¿El Cepeda de la vida real es tan buen tipo como el de la televisión?

¿El Cepeda de la vida real es tan buen tipo como el de la televisión?

El cantante y compositor colombiano, en entrevista con Maria Isabel Rueda 

Andrés Cepeda

Andrés Cepeda es exintegrante del grupo Poligamia y ha hecho una exitosa carrera como solista.

Foto:

Cortesía Sony Music

Por: María Isabel Rueda
31 de marzo 2019 , 09:56 p.m.

Todo el mundo conoce a Andrés Cepeda, pero ¿quién es Andrés Cepeda, según Andrés Cepeda?

(Ríe) Como le enseñan a uno en el colegio cuando está chiquito: soy el hijo de Humberto y Miryam. Mi mamá y mi papá eran dos personajes no propiamente músicos, pero sí muy melómanos; mi mamá tocaba el tiple y cantaba. La estudiantina que tenían los primos y los sobrinos de mi mamá todavía persiste.

Pero el piano que aparece en su vida se lo regaló su papá a su mamá, y su mamá se lo dejó a usted…

A mí. Mi papá también era un gran melómano, coleccionista de discos, cantante aficionado y, ya de viejo, le dio por empezar a estudiar chelo. Yo tendría unos 6 o 7 años, pero Samuel, uno de mis hermanos mayores, ya estaba metido en el tema del piano clásico. Cuando mis papás se dan cuenta de que a mí me da mucha inquietud el tema del piano, me dan la oportunidad de empezar de chiquitín. Y eso hago durante todo el bachillerato.

¿Eso coincide con que le iba muy mal en el colegio con las matemáticas?

Sí, sí… (risas). La música me gustaba mucho, era como una disciplina extracurricular. Pero en la adolescencia empiezo a armar la banda, Poligamia, y me doy cuenta de que puedo escribir canciones. Yo era muy juicioso en la primaria, pero ahí me desordeno un poco. Particularmente, las matemáticas me daban muy duro. Pero los profesores me ayudaban a tratar de pasar el año, porque yo era muy activo en la cuestión cultural del colegio. Eso se los agradezco mucho.

¿Cuándo empieza a despegar Poligamia?

Con el golpe de suerte de habernos ganado un concurso radial. El premio consistía en la grabación y la publicación de un sencillo que gustó mucho. Nos conseguimos un contrato con Sony. En ese momento tendríamos unos 16 años. Nos inventamos un proyecto de televisión que contaría la historia de la banda. Eso salió terrible.

En Poligamia usted al comienzo tocaba el piano. ¿A qué horas empieza a cantar?

El que cantaba era Juan Gabriel Turbay. Una vez, cuando fuimos a hacer una grabación, él estaba muy enfermo de gripa, así que me tocó cantar a mí y fue un éxito. Entonces, digamos que las circunstancias fueron llevando a que ahora yo fuera el cantante del grupo. Y mi amigo Turbay, pues, se lo tomó muy tranquilo, quiso seguir con el piano él.

¿Por qué se disolvió Poligamia?

Hicimos carrera todos, con unos ocho discos. El primero en salir fue Juan Gabriel, un tipo muy inquieto, muy inteligente, muy talentoso, sacó un disco bellísimo con Universal. Cuando se va él de la banda, nos despistamos un poco, empezamos cada uno a tirar para su lado y, digamos, sin conflicto, decidimos hacerle un cierre al proceso.

Un poco después se muere su mamá, uno de los golpes más fuertes de su vida…

Sí. Yo estaba trabajando en televisión, hacía un papelito en una serie, pero musicalmente estaba perdido. Se muere mi mamá y quedo muy en el aire, pero fue un momento determinante porque me acerqué tremendamente a mi papá. Esos años, aunque empezaron con el fallecimiento de mi mamá, los valoro mucho porque fueron de los mejores que tuve con mi papá. De chiquito me llevaba a navegar, a veces obligado, pero a medida que fui creciendo encontré en eso un gran mundo con él. Y tuve la oportunidad de que me acompañara en esos primeros años de mi carrera como solista, era un gran asesor a la hora de escoger las canciones.

¿En qué etapa termina graduándose como ingeniero de sonido en EE. UU.?

Se acaba la banda y me acojo a un curso de grabación cerca de Cincinnati. Me enamoro del tema técnico, regreso y ahí empiezo a hacer turnitos de ingeniero de sonido en un estudio, y pensé que mi carrera musical iba a seguir por ese lado, cuando de repente me sale la oportunidad de grabar un disco. Juan Diego Montoya, de Discos FM, me escucha en una reunión cantar unos boleros que yo estaba escribiendo, porque una novia que quería mucho me había dejado, y había hecho como cinco seguidos.

‘Voy a extrañarte’, el bolero más triste de su vida…

(Sonriendo) Yo presenté el disco para que lo cantara otro muchacho, pero él nunca fue a las sesiones; total que lo canté yo. Deciden publicar el disco con mi voz y empieza mi carrera como solista, también como una gran casualidad.

¿A qué edad compuso su primera canción?

Como a los doce años. Descubrí que podía juntar un ejercicio del piano que estaba aprendiendo en una pequeña sonatina, con unos versos de Rubén Darío que había en la biblioteca; la métrica me daba con unos versos sobre una paloma, y me pareció genial. Descubrí que si yo podía combinar una letra con una música, aunque no tuviera nada que ver, de pronto podía contar mi historia. Empecé a contar mis cuenticos, mis primeros amores, mis primeras ilusiones, y eso me dio un espacio social muy interesante en mi círculo, porque yo era muy tímido, hasta tartamudo.

De eso de la tartamudez le iba a preguntar, porque no queda ya nada…

No, de vez en cuando se me sale, cuando estoy en situaciones así como nervioso…

¿Pero la música le ayudó a superar eso?

Mucho. Mi fonoaudióloga, con quien hacíamos los ejercicios con el ‘ringletico’ y toda esta cosa, me decía: “Lo mejor es que usted cante”. Y así fue. A medida que canto, hay algo que pasa, no sé, en el cerebro, que ayuda a que eso fluya. ¿Se acuerda de la película ‘El discurso del rey’? Pasa algo similar, neurológicamente; algo sucede y la música suelta, digamos, la llave que está cerrada. Y, por otro lado, también va dando una confianza y una autoestima, que hace que uno encuentre su lugar.

Tengo entendido que hubiera preferido irse por la salsa, y terminó enredado en el pop y la balada. ¿La salsa está descartada?

De vez en cuando me hacen propuestas, pero una persona que respeto y quiero mucho, un gran productor y compositor, me dijo que, aunque podía cantarla, yo no era realmente un sonero, y eso lo tengo muy claro. En cambio, me encuentro muy cómodo con el bolero. Sí hubiera querido cantar salsa, pero me faltó un poquitico más de mezcla (ríe) aquí en la sangre.

Dicen, también, que usted tiene una memoria extraordinaria, pero que para cosas prácticas, como, por ejemplo, la clave de un cajero, es nulo. ¿Tiene que ver con la dificultad con los números?

Terrible. Yo creo que sí, que tengo un bloqueo que hace que los números se me dificulten. Ya no tenemos que ir al banco a hacer diligencias, pero antes para mí eso era sudar la camisa.

Además de estarse luciendo en ‘La Voz Kids’, prepara el lanzamiento de un disco…

Sí, sí, sí, llevo casi dos años en eso ya…

¿De baladas también?

Hay un poquito de todo. Hay boleros, hay popcito, hay unas baladas muy románticas. Uno tiene que tratar de estar más o menos en un marco estético contemporáneo, para hacer música que va a salir a la radio o a las plataformas comerciales. Entonces, el vestido es muy fresco, pero el contenido sigue siendo muy romántico, muy melódico. Y hay otros proyectos que hago, paralelos a esos, que me permiten ahondar un poquito más en mi parte artística en ciertos gustos, volviendo al tema de los boleros, como ese proyecto que se llama ‘Cepeda Big Band’, un homenaje a la música de los años 50 y 60. Me remonta a los domingos con mi papá poniendo discos. Es como jugar a ser Benny Moré una horita… (ríe). Es muy rico.

Hablemos de su papel en ‘La Voz Kids’, sin duda, uno de los mejores programas actuales de la TV. Tienen un manejo de los niños que es absolutamente exquisito, porque no hay un niño que se vaya frustrado, así pierda…

Nosotros nos llevamos ese crédito, pero realmente detrás hay un equipo que prepara a los chicos y los acompaña emocional y psicológicamente durante todo el proceso. A un niño que recibe un ‘No’ tratamos de que le pase algo amable, más tiempo en cámara, que vuelva a cantar, que nos cuente un cuento, que nos hable del abuelito o que nos ponga a hacer alguna tontería a nosotros. Volteamos ese momento negativo en algo que sea memorable.

Ustedes se complementan muy bien. Yatra es un loco noble y genial; Fanny Lu es cariñosa, pero Cepeda, definitivamente, es como el sabio de la tribu, con una sonrisa que va de oriente a occidente…

Las mezclas en los jurados no se arman tan aleatoriamente. Hay mucho talento del equipo técnico, que es consciente de los ingredientes que están mezclando. Me siento muy bien en mi papel, pero jamás imaginé que tuviera esas connotaciones, pues, tan positivas.

Nunca hace una mala cara, un mal gesto, una desatención…

Tiene mucho que ver con la forma como era mi mamá con las personas, se me quedó mucho eso que ella tenía de jamás maltratar a nadie.

¡Y qué cantidad de talentos que uno ve pasar ahí! Hasta el que no gana es bueno…

Sí. Y nos duele que no podamos voltearnos en todos los casos. Cada equipo tiene 27 niños, y todos deben poder tener la capacidad de brillar. Hay unos que por el camino se van destacando, otros que desde el principio uno sabe: este es un gallito.

¿Alguna vez se han arrepentido de haber devuelto a un niño que después resultó una estrella?

¡Claro! Uy, eso nos ha pasado. De pronto, cuando uno ve el programa al aire, ve que no fue tan buena la decisión o que la historia del niño, que desconocíamos cuando lo escuchamos cantar, ameritaba la oportunidad. Por ejemplo, ese niño que viene desde el Putumayo a pie, en un burro, en canoa, y resulta que lo devolvimos sin saber...

Finalmente, Andrés, usted no me puede hablar de favoritismos, pero, ya en lo que lleva el programa ¿ha visto algún fenómeno entre los concursantes?

Sí, sí, sí. Y no solo en esta temporada, hay varios personajes de las temporadas pasadas, importantísimos, que uno ve con una proyección tremenda; entre ellos dos que estamos apoyando porque creo que vale la pena que tengan una continuidad después del programa. Y en esta temporada, en particular, hay una niña en mi equipo que me parece impresionante, y hay un chiquitín en el equipo de Sebastián que también veo que es cuestión de unos añitos para que brille en el firmamento.

Esta es la cuarta temporada de ‘La Voz Kids’. ¿Algunos de los niños concursantes en las anteriores ediciones han seguido sus carreras de la mano de ustedes?

Sí, en varios casos. Hay un niño al cual estoy apoyando, se llama Fabio, vive en el Cesar, y acabamos de grabar su primer sencillo. Hay otro chico que se llama Luis Mario, mi campeón de hace un par de años, que toca el acordeón, es maravilloso, y con quien también estamos haciendo trabajo de continuidad; ha tenido oportunidad de salir del país, de ir a tocar a otras partes.

Finalmente, ¿ese Cepeda de sonrisa mágica que uno ve en ‘La Voz Kids’ es tan buena persona en la vida real?

¡Yo no creo! (risas). Me la llevo muy bien con mi equipo, me gusta mucho lo que hago y eso me ayuda a mantener un buen espíritu. Pero todos tenemos nuestros raticos, ¿no? … (risas).

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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