‘Centennials’, la generación de los grandes lectores

‘Centennials’, la generación de los grandes lectores

Los adolescentes desafían la visión apocalíptica de que las pantallas atentan contra la lectura.

Feria del Libro de Bogotá

Hoy, la literatura juvenil representa entre el 22 y el 25 % del mercado, dice Cristina Alemany.

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César Melgarejo / EL TIEMPO

Por: Martín De Ambrosio - La Nación (Argentina) - GDA
16 de junio 2019 , 11:44 a.m.

Cuántas veces se anunció el final de la lectura, sepultada bajo otras costumbres, bajo el imperio de lo digital, por la supuesta pereza de una nueva generación que a la hora de renegar de viejos mandatos también incluía al libro, ese aburrido objeto del deseo. Y, sin embargo, se lee.

Hace unos años, irrumpieron en la feria del libro de Buenos Aires con singular éxito un conjunto de jóvenes que mostraron que redes y lectura tradicionales no son contrapuestas. La masividad de esos ‘booktubers’ (comentadores de libros por YouTube) y blogueros fue posiblemente el hecho central de la feria de 2015. Y cuando se dice “irrumpieron”, se deja asentado que la sorpresa es para unos pocos (adultos) que no vieron venir el fenómeno hasta que, justamente, irrumpió. Pero venía de algo más lejos: son los lectores arribados después del ‘boom’ Harry Potter.

Entonces, no es cierto que los chicos no lean. Todo lo contrario: “Hoy, la literatura juvenil representa entre el 22 y el 25 % del mercado, lo que pasa es que no leen lo que los profesores o los padres quieren. Leen lo que ellos quieren y tienen poder de decisión, y leen a una amplia gama de autores”, dice Cristina Alemany, presidenta de la Comisión de Actividades Juveniles de la Feria del Libro de Buenos Aires, creada ‘ad hoc’. Las redes retroalimentan las lecturas antes que competir. “Los chicos no se dejan guiar por adultos, como pasaba antes, o por los medios tradicionales. No leen diarios, sino Internet. Es una lectura distinta, que comparten por redes sociales, donde ven reseñas de pares y toman decisiones. Eso se ve en la enorme lista de libros juveniles incluida en la feria”, agrega.

En 2013, unos pocos jóvenes empezaron a contactarse con las editoriales: pedían libros para reseñar. Al principio, Alemany pensó que eran apenas chicos que querían libros gratis, pero sospechó que quizás el fenómeno excedía esa mínima picardía y enseguida decidió adentrarse en ese mundo. “Hicimos reuniones con cinco o seis chicos, ‘bloggers’, ‘instagrammers’, ‘booktubers’. Vimos que hacían buenas reseñas, tenían buenas intenciones y sabían de qué hablaban. Hoy esas reuniones llegan a cuarenta chicos y el encuentro de ‘booktubers’ es de las cosas más importantes de la feria, que, además, termina con un concurso que este año tiene cuatrocientos concursantes”, dice.

Nuevas categorías

Antonio Santa Ana, uno de esos autores populares (su obra ‘Los ojos del perro siberiano’ lleva vendidos más de medio millón de ejemplares y se tradujo al italiano, al portugués y hay en camino una versión en francés), sostiene que “la idea de que los chicos no leen siempre me pareció boba, es algo que vengo escuchando desde hace cuarenta años. Cuando iba al colegio, a una escuela técnica, el único que leía era yo, no tenía amigos y compañeros que leyeran. Pero hoy las estadísticas muestran lo contrario, cada vez hay más libros para jóvenes, cada vez se venden más”.

El autor de la reciente ‘Las emociones de Constanza’ agrega que “durante la crisis en España recibía todos los días las ventas auditadas de libros, y lo único que crecía en ventas eran los libros juveniles. Y no precisamente los del circuito escolar. Así que para nada: cada vez leen más y se comparte en Internet, como antes en ciertos clubes. Pensar que antes los jóvenes leían más es un error que no tiene números que lo sostengan”.

Tal como pasó en España, es un tipo de lector por alguna razón inmune, incluso, a las crisis económicas, como la Argentina actual. “Según un informe de la Cámara Argentina de Publicaciones, el de la literatura juvenil comercial es el segmento que menos se resintió en este contexto de crisis. Es el fenómeno de lectura joven posterior al ‘boom’ de Harry Potter, que llega de la mano de autores internacionales y de aquellos libros que también tienen su película en el cine y convocan a un público masivo”, dijo Natalia Páez, responsable de comunicación de la editorial Norma y vicepresidenta de la comisión de actividades juveniles de la feria del libro.

Como las percepciones de gente que trabaja inmersa justamente en ese mercado específico podría funcionar como una burbuja que distorsiona la realidad, y para conseguir algunas precisiones desde una cierta objetividad sociológica, se encargó a la consultora Trazo Propio una investigación cualitativa (parte de cuyos resultados están disponibles en www.leerabrepuertas.org.ar).

“Fue un estudio con 48 jóvenes de entre 16 y 28 años, del área metropolitana, nivel socioeconómico amplio. Para ellos leer es un capital relevante, que los hace más sexy; no es cierto que para los jóvenes lo único importante son los posteos en las redes sociales”, dijo Marcela Garriga, directora de Trazo Propio. “Los jóvenes no tienen lectura dicotómica: eres o no eres lector. Su autopercepción se funda en una identidad lectora más híbrida. Como en tantas otras cosas de esta época posmoderna, la concepción dicotómica (lector-no lector) se ha roto. No tienen estos bordes tan binarios, sí son lectores, porque leen mucho, pero es algo mucho más líquido. Si preguntamos con categorías viejas, nos encontramos con respuestas inadecuadas a su autopercepción”, añadió.

“Según un informe de la Secretaría de Cultura de Nación y Unesco, los chicos de más de trece años en la Argentina pasan un promedio de casi cinco horas diarias ante las pantallas. En la historia de la humanidad nunca se leyó más. No hablamos de ficción sino de todo tipo de lecturas”, redondea Páez. En Colombia, un estudio de TigoUne y la Universidad Eafit asegura que los niños y jóvenes colombianos pasan un promedio de 3 horas y media en Internet al día.

Lo audiovisual y lo escrito se nutren: los chicos leen la obra en la que se inspiró la película, o ven primero la película y después van al libro. Son cosas sinérgicas, no excluyentes

Pero ¿qué se lee? Si descreen de las recomendaciones de adultos, ¿entonces? “Hay títulos que acompañan la actualidad. Por ejemplo, el abordaje de la Educación Sexual Integral desde la ficción, desde la literatura. En la editorial en la que trabajo hay títulos que hablan de todos los temas candentes: aborto, ‘cyberbullying’, violencia de género, diversidad”, responde Páez.

Para Alemany no hay temas vedados para los jóvenes: “Leen sobre cuestiones de género, sexo, diversidad, ecología, tecnologías, nuevas violencias. Los chicos piden eso, que se hable de los problemas que viven. El ‘fantasy’, por otro lado, nunca va a morir, el urbano o la épica fantástica, como ‘Juego de tronos’. Las lecturas históricas o el romántico tampoco, pero los chicos son exigentes: si vienen con mucho cliché, les aburre”.

Así como es más líquida la diferenciación entre lectores y no lectores, tampoco es correcto pensar la lectura en términos de competición con lo audiovisual. Quizá sea más correcto pensarlos como complementarios. “Lo audiovisual y lo escrito se nutren: los chicos leen la obra en la que se inspiró la película, o ven primero la película y después van al libro. Son cosas sinérgicas, no excluyentes. No tienen tampoco la dicotomía ‘online’ y ‘offline’, las cosas son un continuo”, agrega Alemany.

Es aquí donde emergen las redes y otras formas de comunicación entre pares. “Los llamados #BBB (‘booktubers’, ‘bloggers’, ‘bookstagrammers’), por ejemplo, son clubes de lectura juvenil virtuales, pero que también traspasan lo virtual y se reúnen en el Abasto a recomendarse lecturas. Este fenómeno ya tiene sus años, los primeros ‘bloggers’ argentinos ya hoy rondan los 25 años, y muchos, muy talentosos, fueron captados por las editoriales para trabajar en la edición y en la comunicación de libros juveniles”, señaló.

Una de ellas es Macarena Yannelli, de 24 años, que empezó a escribir en su blog en octubre de 2013, en marzo de 2014 abrió su canal y no dejó de hablar de libros en diferentes lugares de Internet. “Cuando escucho que los adolescentes no leen, me da mucha bronca, porque veo a muchos hacerlo; quizá no sean la mayoría o los más visibles, pero son un montón. Y los que leen leen muchísimo. Quizá eso marca una diferencia con adultos que leen dos libros al año como mucho. Hay jóvenes que leen cincuenta al año. Eso de que no leen se escucha siempre, pero la literatura juvenil sigue siendo la única sección de mercado que vende igual que antes de la crisis”. Además, Yannelli destaca que el intercambio con los seguidores es fluido y en ambientes de calidez, a diferencia de lo que pasa en otros foros de Internet. “Se generan vínculos de amistad insospechados”, dice Yannelli, que estudia filosofía, a la vez que trabaja como asesora en distintas editoriales y da talleres.

Un penúltimo tema tiene que ver con lo que se llama ‘retelling’, que con ese anglicismo refiere a cómo los jóvenes revisitan los clásicos reescritos en nuevo lenguaje y, en algunos casos, también nuevos ambientes. De hecho, se planean varias compilaciones de cuentos con ese estilo. Entonces, ¿los jóvenes detestan los clásicos y las lecturas de adultos? No tan rápido. “Desde luego, también les gustan los clásicos juveniles de todos los tiempo, el Oscar Wilde de ‘El retrato de Dorian Gray’, Jane Austen, Hermann Hesse, Julio Cortázar”, detalla Alemany.

¿Es lo mismo?

El último asunto es el que debate la neurociencia respecto de si la lectura en pantallas resulta muy diferente –cerebralmente hablando– de la lectura de libros en papel, una vez probados y archiprobados los beneficios cognitivos de la lectura en sí. “Se están haciendo estudios desde el punto de vista neurológico y sobre su impacto cognitivo (atención, memoria y demás); las conclusiones aún son controversiales”, dijo Teresa Torralva, directora del departamento de Neuropsicología de Ineco. Y abundó que “un estudio en la Universidad de Gutenberg (Alemania) demostró que no hay desventajas objetivables entre la lectura en pantallas y la lectura en papel”.

Más aún, analizaron el comportamiento de dos grupos de lectura, uno de jóvenes y otro de adultos utilizando tecnología de medición ocular (conocido como ‘eye tracking’) de actividad cerebral. Cada miembro leyó varios textos en diferentes soportes: Kindle, tableta y papel. La respuesta general de los participantes fue que preferían la lectura en papel, aunque leyeron más rápido con las tabletas; dado que la información se procesaba más rápido con este dispositivo electrónico”. Así que se trata de un tema aún en disputa y para el que, como se suele decir, aún faltan evidencias y más estudios porque la relación de los ‘Homo sapiens’, especialmente los ejemplares más jóvenes de la especie, con lo digital aún está en pañales.

Y, sin embargo, se lee.

MARTÍN DE AMBROSIO
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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