Abbey Road, a 50 años de ‘Abbey Road’, de los Beatles

Abbey Road, a 50 años de ‘Abbey Road’, de los Beatles

En 1969 se lanzó ‘Abbey Road’, cuya portada se volvió una de las imágenes célebres de la historia.

‘Abbey Road’

Foto de Iain Macmillan para el álbum ‘Abbey Road’, de los Beatles, que convirtió esta calle en un mito.

Foto:

Apple Records

Por: Sebastián Montalva - El Mercurio (Chile) - GDA
03 de agosto 2019 , 10:09 p.m.

Estoy parado justo frente al cruce de calle más famoso de la historia y una mujer de unos 40 años, que acaba de atravesar desde el otro lado, me anima con una leve sonrisa: “Tienes que hacerlo real”.

Es una inusual mañana soleada en Londres y, en este preciso momento, de las más de 20 personas que están sacándose fotos en Abbey Road, soy el único que está haciendo el ridículo: me acabo de sacar los zapatos, y ahora voy a hacer lo mismo con los calcetines.

La mujer sigue caminando y yo, rápidamente, miro hacia mi amigo que está parado en medio de la calle con el celular en la mano, listo para apretar el botón que inmortalizará este instante.

Lo planeamos hace unos minutos, como si fuese una estrategia militar: tú te paras frente al paso de peatones, porque desde ahí se logra el mismo ángulo de la foto, y cuando no venga ningún auto por delante ni por detrás, yo cruzo a pata pelada, tal como hizo Paul McCartney hace exactamente 50 años, cuando fue retratado junto a John Lennon, George Harrison y Ringo Starr en la carátula de ‘Abbey Road’, el penúltimo disco de los Beatles, lanzado el 26 de septiembre de 1969, pero el último que grabaron antes de separarse y convertirse para siempre en patrimonio de la nostalgia.

He soñado con este momento desde los 12 años, cuando me obsesioné con la música de los Bea-tles y comencé a escucharlos día y noche, a coleccionar cada uno de sus discos y a fotocopiar todos los cancioneros que encontraba para memorizar las letras en inglés. En poco tiempo aprendí a distinguir cuál tema era de Lennon y cuál de McCartney, y qué partes cantaba cada uno, y comencé a empapelar mi pieza con afiches y carátulas de todos los sencillos y todos los álbumes y, cuando despertaba y los veía cada mañana, pensaba que cuando fuera grande cruzaría ese célebre paso de peatones sin zapatos, a lo McCartney, el Beatle que siempre me gustó más, quizás porque era zurdo, igual que yo.

Veintisiete años más tarde estoy aquí, sin zapatos ni calcetines, y mi amigo está de pie con el celular, jugándose la vida y ajustando el encuadre perfecto.

El 8 de agosto de 1969 fue un día caluroso en Londres. Los Beatles estaban terminando de grabar en los estudios Abbey Road, que desde 1931 funcionan en el número 3 de esta calle (hasta 1970 se llamaron EMI Studios), y discutían acerca de la carátula de la que sería su última obra. La historia dice que, originalmente, el álbum se iba a llamar ‘Everest’ y que llevaría en la tapa una foto de los Beatles en los Himalayas. Sin embargo, como el día estaba bonito y a esas alturas se llevaban tan mal que el único viaje que aguantarían juntos sería solo hasta la puerta, dijeron: “¿Por qué no vamos afuera, le ponemos ‘Abbey Road’ al LP y terminamos con esto?”.

Esa soleada mañana de agosto, los cuatro Beatles salieron de los estudios y cruzaron la calle en fila, uno tras otro. La sesión –a cargo del fotógrafo Iain Macmillan– no duró más de 10 minutos y solo fue vista por unos pocos curiosos que pasaban por allí. Según contaría John Lennon después, ni ellos mismos le dieron importancia. Cinco décadas más tarde, con los Fab Four convertidos en mito y leyenda, este lugar es visitado por miles de personas de todas partes del mundo que llegan solo para replicar esa fotografía. Es el principal sitio de peregrinaje para los fanáticos de los Beatles y en 2010 fue incluido en la lista de sitios Grado II de Gran Bretaña, por su valor patrimonial. Fue el primer paso de peatones en alcanzar tal denominación.

Una pesadilla

Pero también es una pesadilla para los vecinos del barrio: no hay minuto del día en que no haya gente sacándose fotos, como puede verse a través de una cámara web que instalaron los estudios Abbey Road en 2011 y que transmite en tiempo real las 24 horas. La congestión vehicular que provocan tantos visitantes ha sido noticia varias veces en Londres. La alcaldía tuvo que colocar a mayor altura el cartel que indica el nombre de la calle para que no se lo roben más, y en las casas aledañas hay letreros que piden a los visitantes no volver a rayar sus paredes, sino solo las que pertenecen al estudio, que, de hecho, deben ser pintadas cada dos meses: están llenas de grafitis de amor por los Beatles, que se superponen unos sobre otros con rapidez espeluznante.

“Lo que me gusta de Abbey Road es que sigue siendo una calle típica londinense: no es un lugar montado para turistas”, dice César Jiménez, periodista chileno de 39 años, radicado en Londres hace ocho y profesor de Comunicación y Medios de la Universidad de Loughborough, que es el amigo que me acompaña en este recorrido por la ‘Ruta de los Beatles’ y se juega la vida por sacarme la foto cruzando Abbey Road.

Los Bea-tles en Londres son como el aire o el agua: están siempre allí

Aunque vive hace tiempo aquí y le gustan los Beatles, César nunca había recorrido la ciudad siguiendo sus pasos como lo estamos haciendo ahora. “Los Bea-tles en Londres son como el aire o el agua: están siempre allí”, me dijo esta misma mañana mientras visitábamos la Biblioteca Británica para ver unos manuscritos de Lennon con la letra de tres de sus más famosas canciones, que se exhiben en una pequeña vitrina dentro de la Galería de Tesoros, junto a la Carta Magna de Inglaterra, obras de Shakespeare, fragmentos originales del Corán o la Biblia de Gutenberg.

***

Es relativamente sencillo seguir sus huellas en la ciudad. Si bien existen ‘tours’ y recorridos guiados, en internet hay diversas páginas que describen el itinerario paso a paso, y casi todos los lugares se encuentran en el centro, a poca distancia uno de otro. A algunos sitios no se puede entrar, puesto que son casas y edificios en uso –algunos tienen una placa azul del English Heritage, el Consejo de Monumentos Nacionales inglés, que los identifica–, pero otros son tiendas, bares o teatros públicos donde cualquier fan podría entrar, sacarse las fotos que quiera e imaginar cómo habría sido todo en los gloriosos años 60.

Los ‘highlights’ de la ruta son básicamente dos: el cruce de Abbey Road y los estudios del mismo nombre, que no están abiertos a visitas, salvo en ocasiones especiales; y el número 3 de la calle Savile Row, donde está la famosa azotea en la que actuaron en vivo por última vez, el 30 de enero de 1969. Por entonces, ese edificio albergaba las oficinas de Apple Records, el sello de los Beatles, pero hoy es una tienda de ropa de lujo y no está permitido subir, a menos que se tenga una suerte infinita, como le pasó a un fan argentino que tengo de amigo en Facebook. Se llama Javier Lubelski y se tomó una foto allá arriba. “Fue en 2012. El edificio estaba en obras y le tiré cinco libras a un obrero para que me dejara pasar”, me cuenta.

Un escalón por debajo de los ‘highlights’ hay mecas más modestas, cuyo atractivo dependerá del grado de fanatismo del peregrino. En ese rubro están, por ejemplo, la casa de calle Wimpole 57, donde Paul McCartney vivió con su novia Jane Asher y compuso ‘Yesterday’; el apartamento que Ringo Starr compró en 34 Montagu Square y que les arrendó por un tiempo a John Lennon y Yoko Ono (fue aquí donde ellos, en 1968, se retrataron desnudos para la polémica tapa de su disco ‘Two Virgins’), y la casa de McCartney en el número 7 de Cavendish Avenue, donde los Beatles solían juntarse a componer y que todavía es su hogar en Londres, aunque rara vez aparece por allí. Pero a ninguno de estos sitios se puede entrar: son lugares para ver desde afuera, sacarse una foto y listo.

Y, por último, están todos aquellos sitios que para cualquier persona que no esté obsesionada ni fanatizada desde la infancia con la vida y obra de los Beatles serían solo trozos de cemento sin ningún significado. Entre ellos, el lugar donde se conocieron John y Yoko –la galería de arte Indica, en Mason’s Yard 9, que ya no existe–; el edificio de Manchester Square 20, que albergó las primeras oficinas del sello EMI y en cuyas escaleras los Beatles se tomaron la también célebre foto de su primer disco –aquí no se puede entrar, y quien lo contemple sin conocer su espesor histórico solo verá un edificio de ladrillos rojos–; o el 63 de Old Compton Street, Soho, donde estaba la tienda Dougie Millings & amp; Sons, del sastre de los Beatles. Fue en ese lugar donde en 1962 John Lennon entró y pidió “algo diferente”, lo que terminó siendo el distintivo traje sin cuello que usaron durante su primera etapa. Hoy es un café. Se llama España.

***

En 2010 fui a Liverpool para hacer un recorrido similar, esa vez por las casas natales de los cuatro, por el bar donde saltaron a la fama y por los sitios que inspiraron algunas de sus canciones más emblemáticas. Fue mi primera peregrinación Beatle. Era más chico y quizás más susceptible, pero cuando pasé en auto por Penny Lane escuchando la letra de esa canción, mirando los lugares de los que habla y que siguen allí, se me caían las lágrimas: todo lo que alguna vez había imaginado en mi pieza de niño era real.

Decepcionado

Pero ahora, cuando al fin pude completar el círculo, venir a Londres y ver con mis propios ojos la segunda parte de la historia, me siento un poco decepcionado. Esperaba emocionarme más, sentir el corazón acelerado, que se me cayeran las lágrimas, como hace nueve años, ante la sola contemplación de un cruce de calles icónico, de una terraza inalcanzable. Pero no ha sido así. ¿Permanece en mí algo de aquella ilusión? ¿O se ha esfumado para siempre el niño que pegaba afiches de los Beatles en su pieza y transcribía las letras de cada una de sus canciones en un cuaderno de colegio?

Es mi última noche en Londres. Ya completé toda la lista de lugares que quería visitar y estoy en la fila de un bar llamado The Half Moon, esperando ver a los Beatles en vivo: una banda tributo de las cerca de 60 que tocan constantemente en Inglaterra, pero al parecer esta vale la pena. La banda se llama The Ultimate Beatles y se formó en 2001. Comenzó como una humorada, cuando un amigo les pidió que tocaran música de los Beatles en su matrimonio, pero les fue bien y desde entonces han hecho conciertos en varios países, e incluso salieron una vez en un programa de la BBC. Tienen los mismos instrumentos –la misma marca, el mismo modelo–, se visten con la misma ropa, intentan imitar su acento liverpuliano y su sentido del humor. Pero las pelucas no les sientan, el que imita a McCartney es diestro y el que hace de Lennon está con sobrepeso.

Todo debería estar bien, pero cuando parten con ‘Please Please Me’ y algunos en el público corean el “C’mon, C’mon” sin mucha efusividad, otra vez algo me incomoda. ¿Por qué estoy acá? ¿Qué quise resucitar viniendo a todos estos sitios? Estoy escuchando a los Beatles en Inglaterra, no es un bar para turistas y estos tipos, por más que Lennon no se parezca mucho a Lennon, Harrison se equivoque en el solo de guitarra y Ringo no haga el redoble exacto del disco, no tocan mal. Pero por algún motivo, la sola existencia de la banda subraya una verdad dolorosa: los Bea-tles ya no existen. No hay peregrinación que los pueda revivir.

SEBASTIÁN MONTALVA WAINER
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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