‘¡A nuestros hijos les enseñamos a hacer trampa todos los días!’

‘¡A nuestros hijos les enseñamos a hacer trampa todos los días!’

Camilo Herrera, gurú del consumo, explica por qué queremos parecer formales pero amamos lo informal.

Camilo Herrera, economista

Herrera publicó en el 2005 el ‘Estudio colombiano de valores’, que permite determinar cómo somos los colombianos.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

Por: Francisco Celis Albán
18 de diciembre 2018 , 07:23 p.m.

Se lo conoce como el economista que cuenta cuentos bien contados sobre economía en los medios de comunicación. Ha publicado en ‘El Siglo’, ‘La República’, ‘Portafolio’ y EL TIEMPO, y es raro el periodista económico que no haya acudido a él como fuente, para oír su opinión sobre algún asunto caliente.

Define el consumo como “el cambio cultural más visible y volátil de la gente (...), capaz de crear costumbres, hábitos, creencias, percepciones, sistemas de crédito...”.

Camilo Herrera Mora está presentando por estos días un nuevo libro, ‘Formalmente informales’, después del ‘best seller’ ‘Pobreza y prejuicio’ y de una veintena más de estudios publicados.

Su formación es en economía; su maestría, en filosofía; fue a estudiar al exterior y a trabajar en el Banco Interamericano de Desarrollo en temas de economía y cultura. “En ese punto me di cuenta de que ambos temas se relacionan en el mercado y que en los hábitos de consumo, los hábitos de compra, se empiezan a mostrar los cambios de tendencias culturales y todos los procesos de transformación cultural de los que se habla en estudios culturales”, dice.

Por esta ruta creó una compañía que le estudia el consumo a todo el mundo, y arribó al interrogante ¿por qué los colombianos somos como somos?, pero no lo como especulación, sino con números.

Su trabajo de mayor trascendencia fue un “primer libro grande”, en el 2005, llamado el ‘Estudio colombiano de valores’, “una gran investigación que hicimos sobre la estructura de valores de los colombianos y cómo estaba la economía colombiana durante el proceso de paz y cómo afectaba los hogares; cómo redujimos pobreza y cómo lo que nos quedó fue enfrentar los prejuicios”.

‘Formalmente informales’ tiene una teoría sencilla: “No me interesa a qué llamamos informalidad ni cómo lo vamos a resolver. Me interesa que en la medida en que entienda su orígenes lo mejor posible, alguien va a poder decir ‘informalidad es esto, clase media es esto y se soluciona así’ ”.

Entonces, ¿qué significa ser pobre?

Ser pobre es no tener capacidad de vivir, no tener los ingresos para poder hacerlo. Alguien puede tener una casa o 200 hectáreas en Casanare, pero es pobre porque no tiene la plata para vivir.

¿Y quién es rico?

El que, en teoría, no necesita nada.

¿Quiénes son la clase media?

Es casi la mitad del país. Gente que arrancó muy abajo, se ha ido formando, han logrado construir proyectos de vida pese a todo: la banca, el estado, el clima, su familia... Pero casi todo lo hacemos desde la informalidad. Y esta se convierte en la gran excusa: montamos una tienda de barrio y luego, cuando ya estemos grandes, nos formalizamos. Pero si usted arranca de una manera, después es casi imposible cambiar. Hay gente que empieza a construir las empresas y dice: ‘Hacer empresa en Colombia es muy difícil’. ¡Carreta! Es que empiezan mal.

Entonces empecé a preguntarme ¿de dónde viene eso? No sé si estoy bien o mal, pero parece sensato: el origen de todo es la desconfianza. Y esto viene del tema tributario de la Colonia. El Estado trataba de imponerse, y la gente escondía sus cosas para que no se las quitaran, y fuimos creando dos fronteras, lo formal y lo informal. La gente solo muestra un pedacito de lo que tiene.

“Se obedece pero no se cumple”, decían.

Y empezaron a construirse unos imaginarios que pueden tener 500 años y terminan siendo una costumbre.

La mayoría de los tenderos de barrio vienen del campo, hace 50, 70 años, abren su tienda en Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla, empiezan a vender, y toda la industria les ayuda porque les interesa, y a esta gente no los mira el Estado, no los mira la Dian. Ellos son el eje del tejido social y se acostumbraron a la informalidad. Tienen pensamiento de campesino y no de citadino y llegan a tener unas riquezas maravillosas. Cada vez que han intentado formalizar las tiendas, ponerles IVA, facturación, los tenderos brincan.

Se da uno cuenta de que Colombia, bajo la premisa de imprevisiones, “somos creativos”, lo cual termina siendo una maldición porque esa creatividad termina siendo improvisación.

Así llegué a una hipótesis interesante, que es la de que el colombiano es formalmente informal. Decimos ‘buenos días, cómo está’... y a la vez nos gusta la informalidad.

Ser pobre es no tener capacidad de vivir, no tener los ingresos para poder hacerlo

¿Qué conexión hay entre esa informalidad y el origen del narcotráfico?

Llega después. El narcotráfico arranca en el 70, en la época marimbera. Pero hay que tener cuidado en que lo informal no es ilegal. Pero en la informalidad puede pasar mucha ilegalidad. A medida que se maneja efectivo puede pasar lo que sea. Un ejemplo clásico es la prostitución. No es ilegal, pero todos los pagos son por debajo de cuerda, y eso ya es ilegal porque usted no declara un gasto. Y nadie le pide a la prostituta que declare renta.

¿Y le parece que la tienda de barrio tiene relación con ese comportamiento?

Tiene algo de parecido. Tiene una cantidad de artículos que empiezan a llegar no solo por el narcotráfico, sino por el contrabando. Y el tendero vende en la tienda cosas de contrabando que están fuera del radar. Luego, eso se transforma en los sanandresitos. La gente compraba allí el televisor Sony y el whisky, no los compraba en los almacenes ni en los supermercados. Y no hablamos de gente sin educación, sino del top del país, que no tiene ningún problema en hacerlo. A mí lo que me molesta es la parte laboral. Las grandes familias bogotanas contratábamos empleadas del servicio que vivían con nosotros casi una forma de esclavitud taimada: trabajaban todo el tiempo, y se les daba comida y algún sueldo, y a todos nos parecía normal. Hoy, usted va a contratar una empleada de servicio y el cuento es otro.

En este nuevo libro presenta el texto de un autor extranjero que dice que los bogotanos son los más formales del mundo...

Me conseguí un texto de un británico que dice eso. Y, sí, los bogotanos vivimos de las formas. Somos corteses, pero, más que corteses, cortesanos. De eso nos quedó el ‘sumercé’.

Puse al final del libro una carta de mi hijo a mí, en la que me dice: “No me eduques para vivir en Colombia. Edúcame como si fuera a vivir en el mejor país del mundo, y yo me encargo de quedarme en Colombia para cambiar el país”. ¡A nuestros hijos les enseñamos a hacer trampa todos los días! Y lloramos porque hay corrupción. La sociedad es corrupta.

La gente que vive en ciudades tiene un mundo de oportunidades; en ciudades pequeñas, no

Volviendo a la clase media, sí es posible hacer un perfil de la clase media... Por sustracción.

El clase media tiene un buen nivel de ingresos, aunque no le da para generar patrimonio. Ha sido muy inteligente en invertir en educación porque ese mensaje de los papás caló muy bien: “Yo a usted no le dejo más que un cartón”. Esa clase media hoy tiene casa, carro; está cómoda, pero está frustrada porque no puede subir fácil y porque financia todo el sistema. Entonces ve a un pobre y se enerva.

¿Qué tan numerosa es esa clase media?

Más del 55 por ciento de la población. Hay niveles: una que es más vulnerable y puede caer en la pobreza, otra que está a punto de llegar a ser rica. Es una etapa en la que se viene de un punto y se va para otro. Ha progresado y quiere seguir progresando. Los hijos no necesariamente tienen esa conciencia. Por eso se dice que los hijos tienen más estrato que los papás. Nacieron en la abundancia. Hoy hay cinco generaciones vivas en Colombia. Todas con una visión distinta de clase media y de informalidad, pero todas buscan el camino informal para hacer las cosas. Por eso, nuestra economía funciona distinto. Nos pueden quitar el precio del petróleo, y nuestra economía no se quiebra, y la gente, pese a estar llevada, es feliz.

¿Esa clase media cómo se mide, uno en qué lo nota?

Hay dos formas de entender eso. Primero, desde la medición económica. Si tiene un nivel de ingreso tal, usted puede ser clase media porque se inventa sus gastos de manera clara; y si pasa de cierto nivel, usted no es de clase alta. Dos, la autodeclaración. ¿Se cree de clase media o alta? Y cuando uno revisa, los números tienden a ser consistentes.

Los parámetros que utiliza el Estado para definir si alguien es rico o pobre, ¿le parece que funcionan?

Todo un capítulo de ‘Pobreza y prejuicio’ es sobre eso. Lo que tiene certeza, y hay un acuerdo mundial: si usted no gana dos dólares diarios o lo que dos dólares podrían comprar, lo más seguro es que usted no tenga cómo vivir de una manera correcta, es decir, tener un techo, comida y acceso a salud, básicamente. El dato de los dos dólares no necesariamente se aplica en Colombia, porque con 6.000 pesos uno no come. Pero si estoy en Puerto Inírida o en San Antonio del Tequendama, de repente sí.

Entonces, ¿cómo se habla de equidad?

Las ciudades son máquinas de economía de escala. Es decir que si yo tengo una producción tan grande de un cierto bien y los costos unitarios del bien caen, puedo vender barato y producir más fácil. Mientras más barato, más produzco. Las ciudades son eso, tienen un acueducto para todo el mundo, sistemas de educación para todo el mundo. La gente que vive en ciudades tiene un mundo de oportunidades; en ciudades pequeñas, no.

¿Hay un país segregado por la geografía?

La forma como las migraciones se distribuyeron sobre el territorio dividieron a Colombia en torno a las cordilleras y los ríos. Entonces, hoy tenemos unos 800 municipios que tienen muchas de las necesidades insatisfechas. Esa es la Colombia pobre. Son el 30 por ciento de 45 millones. Unos trece millones de personas, es mucha gente. Son dos Bogotás. Y ese es el eje del debate que hubo con la ley de financiamiento, para ponerle IVA a la papa y a toda la canasta familiar. ¿Por qué hacer eso? No para joder al 30 por ciento de los que son pobres. Sino porque el 70 por ciento de los que no son pobres no pagan IVA por esa papa. Y el Gobierno no tiene recursos para atender a todo ese 30.

¿La migración venezolana de qué forma va a impactarnos?

Nos va a causar varios problemas. Uno: un gasto público muy grande para apoyar en salud, educación, porque hay que ayudarles; dos: va a bajar más los sueldos, porque en muchos lados, esta gente se va a ofrecer a trabajar gratis y va a fomentar una informalidad de una manera muy importante. Tres: pero nos va a llegar una cultura nueva. Colombia no sabía qué era una migración de esta magnitud. Cuando llegan migraciones a un país, enriquecen la cultura y los valores...

FRANCISCO CELIS ALBÁN
Editor de EL TIEMPO

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