‘Chiribiquete ya no aguanta más silencio’

‘Chiribiquete ya no aguanta más silencio’

Carlos Castaño-Uribe publica la investigación más completa que se ha hecho sobre 'la maloka cósmica'

Chiribiquete

Carlos Castaño-Uribe vio por primera vez la serranía del Chiribiquete en 1987, y dos años más tarde la convirtió en un parque nacional natural.

Foto:

Steve Winter. National Geographic

Por: Darío Vargas Linares
01 de diciembre 2019 , 10:17 a.m.

Carlos Castaño-Uribe, antropólogo, es, según su hija María José, un Indiana Jones a la colombiana. Como tal, ha viajado en más de 30 expediciones académicas y científicas a nuestra Amazonia, en la que está cifrada buena parte de nuestro pasado indígena. Es descubridor de lo mucho que significan los murales pintados sobre la piedra de los inmensos tepuyes que pueblan la zona.

Con ocasión del lanzamiento del libro ‘Chiribiquete: la maloka cósmica de los hombres jaguar’, la más completa investigación realizada hasta ahora acerca de este patrimonio cultural y natural de la humanidad y publicada con el apoyo de Grupo Sura, así respondió a EL TIEMPO.

¿Por qué se ha comprometido con Chiribiquete de esta forma tan absoluta desde 1986?

Chiribiquete es un sitio que no puede pasar inadvertido. Todas las personas que conozco, aquellas que han tenido oportunidad de estar allí, e incluso aquellas que no, pero que lo ven en cine o en fotografías como las del libro, quedan impactadas con la singularidad de su relieve, sus formas arcaicas y la vastedad de su exuberancia. Chiribiquete combina estéticamente un relieve rocoso con caprichosas formas angulares y tubulares por las que se descuelga una frágil vegetación que se arraiga a las rocas de forma oportunista, y una selva vigorosa que se adentra por profundos cañones hasta el piso basal de la oceánica inmensidad de la selva húmeda amazónica. Ese contexto insta a cualquier observador a imaginar un enigmático mundo perdido.

Así me ocurrió a mí desde el primer momento, hace 33 años, cuando, perdido el rumbo de la avioneta en que viajaba, y en medio de una abundante bruma con rayos de sol entreverados, lo percibí: una suerte de ‘Avatar’ colombiano, Chiribiquete.

¿Qué significa la palabra ‘Chiribiquete’ y por qué está asociada al mito de origen de varios grupos amazónicos?

A lo largo de los últimos años, algunos especialistas han ofrecido interpretaciones del vocablo indígena –aparentemente, carijona– que nombra la parte norte de esta extensa serranía. En mi investigación, basada en un sabedor de esa tribu, me he convencido de una traducción que demuestra el carácter especial y sagrado conferido a este lugar cargado de simbolismos etnoastronómicos, asociados a significativos momento de “origen” de las fuerzas creadoras, derivadas de la intervención del Padre Sol y su arribo en la Canoa Cósmica a este lugar. Por todo ello, la traducción más aproximada sería ‘la casa o maloka del enjambre solar’.

¿Es cierto que en Chiribiquete se encuentran nuevas claves sobre el poblamiento del continente americano?

Hemos encontrado registros culturales en fechas muy tempranas que emparentan este lugar con manifestaciones de los primeros pobladores del continente. Y no solo en Chiribiquete, sino en la serranía de La Lindosa (su puerta de entrada), donde investigadores de la Universidad Nacional, orientados por los profesores Gaspar Moscote y Virgilio Becerra, han trabajado en los últimos años. Ya hay fechas de 12.500 y 18.000 años, con evidencia cultural. Hay que recordar que la teoría más aceptada habla de la llegada por el estrecho de Bering hace unos 13.000 años.

Esto reafirma las fechas más tempranas obtenidas en los abrigos rocosos de Chiribiquete y nos permite esbozar nuevas hipótesis sobre la llegada de nuestra especie a lo que se iba a llamar América, fortalecidas desde la investigación de sitios como Lagõa Santa y Capivara, en Brasil, o las fechas de Monte Verde, en Chile. Todo esto pone a la Amazonia colombiana en un contexto muy especial del poblamiento temprano.

¿Cuál es el valor cultural de los miles de pictogramas hallados sobre las paredes de los tepuyes?

Las casi 75.000 representaciones pictóricas de Chiribiquete, un número muy preliminar, tienen la característica de corresponder a una tradición cultural que estamos empezando a conocer no solo en Chiribiquete, sino en otros lugares del continente.

Las pinturas encontradas en este parque nacional, como en ningún otro sitio conocido del Neotrópico, hasta la fecha, son un conjunto muy uniforme y dinámico de representaciones que, además de mantenerse en uso durante muchos siglos, lo han hecho con un patrón y una modalidad estilística de tipo muy figurativo (realista) y con rasgos muy propios que permiten interpretar, casi siempre, sus simbolismos y sus significados.

Chiribiquete es como una gigantesca piedra de Roseta, aquella que sirvió a los científicos franceses para comparar escrituras conocidas con glifos egipcios y así empezar a traducirlos.

El jaguar juega un papel fundamental en estos simbolismos. ¿Qué es eso de la ‘jaguaridad’?

La gran cantidad de representaciones de jaguares en los murales de Chiribiquete, asociados a múltiples escenas rituales y cosmogónicas, demuestra el papel preponderante de estos grandes carnívoros-depredadores en el contexto cultural y simbólico de lo que denominamos en el libro “tradición cultural Chiribiquete”. Sabemos que Chiribiquete parece haber tenido relevancia en la dispersión de elementos conceptuales y filosóficos, en una dimensión fascinante relacionada con la ‘jaguaridad’ por fuera de la serranía. Así lo indican la magnitud, asociación y complejidad del ícono emblemático, no solo del “jaguar mítico y solar”, sino de su relación con otra infinidad de ideas que se pueden apreciar en la iconografía litúrgica encontrada.

Su asociación con las constelaciones, el Sol, la Luna y la Vía Láctea es muy evidente, y su significado como un ser sobrenatural que rige su papel protagónico de mediador, regidor de equilibrio, tal como desde el punto de vista ecológico lo hace en el medio natural.

¿Cuál es el papel del chamán en el ritual?

El chamanismo se basa en el conocimiento sagrado, y considero que es la verdadera ciencia del pensamiento indígena y el modelo de pensamiento analógico, como lo es el modelo de pensamiento analítico a la ciencia, en la cultura occidental.

En Chiribiquete las representaciones pictóricas, pero especialmente la preparación de los sitios, los murales y las prácticas han estado asociados a prácticas rituales y ceremoniales que, me atrevería a decir, hacen parte todas del acervo y el conocimiento chamánico, casi en forma exclusiva. A este sitio no acceden cualquier tipo de chamanes, solo aquellos que tienen la preparación para sobrellevar el rigor y la fuerza espiritual de este lugar. Las pinturas no fueron hechas para ser observadas por humanos, fueron realizadas para los dueños espirituales y guardan una fuerza y un poder que se arraiga en la roca matriz del origen.

Generalmente, este acervo está en cabeza de las personas más experimentadas y viejas de las tribus étnicas del Amazonas y de otros confines del Neotrópico. Existe una concomitancia entre las formas de chamanismo y su asociación con la jaguaridad, que se restringe de forma especial a los mismos hábitats del jaguar desde México hasta Argentina.

En las pinturas murales observamos miles de escenas con amplia participación no solo de cazadores y guerreros, sino de chamanes que llevan la pauta de los rituales y de otras ceremonias. Este quizás sea el tema más estructurante en las manifestaciones pictóricas de la tradición cultural Chiribiquete y sus hombres jaguar.

De otro lado, ¿por qué un colombiano que vive a cientos de kilómetros, en Bogotá, Medellín o la Costa, debería interesarse por conocer sobre Chiribiquete y aportar a su cuidado?

Chiribiquete, como se ve en la obra que lanzaremos esta semana que viene, en Medellín y en Bogotá, con el apoyo de Grupo Sura, se va volviendo un referente no solo de un enclave para la conservación de la Amazonia y su papel vital en la interconexión y conectividad entre Amazonas, Andes, Llanos Orientales (sabanas) y las Guyanas, sino que juega un papel emblemático, desde lo cultural y lo étnico amazónico, como uno de los confines más sagrados del país.

Cuando se empiezan a comparar estos elementos con otras manifestaciones arqueológicas, etnohistóricas y etnográficas, en regiones por fuera de la Amazonia, encontramos relaciones muy fuertes y estrechas que parecen compartir un mismo sustrato simbólico a cientos de kilómetros de distancia. En últimas, hay razones de peso para suponer que muchos de los elementos culturales de Chiribiquete envuelven rasgos precisos de nuestra identidad y de nuestra nacionalidad que tendremos que ir comprendiendo.

¿Cuál es la razón para que se sugiera en el libro que los colombianos no deben visitar Chiribiquete?

Es un sitio definitivo desde el punto de vista ecológico y cultural. Su carácter sagrado y el uso reiterado de los murales en el contexto ritual y ceremonial, sumados a la presencia de grupos no contactados o en aislamiento voluntario de varias etnias (cuando menos tres culturas diferentes), definen un manejo muy limitado del concepto de uso público. El sitio es muy vulnerable por el turismo. Parques Nacionales ha dispuesto que las visitas sean muy limitadas y estrictas. Solo por aire, y no por vía terrestre.

No obstante, se ha propuesto en el Plan de Manejo, realizado con el apoyo y el acompañamiento del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh), permitir las visitas al extremo noroccidental del parque, hacia la zona de San José del Guaviare, específicamente a la serranía de La Lindosa, donde se adelantan todas las acciones y medidas para estimular el ecoturismo, con una participación activa de las comunidades de la zona. Allí hay expresiones culturales y paisajes naturales muy similares a los de más adentro.

¿Teme que la publicación de su libro atraiga más gente al parque, cuando su esfuerzo ha sido preservarlo intacto?

Es evidente que tengo sentimientos encontrados con esta publicación y la retardé durante años buscando el momento más apropiado. La notoriedad de Chiribiquete es un gran riesgo para su preservación. Sin embargo, el grado de amenaza y peligro de este parque ya no aguanta el silencio. Hoy debemos salir a buscar aliados para apoyar la labor de los funcionarios del Sistema de Parques Nacionales y del Icanh. Esto solo será posible si logramos hacer partícipe a la sociedad en su conjunto en el cuidado de un lugar como este, único y excepcional.

Este libro tendrá la tarea de ofrecer una mirada a lo que significa el patrimonio cultural de este sitio y la importancia que reviste encontrar la mayor cantidad de aliados posibles que cierren filas frente a la devastación que observamos en la periferia de Chiribiquete.

Quisiera pensar que esta primera aproximación al conocimiento de la identidad de estos pueblos artífices del legado pictórico y de esta tradición sea lo suficientemente convincente para lograr no solo un apoyo decidido de los colombianos, sino de todos los habitantes del planeta.

Voces sobre Chiribiquete

En la espesura de las selvas que definen la serranía del Chiribiquete viven pueblos no contactados y comunidades aisladas voluntariamente que se rigen por costumbres y prácticas ancestrales propias de los primeros hombres y mujeres que habitaron este suelo. Mantenerlos así es la clave de su supervivencia.

Las expediciones científicas que han estudiado Chiribiquete reportan 708 especies con grado de amenaza, 30 especies de mamíferos medianos y grandes, 410 especies de aves, 41 especies de reptiles, 53 especies de anfibios, 216 especies de peces, 293 especies de mariposas diurnas, 78 morfoespecies de arañas; hay posibles 32 nuevas especies y 57 nuevos registros para Colombia.

Los tepuyes son emblema de Chiribiquete, ningún lugar en el mundo cuenta las historias que recorren las paredes de roca de estas mesetas que alcanzan hasta 900 metros. Más de 70.000 pinturas rupestres, algunas que datan de veinte mil años atrás, y otros que aún hoy siguen pintándose con tinta vegetal revelan los secretos de pensamientos sagrados.

Manifiesto de los guardianes de Chiribiquete

El Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete es considerado la casa del jaguar y el lugar donde habitan cientos de especies de flora y fauna.

Está ubicado en el corazón de la Amazonia colombiana, y nos urge cuidarlo juntos.

Todos podemos ser guardianes de Chiribiquete con decisiones y acciones cotidianas.

1. Queremos a Chiribiquete conservado. Sin visitarlo, podemos reconocer su valor.

2. Apoyamos acciones para su cuidado. Nos vinculamos a causas y campañas.

3. Alertamos. Reportamos a las instituciones responsables y a las comunidades sobre posibles peligros para el territorio.

4. Multiplicamos el mensaje. Todos los mundos en un mundo conviven en Chiribiquete. Te invitamos a firmar, con actos, este manifiesto. Con cada libro comprado se ayuda a esta campaña.

Conozca más información sobre esta campaña a través de la etiqueta #Guardianesdechiribiquete.

DARÍO VARGAS LINARES
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