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Alberto Lleras, ‘una pluma capaz de conmover a la opinión pública’
Carlos Lleras

En la plaza de toros de Bogotá, en 1956, es ovacionado Alberto Lleras Camargo junto a su esposa.

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Archivo EL TIEMPO

Alberto Lleras, ‘una pluma capaz de conmover a la opinión pública’

En la plaza de toros de Bogotá, en 1956, es ovacionado Alberto Lleras Camargo junto a su esposa.

Prólogo del libro Alberto Lleras y su máquina de escribir, de Carlos Caballero Argáez. 

Alberto Lleras Camargo se definió a sí mismo como periodista y escritor público. Lleras Camargo era “un gran escritor que fue dos veces presidente de la república” y “de las muchas y grandes palabras que se le oyeron en su vida pública, fueron muy pocas las que no escribió antes de decirlas”, afirmó García Márquez en el prólogo de sus Memorias.

Alberto Lleras Camargo relató que su primer discurso, pronunciado a los diecinueve años en una manifestación de respaldo al ministro de Obras Públicas de ese entonces, Laureano Gómez, en la administración del presidente Pedro Nel Ospina, fue la lectura de “ocho cuartillas en prosa que a mí me parecía elocuente, persuasiva y arriesgada, puesto que se proponía al ministro que pasara por encima de las dificultades, sin tomarlas en cuenta”.

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Fue también García Márquez quien anotó que “el 10 de junio de 1944 cuando un grupo de militares sediciosos se apoderó en Pasto del presidente de la República, Alfonso López Pumarejo, en un momento en que el periodismo radial estaba en pañales, Alberto Lleras, ministro de Gobierno, se llevó para el Palacio de la Carrera los micrófonos de la Radio Nacional y mantuvo al país durante el día entero en un ambiente de sosiego y confianza hasta que la rebelión fue derrotada. Pues bien: todo lo que se oyó por la Radio Nacional en aquel día memorable lo había ido leyendo Lleras ante el micrófono a medida que lo escribía, para estar seguro de que no habría noticias que rectificar, ni promesas vanas de qué arrepentirse. El prestigio de su voz y la credibilidad de su palabra fueron héroes de la jornada”.

Es que Alberto Lleras Camargo fue un escritor que modulaba las palabras y las frases “para ser leído en la plaza pública, en el aula máxima o en los estudios de una emisora radial. La televisión apenas nacía en los años de su mayor actividad política. La publicación oral y la publicación impresa se unen aquí para dar lo mejor de cada una de ellas. Lleras era dueño –apuntó un contradictor– de una ‘acertada pluma, capaz de conmover a la opinión pública con un documento de dos cuartillas, que al ser leído con su espléndida dicción le daba un efecto multiplicador’. Su idioma está trenzado por oraciones espaciosas que viajan por varios renglones en busca de un punto seguido que conceda descanso al lector. Esta inflexión exige una puntuación precisa para facilitar la vocalización correcta y la entonación adecuada, a fin de ganar la atención del oyente. Las comas permiten la respiración, los puntos seguidos un ligero descanso, y los puntos aparte una pausa algo más extensa para recuperar el ánimo”.

Desde sus primeros pasos como periodista, Lleras escribía en una máquina Remington portátil.

Continuó haciéndolo hasta el final de sus días cuando la reemplazó, para empezar sus memorias, por una máquina eléctrica “que escribía susurrando como si fuera de afeitar”. Era el personaje perfecto para tener un computador Apple portátil del siglo XXI. Lo hubiera gozado infinitamente. Pero sus admiradores nos hubiéramos perdido sus correcciones a mano alzada sobre las páginas confeccionadas a máquina, con los tachones respectivos.

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Como podrán comprobarlo los lectores de los maravillosos textos facsimilares que conforman este libro, todo lo escribía en su máquina. Había una simbiosis entre la mente de Lleras y la máquina de escribir. Un constante ir y venir entre las dos, un proceso de ensayo y error. “La máquina de escribir se convertía en una metáfora de la práctica política”.

Las páginas de este libro son apenas una muestra de los originales de los textos que escribió antes de ocupar la Presidencia en 1958, durante los cuatro años de su mandato y cuando ya se había retirado de la política activa. Nunca dejó de escribir para orientar la vida nacional. Son documentos de gran importancia histórica, como los discursos que pronunció antes y después de aceptar la candidatura presidencial, en los cuales se plasman las ideas tras las normas aprobadas en el Plebiscito del 1.º de diciembre de 1957, que dieron nacimiento formal al Frente Nacional. Y cartas, telegramas, discursos, decretos, comunicados de prensa, notas de toda índole que emanaban de su mente de pensador y ejecutor en la Presidencia, y que se refieren a los más variados temas de gobierno.

Todo lo que se oyó por la Radio Nacional en aquel día lo había ido leyendo Lleras ante el micrófono a medida que
lo escribía

Documentos que constituyen parte del patrimonio político del país y que, gracias al sentido histórico y la precaución de una de sus dos secretarias personales, Ligia Romero, encargada de “pasar a limpio” esos escritos ya corregidos por el puño y la letra del presidente-escritor, fueron guardados hasta nuestros días por su esposo, el doctor Jaime Aponte Vanegas, quien me los enseñó cuando me desempeñaba como director de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo de la Universidad de los Andes, y que, por fortuna, fueron adquiridos por la Universidad y se encuentran hoy en día en su Oficina de Gestión Documental. 

Con esta publicación cumple la Universidad de los Andes y su Escuela de Gobierno –que lleva el nombre de Alberto Lleras Camargo– una de sus funciones esenciales: ayudar a preservar las ideas, la memoria y la tradición en un mundo cambiante, para que estas se conozcan y, ojalá, se tengan en cuenta en el futuro. Y el caso particular de este libro tiene un ingrediente de la mayor importancia, como es el de ahondar en temas fundamentales para entender una etapa de la historia colombiana en la que fue necesario restaurar la democracia, después de los años aciagos que vivió el país entre 1949 y 1957.

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Como quiera que los textos están ensamblados uno después del otro de manera aleatoria, sin fecha ni título muchos de ellos, en estas páginas intento darles un contexto y resaltar aquellos párrafos que explican o aclaran tanto el pensamiento de Lleras como las circunstancias en las cuales fueron escritos o pronunciados esos discursos, cartas y declaraciones.

He establecido un orden para facilitar su comprensión y me he tomado la libertad de expresar mis propias opiniones sobre algunos de ellos para subrayar su pertinencia en el presente. Espero, eso sí, que los lectores se detengan en el sentido y el detalle de cada texto. Porque cada uno sirve para desentrañar la figura extraordinaria de Alberto Lleras y porque, analizados en conjunto, reflejan sus valores, su pensamiento, su manera de ser, su carácter, su honestidad y su pulcritud en todas las actuaciones.

El último texto corresponde al discurso pronunciado en el Centro de Estudios Colombianos ante un grupo de conservadores, con el fin de rescatar y salvar la candidatura de Carlos Lleras Restrepo a la Presidencia en 1965. Alberto Lleras salió en ese momento de su retiro como expresidente, en calidad de ciudadano preocupado por el futuro de Colombia. Es un discurso largo que refleja su frustración por la crisis en que se encontraba el Frente Nacional como consecuencia de la división en múltiples facciones de los dos partidos tradicionales. Es un discurso trascendental en la historia política del país, que señala con claridad el convencimiento de Alberto Lleras sobre la bondad del Frente Nacional, no solamente como sistema para encontrar la paz entre liberales y conservadores, sino para impulsar el desarrollo económico y social del país, y avanzar en la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Estos textos tienen hoy plena vigencia. Si bien han transcurrido sesenta y más años desde que fueron escritos, el pensamiento político tras ellos puede perfectamente aplicarse a los problemas nacionales actuales, aunque las circunstancias del inicio de la tercera década del siglo XXI sean completamente distintas. El daño que le produce al país la polarización –equivalente al sectarismo del pasado–, la necesidad ineludible de buscar consensos para gobernar, la responsabilidad de los partidos políticos en la conducción de la nación, el multilateralismo en las relaciones internacionales, la importancia del bien común sobre los intereses particulares, la reducida capacidad presidencial en un régimen democrático y la alternancia en el poder como elemento esencial del funcionamiento del sistema en una democracia.

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La historia política del país tiende a ser despreciada –e ignorada– por las generaciones recientes de colombianos. Paradójicamente podría decirse que por aquellos que vinieron al mundo durante el Frente Nacional. Tal vez por la prolongación del conflicto armado, que nació también en el Frente Nacional. No solamente es difícil para los colombianos mirar hacia atrás cuando se tiene la impresión de que todo tiempo pasado fue “peor”, sino que la información sobre ese pasado ha sido muy deficiente y llena de distorsiones, equívocos e imprecisiones. Se olvida, sin embargo, que la sabiduría de quienes nos precedieron es fundamental para no equivocarse en las decisiones que la sociedad tiene que tomar en los tiempos turbulentos del presente. Así las circunstancias sean, repito, como tienen que serlo, distintas y más complejas.

De ahí la importancia pedagógica y política de estos escritos de Alberto Lleras Camargo para quienes se dedican a la actividad pública y, desde luego, para las nuevas generaciones de colombianos en general. Citando de nuevo a García Márquez: “Los actos públicos de Alberto Lleras se amenizaban con discursos elegantes que más bien parecían lecciones de educación cívica. Así se entiende que no se destacara como orador legislativo en un Congreso Nacional cuyas gracias retóricas contaban más que la inteligencia. No intervenía en los debates porque no se admitían discursos escritos, pero cuidaba hasta la última coma la redacción de sus leyes, y son piezas ejemplares”.

CARLOS CABALLERO ARGÁEZ*

*Prólogo del libro 'Alberto Lleras y su máquina de escribir'.

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