque los cicloturistas se apropien de la historia, la geografía y la construcción de una cultura nacional de puertos de montaña. No es un patrimonio menor. Colombia tiene un potencial enorme de conexión con el resto del mundo a través del descubrimiento de estos puertos. Un cicloturista tendría que gastarse más de un mes en el país para conocer tan solo sus puertos de categoría especial y de primera categoría. En la sola Medellín, desde sus calles arrancan al menos cinco puertos de categoría especial: el Limonar, La China, el Escobero, Palmas por los Balsos y la Catedral. Contadas ciudades en el mundo se pueden dar ese lujo.

El libro es también un intento por modernizar los recorridos de las competencias ciclísticas nacionales a través del descubrimiento de nuevas rutas y puertos. Es increíble que Colombia, siendo una de las principales potencias del ciclismo en ruta, no tenga un conjunto de carreras por etapas con recorridos modernos que exploten el potencial de espectáculo que ofrece nuestra geografía. Llegadas en puertos de altas pendientes, etapas con varios puertos, trayectos con repechos al mejor estilo de las clásicas de primavera en Bélgica o el Giro de Lombardía y, por supuesto, hermosas panorámicas del paisaje local al estilo de las grandes carreras, están a la mano. Solo hace falta de la visión de las directivas del ciclismo y de organizadores de carreras.

No es, pues, un ejercicio puramente recreativo la construcción de una cultura de puertos de montaña en Colombia. Detrás está la posibilidad de integrar a Colombia a los circuitos mundiales del cicloturismo, con todas las ganancias económicas que conlleva, y es uno de los elementos necesarios para la modernización del ciclismo en ruta del país.

Libro ciclismo

El libro es de Intermedio Editores, con 167 páginas. $ 40.900

Foto:

Archivo particular

Universo ciclístico

El lenguaje de los cicloturistas y de los aficionados al ciclismo de ruta que esperan con ansias las grandes subidas incluye términos comunes como inclinación del tanto por ciento, altura, desnivel, longitud, etcétera. Todo es mucho más sencillo de lo que aparenta. La inclinación se obtiene de dividir la altura ganada en determinado tramo sobre la distancia de dicho tramo, y se expresa en términos porcentuales. Por ejemplo, si se suben 100 metros en un kilómetro, es decir mil metros, la división (100/1.000) es igual a 0,1, en términos porcentuales: 10 %.

La información de un puerto se entrega en pendiente promedio –el desnivel total subido sobre la longitud total–, la pendiente kilómetro a kilómetro y la pendiente puntual máxima en determinado punto de la ascensión. Cuando abundan rampas bastante empinadas también se suele entregar información de estas. Otro término que se tiende a confundir es el de desnivel con altura. Desnivel se refiere a la diferencia de altura ganada en un tramo, por lo general expresado en metros, mientras que altura se refiere a los metros sobre el nivel del mar (m s. n. m.) en determinado sitio.

Una pendiente entre 4 y 5 % no es muy exigente. Pero ya se siente en las piernas. Arriba del 6 %, la cosa es más seria, comienza a notarse la falta de inercia sobre la bici. Arriba del 8 %, en tramos largos es bastante duro. Pero encima del 15 % toca retorcerse en la bicicleta de ruta para avanzar. Últimamente se han puesto de moda subidas exageradas, más allá del 20 %, en las competencias profesionales.

En esas rampas hay que tener piñones generosos para poder subirlas. Los profesionales, al menos un 28. Nosotros utilizamos honestamente triple plato en esas ocasiones. Nuestras barrigas hace mucho que echaron raíces y por más fuerzas que pongamos, la gravedad no nos deja.

En la sola Medellín
arrancan al menos cinco puertos de categoría especial: el Limonar, La China, el Escobero, Palmas por los Balsos y la Catedral. Contadas ciudades en el mundo se pueden dar ese lujo

Acerca del proceso de medición de los puertos de montaña, la verdad es que todo cambió muy rápido con la introducción de los ciclocomputadores. A mediados del 2000, cuando iniciamos la aventura de medirlos, era difícil conseguir un ciclocomputador con altímetro. Nos tocó comprar un medidor de distancia y un reloj con altímetro barométrico para alpinistas.

Como no tenían archivos para descargar en la computadora, la información nos tocaba recolectarla en una grabadora. Luego de subir los puertos, nos tocaban tediosas jornadas transcribiendo la distancia y la altura cada cien metros de puerto. Ya en el 2010 llegaron los Garmin, que no solo tenían GPS sino que guardaban toda la información, incluyendo la pendiente de las rampas máximas. La tarea de pintar las altimetrías se hizo mucho más sencilla y precisa.

También han contribuido mucho, para conocer la geografía de los puertos de montaña, los desarrollos cartográficos de Google. Cuando empezamos, los mapas de carreteras eran francamente pobres y poca información teníamos acerca de si las vías de Colombia estaban pavimentadas. Con Google Map comenzamos a disponer de mapas de carreteras muy precisos, con curvas de nivel que nos daban información sobre qué tanto subían y bajaban, y, lo más relevante, con las fotografías aéreas; con Street View era posible saber si las vías estaban pavimentadas. Al final, Google hizo el mapa de carreteras colombianas que no pudo el Estado.

Tan pronto estuvieron listos estos mapas fue posible aplicar programas para la construcción de altimetrías. Desde entonces bastaría colocar los puntos de salida y de llegada de las etapas para hacer altimetrías de eventuales etapas para una Vuelta a Colombia o, simplemente, de salidas cicloturistas.

Y habría más en línea para hacer una recopilación de los puertos de montaña en Colombia. La aplicación Strava (www.strava.com) permitiría que los cicloturistas subieran los datos de sus recorridos desde el ciclocomputador y el celular. De ese modo, los cicloturistas se convirtieron en los recolectores de información sobre los puertos colombianos. Quienes subían información desde aparatos con altímetros barométricos permitían disponer de datos fiables para hacer altimetrías de puertos de montaña. Aunque, para ser honestos, hay algo incómodo en la elaboración de una altimetría con datos tomados por quien uno ni siquiera sabe quién es.

Por último, ¿qué hace un puerto de montaña más duro que otro? ¿Cómo se categorizan? Todo es muy subjetivo y depende de las piernas que uno lleve. Si uno va atravesado o si lleva muchos kilómetros en las piernas, o si viene zombi por el frío o a punto de evaporarse por el calor, el repecho más insignificante puede parecer La Línea. Sin embargo, hay criterios muy básicos para categorizar un puerto: la distancia, el desnivel y la pendiente. Aquí utilizamos el coeficiente APM de la página web www.altimetrias.net de Ander y Juanto, quienes, no sobra decirlo, nos inspiraron para hacer la medición de los puertos de Colombia. A ellos muchas gracias y saludos.

El coeficiente APM mide la dureza de los puertos a partir de la sumatoria de dureza de cada kilómetro de subida. A mayor pendiente de un kilómetro, mayor el coeficiente en una escala exponencial.

De ese modo se obtiene una calificación más precisa de un puerto al evitar catalogarlo simplemente en razón a su distancia y desnivel. Así, un puerto de 10 kilómetros al 4,5 % puede parecer suave, cuando en realidad puede tener 4 kilómetros al 7 %; luego, una bajada de dos kilómetros y rematar los 4 finales con rampas del 10 %. Lo que lo haría una subida muy exigente. En general, arriba de 140 de coeficiente APM se estaría hablando de un puerto de primera categoría, y de 220 a 230 de coeficiente APM se trataría de un fuera de categoría.

Para finalizar, tenemos una enorme deuda con Carlos Alberto Arango y Alexánder Carreño, quienes realizaron las mediciones y escribieron sus impresiones de puertos en el Valle del Cauca (Dapa y el Escoberito) y Boyacá (Palermo), respectivamente. A ellos, un fraternal saludo.

Ciclismo

Las altura del país cada vez atraen más afiebrados del caballito de dos ruedas.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

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