70 años de una canción llamada Joaquín Sabina

70 años de una canción llamada Joaquín Sabina

El cantautor llegó a los 40 y 30 después de superar amores, desamores, ictus, adicciones y bohemia.

Joaquín Sabina

El último disco de Joaquín Sabina es ‘Lo niego todo’.

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Juan Augusto Cardona / Archivo EL TIEMPO

Por: Simón Granja Matias
23 de febrero 2019 , 10:01 p.m.

La vida de Joaquín Sabina empezó a los 14 años, cuando el rey Melchor le llevó una guitarra. Era un adolescente ensimismado, con granos y complejos, que en lugar de estudiar física y química mataba el tiempo rimando versos y raspando las cuerdas. El tiempo, al que Sabina dibuja como un microbús, ha andado bastante para él, pero sigue cruzando por única vez la breve y absurda comedia que ha sido la vida de este cantautor español que cumplió 40 y 30 años. La edad no le implica quedarse llorando por esa juventud que nunca dejó de vivir; a sus 70 llega con un documental y una serie sobre su vida.

Una vida marcada por el hecho de que Sabina escondió hace muchos años la pastilla para no soñar debajo de la almohada. Él ha probado los licores del placer, no se olvidó de esa mujer porque no es alérgico a los desengaños, no compró una máscara antigás, no se ha mantenido dentro de la ley y tampoco ha hecho músculos de cinco a seis. Sabina, desde los 14 años, quién sabe si desde antes, no se pone esa gomina que no permite que lo despeine el vientecillo de la libertad.

Antes (desde el 12 de febrero de 1949, cuando su madre, ama de casa, lo parió) y un tiempo después de los 14, Sabina vivió en el que en ese entonces era el pueblo de Úbeda, provincia de Jaén, en la comunidad autónoma de Andalucía. Tierra a la cual volvió una vez maduró y se convirtió en ciudad, en 2017, a presentarse con su último disco, ‘Lo niego todo’, ante 8.000 de sus paisanos. De él colgaba y cuelga el orgullo de 18 álbumes de estudio, más decenas de discos en vivo, recopilatorios, DVD y hasta un libro con sus pinturas.

Volvió a su tierra en ese momento para recordar que algunas noches de su adolescencia, mientras sus padres dormían, le daban las diez y las once y las doce y la una practicando con su flamante guitarra, y de vez en cuando, según cuenta en ‘Sabina, palabras hechas canciones’, “iniciándose en el furtivo y noble arte de la masturbación”, o suspirando por su vecina, una rubia de bote que suspiraba por un idiota moreno que tenía una bici de carreras y jugaba al baloncesto.

“Solo se me ocurrían tres formas de llamar su atención: triunfar en el toreo, atracar un banco o suicidarme. Lo malo es que las tres exigían una sobredosis de valor que yo –¡ay de mí!– no poseía”, escribió Sabina en su libro.

Cuando en su pueblo no presentaban una película de romanos o una en la que la falda de Marilyn se subía por el viento, y era domingo, los niños de provincia, Sabina ahí metido, soñaban despiertos que se comían el mundo, y para el joven hijo de un policía, pongamos que ese mundo se llamaba Madrid. Un día se subió al tren sin billete de regreso y arrancó para disfrutar de ese manjar.

“Me apeé en la estación de Atocha y aprendí que las malas compañías no son tan malas y que se puede crecer al revés de los adultos; y supe, al fin, a qué saben los aplausos y los besos y el alcohol y la resaca y el humo y la ceniza, y lo que queda después de los aplausos y los besos y el alcohol y la resaca y el humo y la ceniza. Tal vez por eso mis canciones quieren ser un mapamundi del deseo, un inventario de la duda, siete crisantemos con espinas”, escribe mientras asegura que ‘Esta boca es mía’.

Era un adolescente ensimismado, con granos y complejos, que en lugar de estudiar física y química mataba el tiempo rimando versos y raspando las cuerdas

Malas compañías

Joaquín celebró antes del 12 su cumpleaños número 70, llamó a un grupo de amigos para invitarlos. La noche fue inspirada por uno de los mejores mariachis mexicanos que hay en España, según cuenta el poeta Luis García Montero; entre los invitados estaban Serrat y el torero José Tomás. “Se celebraron los 50, los 60, los 70, y esperemos que los 80, y que los 90, porque no nos hemos cuidado mucho, pero la vida te da sorpresas”, dice Montero. Y ese “nos” hace referencia a su grupo de amigos que han estado ahí donde él va y van a donde él está.

A él le duele más la muerte de un amigo que la que a él lo ronda. Son muchos los que se han ido, pero aún son varios los que están. “Los pocos que me quieren no me dejan perderme solo por si disparato”.

Gabriel García Márquez, Chavela Vargas, Eduardo Galeano, algunos de los que se han ido; Joan Manuel Serrat, Fito Páez, y la lista sigue, han sido algunas de las malas compañía de Sabina. Inclusive, si algo lo ha caracterizado es ser un buen amigo; fiestero, pero buen amigo. Por su casa pasan –cuentan quienes lo han hecho, ya no tanto, antes más– sus amigos como si fuera la casa de ellos. Incluso tenían las llaves.

Uno de sus amigos era el colombiano Gabriel García Márquez. “Tenemos (...) guerras de Macondo”, afirma el cantante en ‘Más de cien mentiras’ para decir que es uno de los motivos por los que no vale la pena cortarse las venas de un tajo. Precisamente, sobre Gabo hay una anécdota con el homenajeado y que la cuenta su amigo desde que estudiaron juntos en la Universidad de Granada, García Montero.

Era una noche de diciembre de 2003, estaban celebrando el cumpleaños 45 de la escritora española Almudena Grandes, cuando Joaquín llamó a García Montero:

“¿Puedo llevar a un amigo a la fiesta de tu mujer? Es el Gabo, que está conmigo”.


Una vez llegaron, Joaquín les pidió a todos que no atosigaran al nobel, así que durante toda la noche no lo molestaron ni a él ni a Mercedes. Al día siguiente, Gabo se encontró con Beatriz de Moura, editora de Tusquets, quien le preguntó por la fiesta, y él le dijo: “Es la primera vez en cuarenta años que voy a un lugar y nadie me hace ni puto caso”.

Sabina es un artista de la amistad y de todo lo que la hace mejor, la reunión, el interés por el otro, el recuerdo, dice otra mala compañía, Juan Cruz, periodista veterano del diario ‘El País’ de España, quien desenvuelve con ligereza palabras detalladas sobre su amigo. Por ejemplo, que Sabina ha sido igual cuando estaba exiliado en Londres y vendía comida en restaurantes de mala muerte, como cuando, en el apogeo de la movida madrileña, cerraba los bares y buscaba nocturnos aunque fuera dentro de los cajeros automáticos.

Una de sus obsesiones humanas es la de hacérselo pasar bien a los otros. Y algo que siempre me ha emocionado de su actitud, de su manera de ser, es que quiere armonía entre sus amigos, aunque estos se hayan distanciado... es un buen amigo”, dice el periodista, al que, en una entrevista publicada en ‘El País’, Sabina le respondió a la pregunta de que si sus letras lo retratan: “Trato de no ser autobiográfico. Mis canciones contribuyen a crear la caricatura de tipo borracho que anda por ahí follisqueando sin freno. A lo mejor hubiera querido ser ese, quién sabe, ja, ja, ja”.

Ejemplo de lo buen amigo que ha sido es su trabajo junto con Joan Manuel Serrat, quien era y es un hombre más maduro, “más exigente, fue un ejemplo fuera de serie de lo que es la productividad sentimental del afecto porque juntos hicieron giras impresionantes que todos pensaron que no iban a durar; sin embargo, ambos actuaron y fueron las personas conscientes de su deber y respetuosos con sus distintas maneras de estar en la vida. Yo viví ese tiempo, y para mí fue un ejemplo de cordialidad y frescura”, narra Cruz desde España.

Estuvo en sus conciertos, en su casa vivió noches memorables que, como Sabina tiene una memoria extraordinaria a pesar del alcohol y las farras, siempre recuerda. “Es un lector ejemplar, lee todos los libros que pueda y luego los comenta”, dice Cruz. Y explica: “Por consiguiente, es un hombre de fiar”.

Su religión

Sabina es autor de algunas de las mejores canciones de la segunda mitad del siglo XX y de estas dos décadas del siglo XXI, dice su amigo poeta García Montero. “Joaquín ha tenido claro que una cosa es un poema y otra es llenar las canciones de poesía. Cuando los poetas se ponen pedantes, lo mejor es abrir la ventana y que la vida entre a través de la canción. Él lo sabe muy bien. En las letras de él hay mucha poesía de la vida. Es el Baudelaire madrileño”.

Sea quien sea, las mujeres han rodeado la vida de este hombre que sale a los escenarios con una sonrisa y un bombín, y al que se le aguan los ojos cuando el público corea ‘Y sin embargo’. Sean putas, mujeres ladronas, cantantes, poetas, amores furtivos en Argentina, sus dos hijas –Carmela y Rocío– o la Jime, están en gran parte de las letras de Sabina, de ese poeta que soñaba de niño con ser profesor de literatura en un pequeño colegio.

La Jime y el amor

Dicen que ella lo salvó, que lo sacó de esas negras noches con polvo blanco, putas y licores. La conoció en Lima mientras ella le tomaba las fotografías que acompañarían la entrevista que iba a salir publicada en ‘El Comercio’ de Perú. Años después serían ella, la Jime, y sus amigos quienes estarían con él cuando le dio un ictus que lo alejó durante un buen tiempo de los escenarios.

Menos mal, ahí sigue Sabina, ya llegó a los 40 y 30, pero, además del cuerpo, sus canciones seguirán más allá de él. Esas canciones que acompañan los momentos más profundos de quienes lo oyen, por ejemplo, en los amores y los desamores. Son canciones que sirven para enamorarse y dedicar a la orilla de una chimenea en la pampa argentina: “Puedo ponerme cursi y decir que tus labios me saben igual que los labios que beso en mi sueño”. O bien para decirle a su Jimena que “hasta las suelas de sus zapatos le echan de menos”. O también para decirle a ella: “Este pez ya no muere por tu boca. Este loco se va con otra loca. Estos ojos no lloran más por ti”.

“Yo, con todo el cariño y el respeto te tendré que decir que no suelo hablar sobre Joaquín porque es algo muy personal para mí. ¡Lo siento mucho! Estoy segura de que lo vas a entender. Seguro que el reportaje va a ser precioso y va a emocionar a Joaquín. Igual que se le quiere en Colombia, él adora ese país”, dice la Jime desde España. Un beso.Y la vida sigue para Sabina, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

Sabina en la pantalla chica

Según reveló el portal ‘Variety’ con un video del mismo cantante, el cineasta Fernando León de Aranoa (‘Los lunes al sol’) dirigirá la serie sobre Sabina, y además Endemos Shine Boomdog, Sony Music España y BTF Media se juntarán para sacar este producto, más un documental. Ambos se estrenarán en 2020.

SIMÓN GRANJA MATIAS
Redacción Domingo
En Twitter: @simongrma

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