‘Prefiero a Alejo Durán antes que a Elvis Presley’: Carlos Vives

‘Prefiero a Alejo Durán antes que a Elvis Presley’: Carlos Vives

El músico estrena este viernes ‘Mañana’ y habla de ‘Vives Tour Colombia, Campaña Libertadora’.

Carlos VivesCarlos Vives - Mañana.
Carlos Vives

Archivo Carlos Vives.

14 de septiembre 2018 , 10:09 a.m.

Son varias las palabras con las que podría asociarse a Carlos Alberto Vives Restrepo (Santa Marta, 7 de agosto de 1961): carismático, atractivo, talentoso, inteligente, virtuoso, feliz. Sin embargo, para alcanzar la cima musical en donde está hoy, posiblemente solo hay una: disciplinado.

La tentación es enorme: ¿Para qué madrugar a hacer ejercicio si bien podría quedarse en casa contemplado el sinnúmero de premios y nominaciones a los Latin Billboard, Grammy Latinos, World Music Awards y Grammy anglo?

¿Qué necesidad de ponerse a trabajar con la mente puesta en la bucólica ciudad de Tunja si dice que es realmente feliz cuando monta en bicicleta por el litoral Caribe?
“¡Por la carranga!”, exclama él.

El cantante que mayor exposición universal le ha dado a la música vallenata, al fusionar la caja, el acordeón y la guacharaca con instrumentos eléctricos, está fascinado ahora con esos sonidos del tiple y el requinto que entonan labriegos de ruana de lana y sombrero mientras cultivan las tierras de Boyacá.

Precisamente, Tunja es una de las capitales de escala de la gira ‘Vives Tour Colombia, Campaña Libertadora’, que irá del 17 de noviembre al 15 de diciembre. Medellín será el punto de partida y el parque Simón Bolívar, de Bogotá, la meta final. Una buena noticia que se suma al lanzamiento, hoy, del videoclip Mañana: “Donde la vida me lleve mañana / Y mi cabeza se quede en tu almohada”, una declaración de amor pública a su esposa, Claudia Elena Vásquez. La pareja renovó, hace pocos días, sus votos matrimoniales en una espléndida edificación del centro histórico de Santa Marta, con sus dos hijos como testigos. Otra página de una relación iniciada en el 2008.

Volver la mirada

Vives mira más atrás. A sus años de infancia. “Fui educado en una familia donde nos cantaban vallenatos, boleros, bambucos, torbellinos. Mi mamá es paisa; mi papá, samario, pero cantaba rancheras y bambucos. Me crié en ese ambiente de amor por nuestra música local y latinoamericana”, recuerda.

Sin embargo, desde esos tiempos, en el país gravitaba en el ambiente una inquietante influencia foránea. Además, eran días en los que la situación de violencia y crisis social empujaba a miles a irse de estas tierras. “Me volví como rebelde contra eso; a pesar de todas las situaciones que motivaron a mucha gente a marcharse, a tener sus sueños fuera de esta patria, quise, desde mi interior, luchar contra eso”.

Y entonces optó no solo por quedarse, sino además por buscar sus raíces. Así surgió Clásicos de la provincia. “Nacimos hace 27 años, la industria y la juventud tenían para escoger mucha música; nosotros escogimos trabajar con lo local, reinventarnos sin tener aspiraciones más que sentirnos parte de esto, de donde queremos ser, donde he trabajado toda mi vida y he sido feliz”. Y, claro, triunfó.

En esa inmersión ratificó esa cosecha infinita de música que brota en abundancia en cualquier punto de la geografía nacional. “No dejo nunca de sorprenderme de lo ricos que somos, de toda la locura artística que ha sido nuestro país”, dice.

“¿Por qué Colombia es tan bendecida musicalmente? Porque hemos sido un cruce de caminos, en su geografía, en su historia. Hemos recibido culturas de todas partes, todo el tiempo, en diferentes momentos, y, sí, por ser África, por ser Europa, por ser América, eso somos”.

¿Y ahora? ¿La música nuestra está amenazada? ¿A qué viene eso de ‘Vives Tour Colombia, Campaña Libertadora’? “A veces siento que de lo que más se habla no es de lo que uno más aprecia, la música de Colombia, o los que más oportunidades tienen no son nuestros músicos del Pacífico, no son nuestros músicos de Providencia, no son nuestros músicos llaneros”, explica en clara referencia a lo que se le da visibilidad mediática.

“Por eso vamos al rescate, porque si bien respeto el trabajo de todos y no me gusta meterme ni me gusta ser el crítico de géneros ni mucho menos, pero mi país es más rico que todo lo que la gente conoce”, explica.

Esta afirmación es coherente con la propuesta artística de toda su vida. “En mi juventud decían: ‘Si tú vas a hacer música nueva, no puedes hacer música colombiana; si vas a hacer música moderna, tienes que hacer la que se hace en otras partes, porque el folclor ya es otra época’ ”.

El maestro Gabo

Vives aprendió dos lecciones de Gabriel García Márquez. La primera, como se lo contó el nobel al periodista Ernesto McCausland: “Cualquiera que haya leído cualquiera de mis libros se da cuenta de que yo no me he ido. O si me he ido, no he logrado cortarme el cordón umbilical. Es que yo no me he ido nunca. Otra cosa es que viva en otra parte, pero uno se va cuando se desarraiga”. Vives reconoce que no solo viaja por todo el planeta, que le encanta escuchar las más exóticas canciones y a los cantantes más lejanos, sino que, como Gabo, siempre está buscando su esencia, su semilla.

Así, por ejemplo, trata de comprender a algunos puristas que lo acusan de sacrilegio por haber llevado al vallenato instrumentos del rock, que, a propósito, fue la música que descubrió en la Bogotá lluviosa, entre los años 70 y 80. “Cuando hice Clásicos de la provincia, a mí me dijeron que eso no era folclor, y yo dije: ‘Yo no sé si tú tienes claro por qué lo estás diciendo’. Pero yo no soy folclor, no estoy aquí por ser folclor, pero si me puedo inventar algo que no sea a partir de Elvis Presley, sino a partir de Alejo Durán, yo voy a escoger a Alejo Durán”. Y de allí viene la otra enseñanza. Aspirar a ser universal desde lo local.

Hay un hecho singular en la historia de otro grande del arte nacional, Fernando Botero. Él no tuvo el privilegio, cuando era niño, de ver las obras de los maestros de la pintura. Apenas estampitas de la Virgen, los colores de los rosarios de las mujeres de su familia cuyas cuentas pasaban sin cesar. Y hoy es, sin duda, el pintor más importante y global que ha nacido en Colombia.

“Y mira –dice Vives– cómo terminó siendo tan universal. A partir de las estampitas de la Virgen, de las estampitas paisas, que era lo único que veía cuando era niño. La obra de Botero es mundial; es increíble esa vaina, cómo volver esos íconos universales. Esa pueblería colombiana, que la gente de otras partes se identifique, ¡esa es la vaina!”.

Más allá de la aldea

“¡Ajá! Y también se lo leí a Bertolt Brecht, que dijo: ‘Mira tu aldea y serás universal’ ” Eso, dice el cantante, es lo que ha hecho. “Gabo decía que el Caribe comienza en Louisiana”, comenta feliz porque él mismo pudo corroborar esa afirmación. “La vida nos llevó a cantar en los Grammy gringos hace muchos años, y el presidente del Festival de Jazz, Quint Davis, nos vio. Y ese man nos fue a buscar y me dijo: ‘¿Cómo se llama esa vaina que ustedes hacen?’. Entonces yo le dije: ‘Vallenato, viene del folclor vallenato’”.

Quint Davis le confesó que no sabía siquiera cómo es la costa Caribe colombiana, pero le pidió que fuera a Nueva Orleans, al Festival de Jazz. “Yo te voy a traer porque tú tienes que conocer el zydeco. El zydeco es un folclor criollo, de ahí cerca de Nueva Orleans, un pueblo francés que es la cuna de acordeones de allá, son acordeonistas”.
Y cuando Vives llegó allá se sintió en el Caribe, el de Gabo. “Descubrí un Caribe humilde, con esa música de la que bebió el mundo para hacerla después en otras partes, la llevaron a Hollywood; Elvis Presley la paseó por el mundo”.

En compensación, Vives trajo este año al Festival Vallenato un grupo de zydeco de Nueva Orleans. “No sabes la felicidad de la gente viéndolos, los paseé por todas partes, y donde estaban participando estaba el pueblo allá, oyendo a los gringos tocar eso de ellos pero que era nuestro, puro rock and roll, alegre y gozón”. En Valledupar lo bailaron como mirándose al espejo. Era su música.

Al fin y al cabo, lo que Vives siempre ha buscado en toda su obra es su identidad, nuestra identidad, la de los colombianos. En cada uno de sus álbumes, en cada uno de sus temas.

“Creo que nací por eso, y eso es lo que amo”, agrega. Y de ahí que ahora emprenda su propia ‘campaña libertadora’. A propósito de la celebración del bicentenario de la Independencia de Colombia en 2019, él quiso adelantarse con su propio recorrido festivo.

Bañado en el Guatapurí

Hace un par de meses, Vives salió en hombros del Festival Vallenato tras sortear una agria polémica por su presencia. ¿Tiene alguna reflexión a propósito? “Se lo dije siempre cuando me veían a mí en esos años de pelo largo y pantalones cortos, irrespetuoso, desde su óptica, para lo que eran las proyecciones folclóricas; les insistía en que al final yo amaba esto y era mi forma de expresar mi amor, y que yo los quiero y que yo quemé mis velas en el río Guatapurí, y que yo voy hasta el final de mis días trabajando para ellos”.

Ahora, en su gira lo hará con una banda en la que hay músicos de Medellín, Riohacha, Ibagué; de Colombia. Y con un propósito adicional. “Siempre hemos hablado de las cosas que nos separan y pocas veces, de las que nos unen; y la música te enseña, porque ella se ha encargado de mostrarle a uno dónde y cómo estamos bellamente conectados con todos”.

Porque su idea es rescatar la música nacional, poner a bailar al país con una música que, dicen, es de su autoría, pero que él dice haberla recogido en sus permanentes viajes a la semilla.

ARMANDO NEIRA
EDITOR DE CULTURA @armandoneira

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