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‘Hay que llegar a la historia con la mente abierta’: Rodolfo Segovia
Rodolfo Segovia

Rodolfo Segovia (Barranquilla, 1936) ha sido también presidente de Ecopetrol, ministro de Obras Públicas y Transporte y senador.

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Carlos Ortega/EL TIEMPO

‘Hay que llegar a la historia con la mente abierta’: Rodolfo Segovia

El nuevo presidente de la Academia Colombiana de Historia estuvo en entrevista con EL TIEMPO.

El viernes pasado no fue un 7 de agosto más para el barranquillero Rodolfo Segovia Salas. Esa fecha significó para él, como historiador, un doble honor: no solo se festejaron los 201 años de nuestra independencia, sino que se posesionó como presidente de la Academia Colombiana de Historia, el máximo honor que puede recibir un hombre de letras que ha dedicado su vida a la investigación de los acontecimientos del pasado.

Para el también exministro y exsenador, la celebración de la independencia es, por encima de otras fechas históricas, la más importante, como lo expresó en su discurso:

“El 7 de agosto es fecha certera para la instalación de los ciclos anuales de la Academia Colombiana de Historia. La batalla fue una jornada decisiva de la Independencia de América por sus consecuencias políticas. Las demás fechas patrias que celebramos fueron manifestaciones parroquiales”.

Entonces, Segovia recordó cómo hasta 1818 Simón Bolívar luchó primero, en su causa revolucionaria, por liberar a Venezuela, su patria. “Esa era su querencia y ese era su anhelo, para lo cual buscó por dos veces ayuda en la Nueva Granada, que le otorgó generosamente el mando de dos de sus ejércitos. Frustrado en su tercer intento desde los Llanos del Oriente de Venezuela, el Libertador abrazó en Angostura la idea de la patria grande desde el Orinoco hasta Guayaquil. Un descomunal designio para los recursos con que contaba”, rememoró.

Y agregó: “Bolívar concibió entonces la más audaz campaña de su fértil genio militar: un movimiento temerario por entre sabanas inundadas y páramos para flanquear a Pablo Morillo, quien en tres años de batallar lo había derrotado sistemáticamente en su empeño por llegar a Caracas desde el Apure. Con la derrota de Barreiro, un teniente coronel inepto, la huida del odiado virrey y los recursos del centro de la Nueva Granada, casi intocado por las guerras de la independencia, la batalla de Boyacá abrió las puertas de un continente. De ahí que sea la fiesta patria por excelencia”.

(Lea también: Mi memoria del ‘Gran Otto’ Morales Benítez)

EL TIEMPO conversó con el historiador, autor de una prolífica obra, entre la que se destacan: Las fortificaciones de Cartagena de Indias: estrategia e historia, El lago de piedra: la geopolítica de las fortificaciones españolas del Caribe (1586-1786), Cartagena en tiempos del convento de Santa Teresa, 105 días: el sitio de Pablo Morillo a Cartagena de Indias y Del galeón San José y otras historias.

¿Cómo recibe este reconocimiento?

Con mucho orgullo. La presidencia de la Academia Colombiana de Historia y la oportunidad de trabajar por el conocimiento de la historia nacional son el máximo honor a que puede aspirar un historiador.

¿Cómo comenzó esa pasión por la historia?

La pasión comenzó desde muy niño. Me distraje en mi juventud y estudié ingeniería química (que mucho me sirvió como empresario), pero casi de inmediato regrese a la historia y obtuve en la Universidad de California (EE. UU.) el grado de magíster en Historia. Nunca más me separé de ella, como hobby muy serio, mientras ejercía mis otras labores profesionales.

¿Desde hace cuánto es miembro de la Academia?

Desde hace 35 años hago parte formal de la Academia, en cuyas sesiones presenté el fruto de numerosas investigaciones. La primera fue un trabajo de archivo sobre el hundimiento del galeón San José.

(Lea también: Una mirada a la obra 'Del galeón San José y otras historias')

¿Por qué son importantes las academias de Historia?

Las academias son guardianes, aunque no únicas, de la historia nacional. Propenden hacia su estudio objetivo, hasta donde ello es posible. Promueven la investigación y el ir a las fuentes. Premian como miembros correspondientes y miembros de número a los que se distinguen.

Usted comenta que antes, salvo unos “meritorios ensayistas”, la historia no tenía el rigor de hoy. ¿En qué momento comienza a despuntar ese rigor investigativo y qué le aportó?

El rigor despunta en los años sesenta y aportó, sin duda, un mejor y más documentado conocimiento de los hechos.

El profesor Jaime Jaramillo Uribe fue fundamental en ese proceso de modernización del método de estudio de nuestra historia, ¿cierto?

El doctor Jaime Jaramillo aportó, en efecto, la pasión por el acervo documental, como fundamental para el conocimiento de los hechos y escribir historia con mayores certezas. Usó la cátedra universitaria en la Universidad de los Andes para difundir su visión.

Una de sus preocupaciones es acercar más la Academia a las universidades y a centros de historia en Bogotá y las regiones. ¿Qué se busca con ello?

Se busca acercar y enriquecer los centros académicos que se dedican a la historia. Las academias de Historia, la colombiana y las regionales, ganarían mucho en contar en su seno con los historiadores que laboran en las universidades. Con ellos se intensificaría el rigor, reforzando lo que ya existe, y la divulgación del conocimiento.

Usted anota que “pese a sus servicios a la patria, la Academia se percibe acartonada, de bronce y mármol”. ¿Cómo acercarla y modernizarla de cara a las nuevas generaciones?

Muchos la ven alejada de corrientes ideológicas y disciplinas que deberían tener cabida en la diversidad de la Academia. Cuando el discurso histórico haya que empacarlo en el salchichón dialéctico de la conformidad, la libertad de pensamiento estará en peligro. En nuestra Academia rechazamos la cultura de la cancelación. Es un giro que apreciarán los jóvenes investigadores. Debemos ser un foro para considerar todas los asuntos de importancia histórica e invitar a la discusión inteligente de todas las versiones. Los vetustos portones de la Academia Colombiana de Historia estarán de par en par para todas las vertientes, con la sola condición de que sus estudios estén fundamentados en la pulcritud, en la documentación intachable y transparente y en la devoción por la verdad. Y que sean escritos en buen castellano, para merecer su publicación en el Boletín de historia y antigüedades.

Una de las próximas celebraciones será el bicentenario del Congreso Constituyente de la Villa del Rosario de Cúcuta. ¿Qué importancia reviste esa fecha?

Constituciones hubo muchas y parciales durante la Primera República (1810 a 1821), la mayoría regionales. La primera constitución para los países liberados –Colombia y Venezuela– se fraguó en la Villa del Rosario, a la que concurrieron representantes de todas las provincias de la llamada Gran Colombia. Allí se le dio a Colombia la forma de gobierno (tres poderes, elecciones como única legitimación del poder, etc.). Hoy parece obvio, pero entonces fue un paso fundamental, sin presidentes vitalicios ni otras cosas que flotaban en el ambiente. Pero además, el próximo año celebramos la rendición de los realistas en Cartagena.

¿Qué consejo le daría a un joven que quiera acercarse a la historia?

Si se tiene vocación, abrazar su estudio sin retorno. Hoy, que no era cierto hace dos generaciones, puede abrirse paso, estudiar lo que le gusta, levantar una familia. Y llegar a la historia con la mente abierta, sin doblegarse por ideologías, sino volcando en sus obras lo que le dicen los documentos.

CARLOS RESTERPO
CULTURA EL TIEMPO
@Restrebooks

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