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'Ya perdoné a Popeye': Miguel Uribe Turbay, el hijo de Diana Turbay
Miguel Uribe Turbay - BOCAS 108

Es hijo de la periodista Diana Turbay, quien fue asesinada por 'Los extraditables' de Pablo Escobar.

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Revista BOCAS

'Ya perdoné a Popeye': Miguel Uribe Turbay, el hijo de Diana Turbay

Es hijo de la periodista Diana Turbay, quien fue asesinada por 'Los extraditables' de Pablo Escobar.

Miguel Uribe, el excandidato a la Alcaldía de Bogotá, habló con BOCAS del asesinato de su madre.

“A tu mamá la mataron”, le dijo el padre a Miguel Uribe con la voz rota y los ojos inflados del dolor y del desvelo. Estaban sentados en el suelo, al pie de la cama en la que habían dormido juntos durante los últimos cinco meses, desde que Pablo Escobar había secuestrado a Diana Turbay. Esa noche fue rara. Miguel recuerda poco, casi nada, pero tiene la imagen remota de su papá dando vueltas entre las cobijas de un amanecer eterno y sin querer levantarse, como si le fuera imposible enfrentar el nuevo día.

El niño se quedó pasmado. No hubo lágrimas ni porqués.

Diana Turbay murió el 25 de enero de 1991, tras el impacto de una bala en medio de un operativo para rescatarla. Era hija de un expresidente, una periodista aguerrida y exitosa y eran, sobre todo, los años horrorosos de la mafia, de los grandes carteles de cocaína, de los excesos de Escobar.

Diana se fue detrás de una supuesta entrevista a alias el ‘Cura Pérez’ del ELN que le ofrecieron. Pero la engañaron, y en lugar de la entrevista cayó en manos de “Los Extraditables”, los mafiosos que querían presionar con su secuestro al entonces presidente César Gaviria para frenar la extradición en Colombia.

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Miguel, de cinco años, y su hermana María Carolina, de 18, quedaron sin madre. Y como eran hijos de padres distintos porque Diana se casó primero con Luis Francisco Hoyos Villegas y luego con Miguel Uribe Londoño, dejaron de vivir juntos. Miguel creció, entonces, con su papá —concejal de Bogotá por el Partido Conservador en 1988, senador por la misma colectividad en 1990 y coordinador y jefe del directorio distrital del Centro Democrático en Bogotá en la campaña a la Cámara en el 2014— y con su abuela, la ex primera dama de la Nación Nydia Quintero, que fue, en realidad, su más grande influencia política.

Fue un niño marcado por la tragedia, en un país aterrado y asustado. A los 16 años quería ser ajedrecista profesional y con el apoyo de su familia montó una fundación para enseñarles a jugar ajedrez a niños de escasos recursos. Estudió derecho en la Universidad de Los Andes y a los 25 se volvió presidente del Concejo de Bogotá, desde donde lideró una férrea oposición al entonces mandatario capitalino Gustavo Petro. Y fue en esos años en los que conoció a Enrique Peñalosa, su mentor, con el que llegó al Palacio Liévano como secretario de Gobierno y de allí salió para ser candidato a la Alcaldía de Bogotá.

Es joven, estudioso, disciplinadísimo y miembro de una familia tradicional, política y poderosa. Con sus titilantes ojos azules, su cara de niño bueno y su espuela innata para manejar los ires y venires de la política, ha llegado lejos, muy lejos. Y ahora es uno de los alfiles del Centro Democrático de Álvaro Uribe, donde aspira a ser senador. Pero no descartemos ninguna posibilidad para Miguel Uribe; en un par de años seguramente estaremos escribiendo sobre su candidatura presidencial.

Uribe Turbay tiene 35 años y ya fue presidente del Concejo de Bogotá y candidato a la alcaldía de la capital del país con una votación interesante para su edad.

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Natalia Hoyos

¿Cómo recuerda haberse enterado del asesinato de su mamá?

Tengo muy borrado de la memoria el secuestro, pero tengo clarísima la imagen del último día en que la vi, el último abrazo y el beso antes de que se fuera. Si para un adulto la muerte es difícil de entender, para un niño es peor. Recuerdo que fuimos a la velación de ella en el Concejo de Bogotá, paradójicamente, en el mismo salón en el que sesioné como concejal y presidente del Concejo 20 años más tarde. Y después de eso me acuerdo de estar en el cementerio enterrándola. No recuerdo, por ejemplo, la misa ni la capilla.

Debe ser fuerte llegar al Concejo a la misma sala en la que velaron a la mamá, ¿no?

Sí, y siempre la tengo muy presente. Esos momentos, a pesar de ser dolorosos, son parte del vínculo que tengo con ella. Ahora, para ser sincero, buena parte de los recuerdos que tengo con mi mamá los he reconstruido a partir de historias. En su diario hay cosas dolorosísimas. Ella cuenta, por ejemplo, lo duro que era estar lejos de su hijo de cinco años y de su hija de 18. Cuenta que una vez estaba en un cuarto y que al otro lado de la puerta oía niños y ella les rogaba a los secuestradores que le abrieran la puerta para poder jugar con los niños [se le quiebra la voz]. Obviamente todo eso me genera una tristeza enorme y dolor. Particularmente, ahora que soy papá, entiendo lo que eso implica.

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¿Quién lo influenció más, su mamá o su abuelo el expresidente Turbay?

La gente siempre asume que yo hago política por mi abuelo y que, por ser nieto de un expresidente, tengo que obligatoriamente hacer política. Mi abuelo tuvo más de 15 nietos y solo uno hace política electoral. En cambio, mi mamá tiene dos hijos y los dos hemos estado en el servicio público. Yo creo que el hilo conductor, tanto para la participación pública de mi hermana como la mía, es la vida, obra y muerte de mi mamá. Eso es lo que nos genera una inspiración para no ser indiferentes y promover una transformación social.

¿Entonces usted hace política por su mamá?

Yo lo que siento es que mi mamá entregó su vida para construir un país mejor y utilizó el periodismo para combatir la violencia, la corrupción y promover la paz. A través del periodismo promovió el acuerdo de desmovilización del M-19. Estaba tan convencida, que la engañaron con la supuesta entrevista al cura Pérez. Ella buscó esa entrevista no solo como una oportunidad periodística, sino también como una alternativa para llegar a un acuerdo con el ELN. Entonces, cuando a mi mamá la matan buscando la paz, pues obviamente yo entiendo que no puedo ser indiferente.

¿Qué recuerda de esos días?

Crecí con una tristeza profunda, como es lógico, pero también con un resentimiento grande hacia ella. Yo no entendía por qué había tomado la decisión de abandonarme, por qué fue a meterse a la boca del lobo. Con el tiempo comprendí que lo que hizo no fue solo por el país, sino también por su familia, por sus hijos. Entonces, lo que comenzó como un resentimiento cuando tenía cinco o seis años, se convirtió en una gran admiración por ella. Crecí con una sensibilidad adicional en un país con narcotráfico, violencia, en donde las bombas estallaban en cualquier parte, y a eso se sumó mi abuela.

Doña Nydia Quintero de Turbay, ex primera dama…

Sí. Tuve a mi mamá como inspiración y a mi abuela como ejemplo. La veía, año tras año, trabajar con Solidaridad por Colombia, la acompañaba a los Premios Cafam, leía con ella las hojas de vida de las mujeres postuladas, la acompañaba a las entregas de becas, entre muchas más cosas. Entonces eso me generó una sensibilidad diferente y es ahí donde decido entregar mi vida a la vocación social. A los 16 años creé una fundación para enseñar ajedrez y ya cuando tengo un par de años más, entiendo que la mejor forma de transformar a gran escala y estructuralmente es la política. Es ahí en donde decido empezar a construir un proceso político, en lo que me motiva es la vocación social que me inspira mi mamá y que aprendí de mi abuela.

¿Y su abuelo, el expresidente Turbay?

Siempre dicen que soy “el nieto del expresidente”, el que tiene la política en la sangre. Y no. Cuando mi mamá se muere, mi referente más importante en mi vida fue mi papá. Él fue el que me cargó a sus 38 años e hizo el papel de papá y mamá. La gente no sabe lo difícil que es eso. Él tiene una familia que, pese a que coyunturalmente tocaron la política, es empresaria. Por eso, desde joven, me dediqué a emprender. Primero, vendí arepas y leña a domicilio. Después creé una empresa de domicilios que se llamaba Peregrino Urbano. Desde los 16 años estuve involucrado en el negocio de la familia. En realidad, mi exposición fuerte a la política no fue con mi abuelo porque él murió cuando yo tenía 20 años y antes de eso él estaba en Italia como embajador. Lo veía en las navidades, pero no tuve tanto acceso a él porque estábamos lejos.

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Es nieto de Julio César Turbay Ayala e hijo de Diana Turbay, la periodista asesinada por “Los Extraditables” de Pablo Escobar. Su padre, Miguel Uribe Londoño, también fue político.

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Natalia Hoyos

El hilo conductor, tanto para la participación pública de mi hermana como la mía, es la vida, obra y muerte de mi mamá

Llegó al Concejo muy joven, a los 25 años. ¿Quién lo apoyó?

Tomé la decisión de lanzarme al Concejo más o menos en el 2010. Cuando hago el tema de mi fundación de ajedrez y entiendo la importancia de la vocación social, tomo la decisión de que la política es el mejor camino para hacer una transformación mucho más estructurada. Entonces, en el 2011, cuando ya terminaba mi universidad, tuve un viaje a Uruguay, en donde mi tía era embajadora. En ese viaje entendí que la decisión de entrar en política tenía que hacerla ya. Me puse a analizar por dónde me lanzaba; acababa de participar en la campaña en la que salió elegido presidente Juan Manuel Santos. Como la mayoría de los que votamos por él, lo hicimos pensando que venía a garantizar una continuidad del gobierno anterior. Pero decidí lanzarme por el Partido Liberal porque tengo una ideología liberal y consideré que allí podía ser un matiz. Yo me iba a lanzar al Concejo y eso lo tenía decidido. Simón Gaviria fue la persona que me abrió las puertas del Partido Liberal.

Su papá conservador, que fue concejal y senador, ¿tuvo algo que ver en esa decisión?

Nada. Mi papá me ha dado ánimo y bienestar en los momentos difíciles, pero no se ha metido en mis decisiones. Además de que fue papá y mamá durante casi toda mi vida, le agradezco por insistirme en que el principal valor que podía tener era mi reputación.

Durante su tiempo en el Concejo montaron un grupete interesante con David Luna, Simón Gaviria y Juan Manuel Galán. ¿Eso en qué terminó?

Cuando yo llegué al Partido Liberal, el candidato a la Alcaldía era David Luna y entonces yo lo apoyé. Lo apoyé hasta el final. Ahí es cuando ganó Petro. Y, por su parte, Juan Manuel Galán era el presidente del Directorio Liberal. Pero eso no era un grupo político. Con Simón Gaviria mantengo una relación, le tengo gratitud porque siempre se ha portado de forma deferente. A David Luna le tengo respeto por el trabajo político que ha hecho. Y con Juan Manuel Galán no tengo ninguna relación.

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Del Concejo saltó a las grandes ligas: la Secretaría de Gobierno de Bogotá. ¿Cómo llegó a semejante cargo a los 29 años, con Peñalosa?

Yo estudié con la hija de Peñalosa en el colegio. Él podría ser mi papá, y la primera vez que lo vi fue en una conferencia en el colegio cuando fue alcalde. Me lo volví a encontrar más adelante cuando fui ponente del Plan de Ordenamiento Territorial de Petro en el Concejo, y pues me reuní con gente que sabía mucho del tema. Él es de las personas que más saben de temas de Bogotá y urbanismo. Dos años después me llamó y me contó que estaba pensando en lanzarse. Yo le conté que estaba terminando mi maestría en políticas públicas con una tesis sobre la jornada extendida en educación. Me invitó a ser el director programático de su campaña a la Alcaldía y para mí fue un honor, imagínese. Pero le dije que no podía porque ahí estaba ya en el Partido Liberal y el candidato era Rafael Pardo. Yo respeto y admiro a Rafael Pardo, pero en ese momento, yo mismo se lo decía, él no era tan vehemente contra Petro como yo hubiera querido. Sin embargo, sí le dije a Peñalosa que no iba a ser desleal con Pardo y el liberalismo. No podía empezar mi vida política volteándome. Así que seguí con Pardo hasta el final y cuando terminó la campaña perdió Pardo y ganó Peñalosa. Yo estaba montado en un avión cuando me llamó Peñalosa y me preguntó si podía reunirme con él inmediatamente. Le conté que estaba viajando y quedamos de vernos el lunes a primera hora. Ese día llegué y me preguntó cuáles eran mis planes. Le dije que me iba a ir a Harvard a estudiar y me ofreció ser secretario de Gobierno. “Usted aprende más acá conmigo que allá”, me dijo. Yo no me lo creía. Me nombró sin haberlo apoyado, pero me aclaró que lo hacía por mis méritos y no por cumplirle ninguna cuota al Partido Liberal.

¿Se la llevó bien con Peñalosa?

Siempre me dijeron que era un tipo arrogante, pero me encontré un tipo que me escuchaba, que si le daba argumentos se dejaba convencer y si no estaba de acuerdo, pues no estaba de acuerdo. Tuvimos una buena relación que duró tres años. Me fui no porque estuviera aburrido. Todo lo contrario, me fui porque salí a aspirar a la Alcaldía para defender el modelo de ciudad que construimos. Yo a él le tengo admiración profunda y gratitud, lo considero mi primer jefe y la persona que me preparó en administración pública.

Siendo secretario de Gobierno, ¿por qué se metió en esa polémica tan bestial cuando le achacaron la frase: “Si Rosa Elvira Cely no hubiera salido con los dos compañeros de estudio después de terminar sus clases en horas de la noche, hoy no estuviéramos lamentando su muerte”?

Lo primero de todo es que yo no dije eso. Yo me casé un 14 de mayo y al día siguiente, el 15, dijo El Espectador que la Secretaría de Gobierno había afirmado que ese caso era culpa exclusiva de la víctima. Entonces ahí empezaron a criticar y a decir que Miguel Uribe estaba acusando a Rosa Elvira Cely de su propia muerte. Todo fue falso. Lo que pasó es que en el 2012, cuando ocurrió el crimen, la familia demandó al Distrito porque, según ellos, no hubo una reacción oportuna. Cuando yo llevaba cuatro meses en la Secretaría de Gobierno, la abogada que delegó la administración anterior para que llevara el caso, en el marco del proceso, respondió a los alegatos de la familia de Rosa Elvira Cely exonerando de culpa al Distrito. Lo que quería decir es que el Distrito no era responsable y que ella (Rosa Elvira) se puso en una condición de vulnerabilidad. Cuando me enteré, claro que no estuve de acuerdo con eso porque me parecía que revictimizaba a las mujeres. Uno no puede decirle a una mujer que fue violada que fue por su culpa, que se puso en una condición de vulnerabilidad. Yo le dije a la secretaria jurídica que no estaba de acuerdo. Ahí dijeron que firmé sin leer, pero yo no firmé ese documento ni tampoco le di el visto bueno. Pero también reclamé que cómo, siendo un tema tan sensible, no me lo comunicaban. Además, desde el día uno en que llegué fui promotor de que aplicáramos el enfoque de género en la Secretaría. En todo caso, para que se haga una idea: investigaron a la abogada que dijo eso y ahí sigue porque no cometió ningún delito ni falta disciplinaria. Otra cosa es que no estuviéramos de acuerdo. Pero a partir de ahí creamos un protocolo para que todos los casos de violencia de género pasaran por la Secretaría de la Mujer. Entonces ahí dijeron muchas cosas falsas. La misma Procuraduría me investigó y concluyó que yo no tenía ninguna injerencia en esto. Conclusión, no tuve nada que ver.

La entrevista de Miguel Uribe Turbay hace parte de la edición de julio/agosto de Revista BOCAS, que trae en portada a Tadej Pogacar, el bicampeón del Tour de Francia.

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Revista BOCAS

Polémica dura que le enredó, además, la luna de miel hace ya cinco años. Y ahora tiene un bebé de siete meses, Alejandro. ¿Cómo le va con el tetero y la cambiada de pañales?

Para comenzar, María Claudia es una berraca y solo le ha dado leche materna. Por eso no he tenido que dar el primer tetero.

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Tiene al bebé con su esposa, pero además ella tiene tres hijas. Es mayor ella que usted, ¿verdad?

Tenemos sus tres hijas y ahora nuestro bebé. Ella es mayor que yo 5 años.

Cuando empezó a salir con ella, ¿no le cuestionaron salir con una mujer mayor que usted?

Pues nadie me lo dijo, pero supongo que todo el mundo lo pensó. La verdad es que no me importa y nunca me ha importado el qué dirán. Además —y lo más importante— es que yo me enamoré profundamente de María Claudia. Me encontré a una mujer espectacular. Después de más de diez años juntos y cinco de casados, veo en ella a una mujer única y muy especial.

Fíjese que usted es muy joven, tiene experiencia por su paso por la Alcaldía de Bogotá, pero ¿no es como muy chapado a la antigua?

Yo creo que no, no lo siento así. Creo que todo lo contrario. Yo no soy como los demás políticos, porque digo lo que pienso. Esa es una diferencia grande porque muchos políticos van acomodando el discurso a lo que les conviene. Soy coherente y reivindico la coherencia en política. Creo que esa es la base de la confianza. Una razón por la que los colombianos estamos mamados de la política es porque los políticos cambian de parecer, son incoherentes, oportunistas y generan desconfianza. No negocio principios ni convicciones. Me considero liberal, demócrata y defensor de la economía de mercado.

A ver qué tan liberal es: ¿Qué opina del matrimonio gay?

Defiendo la familia como una institución fundamental, pero también respeto la intimidad de las personas.

Pero ¿la familia formada como un núcleo de hombre y mujer solamente?

Vengo de una familia en la que solo durante cinco años fueron papá y mamá. Ya después fue solo papá e hijo. Es decir, hay muchas familias, pero la familia siempre ha sido una unidad central en la sociedad. Respeto y defiendo profundamente la intimidad de las personas y combato cualquier forma de discriminación. Si una persona tiene una orientación sexual diferente a la mía, la respeto. No creo que uno pueda entrar en esa esfera de la intimidad de la otra persona. Y creo que el Estado no debe inmiscuirse. Por ejemplo, los primeros educadores de los niños son los papás. Siempre he estado en contra de ese ánimo que en su momento Gustavo Petro, a través de los colegios públicos, intentó promover: un adoctrinamiento sobre una u otra visión de familia. Ese tema les corresponde a los papás. Entonces, yo creo que el Estado no debe meterse en ciertos temas.

¿Eso es adoctrinamiento o tolerancia a la diversidad?

Son dos cosas diferentes. Cuando me lancé a la Alcaldía dije que promovería absoluto respeto por la diferencia. Eso es una cosa. Otra cosa es inducir comportamientos. Eso es lo que en su momento estaba haciendo Petro con los niños.

Los primeros educadores de los niños son los papás. Siempre he estado en contra de ese ánimo que en su momento Gustavo Petro intentó promover: un adoctrinamiento sobre una u otra visión de familia

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, cuando a niños entre cinco y diez años les preguntaban si ellos eran queer (que yo no sabía qué era cuando fui concejal y aprendí después con esa encuesta), gais, o cuál era su orientación sexual y otras cosas. ¡A niños de cincos años! Hágame el favor. Es más, hasta a niños de 18 años creo que no hay que preguntarles. Y no es porque crea que no se deben reconocer, sino porque se empezó a generar un tema y un ambiente completamente diferente. Yo quiero que María Claudia y yo le hablemos a mi hijo sobre su orientación sexual y su concepción de sociedad. Respetaré lo que sea que él decida cuando crezca, pero los papás tienen el derecho a ser los primeros educadores de sus hijos.

¿Ha fumado marihuana?

No. Nunca. Fumé cigarrillo normal y fue poquito tiempo, afortunadamente.

(¿Le gustaría otra entrevista BOCAS?: Aterciopelados: "hemos hecho una cosa muy brava")

¿Alguna vez se ha excedido en algo?

Alguna vez tomé más trago que el que debí tomar y aprendí a ser moderado. Lo pongo de esta manera: en la vida uno no debe hacer nada que lo saque de sus propias capacidades y conocimientos. Claro que en mi matrimonio me emparrandé, y a veces lo hago todavía, pero siempre es un consumo responsable.

¿Siempre fue así de nerd o se volvió así cuando grande?

No es de nerd. Obvio que me he emborrachado una que otra vez, pero en los últimos diez años de mi vida he sido cien por ciento consciente. No me gusta excederme. No me interesa.

¿Por qué con tantas campañas que ha hecho no lo hemos visto tocando guitarra, piano y acordeón, si ya vimos que eso funciona?

[Risas] Empecé a tocar piano a los cinco años. Cuando mi mamá se muere, mi papá, que canta, tenía un piano en la casa con el que ensayaba y yo empecé a usarlo. Después toqué guitarra. Toqué unos años batería hasta que mi papá se mamó del ruido en la casa y sacó esa batería. Toqué violonchelo en el colegio y terminé tocando acordeón porque me fascina el vallenato, y mi esposa, una Navidad hace unos años, me regaló uno. Ahí lo he logrado chapucear a punta de YouTube. Ahora que voy a Boston espero comprarme una organeta y poderme desestresar.

¿Qué va a hacer en Boston?

Voy a Harvard al programa de maestría en Administración Pública. Decidí arrancar ya con el propósito de seguir preparándome, tener más habilidades y complementar la experiencia que tengo para poder ingresar al Senado y más adelante, espero, en la Alcaldía. Arranqué virtualmente en Bogotá y a mediados de agosto me voy a vivir a Boston para hacer de tiempo completo la maestría hasta diciembre, que es cuando volveré para trabajar en forma y de tiempo completo mi campaña al Senado.

Hoy es uno de los alfiles del Centro Democrático y aspira a ser senador. Es ultradisciplinado, toca piano y violonchelo, juega ajedrez, nunca se excede en nada y niega, tajantemente, ser un nerd.

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Natalia Hoyos

¿Usted quiere ser senador o alcalde de Bogotá?

Yo realmente quiero servir en donde pueda ser útil con el conocimiento y la experiencia que he adquirido estos años. Creo que actualmente hay una confrontación y una lucha narrativa muy peligrosa, en donde se están validando las vías de hecho, a los violentos, donde se empodera a los vándalos, y es necesario que tengamos políticos firmes, con posiciones contundentes y que no sean oportunistas. Creo que en ese debate puedo aportar para promover una política urbana seria en todas las ciudades, para combatir la violencia con firmeza y sin radicalismos. Y, por supuesto que no puedo dejar de decirlo, algún día sí quisiera ser alcalde de Bogotá. Me he preparado para eso, siento que puedo servir si los bogotanos así lo consideran.

¿Se ve algún día como candidato a la Presidencia?

Yo creo que cuando uno entra en política debe responder si quiere ser útil o importante. Y yo veo la política como un medio para servir y no para conseguir puestos. En ese orden de ideas, yo aspiro a llegar a donde mi conocimiento y preparación sean útiles para servir.

No ganó la Alcaldía de Bogotá, sacó cerca de 420.000 votos. ¿Lo ve como una derrota?

Estoy completamente feliz con el resultado de esa elección. Siento que escogí el camino más difícil, era el ‘outsider’ en esa elección y el candidato más joven. Defendía lo más difícil, lo impopular, no fui populista, fui coherente, dije las cosas como las pensaba y no oculté ningún tipo de alianzas. Busqué hacer una política transparente, y eso tiene sus costos.

Usted que fue tan cercano a Peñalosa, ¿no siente que lo traicionó yéndose para el Centro Democrático?

No, todo lo contrario. Yo he sido una persona completamente coherente durante mis años en la política. He tenido diferentes escenarios para hacer política, pero nunca he cambiado mis convicciones y posiciones. La visión que tengo de ciudad es la misma hoy que la que tenía como concejal, sin importar en qué partido estaba. Tomé la decisión de aspirar al Senado por el Centro Democrático por varias razones, pero particularmente porque considero que es un partido coherente, en donde caben varios matices y en donde una persona como yo, que soy firme pero no radical, puedo construir una alternativa para los colombianos que no somos de izquierda.

¿Quién le gusta más como político: Uribe o Peñalosa?

[Se ríe, lo piensa]. Ambos. No son excluyentes.

Ahora es “el chico de Uribe para el Senado”. ¿Cómo lo conoció?

Yo tengo una cercanía con él porque siempre fue cercano a mi familia. Su primer cargo político fue tras un nombramiento de mi abuelo. Pero ya en mi vida adulta lo vine a ver cuando era expresidente y todavía no había aspirado al Senado. Le dije a una amiga, que lo conocía, que quería conversar con él y me ayudó. Me dijeron que tenía 15 minutos para conversar y me encontré con un tipo fantástico, sencillo, que me habló por una hora y media de todo. Nunca más volvimos a conversar, a veces coincidíamos en otros momentos, pero no más. Ya después cuando me lancé a la Alcaldía, el Centro Democrático se unió al final a mi campaña. Uribe me apoyó hasta el último momento. Pese a que todo el mundo creía en las encuestas y no votó por mí pensando que no podía quedar, él jamás dejó de apoyarme. Durante la campaña nunca me dijo qué tenía que decir o hacer y ahora tampoco lo hace.

Finalmente, ¿pudo perdonar a Pablo Escobar?

Sí. Creo que recibió lo que merecía porque fue un criminal que hizo mucho daño en el país y que terminó como podría terminar un delincuente de ese nivel. Pero independientemente de que estuviera muerto, porque ya estaba muerto cuando hice mi proceso de duelo y perdón, yo perdoné a todos los que estuvieron involucrados, incluyendo a Popeye y compañía. Primero, entendí que ya había pasado, que nada que yo hiciera me devolvería a mi mamá, y en cambio perdonar sí me iba a enriquecer como persona y me permitiría vivir sin carga. Entendí que la reconciliación es lo único que le ayuda a uno a dar el paso y sobrepasar un momento tan difícil. Mi hermana tiene una frase que desde que se la oí, la tengo presente y es: “Cuando mi mamá se muere, uno pregunta ¿por qué?, pero la pregunta que hay que hace es ¿para qué?”. Esa es la pregunta que me ayudó a encontrar camino y significado en la vida. Obviamente hoy daría todo lo que tengo en mi vida, preferiría no hacer política, por estar con ella. Pero bueno, esa es la vida, solo hay una, y es la que me tocó vivir.

Apertura de la entrevista de Miguel Uribe Turbay en la edición impresa de Revista BOCAS, publicada en julio de 2021.

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Revista BOCAS

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Gracias por leernos.
Nos gustaría recomendarle otra de nuestra entrevistas: 'Aristi', el hombre de los 348 goles)

POR: VANESSA DE LA TORRE
FOTOS: NATALIA HOYOS
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 108. JULIO - AGOSTO 2021

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