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Sharon Stone: ‘La ironía es un signo de conocimiento’
Sharon Stone, actriz estadounidense

La actriz dice que hoy viven en la plenitud con sus tres hijos, todos adoptados.

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Ali Haider / EFE

Sharon Stone: ‘La ironía es un signo de conocimiento’

A sus 60 años, la actriz, ícono erótico del séptimo arte, vuelve a las salas con ‘El mejor regalo’.

Un par de años antes de la masificación de los desnudos en internet, décadas atrás del auge del ‘sexting’, Sharon Stone marcó un punto de inflexión en la historia del erotismo.

Fue en la película ‘Bajos instintos’, en la que interpretó a la escritora bisexual Catherine Tramell, sospechosa de asesinato. Frente a media docena de policías que la interrogan en un lúgubre salón, ella luce espléndida, con el pelo rubio recogido, una sonrisa coqueta, unos ojos que iluminan la pantalla y un ajustado vestido blanco que apenas cubre sus largas piernas. Los agentes se muestran hoscos. Ella, en evidente situación de desventaja, los va desarmando con respuestas rápidas, ingeniosas, inteligentes. El clímax llega cuando cruza las piernas y deja ver su sexo. Estaba sin ropa interior.

‘The Sunday Times’, en el Reino Unido, calificó la película como “una de las producciones más finas de la década de 1990 –se estrenó en 1992–, haciendo más por el empoderamiento de las mujeres que cualquier manifestación feminista”.

El papel le dio a Stone fama universal, reconocimiento profesional –consiguió una nominación como mejor actriz en los Globos de Oro– y la convirtió en un ícono del cine erótico. También, sin embargo, dejó caer sobre ella una enorme sombra que hoy, a sus 60 años recién cumplidos, la acompaña. ¿Quién provoca sentimientos tan excitantes? ¿Sharon Stone o su personaje Catherine Trammell? Rita Hayworth solía decir que lamentaba que los hombres se iban encantados a la cama con Gilda (su personaje más icónico), pero se despertaban decepcionados con ella.

De hecho, la carrera de Stone después de esta cinta se convirtió en una montaña rusa. Recibió criticas por las burdas escenas de sexo en ‘El especialista’, con Sylvester Stallone, y aplausos por su papel de Ginger en ‘Casino’, dirigida por Martin Scorsese, en la que lució sublime con Robert De Niro. Por este trabajo mereció una nominación al Óscar.

En el ámbito personal, sin embargo, ese papel de intelectual y asesina brillante la desestabilizó. Un día se detuvo en un semáforo en Los Ángeles y vio cómo se le acercó un hombre, luego otro y otro, hasta rodearla. Ella entró en pánico ante sus ‘fans’ desbordados. Psicológicamente no pudo salir a flote sola. De hecho, terminó en manos de un terapeuta que la trató durante un par de años.

En paralelo, la actriz era solicitada por las más importantes revistas del planeta, que se rendían ante sus encantos físicos y su agudeza intelectual. Nacida el 10 de marzo de 1958 en Meadville, Pensilvania, mostró desde pequeña que era poseedora de un coeficiente superior al promedio. Sus profesores la hicieron saltar varios años de primaria para que estuviera con niños mayores en condiciones de igualdad académica.

Hoy, sentimentalmente, tiene una situación opuesta. Su tercera pareja es casi 20 años menor. Se trata de Angelo Boffa, un rico empresario de 41 años, de nacionalidad italiana y residente en Suiza. Su anterior compañero era también menor. “¿Quién dictamina cuál es la edad para amar?”, pregunta ella ante el acoso de la prensa. “Soy una mujer plena”, dice.

¿Cómo hace para lucir tan bella?, le inquirió hace un tiempo ‘The New York Times’: “Me aplico una buena crema hidratante cada mañana y utilizo muy poco maquillaje”, dijo por salir del paso.

Luego contó, sin embargo, que detrás de su frescura estaban la consagración al trabajo y la vitalidad que recibe cada día que vive “porque viene con una buena dosis de felicidad”. ¿Por qué? “Por el simple hecho de estar viva”, sentenció. Aunque tiene un físico privilegiado –la tentaron para ser reina y modelo–, es un ser humano que se enferma. Después de los 30 sufrió lupus, lo que le causó al menos dos abortos involuntarios. En uno de ellos estuvo grave: pasó 36 horas en la mesa de operaciones. ¿Semejante situación era obstáculo para tener una familia?

No. Echó hacia adelante. Por eso suele decir que los sentimientos más puros son los que inspiran sus tres hijos. Todos adoptados. Roan Joseph Bronstein, que cumple 18 años y a quien crio con el periodista Phil Bronstein. Con él acabó peleando en los tribunales por su custodia; y otros dos que ella llevó a su hogar en solitario: Laird Vonne (2005) y Quinn Kelly (2006). “Soy una mamá soltera y feliz”, declaró hace poco. ¿Es fácil criar sola tres muchachos? “No planeo adoptar más. Tres hijos es demasiado. Uno es como tener un bolso. Puedes ir a cualquier sitio con él en cualquier momento, es tranquilo y sencillo. Dos es... dulce. Pero tres... ¡Tres es un circo!”, le dijo con humor a la revista ‘Vanity Fair’.

Stone ha vuelto a las primeras planas otra vez, porque después de recuperarse de un aneurisma, en 2001, que la hizo sentir una “experiencia cercana a la muerte” y que la obligó a tomar distancia de las cámaras, está de regreso. “El trabajo me ha salvado siempre”, anota. Y de qué manera. Es la estrella de ‘El mejor regalo’, papel inicialmente concebido para una mujer menor. Stone recibió el guion, escrito por la también directora Susan Walter, en el que le pedían ser la madre de la protagonista, de unos 25 años. Ella le dio un vuelco y se presentó al ‘casting’ para interpretar a la hija. Las actrices, demostró con este acto, no tienen fecha de caducidad.

Así, la intérprete, que también triunfa en la pantalla chica en ‘Mosaic’ (dirigida por Steven Soderbergh, en HBO) estrena en las salas de cine una cinta de corte romántico con la que espera “hacer soñar a la gente”.

Habla de su papel de manera divertida, esquivando las preguntas sobre su edad y llevando a los periodistas a otros temas: “Veo que adora la ironía”, le preguntó ‘Vanity Fair’. “O tal vez la ironía me adora a mí”, dijo ella. “La usa todo el rato. ¿Lo hace como escudo?”. “No, yo veo la ironía como un signo de conocimiento”, replicó la actriz, que hizo una de las escenas más eróticas, que congregó a millones en unos años en los que los desnudos sonrojaban. ¿Y ella? ¿Qué ve? ¿Cine erótico? ¿Porno? “Nunca he visto una película pornográfica. No me interesan las experiencias sexuales de los demás, solo las mías”, le respondió a ‘Vanity Fair’.

ARMANDO NEIRA
EL TIEMPO
En Twitter: @armandoneira

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