Payanesa, entre menores de 30 años más prometedores de Asia y Europa

Payanesa, entre menores de 30 años más prometedores de Asia y Europa

Forbes elige en cada subregión del mundo, entre 1.200 jóvenes, a 30 que influirán en el futuro.

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Michelle Levy, nacida en Popayán, es líder del equipo de seguridad informática de Intel –una de las compañías más importantes del mundo– en Israel.

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Foto: Revista Forbes

Por: Sophia Rodríguez Pouget
28 de febrero 2020 , 07:16 p.m.

“Las mentes jóvenes creativas y audaces en la lista 30 Under 30 de este año son una prueba positiva de que el futuro será nuevo, emocionante y profundamente diferente”.

Así, la revista Forbes encabeza su análisis de los jóvenes menores de 30 años que influirán en el futuro de todos, por sus aportes a la ciencia, la medicina, el arte, la tecnología, los negocios, las industrias creativas y el emprendimiento social, entre otras áreas.

De cada subregión, Forbes selecciona 30, para un total de 1.200 “promesas del mundo” (600 de Estados Unidos y Canadá, y 600 de Asia y Europa, escogidos entre 15.000 nominados) que vienen revolucionando los paradigmas en las áreas que tocan.

Curiosamente entre los 600 de Asia y Europa, una colombiana sobresale por su historia y carisma. Se trata de Michelle Levy, líder del equipo de seguridad informática de Intel en Israel –una de las compañías de cibernética más importantes del mundo–.

De 29 años de edad, esta payanesa representa muy bien a las nuevas generaciones que llevan en la sangre varios países y continentes. Hija de madre colombiana y padre francés, nació en Popayán, donde transcurrieron sus primeros años de vida, y por sus abuelos y ancestros tiene incluso herencia rusa, turca y argelina.

“Cuando mi mamá era joven –dice– quiso conocer la experiencia de vivir en los kibutz de Israel y fue ahí donde conoció a mi papá. Se casaron y vivieron en Popayán, donde nacimos sus tres hijos. Yo soy la menor”.

A la familia le iba muy bien en Colombia; sin embargo, la nostalgia por la calidad de vida y el sentido colaborativo en Israel se fue acentuando y, cuando Michelle tenía cinco años, decidieron instalarse definitivamente en ese país.

“Desde que llegamos a Israel –cuenta su madre–, mantener viva a Colombia en nuestro hogar fue algo que nunca quise que mis hijos perdieran. Por eso prioricé el español como idioma oficial de la casa, al igual que ciertas costumbres, como arreglármelas para prepararles sancocho, arepas, pandebono y empanadas de pipián. De hecho, mi esposo es quien prepara el ají de maní. Afortunadamente desde hace algunos años ya se consiguen fácilmente yuca y plátano”.

“Me fascina cuando mi mamá prepara comida colombiana –dice Michelle–. Con familiares y amigos siempre le pedimos que nos prepare más. También me encanta la colección que mis papás tienen de balcones de Colombia”.

Michelle habla español, inglés, hebreo, y se desempeña en francés y árabe. Muchos la veían como una top model en potencia por su figura estilizada y su rostro, pero en su mente crecía una fuerte vocación por la medicina, el trabajo humanitario y las relaciones internacionales. “Desde pequeña, nunca ha dejado de sorprendernos por sus resultados”, comenta el padre.

Me eligieron no solo por el desafío de proteger a una compañía tan grande como Intel, sino por diseñar un nuevo concepto de trabajo y formar al equipo para ello

“Al terminar el bachillerato –sigue Michelle–, uno tiene la obligación en Israel de hacer dos años de ejército o de voluntariado. Escogí hacer el primer año de trabajo social en un barrio vulnerable. Ahí trabajé con una organización a la que acudían niños desfavorecidos al salir del colegio. Les dábamos comida, les ayudábamos a hacer sus tareas, a educarlos, a que recibieran lo que no podían tener en sus hogares.
También se les daba alimento y hospedaje a personas sin recursos. Terminada esa experiencia, seguí la carrera militar y me enlisté en el ejército tres años. Tuve que pasar por muchísimos exámenes para ser aceptada y, por los idiomas y las aptitudes que me vieron, me integraron directamente a la unidad de inteligencia y tecnología, donde me formé durante ocho meses. Tres años después, yo ya lideraba un equipo de inteligencia de diez personas en protección y defensa informática, en la famosa Unidad 8200”.

En pleno ascenso de su carrera, Michelle quiso hacer un alto para no aplazar más un sueño que tenía pendiente: “Me fui de viaje seis meses a Colombia y Suramérica. Quería reconectarme con mis orígenes, recorrer varios países. Todo eso lo hice por tierra, carretera, en bus y caminando. Fue maravilloso”.

De regreso a Israel, se vinculó con IOTT, compañía que brinda formación y soporte informático a importantes organizaciones en el mundo. Su desafío: estar cada vez más expuesta al ciberespacio. “Me pidieron ayudarles a seleccionar y preparar a la gente que utilizaría sus equipos en el mundo. Fue intenso porque, en los cerca de dos años que trabajé con ellos, tuve que viajar a unos 27 países”.

Luego pasó a Check Point –la famosa empresa pionera en seguridad informática–, donde le pidieron encargarse del grupo 'management security service'. “Ahí tuve la responsabilidad de proteger de cualquier ataque o ‘hackeo’ a sus más grandes clientes en el mundo”.

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En ese punto, Michelle Levy ya era reconocida como una de las jóvenes más brillantes de su generación y la multinacional Intel la convocó para liderar un nuevo equipo: “Ellos tenían en el mundo dos equipos humanos ya consolidados de defensa informática, uno en Estados Unidos y otro en la India. Yo llegué para formar el tercero en Israel. Me tomó cuatro meses intensos entrevistar, seleccionar y formar al nuevo grupo. Somos nueve, y pronto seremos dieciséis, que tuvimos que aprender lo que los otros dos equipos venían haciendo para luego apoyar el cambio que se buscaba”.

Ese cambio fue clave para su nominación en ‘Forbes’, ¿en qué consistió?


Consistió en “aplanar”, es decir en minimizar la cantidad de pasos al momento de resolver cualquier incidente informático. Cuando ocurre un ataque cibernético por lo general hay que filtrar, analizar, generar respuestas, solucionar, en fin, pasa por varios pasos. Nosotros, en cambio, llegamos para resolver todo de la manera más breve e integrada. Mi equipo puede responder en un solo nivel de gestión: analizar a gran velocidad los malware, monitorear información, procesar datos...

Así, lo que antes se resolvía en una semana, empezamos a resolverlo en dos horas. Aparte de eso, formo a expertos en inteligencia, como yo, para que puedan no solo responder técnicamente a un ataque informático sino determinar quién atacó, por qué, desde qué país, dónde están, qué tácticas usan y qué historia hay detrás de un ataque.

Los israelíes suelen decirme que sonrío más que el promedio de la gente y yo les digo que esa es la parte colombiana

Su nuevo modelo de trabajo abarca incluso la innovación del espacio físico de trabajo, ¿cómo es eso?

Ese fue otro de mis aportes: diseñar el lugar donde trabajamos, nuestra sala, la ubicación de los equipos y la ubicación de nosotros mismos en la torre inteligente de Intel, en Tel Aviv, a la que acabamos de mudarnos. Aquí todo funciona con inteligencia artificial. Por supuesto, me apoyé en arquitectos y diseñadores, pero todo esto implicó un nuevo cambio de mentalidad, un nuevo sistema de trabajo. Hoy somos la primera línea de defensa informática de la compañía.

¿Cómo se dio la nominación y la selección por ‘Forbes’?

Tanto mis jefes en Intel como en Check Point fueron quienes me propusieron. A partir de ese momento, Forbes consultó a muchos expertos y directivos de la industria para que dieran su opinión sobre mí. Pienso que me eligieron no solo por el desafío de proteger a una compañía tan grande como Intel, sino por diseñar un nuevo concepto de trabajo y formar al equipo para ello. No cabe duda de que me dieron unas llaves muy grandes.

¿Cómo fue el encuentro con los demás menores de 30 años destacados?


Hubo dos eventos. En el primero pudimos conocernos los de Israel y se hizo la fotografía oficial de todos. Ahí pudimos intercambiar, saber qué hacía cada uno y hasta creamos un grupo de WhatsApp. Fue maravilloso conocer a gente tan inspiradora. El segundo evento fue más grande, formal y mediático. Ahora estamos invitados a varios eventos alrededor del mundo con influenciadores, gente de la industria. Seguro vendrá mucho networking.

Hace un par de años, usted vino a dar una conferencia a clientes de Check Point en Colombia, ¿qué recuerda más de esa experiencia?

Lo que más me impactó fue la reacción de las mujeres durante mi conferencia. Estaban muy emocionadas de ver que una mujer joven y colombiana estuviera en cargos que, por lo general, son más masculinos. Me decían que deseaban que eso pasara más en Colombia. Recuerdo que la conferencia la hice en español, advirtiendo que, de tanto hablar otros idiomas, cogí un acento como raro. Hasta mi mamá me toma del pelo y a ellas eso las divirtió mucho.

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¿Cómo es su relación con Colombia?

A Colombia la llevo siempre conmigo y tengo familia y amigos allá. Me encanta además la música, escucho a Shakira; de hecho, lo que hizo en el Super Bowl con Jennifer López estuvo increíble, también a Carlos Vives, J.Balvin, Maluma, fusiones de salsa y música mediterránea. También cuando Colombia compite y gana en lo que sea, siento orgullo y alegría. Tengo además amigos colombianos en Israel y charlar con ellos es algo que me conecta igualmente con el país. Los israelíes suelen decirme que sonrío más que el promedio de la gente y yo les digo que esa es la parte colombiana. Otra cosa es el afecto por la familia y los amigos. Mi mamá, por ejemplo, es como otra mamá para mis amigas. Esa calidez es muy colombiana.

Usted trabaja, estudia Relaciones Internacionales en la Open University –donde obtuvo el premio a la excelencia– y contribuye como voluntaria en la asociación Don’t Stand Against, para ayudar a mujeres a salir de la prostitución. Y le encanta cocinar, hacer yoga, deporte, corre una vez a la semana, y se casó recientemente. ¿A qué horas hace todo?

Creo que son dos cosas: que me intereso por todo. Sea lo que sea, leo, investigo, veo tutoriales, comparo, profundizo hasta donde más pueda. Tengo el espíritu científico de observar, experimentar, comprobar, entender el porqué de cada cosa. Y lo segundo es que soy obsesiva con la excelencia. Lo que haga, sea mi trabajo o cualquier cosa que me guste, como cocinar por ejemplo, trato de hacerlo con la más alta calidad. Busco entender hasta los procesos físicos y químicos de la comida, a qué corresponden las técnicas de una receta, por qué el azúcar se carameliza, en fin.

También soy madrugadora. Cada día me levanto muy temprano, hago yoga, leo veinte minutos, salgo a trabajar y, de regreso del trabajo, dedico veinte minutos a la fundación, ya sea presencialmente o en línea.

La clave está en que, entre más cosas se hagan, más rinde el tiempo, porque uno se organiza mejor. Además establecí tiempos muy precisos para el teléfono y las redes sociales porque si no uno pierde demasiado tiempo y productividad. De hecho, el teléfono no puede ocupar más de una hora de mi tiempo al día. Eso no significa que no me divierta, me fascina bailar y hasta acompaño a mi esposo a clases para que aprenda a rumbear como en Colombia.

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¿Qué mensaje quisiera dejarle al país?

A Israel y a Colombia les pasa que solo se habla de lo negativo, cuando lo positivo de ambos es tan grande y motivador que debemos enfocarnos en eso. Podría hablar del narcotráfico, de la corrupción, o de la paz que todos deseamos obviamente. Pero Colombia está en un momento tan clave de su creatividad, de su turismo, de sus desafíos de innovación, de su diálogo con el mundo. Tenemos mucho por hacer. Me emociona que siempre está en la lista de la gente más alegre y echada para adelante.

SOPHIA RODRÍGUEZ POGET 
PARA EL TIEMPO

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