Cachorrito irreverente

Cachorrito irreverente

La instrumentación de Snarky Puppy es totalmente inusual y varía según cada canción.

22 de diciembre 2017 , 08:26 p.m.

En un intento por descifrar a dónde va la música de este siglo, fui al concierto que el colectivo Snarky Puppy ofreció el pasado 9 de diciembre en el Teatro Mayor, un ensamble con varias características que lo convierten en la sensación del momento.

La dirección y la composición están a cargo de Michael League, un bajista lleno de energía y con una capacidad de liderazgo excepcional, pues orquesta y administra una nómina enorme de personal que hace funcionar con gran disciplina en escena.

Su instrumentación es totalmente inusual y varía según cada canción, pero se repite la presencia de varios guitarristas y varios teclistas que tocan una nueva generación de sintetizadores un poco más maniobrables que los del siglo pasado.


Aunque cada teclista tiene su papel muy definido en sus videos en la red, en concierto los tres teclados a veces se confunden, dificultando la comprensión de la armonía, sobre todo cuando llegan al clímax con muy alto volumen. A pesar del alto profesionalismo de League y su equipo de músicos, deben respetar la tolerancia sonora de una sala como el Mayor, donde el exceso de decibeles genera una presión auditiva que termina nublando la audición.

Sus composiciones siguen un modelo que se extiende hasta 15 minutos por canción, una duración que pocas bandas son capaces de mantener sin caer en la redundancia o perder el interés del oyente. Empiezan exponiendo una melodía sencilla sobre un ritmo básico casi siempre con los vientos en unísono, muy al contrario de lo acostumbrado en las big bands, para desarrollarla después duplicando el pulso y añadiendo múltiples recursos sonoros.

En la mitad del tema presenta las improvisaciones, que en Bogotá fueron interrumpidas por muchachitos sobreexcitados que aplaudían lastimosamente cada frase. El crescendo en los solos es extenso y usualmente está a cargo de un sintetizador que da paso a la última sección, donde vuelve a construir un gran final llevando a la banda hasta intensidades extremas. Sus impecables videos llenos de primeros planos y el virtuosismo de sus intérpretes son el gancho que ha atrapado a miles de millennials, que adoran esta banda y no dejaron una sola silla disponible en el Teatro Mayor, lo que hace posible el pronto regreso del Cachorrito Irreverente a Colombia. Felices fiestas.

Óscar Acevedo
Músico y crítico musical
@oscaracevedog
acevemus@yahoo.com

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