Un altavoz para la música de cámara colombiana

Un altavoz para la música de cámara colombiana

El Banco de la República lanzó tres discos, que recogen trabajos de músicos como Francisco Zumaqué.

Colombia se compone

En la foto (de izq. a der.), Juan Carlos Marulanda, Francisco Zumaqué y Mauricio Peña, en la sala de conciertos Luis Ángel Arango.

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Néstor Gómez / EL TIEMPO.

Por: Yhonatan Loaiza Grisales
27 de noviembre 2018 , 06:13 p.m.

Francisco Zumaqué mira con curiosidad a través de una urna de vidrio ese pequeño museo de la composición colombiana que creó la Biblioteca Luis Ángel Arango, del Banco de la República. Allí hay fotos, portadas de discos, reseñas musicales y una lista que enumera composiciones como la 'Obertura de inauguración para órgano solo', de Fabio González, y 'Conversaciones. Variaciones para violín, violonchelo y piano, Op. 32', de Juan Antonio Cuéllar.

Entre todas esas piezas sobresalen aquellas grandes hojas blancas en las que hay dibujados pentagramas llenos de corcheas y semicorcheas. Más allá de la música que producen, esas páginas alcanzan una belleza propia por la forma como están diseñadas.

El maestro Zumaqué recuerda que los compositores que trabajaban en las décadas de 1970 o 1980 aprendieron caligrafía musical en sus escuelas, además de ese método Palmer que enseñaba la escritura cursiva, que ya tenía ciertos elementos rítmicos.

“Las obras las hacíamos con rapidógrafo y en papel cebolla, y solamente la partitura era una obra de arte”, apunta el compositor cereteano, quien ha creado clásicos de la música nacional y estableció el género de la llamada ‘macumbia’, una mezcla entre merecumbé y cumbia.

Zumaqué recuerda la anécdota junto con Mauricio Peña, jefe de la Sección de Artes Musicales del Banco de la República, y el músico Juan Carlos Marulanda, quien se especializa en la edición de partituras. Los tres están conversando en el camerino de la sala de conciertos Luis Ángel Arango, que este miércoles se envolverá con los sonidos del proyecto 'Colombia se compone'.

Dentro de este programa, el Banco presentará tres nuevas producciones discográficas: 'Compositores de nuestro tiempo 2', con trabajos de Juan Antonio Cuéllar, Diego Vega y Jesús Pinzón, y los discos monográficos de Johann Hasler y Zumaqué.

La coyuntura del lanzamiento da la oportunidad de hacer una retrospectiva sobre la apuesta musical del banco, que comisionó la primera obra en 1965 con la excusa de la apertura de su sala de conciertas –la pieza fue la 'Obertura de inauguración', de González–.

Colombia se compone

La Biblioteca exhibe varias piezas históricas, entre ellas algunas partituras.

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Néstor Gómez / EL TIEMPO.

“En Colombia sería mucho más difícil que un solo compositor financie que sus obras se graben, se toquen, y, en ese caso, sería la mirada de un solo compositor; en este caso, yo veo que gracias a estos programas se ve una mirada a la composición en Colombia y a creadores de distintas generaciones, de distintas estéticas y escuelas”, explica Peña.

Zumaqué, en sí mismo, es una mezcla de distintas estéticas y escuelas, pues ha pasado de crear piezas en clave del folclor caribeño –el estribillo de Sí, sí, Colombia es casi un documento de identidad nacional– a componer partituras de una compleja belleza instrumental.

La noche del miércoles, por ejemplo, en el concierto ‘Comisiones y retratos’ se interpretará su 'Elegía de la anaconda', un cuarteto de cuerdas inspirado en el maltrato a la naturaleza en el Amazonas.

Esta es una de las cinco obras que componen el disco 'Retratos de un compositor. Francisco Zumaqué', que se complementa con 'Ocaso en el Sinú', 'Pascalianas', 'Llanto por el cachorro' y 'Urutí'.

Según Peña, un buen retrato permite ver muchas facetas de un personaje, y en el caso de Zumaqué, el panorama es bien amplio, aunque este trabajo se concentra en su faceta de música de cámara.

Hay algo esencial en
la expresión que va ligado al origen de uno, a qué canción de cuna le cantaban

“Es un excelente retrato porque se ven muy bien su pensamiento y su vida, que han estado marcados por la geografía colombiana, por una tradición local muy específica en la cual la música era un aspecto muy importante y la naturaleza y el entorno geográfico también marcaban un imaginario. Pero eso también está cruzado con su experiencia como compositor cosmopolita que estudió en Francia, vivió en Alemania, ha trabajado en Estados Unidos y trabajó con La Fania”, añade Peña.

El jefe musical del banco recuerda además una enseñanza que la célebre pianista francesa Nadia Boulanger, maestra de Zumaqué, le repetía a su discípulo: “No trate de ser francés, no trate de sonar europeo. No, suene a lo que usted es”.

“Cada compositor, cada escritor, ha hablado de su cultura; hay algo esencial en la expresión que va ligado al origen de uno, a las vivencias, a qué comió, a cómo vivió, a qué respiró, a qué canción de cuna le cantaba la mamá, a cómo sonaba el idioma de cada región. Eso es fundamental”, dice Zumaqué.

Es así como este nuevo trabajo se convierte en una especie de retrato emocional de la música de Zumaqué, que también se refleja en el diseño de la portada del disco, una especie de tejido de pequeños cuadros en los que sobresalen las tonalidades verdes, a los que ciertos colores secundarios les dan un aire indígena.

“Es un proyecto fantástico porque, así como se puede decir esto de la música de Francisco, de los otros compositores quizá su proceso de composición no es tan emocional, sino tal vez es más racional, formal o metódico.

La magia escrita
Colombia se compone

Zumaqué protagonizó un concierto monográfico en el 2014.

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Néstor Gómez / EL TIEMPO.

Este ciclo de Colombia se Compone tuvo actividades académicas, charlas y conversatorios que buscaban profundizar aún más en esta corriente de la música colombiana. El proyecto, además, está enfocado en la recuperación de partituras históricas de compositores nacionales.

Ahí es donde entra el trabajo de Juan Carlos Marulanda, quien asegura que esta edición se convierte en un aporte fundamental para la preservación del patrimonio musical, pues con el paso del tiempo, los documentos originales se vuelven muy frágiles y se hace cada vez más impensable que puedan circular de mano en mano.

“Ahí es cuando un trabajo de edición puede dar la tranquilidad de que el manuscrito original no va a estar circulando y entrando en riesgo de desaparecer, y además abre la posibilidad de abordar una nueva lectura de la obra y poder, eventualmente, suplir detalles, no tanto en la intención creativa, pero sí de cómo se escribe esa intención”, sostiene.

Peña, por ejemplo, menciona que la música de Guillermo Uribe Holguín es difícil que se toque porque la partitura es complicada de leer; ahí, el editor musical interpreta la propuesta del compositor para facilitar su lectura. “Si uno lo traduce a los libros, es como tratar de leer un manuscrito en pluma larga de un libro gigante e inasequible que está guardado en la biblioteca de una abadía en Alemania. Nuestra idea es que las partituras estén disponibles en la página web de la biblioteca para que cualquier músico pueda decir: ‘Yo quiero tocar el cuarteto de Blas Emilio Atehortúa que encargó el Banco de la República’ ”, añade Peña.

Este trabajo es una ficha más en el rompecabezas que está armando el programa, que cada año presenta un concierto monográfico con obras de cámara de compositores colombianos. En el 2014, por ejemplo, la oportunidad fue para Zumaqué, quien, no obstante su profusa carrera, sigue con la idea de acrecentar su repertorio.

“En este momento, yo estoy determinado a seguir produciendo mientras no me duela nada. Mi idea es ir describiendo la grandeza de la cultura musical colombiana, la fuerza de nuestro lenguaje musical, que es múltiple porque Colombia es un país de países, cada diez kilómetros hay una manera diferente de expresar la música”, finaliza el maestro.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
Cultura y Entretenimiento
En Twitter: @YhoLoaiza

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