El hombre cuyo legado salsero no muere

El hombre cuyo legado salsero no muere

César Pagano habla de sus expectativas y esperanzas sobre el futuro del género.

Al estilo caleño para bailar salsa le falta saborClaudia Palacios conversó en Mejor Hablemos con César Pagano sobre su libro 'El Imperio de la Salsa', en el que escribió crónicas paganas, historias, entrevistas y semblanzas de salseros famosos.
César Pagano

Mauricio Moreno / Archivo EL TIEMPO

Por: Karol Torres Avila 
15 de diciembre 2018 , 07:56 a.m.

Rodeado de elepés, libros y tocadiscos en su casa, César Villegas –apodado pagano por quienes le pedían canciones entre copas en Salomé Pagana, el icónico bar que fundó en Bogotá- reflexiona sobre el panorama de la salsa en el país, sus expectativas y esperanzas sobre el futuro del género, el estreno de su libro y la posibilidad de volver a hacer parte de la noche bogotana con una reapertura de ese lugar, que representó fiesta y cultura en la ciudad.

¿Cuál fue su primer acercamiento a la música?

Yo nací rodeado de música por mi abuela materna y mi padre. Mi abuela, que estaba loca porque se le murieron dos hijos y el esposo en una semana por una epidemia hace muchos años, cantaba mucho, y cantaba en especial canciones mexicanas, o bambucos, o pasillos. Mi padre gustaba de la zarzuela y de la canción. Era agrónomo y docente. Se oía mucha radio y luego yo, que empecé a cantar. Tomé clases de canto en Medellín, donde nací en el año 41. Luego nos fuimos a Palmira, donde también encontré música y la radio prendida. Recuerdo emisoras del palmar de Palmira.

Y conocí la música de los negros. En mi casa había tres empleadas negras que tenían sus novios y las visitaban los trabajadores del azúcar, del ingenio Manuelita o Riopaila, y daban serenatas, fiestas. Ahí conocí la música negra, que me marcó toda la vida. Cuando regresamos a Medellín, por consejo de mi familia empecé a participar en coros, a acercarme más a la música y a volverme coleccionista, en lo que ya llevo 60 años. 60 años de colección, de intercambios, adquisiciones y viajes.

Luego de haber fundado El Goce Pagano hace ya 40 años empiezo, por necesidad de comunicarle a la gente, a hacer entrevistas. Tengo más de 2.100 con músicos y teóricos de la música, y pretendo que queden en instituciones tales como conservatorios de música, facultades públicas o privadas de música o bibliotecas como la Nacional o la Luis Ángel Arango, que dan garantías de conservar estos bienes patrimoniales.

De no ser esta su vida, ¿cómo cree que sería?

Algún tiempo aspiré a ser cantante. Después vi que la vida de los cantantes en este país es difícil, de cada 100 triunfa 1, y además yo sufría mucho de pánico escénico con las presentaciones en vivo, entonces me alejé. En otra época quise ser profesor. Me gustó más, y lo fui durante un tiempo en universidades y colegios.

Hice política de oposición y todavía la hago, pero también me desencantó. Me sentí muy bien cuando rompo con eso a partir del año 74 y me dedico a la cultura y a la música, ya como profesional. Entonces empiezo a cultivar esas cosas y se funda El Goce Pagano, que de alguna forma transformó la noche en Bogotá porque todo era comercial, incluso las discotecas del mundo de la salsa, pero nosotros (Juan Guillermo Gaviria y Gustavo Bustamante y él) le dimos otro sentido, que era meter la cultura dentro de la fiesta. Y con eso me quedé.

Nuevos artistas han escogido la salsa romántica, por ejemplo, que es una variante fácil pero comercialmente rentable, empobrecen la música y el texto

¿Se habla de ciudades salseras en Colombia, o de un país salsero?

Yo creo que en la mayoría del país se conoce la salsa. Donde más incidencia tiene, Cali, naturalmente, donde hay un entusiasmo fuera de lo común. Ciudades como Medellín y Bogotá tienen una representación importante para la salsa, tanto en la música como en el baile y los fanáticos.

En Barranquilla, Cartagena y Santa Marta, infortunadamente, ha decaído. Parece que la incidencia de este vallenato comercial y tan superficial que se ha vuelto, en cambio del vallenato valioso y distinguido que teníamos del pasado, ha monopolizado con mucho recurso humano y técnico, y se ha estancado la salsa allí. Lo mismo con un merengue malo que hubo durante mucho tiempo en el Atlántico.

Espero que eso se recupere y nos saque de esa parálisis que noto en esta zona, que fue de las primeras que animaron la salsa en este país, pero yo creo que, en general, en ciudades intermedias como Bucaramanga, Pasto y Manizales, que tienen conciertos de hasta diez mil personas y un fervor que en todo el país, se reconoce y se sigue cultivando, aunque su etapa de mayor auge cuantitativo ya pasó.

¿Y Bogotá?

Aquí se sostiene. Es decir, no con esa cantidad de gente, pero sí con evolución de calidad, porque la política cultural de la administración pública ha favorecido mucho más a géneros anglo como el rock. Se están celebrando 30 años y lo primero que se hace es un concierto de conciertos. Poco después se instituye Rock al Parque. Luego siguió el jazz, la salsa, la ópera y Colombia al Parque como de quinto, con menos presupuesto y con menos días. Yo no pedía que se le rebajara al rock, sino que se le diera lo mismo a los eventos que tenían que ver con Colombia y con la salsa, pues me parece que está más cerca a los latinoamericanos por nuestra lengua, nuestras creencias, costumbres y necesidades, sobre todo.

¿Qué opina de los nuevos salseros y sus nuevos sonidos, que han tenido que adaptarse a las exigencias del mercado?

Creo que estos nuevos artistas han escogido la salsa romántica, por ejemplo, que es una variante fácil pero comercialmente rentable, empobrecen la música y el texto. Le quitan los dientes y las uñas a la salsa dura que eran la rebeldía, la inconformidad, la exigencia de reformas en favor de las mayorías trabajadoras o desempleadas de nuestros países. Así es como nace el género.

La salsa romántica se ha dedicado al amor de pareja. Muy bonito y todo, pero para eso existía el bolero, el pasillo, el bambuco, la balada y hasta el pop. Entonces es más fácil que lo que hace el sonero, improvisar y crear rápidamente mientras canta. Eso es más de fondo, porque plantea problemas sociales o simpatía para la fiesta, la gozonería.

Hay que investigar qué pasa en la sociedad. Pero ese camino es triste además porque casi siempre lo que uno oye es una súplica, un lloro: “No te vayas”, “quédate” o “volverás arrepentida”. Se perdió la alegría del Caribe, que es una de las características predominantes en esa música. Puede que haya éxito, pero están llevando a un estancamiento y a un despeñadero nuestra música, empobreciendo la salsa brava y el mensaje del bolero, que es un género muy rico cuando queremos manifestar el amor.

Veo un renacer o una gran posibilidad de un triángulo que sitúo en Suramérica, que sería que la salsa sigue viva en Venezuela, Perú y Colombia

Si tuviera que escoger a un salsero que quedó en el olvido o que no tuvo el reconocimiento que merecía, ¿cuál sería?

Yo diría que fue más bien el veto que se aplicó a toda Cuba con algo que lo que se llamó ‘El bloqueo’, decretado desde Estados Unidos y que aquí, en una forma muy sumisa, nuestros mandatarios y toda la sociedad acogieron. Vetaron la música cubana, la bloquearon. Aquí nos llegó porque el interés del gobierno cubano era difundir la nueva trova, un mensaje social muy cercano al régimen, pero se descuidó la música bailable, que me parece que era lo más valioso que tenía la música cubana. Eso dejó de alimentarse y aquí no supimos de grandes compositores como Alberto Álvarez, de revoluciones enteras que hubo con la Orquesta Los Van Van en el baile, o de la revolución técnica, artística y musical que hizo Irakere en el 73.

Todo eso fue vetado y acatado por medios de contaminación, con excepciones como emisoras culturales o medios comerciales con un poco más de apertura, que lograron que nuevos ritmos se vayan conociendo y estén presentes en ciudades tan importantes como Bogotá, Cali y algo de Medellín.

De personalidades de la salsa misma que poco se conocieron, entraríamos a mencionar a Markolino Dimond, pianista que prometía mucho pero que se lo comió la droga; Chivirico Dávila, un gran cantante y sonero; o Justo Betancourt. En el libro que escribí y que está a punto de salir, ‘Entrevistas a salseros famosos’, yo justamente trato de reivindicar a muchas agrupaciones y personajes que cayeron en esta vorágine, como la Encuesta Yambú, el Conjunto Carabalí y Grupo 8, que son prácticamente desconocidos para el grueso de la gente.

¿Qué expectativa tiene de la salsa a futuro?

Yo tengo varias hipótesis que quisiera probar con mayor investigación, ciertas premisas importantes, muy ambiciosas. Veo un renacer o una gran posibilidad de un triángulo que sitúo en Suramérica, que sería que la salsa sigue viva en Venezuela, Perú y Colombia. Y en Colombia Cali, específicamente, que considero la vanguardia a nivel mundial aunque haya salsa en Europa y en Japón, por ejemplo.

Cali tiene especial interés en el baile, que casi que se volvió más importante que la música. Hay 200 academias de baile y no hay 200 orquestas. Hay hoteles especializados en que los extranjeros aprendan a bailar. Es un fenómeno donde yo veo que tenemos que descubrir lo nuestro, dejar de repetir o copiar. Lo que tenemos es que crear nuestras propias obras, que correspondan a nuestra realidad, a nuestras tristezas, alegrías y esperanzas, y que eso sea desarrollado con calidad musical y textual. Que salga de lo nuestro.

Una veta ilusoria para mí es la salsa choque. Nace con una raíz popular, que son nuestros jugadores de fútbol negros, de las costas, que celebran triunfos con danza y música. Esa celebración es algo espontáneo y natural, pero han faltado músicos preparados que cojan eso que está en embrión, naciente, y no dejen que corra por un lado comercial empobrecido, sino que se enriquezca con preparación. Eso debe ser impulsado para que rinda frutos en el sentido cultural.

¿Ha considerado reabrir Salomé Pagana?

Pues sí. He tenido dos o tres propuestas de socios capitalistas que quieren invertir en volver a la noche junto conmigo como socio cultural con la experiencia que tengo de todos estos años, pero no hemos encontrado local. Estamos buscando y ojalá eso fructifique. Me alejaría de la labor cultural, pero la bohemia siempre será agradable, aunque naturalmente tiene su parte negativa, porque le pasa a uno factura con la salud y con la tranquilidad.

¿Cómo fue el proceso de realización del libro que va a estrenar?

El libro se origina desde cuando yo hago entrevistas en los 80. Las más antiguas que están allí son de Junior González, Pablo Lebrón, Rubén Blades, Ricardo Rey, Willie Colón y los Palmieri, de los más admirados por mí. Bobby Valentín, Tito Puente, Celia Cruz y más. Cuando eso se acumula con entrevistas muy recientes que hice, una de ellas a Gilberto Santa Rosa, por ejemplo, condenso todo eso en un libro que, según mi editor (ícono editorial), tendrá 500 páginas con fotos originales o autorizadas.

Espero que haya debate. Seguramente el libro planteará discusiones sobre músicos como Rubén Blades, en quien encuentro incoherencia y falta de ética en el último momento de su vida. De manera que creo que habrá charla alrededor del tema, pues no es un libro complaciente ni de alabanzas o elogios, sino que tiene elementos para tomar la música, analizarla, pensarla y recomendar sobre ella para obtener su máximo desarrollo.

¿Cuáles son sus planes a mediano plazo?

Espero que este patrimonio, representado en música, entrevistas y la biblioteca especializada que tengo, quede en una institución para que esté abierto a la consulta pública y social. Pienso seguir escribiendo. Tengo otro libro escrito sobre los Van Van, pero no le he encontrado una editorial a la que realmente le interese. Tengo otros en remojo, como uno sobre divas latinoamericanas de la música, que espero que sea de lujo. Libros de entrevistas a colombianos y a cubanos, que son importantísimos.

Ojalá que todo eso encuentre acogida del público. Espero que el último tramo de mi vida, que sé que ya estoy recorriendo, sea productivo en el sentido editorial. Seguiré haciendo mis programas radiales, raros, como los que hemos venido haciendo. Programas como ‘Gaitán y la música’, cuyo principal fundamento fue la entrevista que le hicimos (con Camilo Delgado) a su hija, Gloria.

Actualmente estoy en un ciclo sobre un panorama folclórico y popular de la música mexicana, saliendo de lo comercial y de su oligarquía, poniendo música desconocida y valiosa tanto en ritmo como en texto. Con esos pilares, los libros, entrevistas y programas de radio, es que pienso seguir. Y a ver si la noche nos llama otra vez para divertirnos, enseñar y aprender. Con optimismo frente al abismo y salsa y cultura hasta la sepultura.

KAROL TORRES AVILA
Redacción Redes Sociales

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