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'TKM Y K más?' El nuevo lenguaje de los muchachos
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Internet y las redes sociales hicieron que el contacto entre los jóvenes se volviera universal.

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ÓSCAR FERNANDO ARIZA. EL TIEMPO

'TKM Y K más?' El nuevo lenguaje de los muchachos

Internet y las redes sociales hicieron que el contacto entre los jóvenes se volviera universal.

Una exploración del posmoderno lenguaje digital que usan los jóvenes y los nuevos términos. 

Nos guste o nos disguste, la verdad es que los muchachos de hoy ya tienen su propio idioma.

Y, como dice el lingüista y abogado Francisco María García, lo mejor que podemos hacer los adultos es acercarnos a ese lenguaje de los jóvenes en lugar de estarlos regañando. Quiero decir que lo mejor es entenderlos en vez de reprenderlos. Así es como se construye la armonía universal.

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Esa es la única manera de entablar una comunicación permanente y comprensiva, que es lo que este mundo de hoy está necesitando y está pidiendo a gritos, en lugar de tantas querellas, como el mal ejemplo de los políticos colombianos, que se pasan el día entero, desde que amanece hasta que anochece, peleando e insultándose, diciendo improperios y armando peloteras.

Vamos al grano, dijo el pájaro. El moderno lenguaje que ahora escriben los jóvenes comenzó a originarse con la aparición de las nuevas tecnologías, por allá en el comienzo de los años noventa, hace ya treinta años. El internet, las redes sociales, la comunicación instantánea hicieron que el contacto entre los muchachos se volviera universal.

Tal como Stephanie Victoria lo anota en sus investigaciones, fue un profesor colombiano, el caleño Andrés Fernando Torres, coordinador del Área de Lenguaje y Expresión de la Universidad Autónoma de Occidente, el autor de un cuidadoso y atinado estudio sobre el tema.

“La lengua es un sistema cultural dinámico”, comenta el profesor Torres. “Es decir que siempre está cambiando. Por eso han nacido las nuevas palabras que se están incorporando al habla. Pero así como han aparecido nuevos términos, también han desaparecido otros. Por ejemplo, la palabra ‘telegrafiar’ ya casi no se utiliza porque el aparato para el cual se usaba, el telégrafo, se volvió obsoleto”.

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'Crush', LOL, el fanfi

La misma Stephanie Victoria escribió para el diario El País una crónica en la cual empieza por advertir que los jóvenes lo que quieren, con toda razón, “es marcar su autonomía y tomar distancia de los adultos a través de un lenguaje propio del universo digital”.

Entonces, para ilustrar de una manera gráfica lo que está diciendo, describe una escena imaginaria, pero que ocurre a diario, en la que está usted con su hija en un restaurante. Ella, ensimismada, escribe afanosamente en su celular. Usted, que está siendo devorado por la curiosidad, no aguanta y mira por encima del hombro de la muchacha. Y entonces lee este jeroglífico entre su hija y una amiga:

–Bae.
–Hello. ¿Cómo te va con tu crush?
–¡Wao! Él es super fanfi. Me preparó una cena sorpresa.
–OMG. Afk.
–LOL

Y usted, pobre mamá, se queda en las nubes porque no entendió nada.
Yo me he tomado el trabajo –agradable, por lo demás– de buscar y rebuscar los significados de todo ese lenguaje. En primer lugar, encontramos la palabra bae, que es la nueva forma del saludo.

Esa es una de las expresiones más cariñosas que hoy pueden salir de un adolescente. Es de origen inglés, como casi todas las demás en este mensaje, y es la sigla de “before anyone else”, que traduce ‘antes que nadie’.

Con ella se manifiesta un cariño especial por la persona con quien se está chateando. Equivale a las efusivas expresiones que los ancianos que hablamos español hemos usado toda la vida, como “te quiero más que a nadie”, “eres mi todo” y varias otras que son similares. Lo que en Bogotá llaman “la queridura”, con un hermoso término coloquial.

Bueno, pero sigamos adelante. ¿Quién es ese crush? ¿De dónde salió? También proviene del inglés.

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Del ‘crush’ al fanfi

Antiguamente, en el vocabulario cotidiano de la gente que habla inglés, crush significaba un amor platónico, un idealismo sentimental, uno de esos sueños románticos que los seres humanos tenemos una vez en la vida. Y los muchachos lo han rescatado, en su lenguaje digital de esta época, para que vuelva a significar eso mismo. Ojalá lo logren.

Como les acabo de decir, crush tiene un sentido amoroso casi espiritual y puro. Fanfi, en cambio, va mucho más allá. Para empezar, la palabra original, que también es de padres ingleses, llevaba una c al final, fanfic, y con ella la gente se refería a los personajes inventados en las películas o las novelas.

Pero los jóvenes de esta época de tecnología e internet resolvieron quitarle la última letra, quedó convertida en fanfi y ahora significa amor carnal, un amante, compañero o compañera permanente.

El chateo sigue avanzando. De repente, del otro lado de la línea, le escriben a tu hija, la que está en el restaurante, esa expresión que aparece ahí en el diálogo: “OMG. Afk” (aquí, entre paréntesis, no me vas a negar que entonces, con esos términos tan extraños y complejos, te quedaste viendo un chispero).

OMG es, sencillamente, otra sigla o abreviatura. Es una exclamación de sorpresa si ocurre algo inesperado. Se refiere a Oh, my God!, que traduce literalmente ‘¡Oh, Dios mío!’ y casi siempre va unida con la expresión que le sigue, AFK, que en inglés significa away from the keyboard, que quiere decir ‘lejos del teclado’.

Resulta que LOL reemplaza a una exclamación clásica, universal y risueña: se trata de jajajá, la antigua carcajada

Todo ello lo que significa, traducido al castellano sencillo, es que uno de los dos muchachos que están chateando le dice al otro: “Dios mío, tengo que ausentarme un momentico”. A lo mejor fue que sonó el teléfono, o que timbraron en la puerta o que debe ir de urgencia al baño.

Tu hija sospecha que se trata de lo último y le contesta: LOL. Ese es el más curioso y asombroso de todos los modismos tecnológicos empleados en los diálogos juveniles. Resulta que LOL reemplaza a una exclamación clásica, universal y risueña: se trata de jajajá, la antigua carcajada.
LOL es una sigla inglesa que resume tres palabras, laughing out loud, y significa ‘riendo a carcajadas’.

La K y el lenguaje escrito

Aquí es donde quiero detenerme un instante para que comentemos el caso tan conocido de la letra K en la escritura juvenil.

Sucede que en sus mensajes electrónicos de hoy en día, los muchachos, en su afán de síntesis y de ser concretos, resolvieron reemplazar el pronombre relativo que por la letra K.

De la misma manera en que sustituyeron, con sus simples iniciales, una de las despedidas epistolares más usadas de Colombia al final de cada carta. Me refiero al novedoso TQM, que ha venido a reemplazar al clásico te quiero mucho.

Lo cierto es que varios psicólogos y sociólogos, que se dedican a desentrañar estos grandes temas de la sociedad moderna, han advertido ya que ese nuevo lenguaje escrito de los jóvenes está produciendo una paradoja insólita en las relaciones humanas.

Se los explico de manera simple. Es cierto que esta forma de comunicación acerca a los jóvenes, los vuelve más próximos y les da un carácter íntimo. Pero por escrito. Cuando se encuentran personalmente, en cambio, su capacidad de expresarse verbalmente se reduce tanto que prácticamente quedan incomunicados.

¿Y la conversación?

Las observaciones del párrafo anterior sobre el lenguaje oral nos llevan a otro ángulo sorprendente de la juventud actual: los saludos que hoy están de moda entre los muchachos eran unos agravios hasta hace poco tiempo.

Si se encuentran ahora dos amigos adolescentes, este es su saludo:
–Hey, huevón.
–Ajá, marica.

Esas palabrotas, que antes eran horrendas, ahora expresan cariño, especial aprecio, gran estimación. Quién lo creyera. Algunas de ellas son tan afectuosas que se han vuelto sinónimos de hermano, llave o llavería y pana. Hace apenas unos cuantos años, por el contrario, eran unos insultos tan graves que causaban peloteras, trompadas, ojos morados. De ese tamaño es el cambio que hemos tenido y que estamos teniendo cada día.

Así mismo, tratándose ya no de diálogos escritos sino verbales entre muchachos, son numerosas –casi incontables– las nuevas palabras y expresiones que los jóvenes están aportando a la vida cotidiana.

Aquí quería llegar porque me llama la atención un hecho: que, entre los nuevos términos que ellos mismos inventan, los muchachos ahora han rescatado palabras antiguas, pero dándoles un nuevo significado.

Severa arenga de morral

Lástima que no me caben todas las que quisiera incluir en esta crónica. Una de ellas es ‘severo’. Nosotros y nuestros abuelos la usábamos para aludir a alguna persona o cosa que, como dice el diccionario de la Real Academia Española, es rigurosa, áspera o, incluso, dura en el trato, o también al que es rígido y estricto en el cumplimiento de una ley, de una orden o de un reglamento.

Ahora los muchachos le dicen severo a lo que es magnífico o impresionante: severo carro, severa casa, severa novia. Caso similar ocurre con la palabra ‘arenga’, que en nuestra época significaba un discurso dicho en tono solemne para enardecer los ánimos, generalmente con intenciones política o militares.

Pues bien, ahora arenga es, según nuestros nietos, el uso ardiente de una palabra suelta, de un vocablo sonoro, de cualquier término expresivo y rotundo.

¿Y qué tal lo que ha ocurrido con un vulgarismo como ‘mamado’, que antes era sinónimo de cansado o agotado, y ahora se le dice así a un hombre musculoso?

Y quiero terminar con uno de los casos más graciosos que encontré en esta investigación. Morral hemos llamado siempre al costal o saco, lo mismo que a un hombre grosero. Pues ahora los jovencitos le dicen morral al perezoso, el vago, el ‘flojo’, como le decimos en el Caribe.

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Epílogo

De manera, pues, que el lenguaje cambia, tal como van cambiando la gente, sus costumbres, sus intereses.

Así como nuestros padres y abuelos intentaron asimilar el cambio cuando los jóvenes éramos nosotros, nosotros debemos asimilarlo hoy, cuando los jóvenes son nuestros hijos y nuestros nietos. No hay que juzgarlos ni regañarlos. Son los cambios que impone la vida. Son los nuevos tiempos.

El lenguaje siempre ha sido una manera que la juventud emplea para expresar su rebeldía. Y, además, el vocabulario de la gente no lo imponemos los académicos. Debemos admitir que la lengua es el pueblo.

JUAN GOSSAIN 
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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