'Viajé 48 horas seguidas para ver al amor de mi vida'

'Viajé 48 horas seguidas para ver al amor de mi vida'

La tercera entrega de #MensajeDirecto es sobre una relación a distancia que atravesó las fronteras.

Mensaje Directo - Historia mujer que viaja a conocer a otra

María Paula hizo un viaja de Bogotá a Cali, luego de Cali a Ipiales y finalmente de Ipiales a Quito para conocer en persona a su amor.

Foto:

Ilustración María Paula Cardona

Por: María Paula
18 de septiembre 2018 , 05:43 p.m.

En una semana cumplo un año de novia con el amor de mi vida. Su nombre es Marcela y la conocí por internet. Ella es ecuatoriana y yo colombiana. Durante 7 meses nuestro noviazgo fue solo “digital”.

Todo era muy difícil porque ella seguía en el colegio y yo ya estaba en la universidad. La distancia es algo muy difícil de manejar y, claro, había peleas por celos y discusiones por estar lejos. Pero siempre decíamos que el día que nos viéramos nos íbamos a morir de felicidad y vivíamos haciendo planes para el futuro.

Pero las sospechas y la desconfianza jugó en nuestra contra y justo en el séptimo mes de nuestra relación, terminamos. Creí que todo había acabado, que ella no era la indicada, sufrí mucho. Igual seguíamos hablando, una de nuestras promesas era permanecer en la vida de la otra para siempre, como amigas o como novias, pero nunca irnos.

Durante los tres meses que estuvimos separadas pasaron muchas cosas, yo tuve un intento de suicidio y ella todo el tiempo estuvo conmigo. Hablaba con mi mamá, me llamaba cuando podía y siempre estaba preocupada, al pendiente. Estuve en una clínica de reposo mental y allí tuve una relación súper tóxica con una chica que conocí en ese lugar. Solo duramos 20 días.

Marcela siempre me celaba, pero sobre todo creo que se daba cuenta de que eso no era bueno para mí. Me decía que no le gustaba la presencia de esa chica en mi vida y yo sabía que tenía razón. Sobre todo porque nunca dejé de amar a Marcela.

Apenas compré el pasaje le envié la imagen por Whatsapp con un letrero bien clarito: “Bogotá – Quito”. Ella me miró y empezó a llorar

Nosotras seguíamos hablando por videochat siempre que podíamos y siempre salía el tema de conversación que nos extrañábamos mucho, que queríamos volver, pero que las cosas a distancia no se podían dar. Ambas somos celosas y eso complicaba todo.

Desde que empezamos de novias, le prometí que, como fuera, iría a visitarla a Quito para su cumpleaños. El momento se acercaba y solo a una semana de que fuera esa fecha, no tenía aún el dinero para hacer el viaje. Me moría de la angustia porque para mí es muy importante cumplir lo que prometo.

Apenas a un par de días, me dijeron que había un trabajo de fin de semana para ganarme 700 mil pesos, que era justo la cantidad que necesita para poder ir y volver en bus.

El lunes recibí el pago y el martes me fui para la terminal del transporte. Compré mi pasaje de bus para Quito.

No pensé en que sentimientos podría tener ella, aunque luego me enteraría. Supo del viaje ese mismo día porque le mandé una foto del pasaje y le dije que en pocas horas, por fin, nos conoceríamos.

Estábamos en videochat, cuando le dije que ya tenía su regalo de cumpleaños. Ella se burló y me dijo que era “otro más para guardar” y yo me reí. En ese momento le envié la imagen por Whatsapp con un letrero bien clarito: “Bogotá – Quito”. Ella me miró y empezó a llorar. “No lo puedo creer”, me repitió varias veces.

El bus salía el miércoles a las 6 de la mañana. Pasé la noche sin pegar el ojo. No dormí nada por la ansiedad, los nervios, el miedo de poder conocerla al fin. De poder verla, tocarla, escucharla. No sabía qué iba a pasar porque yo iba en calidad de amiga. No podría besarla ni tratarla como mi novia, pero no me importó. Me fui a por cumplir mi promesa.

En la maleta no llevaba mucho. Ropa, zapatos y los regalos de los 10 meses que llevábamos “juntas”. El primero de cada mes era nuestro “aniversario” y yo le compraba algo. Todo eso lo llevaba. También dulces colombianos y cosas que ella nunca había probado.

También le compré un oso panda muy grande. En algún momento pensé que no me lo dejarían llevar en el bus, pero no tuve problemas. Era el regalo de cumpleaños, uno más de todos los que quería darle. Mis papás y mi hermano me llevaron hasta la terminal de transporte y me decían que no estaban de acuerdo con que me fuera a ver una persona que recién conocía por internet, que era peligroso. Yo los entendía porque también tenía nervios, pero como he dicho durante todo este escrito, sentía que debía ir.

Mi familia es muy religiosa, entonces oraron mucho por mi viaje y decían que todo estaba en manos de Dios, que ellos pensaban que no estaba bien, pero que no querían trancar mi felicidad. Mi mamá, mi papá y todos mis amigos saben que soy lesbiana y que ella era mi novia. Me senté en la silla número 1, justo nuestro número. No dormí nada en el viaje de Bogotá a Cali. Solo pensaba en que estaba más y más cerca de ella, en la mezcla de angustia, felicidad, miedo y añoranza que tenía.

Ahora que pienso nunca ensayé algo para decirle cuando la viera por primera vez. Quizás porque aunque no la había visto en la vida real hasta ese día, sentía que la conocía. Con ella la relación siempre ha sido de mucha confianza y somos muy frescas.

El viaje hasta Cali fue largo. Llegamos a las 7 de la noche. Pensé en bajarme del bus y devolverme a Bogotá, pero mis ganas de verla fueron más grandes que el miedo, así que continué mi viaje.

El jueves en la mañana llegué a Ipiales, pasé a Ecuador y cuando el señor de migración de dijo “Bienvenida a Ecuador” sentí que mi corazón colapsaría. Era una mezcla de todo. Estaba lejos de todo, pero cerca de ella. La tenía a nada de distancia, estábamos en el mismo lugar del planeta, en la misma zona horaria, en la misma tierra. Toda esa geografía que un día nos separó, yo la había recorrido para llegar hasta ella.

Recién el viernes llegué a Quito. Me tomó 48 horas toda esta loca travesía. Eran las 2 de la mañana. La llamé y solo puede decirle: “Ven por mí”. No pude contener las lágrimas de felicidad.

Mis papás y mi hermano me llevaron hasta la terminal y me decían que no estaban de acuerdo con que fuera a ver una persona que recién conocía por internet, pero yo sentía que debía ir

Apenas pasaron 15 minutos, pero fueron los más eternos de toda mi vida. A lo lejos vi cuando se acercó su carro que había visto mil veces por videollamada. Ella iba con su papá y su tío. Bajó del carro y cinco segundos después la abrazaba fuertemente.

En ese momento sentí que estaba completa, que estaba en el lugar correcto, en los brazos correctos. Apenas llegué a su casa y estuve lista para poder irme a dormir, me recosté en la cama y ella se puso a mi lado y me miró. El tiempo se detuvo. Solo éramos ella y yo. Bajó su carita y me besó. Ninguna preguntó nada, no hubo cuestionamientos ni dudas. Estábamos juntas, nos amábamos aún y eso nos bastó para creernos el cuento de estar juntas.

Dos días antes de volver a Bogotá, estábamos acostadas en su cama y ella se levantó a buscar algo. No le presté mucha atención. Cuando regresó, me cogió la mano y me puso un anillo y sin más me preguntó si quería ser su esposa. El sí me salió natural y nos dimos el beso perfecto.

La distancia siempre será difícil, siempre habrá ganas de abrazarse, de besarse, y es difícil no poder, pero cuando el amor es real, todo se aguanta, todo se resiste. Así que en tres años que termine mi carrera aquí en Bogotá, iré a casarme con ella en Quito. Por ahora, nuestro acuerdo es que viajaré cada seis meses a verla.

Ya no hay celos. Vernos nos hizo estar seguras del amor que hay entre las dos y la confianza que nos tenemos. Hay planes de que ella venga, pero es más complicado porque yo aún vivo con mis papás y son muy religiosos. No nos dejarían ni dormir juntas.

Le aposté al amor, a vivir el momento sin importar el dinero, las fronteras, las fobias, la distancia o los peros que nos pone el Universo… y gané.

Si aman, solo arriésguense.

María Paula 

.¿Tiene una historia de amor curiosa o poco común? Nos interesa conocerla y publicarla en #MensajeDirecto. Escríbala y envíela a los correos cinmor@eltiempo.com y rafqui@eltiempo.com y lo contactaremos. Debe tener un mínimo de extensión de dos hojas y un máximo de cuatro hojas.

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