La tragedia de peluqueras y estilistas en Colombia durante la pandemia

La tragedia de peluqueras y estilistas en Colombia durante la pandemia

Esperan que el anuncio de reapertura, a partir del 1 de junio, las salve.

Peluquería

El gremio de los peluqueros y estilistas emplea a alrededor de 70.000 personas en todo el país.

Foto:

AFP

Por: Mariana Guerrero Álvarez 
30 de mayo 2020 , 05:40 a.m.

Los secadores en el salón de belleza de Olga Lucía Rivera están apagados desde hace más de dos meses. Desde que la Alcaldía de Bogotá instauró el simulacro de aislamiento preventivo, el 20 de marzo, las tijeras se quedaron en su lugar y los esmaltes han permanecido tapados.

El sector de las peluquerías quedó rezagado ante la contingencia que azota al mundo por el coronavirus.

Recientemente el Gobierno anunció la apertura de estos establecimientos, a partir del primero de junio, sin superar el 30% de su capacidad. Aun así, la incertidumbre sigue latente para muchos, pues las personas tienen miedo de ir a lugares concurridos y contagiarse, cuenta Olga.

(Le puede interesar: 140 personas se habrían contagiado de coronavirus en una peluquería). 

Esta es la historia de un gremio que se sostiene del diario y depende de los clientes.

Sobreviviendo

Olga Lucía es dueña de un salón de belleza en Zona Franca, en la localidad de Fontibón, llamado ‘Hair and Style’. Lo inauguró a finales de 2018 con la expectativa de independizarse y tener algo propio, dice ella. Todos los días llegaba a las 8:00 a.m y se iba a las 8:00 p.m.

Podía hacer entre 15 y 20 turnos diarios y en los días malos tres o cuatro. Ese número se vio reducido a dos a la semana después de comenzar la cuarentena. Los cortes que ha logrado realizar han sido a personas cercanas que la llaman y ella va, temerosa, a sus casas. Existe el miedo al contagio y también a ser multada por violar algunas normas del aislamiento.

Peluquerias

El salón de belleza de Olga Lucía lleva menos de dos años de apertura

Foto:

Olga Lucía Rámirez

Fue duro saber , de un momento a otro, que no iba a poder trabajar ni dar un ingreso económico a mi casa. Queda uno atado de pies y manos”, cuenta Olga.

Su negocio está cerrado y acumulando arriendos que ya suman más de 2 millones de pesos. Más allá de la incertidumbre por el local, las noches se pasan pensando en cómo sostener su casa en Fontibón y a sus dos hijos.

No sé qué prefiero en este momento, que me mate el coronavirus o que me mate el estrés de no saber qué hacer

Su triunfo más valioso ha sido poder pagar la universidad de sus hijos con lo que gana en su peluquería. 

Entre paredes blancas, sofás negros y flores moradas construyó un salón que tiene tres puestos de peluquería y dos de manicure, pero del que solo se encarga ella y otra compañera que tampoco ha podido trabajar durante la cuarentena.

Olga, a pesar de tener un puntaje de Sisbén apto para las ayudas, no ha recibido respuesta del Gobierno.

Cree que tendrá que cerrar su salón de belleza. Para ella, seguir manteniendo un lugar que no le genera ingresos no es una opción. Construirlo le costó alrededor de 8 millones, volver a crear uno le puede costar 3 millones que no tiene.

Las deudas, además, comienzan a hacer presión. Algunos prestamistas que le dieron dinero para la universidad de sus hijos también están a la espera.

(Le puede interesar: Presentan solicitud para reactivar peluquerías).

Así como Olga, en Colombia son varias las madres cabeza de familia a quienes se les agotan las alternativas.

En el país, según cifras del Dane, cuatro de cada diez mujeres deben sostener su hogar. Ruth es otra de ellas y lleva más de 20 aos siendo peluquera a domicilio.

Ir a algunos hogares es, a lo mejor, la única alternativa que han tenido los trabajadores de este gremio

“Esperemos un poquito más que eso ya todo se normaliza después de que quiten la cuarentena”, le dicen sus clientas cuando ella les ofrece algunos de sus servicios. Otras, por el contrario, la llaman y le piden que por favor las atienda. No pasa de hacer un turno semanal. Como la mayoría, tiene miedo de salir y contagiarse, pero gana el miedo a no tener cómo subsistir.

Peluquerias

Los salones de belleza han sido uno de los gremios más afectados durante la pandemia.

Foto:

Olga Lucía Rámirez

Desde que salió del colegio se ha dedicado a este oficio. Aprendió cuando tenía menos de 20 años y después de un largo tiempo trabajando en peluquerías decidió optar por los domicilios. Vive con sus dos hijos y su esposo en un apartamento en el barrio Quinta Paredes. Se sostiene con lo que ahorró antes de la cuarentena y por la ayuda de algunas de sus clientas que le pagaron servicios por adelantado.

Ruth cree que no el Estado no ha pensado en ellas. “El Gobierno abandonó a los estilistas. Todos estamos pasando por lo mismo. Es un trabajo muy bonito, pero no se considera de primera necesidad, no es una urgencia para la sociedad”, afirma.

Salen en televisión, dicen cosas muy lindas, pero yo no me he favorecido en nada

En otra parte de la ciudad, los ahorros se agotan en la casa de Gilma Solórzano. A sus 50 años, esta peluquera del barrio 20 de Julio se siente sin opciones. Lleva viviendo de un salón de belleza por más de 30 años.

(Le puede interesar: Peluquerías y salas de belleza: las otras víctimas del covid-19).

El dinero que tenía acumulado para una emergencia se agotó al mes. Es madre soltera de un niño de 13 años. Con lo poco para subsistir, no pudo seguir pagando el internet en su casa en el barrio el Tintal.

A veces a uno le toca elegir”, dice.

Ahora su hijo tiene que ir a donde la vecina para ver las clases virtuales, si ella no puede ayudarle, se tiene que atener a perder las sesiones.

Sus vecinos se han hecho algunos cortes o tinturas, es lo que más se solicita en la cuarentena. Va hasta sus casas pero no se demora.

No sé qué prefiero en este momento, que me mate el coronavirus o que me mate el estrés de no saber qué hacer”, cuenta abrumada por la incertidumbre.

Por parte del Gobierno tampoco ha recibido colaboraciones. “Salen en televisión, dicen cosas muy lindas, pero yo no me he favorecido en nada”.

Con ella trabajan otras cinco personas, todas en la misma situación: escasez de ingresos y pocas alternativas.

El gobierno nos abandonó a los estilistas

(Le puede interesar: Peluquerías y otros sectores que se reactivan el 1 de junio).

Para Claudia*, peluquera venezolana, la situación es igual de compleja. Llegó hace tres años del país vecino por el difícil momento que se vivía bajo el régimen de Nicolás Maduro. En su ciudad natal, Mérida, trabajaba para un salón de belleza de una tía. Fue allí donde aprendió de todas las técnicas de manicure que la hicieron obtener un empleo en Colombia.

Vive con otras seis personas en el barrio San Cristóbal, en el sur de Bogotá. Contándola a ella, son cinco adultos y dos niñas pequeñas y todos se acomodan en una sola habitación. La responsabilidad del hogar está en sus manos.

“A mi hijo lo sacaron de una panadería, a mi esposo lo sacaron de una construcción, mi otro hijo es barbero y está en la misma situación que yo y mi nuera no trabaja”, señala.

Durante las semanas que han transcurrido de cuarentena, se ha sostenido con el dinero que algunas clientas le han donado y 40 mil pesos que el dueño del lugar donde vive quiso regalarle. Además, como comparte. También con los mercados que les han dado a sus nietas por estar en los jardines de la Secretaría Distrital de Integración Social.

“Si no se arreglan uñas, nos morimos de hambre”, afirma Claudia.

El dueño del salón de belleza para el que trabaja la hizo ir a laborar a puerta cerrada desde el 11 de mayo, exponiéndose a la violación de las normas y a una multa. La situación no mejoró, pues fueron máximo de a dos clientes por día desde que abrieron.

Ni el Gobierno venezolano ni el colombiano le han dado respuesta a Claudia. Por el lado del país vecino, se inscribió en un censo para solicitar ayuda, pero nunca la llamaron. En Colombia le prometieron unas colaboraciones, por parte de una iglesia, ayudas que tampoco llegaron.

Estas mujeres, al igual que todo el gremio de estilistas, que según la firma Raddar es de 70.000 personas en el país, esperan que la situación mejore con el anunció de reapertura hecho por el Gobierno.

En eso depositan la esperanza, y también en sus clientes, muchos de ellos, sin ganas de ir a lugares donde puedan contagiarse.

*Nombre cambiado por seguridad de la fuente.

Mariana Guerrero Álvarez
Tendencias EL TIEMPO 
@marguealv

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