‘Fiesta en corraleja’, una joya inesperada que cumple 50 años

‘Fiesta en corraleja’, una joya inesperada que cumple 50 años

Sincelejo vive su fiesta del 20 de enero. ¿Quién es Rubén Darío Salcedo, compositor de este clásico?

Rubén Darío Salcedo

Rubén Darío Salcedo mira el pasado con nostalgia.

Foto:

Marielis Hamburger

Por: Blas Piña Salcedo
18 de enero 2019 , 07:14 p.m.

A cincuenta años de haber impactado al país con el tema Fiesta en corraleja, Rubén Darío Salcedo viaja permanentemente a los pueblos llevando la alegría de dictar clases a niños que sueñan con convertirse en estrellas de la música de acordeón.

De complexión menuda, ojos verdes, tez blanca, el compositor se siente con el vigor de los años de antes para continuar con los ajetreos del amor y el acordeón en largas jornadas bajo las estrellas y envuelto con sus músicos en la neblina de las sabanas.

Siempre se esfuerza en tratar con afecto y paternalismo a sus amigos y compañeros, pero, en el momento en que lo considera necesario, llama al pan, pan y al vino, vino. “Me gusta poner los puntos sobre las íes”, dice.

En la década de los sesenta, Alfredo Gutiérrez y él constituyeron una llave que grabó muchas canciones que siguen reportándoles regalías de las disqueras.

Rubén Darío Salcedo componía y Alfredo las cantaba y acompañaba, marcando una época con temas como La colegiala y Corazón de acero.

Tiempo después, Rubén decidió fundar su propia agrupación, el combo Los Diamantes, en el que comenzó su exitosa carrera Álvaro José, el Joe Arroyo, en los años 70, en Sincelejo.

Rubén Darío es celoso, prevenido y temperamental. Cuando asiste a las reuniones se deja llevar fácilmente por la ansiedad y muchas veces se retira, aunque tenga que despegarse de los amigos con los que anda. Aun así, sigue siendo el vecino sencillo del barrio Majagual de Sincelejo.

Hizo sus estudios de primaria y parte del bachillerato, según su relato, en el Instituto Sabanas de Sincelejo. Años después, la institución educativa Antonio Lenis, de esta misma ciudad, le dio el título de bachiller honoris causa por su aporte a la cultura colombiana.

Trabajador desde joven

Rubén se abrió espacio solo. Con vehemencia afirma que no tuvo juventud.

“Fui un muchacho muy trabajador –dice–. Me usaba mi papá para ayudar en la familia. Yo llevaba los bultos de hamaca al mercado y se los traía para la casa; además, debía buscar la comida para los cerdos en los restaurantes. Otras veces me ubicaba en los talleres de carros para lavar tuercas; sin embargo, yo andaba con una violina (dulzaina) en el bolsillo, que aprendí a tocar desde los siete años. Fue tanta la oposición que si llevaba un cancionero a la casa, mi mamá me lo rompía; si llevaba acordeón o guitarra, me los escondían. Muy joven, me iba a la peluquería de Hermes Mejía (reconocido guitarrista de Sincelejo) a recibir clases de música. Un día, con los ahorros de lo que me pagaba mi papá, me compré una guitarra”.

Historia del 20 de enero

Frente a un plato de ajonjolí con bollo limpio y café negro, en un costado de la plaza de Majagual, acompañados por el cuentero y cantante Sabas Méndez Salcedo, quien le refresca episodios en su memoria, le pregunto cómo nació la canción Fiesta en corraleja, y Rubén Darío recuerda una mañana que fue a comprar el desayuno al negocio de Tomasita Ríos, fritanguera de un costado de la plaza que hacía las carimañolas y empanadas más demandas de la región, al punto de que había que hacer fila para comprarlas.

El mes de enero estaba apenas comenzando –dice–, y unos campesinos construían los corrales para la fiesta de Sincelejo. Se los veía muy alegres. Me quedé oyéndolos cantar cantos de vaquería, que tienen una entonación melancólica, nostálgica, un dejo que toca los sentimientos. Decían así: ‘Cuando yo tenía dinero / una vaquita yo tenía, / ahora que ya no tengo / pobre de la vida mía’. Debido a que me gustó esa cadencia de pasión, de nostalgia, y a que Sincelejo no tenía una canción que la identificara, me inspiré y comencé a tararear Fiesta en corraleja. Luego me fui a casa y en pocos minutos ya tenía el tema. Sin darme cuenta, le di ese sentimiento, esa cadencia cuando digo: ‘Ya viene el 20 de enero, la fiesta de Sincelejo’ ”.

¿Cómo fue que terminó grabándola?

Posteriormente viajamos a Medellín a grabar cuatro trabajos de larga duración con diferentes nombres: Alfredo Gutiérrez y los Violines Vallenatos, Los Caporales del Magdalena, Alfredo Gutiérrez, el Rebelde del Acordeón; Alfredo Gutiérrez Salsa... Yo estaba enojado. Alfredo me asignó boleros, y lo que yo quería era grabar algo tropical.

En el hotel le reclamé. Él también se molestó. Llamó por teléfono al gerente de Codiscos, Álvaro Arango:

‘Doctor –le dijo–. Rubén esta enojadísimo’. ‘¿Por qué?’ –dijo el gerente–. ‘Porque él quiere cantar una canción tropical, y lo que cantó fueron boleros’ –respondió Alfredo–. ‘¿Y cuál es la tropical que quiere cantar?’ –preguntó–.

Acordamos que regresaríamos a Codiscos para que se la cantara en persona. Volvimos, y se la canté. Inmediatamente, ordenó: ‘Recojan los chécheres (los instrumentos) en el hotel y vamos a grabar esa canción’.

Llamé a Domingo López, trompetista de Codiscos. Se la canté, y él dijo: ‘Bueno, yo voy a hacer así’, y sonó la trompeta: parapapaaaá paparapapá, que es el comienzo. Y el cachaco Arango, que era saxofonista, también de Codiscos, dijo: ‘Y yo, así: ta ta tan ta ta’. Y entré yo con la letra; después, Alfredo con el acordeón, y se armó Fiesta en corraleja.

Pero se ha dicho que esa canción iba a grabarla Alfredo Gutiérrez, ¿cuál es la verdad?

Cuando comencé a grabarla, Alfredo tuvo que hacer algunos ajustes de mi voz, y yo le dije: ‘Mejor cántala tú’. Y Alfredo me respondió: ‘No, no. Tú eres el que le da la sabrosura’. Y al poco tiempo, el trabajo estaba listo. La soltaron para Bogotá y Medellín.

La pegajosa melodía suena recurrentemente en Colombia y el exterior, tomando tal relevancia que fue grabada hasta por la Filarmónica de París y montada por docenas de agrupaciones colombianas y extranjeras.

Así nació ‘La colegiala’

La primera canción con la que triunfó Rubén Darío Salcedo fue La colegiala, el reclamo de un joven chofer a una chica de familia supuestamente adinerada, a quien le afrentaba presentar a su novio a la familia porque este era “un simple chofer” de un jeep Willys modelo 1954, que en ese tiempo servían como taxis, debido a que la mayoría de las calles de Sincelejo, como las carreteras hacia otros municipios, eran destapadas y polvorientas.

Esta inspiración, basada en su experiencia, fue la que le abrió las puertas al escenario artístico. Aydeé Núñez fue la joven inspiradora de aquellos amores imposibles, desde aquella mañana cuando la vio por primera vez en la conocida tienda de Blanca García, en la esquina de la plaza de Majagual con calle Nariño.

La recuerda con su baja estatura, sus cabellos largos, enfundada en el uniforme blanco con cuello marinero de la Escuela Normal Nacional de Señoritas de Sincelejo.

“Era muy educada”, rememora.

Los piropos con que el cantante quiso romper el hielo para aproximarse a ella fueron bien recibidos. Fue un amor primera vista. Rubén toma un pedazo de bollo (envuelto), lo unta con una porción de ajonjolí, lo saborea y apura un sorbo de café, mientras mira nostálgico hacia la tienda donde la conoció y comenta: “Me gustaba mucho. Ella me decía: ‘Ven a buscarme aquí, en donde me conociste’. Así que todos los días yo la recogía y la dejaba enfrente de la normal. Cuando habían transcurrido dos años le pedí a Alfredo Gutiérrez que me acompañara a pedir la mano. Llegando a su casa, también arribó un señor y la abrazó. Alfredo, pensando que era otro pretendiente, montó en rabia y me dijo: ‘Esta caminá en balde no la doy yo’, y zas, le dio un empujón al hombre. Era el papá, quien al reconocernos le gritó: ‘Yo te he dicho que los choferes y los músicos son una partida de perratas’. Tuvimos que irnos inmediatamente. Después viajé en una gira con Alfredo a Panamá, y cuando regresé ya estaba casada...”.

El compositor, rehaciendo sus memorias en medio de nostalgias, recuerda que fue quien le abrió las puertas al Joe Arroyo, después de que su mamá, Ángela González, se lo entregó en Cartagena con el compromiso de matricularlo en un colegio y perfeccionarlo en el canto.

Han pasado muchos años, pero Rubén Darío sigue sembrando sueños, componiendo canciones y cantando con sus Corraleros Internacionales, la última agrupación que organizó, dirigida por Walter Castro, convencido de que de una tradición como el 20 de enero, o de los cabellos largos de una mujer, puede resultar un inolvidable canto a la vida.

Quizás la mejor definición de Rubén Darío Salcedo es la que dio su amigo Alfredo Gutiérrez cuando lo pintó, a su estilo, con estas significativas palabras:

Es un hombre que convierte sus emociones en poesía, acariciadas por el acordeón. Es sencillo como el agua y el pan, un ser en el cual la maldad no puede tener asiento porque tiene un corazón grande, como las aguas del Morrosquillo”.

BLAS PIÑA SALCEDO
Para EL TIEMPO
periodista.blas@gmail.com

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