‘Soy feminista y defiendo a las que usan tacones’: Chimamanda Ngozi

‘Soy feminista y defiendo a las que usan tacones’: Chimamanda Ngozi

La escritora nigeriana reflexiona sobre un nuevo feminismo que busque la paridad con los hombres.

Chimamanda Ngozi Adichie

Chimamanda Ngozi Adichie, en un momento de distensión, durante su entrevista con EL TIEMPO, en Cartagena.

Foto:

Yomaira Grandett / EL TIEMPO

Por: Armando Neira 
05 de febrero 2019 , 10:12 p.m.

La escritora y activista Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 1977) estuvo apenas dos días en la Heroica con motivo del Hay Festival, realizado la semana pasada.

En uno, habló en el sobrio auditorio del Centro de Convenciones, ante mujeres vestidas de lino y hombres de guayabera que, en inglés, la escucharon en silencio; en otro, en el marginal barrio Nelson Mandela, entre niños descalzos y bailarines descamisados, flanqueada por una treintena de mujeres afrodescendientes, raizales y palenqueras, al ritmo de tambores y un sol abrasador.

“Estoy muy feliz de estar en la Cartagena verdadera: la Cartagena negra”, exclamó la escritora y activista al llegar a este lugar que lleva el nombre del histórico líder de África. En ambos escenarios, sin embargo, dejó huella.

Con ejemplos sencillos, contó algunas de sus ideas que la convirtieron en un ícono global. Fama mediática que se expandió tras su conferencia ‘Todos deberíamos ser feministas’, en 2012, en TEDxEuston –una organización que publica charlas en línea con el lema ‘ideas que vale la pena difundir’–, que se hizo viral en YouTube y cuyos fragmentos terminaron estampados en prendas de Christian Dior y en canciones de Beyoncé.

La autora de obras potentes como 'La flor púrpura' (2005), 'Medio sol amarillo' (2007) y 'Americanah' (2013) reivindica el amor propio de las mujeres, incluso en detalles cotidianos. Por ejemplo, el pelo.

“Puede parecer intrascendente, pero en realidad no lo es. Como mujeres negras, cuando crecemos leyendo revistas de moda con mujeres blancas en la portada, llegamos a conocer todo acerca de pelo de las mujeres blancas, pero esas revistas no te dicen qué hacer cuando tu pelo es crespo”, dice.

“Para muchas mujeres negras, el que por fin se hable de su propio pelo, y sus propios temas relacionados con el pelo, es casi una revolución”, añade.

Considerada una de las voces más sólidas de la literatura africana en ficción, en Cartagena quiso hablar también de su visión del feminismo.

‘Si las mujeres tomaran el mando de la humanidad, el mundo sería mejor’. ¿Qué piensa de esta frase?

Yo no me atrevería a hacer semejante pronóstico. Esa idea de que las mujeres somos mejores o especiales no solo no es verdad, sino peligrosa. Así se suben los estándares demasiado, poniendo una vara de expectativas muy alta.

¿Acaso no cree que las mujeres son mejores?

No. Las mujeres no son mejores. Las mujeres componen la mitad del mundo, somos la mitad de la humanidad, y por eso deben estar incluidas en la conversación, en condiciones de igualdad. Eso es lo que yo exijo en mi condición de feminista. Es decir, que si ellas asumen posiciones de liderazgo, no necesariamente todo iría mejor... Naturalmente que no es una certeza.

Conozco mujeres que han tenido posiciones de liderazgo y han sido terribles. Es importante evaluar qué es el liderazgo para la mujer.

¿Por ejemplo?

Hay ocasiones en las que se habla de un liderazgo que parte de una socialización con un rol de cuidanderas. Aquí hay que hacerles unas preguntas a ellas: ¿Es esto lo que quieren hacer? Porque puede que, en efecto, unas así lo quieran, pero también puede haber otras que quieran ser, por ejemplo, comandantes del ejército. Lo vital es que se nos dé la autonomía para decidir.

Esa idea de que las mujeres somos mejores o especiales no solo no es verdad, sino peligrosa. Así se suben los estándares demasiado, poniendo una vara de expectativas muy alta

¿Cómo ve usted el movimiento 'Me Too' ('Yo También', en español)?

Tiene elementos valiosos. Hay que destacar el hecho de que las voces de las mujeres realmente están siendo escuchadas, sus historias están siendo visibilizadas. Ahora, por ejemplo, se puede hablar de acoso. Antes no se hacía porque la culpa caía sobre las mujeres. Incluso si una denunciaba esa situación en el trabajo, corría el riesgo de que la despidieran. Eso está cambiando y la culpa está cayendo sobre quién es el real culpable. Por eso, cada vez son más las mujeres que cuentan su drama.

Hay sectores que creen que el 'Me Too' se desbordó y ha hecho generalizaciones injustas y equivocadas que lo desdibujan...

No lo juzgo. Se trata de un movimiento muy joven. Un movimiento social necesita de mucho tiempo para consolidarse y convertirse en una corriente de pensamiento sólida. En sus etapas tempranas, los movimientos tienen una enorme cantidad de detalles que es necesario ir afinando.

Una de las características que se le dan a 'Me Too' es ser un movimiento global, ¿lo cree así?

No. Para nada. A África no ha llegado, como tampoco a otros lugares del planeta. De hecho, es un movimiento muy occidental que está en la agenda en Estados Unidos y Europa, especialmente. A pesar de esto, creo que está bien y que es muy importante su existencia.

En Europa y Estados Unidos hay un número mayor de movimientos feministas que, incluso, dan cátedra sobre cómo hacer las cosas en otras regiones. ¿Qué piensa de esto?

El feminismo teórico habla desde cierta superioridad moral. Hay mujeres occidentales que creen que están mucho mejor y pueden enseñarles a las mujeres africanas cómo ser feministas. Creo que deberían mirar su situación, porque sexismo y racismo existen en todo el mundo. Queremos compartir experiencias, pero rechazamos las imposiciones, el colonialismo.

Usted es una mujer atractiva que, además, cuida mucho su apariencia. Hay un estereotipo de que las feministas no son así...

¿Te parece que soy bella? ¡Y eso que no conoces a las demás mujeres en Nigeria, ellas sí son realmente lindas! Te cuento una cosa: en Nigeria hay mujeres espléndidas, y allí mi apariencia es 'normalita', por no decir que ordinaria.

¿Se preocupa usted bastante por su imagen?

Naturalmente. ¿Por qué cuido mi imagen? Se trata de una herencia que me inculcó mi madre. Ella, desde que yo era muy niña, me enseñó a ser cuidadosa de mi apariencia, a consentirme siempre, estar bien presentada. En Nigeria, les cuento, es una tradición que las mujeres procuren lucir siempre hermosas, plenas.

Aquí, en el imaginario de muchas personas, creen que ser muy atractiva choca con ser inteligente...

Igual en Nigeria y en otras sociedades. Ese es un problema que hay que dejar atrás. Si una mujer se preocupa por su imagen, por su belleza, no faltarán aquellos que hablen por hablar y digan que no eres intelectual. Hay tópicos, frases de cajón, pensamientos anquilosados que dicen que si usas zapatos de tacón, si usas labial, ya no eres intelectual. Yo defiendo a las mujeres que usan tacones, me encanta verlas y saber que se sienten felices de lucirlos. Y también, reitero, soy muy feminista.

Con los hombres, en cambio, es distinto...

Claro. Un hombre puede lucir muy elegante, vestirse con prendas sofisticadas, exquisitas, refinadas; y si es un intelectual, a nadie se le ocurriría hacer la diferencia, sino que de inmediato lo verían como un rasgo asociado a su intelecto: “¡Qué inteligente!”, exclamarían. Esa es una cuestión que hay que ir retirando de las narrativas actuales.

El feminismo no es solo una cuestión de mujeres. Mi propuesta es buscar la igualdad, hacer de esto un concepto universal, pero cómo se manifieste depende de cada cultura, clase y raza

Por conceptos como estos, se cree que usted simboliza un nuevo feminismo.

No pretendo eso. El feminismo no es solo una cuestión de mujeres. Mi propuesta es buscar la igualdad, hacer de esto un concepto universal, pero cómo se manifieste depende de cada cultura, clase y raza.

Un equilibrio entre mujeres y hombres...

Sí. A mí no me interesa ir contra ellos, no les doy condición de adversarios. Hoy en día, en todo el mundo, las mujeres están hablando alto, pero sus historias siguen sin oírse realmente. Ese es mi propósito esencial. Debemos ser escuchadas para construir una sociedad mejor para todos. Claro, es difícil porque hemos vivido durante siglos en los que son ellos los que han hablado.

En Colombia hay un problema atroz de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes. ¿Qué sugiere para erradicar esta situación tan penosa?

Con educación. Hay que empezar desde los primeros meses, los primeros años, en la escuela, con los niños, para crear individuos que crezcan con patrones muy claros de respeto hacia el otro, de afecto por la humanidad, de valorarlas a ellas, para que, en la medida en que ellos vayan llegando a la juventud o cuando se hagan hombres, tengan unos valores férreos de respeto por la humanidad y, en particular, por su población más vulnerable. Pero, en la medida en que se reproduzcan valores de machismo, de violencia y de una cultura que honra al agresor, será más difícil dejar atrás tan dolorosa situación.

ARMANDO NEIRA
EDITOR DE CULTURA DE EL TIEMPO
CARTAGENA

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