#ChurchToo, la campaña que busca que las iglesias tengan su #MeToo

#ChurchToo, la campaña que busca que las iglesias tengan su #MeToo

Etiqueta ha visibilizado historias de sexismo, acoso y abuso en iglesias evangélicas de EE. UU.

Church Too

Emily Joy, poeta y profesora de yoga, es una de las dos creadoras de #ChurchToo.

Foto:

Cortesía de Emily Joy

Por: MARU LOMBARDO
27 de enero 2018 , 11:35 a.m.

Emily Joy relata que cuando tenía 16 años y era parte de una iglesia evangélica de Illinois (Estados Unidos) tuvo una relación sentimental con un líder de jóvenes en su comunidad. Él tenía, entonces, más de 30 años.

La relación avanzó con mensajes de texto y correos electrónicos en los que él le hablaba de su deseo de besarla y casarse con ella (la comunidad evangélica, en general, considera que no se debe tener sexo hasta el matrimonio) y le pedía que no les contara a sus amigos ni a sus papás del ‘vínculo’ que estaban teniendo.

Fue esta situación y la explosión del movimiento #MeToo (#YoTambién) lo que la impulsó a crear #ChurchToo, que se traduce como #IglesiaTambién y que busca visibilizar historias de sexismo, acoso y abuso dentro de la iglesia evangélica, especialmente en Estados Unidos.

En el tuit en el que desarrolla su historia, Joy –quien hoy se dedica a la poesía y a dar clases de yoga– cuenta que, eventualmente, su familia se enteró de su relación y la iglesia echó al líder de la comunidad. Ella nunca recibió ninguna aclaración sobre el hecho, pero el exlíder pudo seguir trabajando en otras iglesias de Illinois.

“Mis papás me hicieron llamarlo y pedirle disculpas por lo que le había causado”, cuenta Joy. Tardó casi diez años en preguntarse públicamente por qué sus padres habían actuado así.

#ChurchToo fue creado en noviembre del 2017 junto con la escritora Hannah Paasch. Desde entonces, el movimiento, además de recopilar historias de violaciones, relaciones desiguales entre mayores y menores de edad y actitudes sexistas dentro de la Iglesia evangélica, ha logrado captar la atención de medios, como la revista Time, la Radio Pública de Nueva York (NPR, por su sigla en inglés), Vox y el Huffington Post.

NPR, particularmente, publicó esta semana la historia de un pastor del estado de Tennessee, Andy Savage, que gracias a #ChurchToo admitió el 7 de enero de este año frente a su congregación que en 1998 había tenido un ‘incidente sexual’ con una joven de 17 años. Quien lo denunció, Jules Woodson, contó que en ese año el pastor la había presionado para que le hiciera sexo oral después de una reunión de jóvenes evangélicos.

Y dice que tanto el pastor como otro líder de la iglesia le pidieron que no contara nada sobre el asunto. Según reportó NPR, Savage dijo frente a su congregación que había tratado de manejar el asunto “de una manera bíblica”.

EL TIEMPO le envió un cuestionario por correo electrónico a Emily Joy y a Hannah Paasch sobre este movimiento, y recibió solo las respuestas de Joy.

¿Cómo cambió su relación con las prácticas del evangelismo después de darse cuenta de la situación que vivió en este círculo religioso?

En este momento, no tengo ninguna relación con las prácticas de la Iglesia y la espiritualidad evangélicas. Todavía voy a una iglesia local episcopal, pero mi relación con la cristiandad conservadora, la verdad, está bastante dañada.

¿Qué tipo de reacciones ha visto de evangelistas que reportan abusos en sus círculos religiosos? ¿Dejan el círculo, tratan de cambiarlos, son indiferentes?

He visto que algunos, al darse cuenta de las situaciones que nos han pasado, dejan el cristianismo y la religión del todo. Otros tratamos de encontrar un hogar en una versión más liberal del cristianismo. Y otros tratan de trabajar ‘desde adentro’ para lograr un cambio. Todas estas opciones son válidas y todos deben hacer lo que necesiten para ser individuos saludables y completos.

En un artículo del ‘Huffington Post’, Hannah Paasch argumenta que la causa de que en el evangelismo haya tanto sexismo es una ‘cultura de la pureza’, la cual, entre otras cosas, genera que las mujeres vean al hombre como su salvador para mantenerse ‘puras’. Plantea que para conservar esta imagen es mejor que asuman la vergüenza y la culpa de lo que les pasó al demostrarse públicamente como ‘pecadoras’. ¿Estas características son inherentes a las creencias del evangelismo?

Yo diría que sí, son absolutamente inherentes al sistema de creencias del evangelicalismo. Muchos hablan de redimirlo el evangelicalismo, y si eso es algo que alguien realmente quiere hacer, no le voy a decir que no lo haga, pero me cuesta mucho imaginarme esta rama sin su conservadurismo sexual, social, político y teológico. Creo que dejaría de ser evangelicalismo por definición, y por eso dejé esa práctica hace años. La cultura de la pureza sí es una base fundamental en el panorama religioso en el que fuimos criados, a tal punto que rechazarlo era sinónimo de rechazar a Dios, y punto.

El abuso sexual y el acoso son vistos como ‘pecados’ en vez de crímenes y, por eso, pueden ser perdonados en el cristianismo conservador

¿Y qué tanto se extiende más allá del evangelicalismo?

Vemos el sexismo, el echarle la culpa a la víctima y el tratar a mujeres de ‘putas’ en todos los rincones de nuestra sociedad, sean religiosos o seculares. La cultura de la pureza es la antesala de la cultura de la violación. Vemos su esencia en todas partes, solo que en las comunidades evangélicas se ve específicamente como una cultura de la pureza. Así que no es un problema exclusivamente del evangelicalismo, obviamente, pero sí pienso que hay unas cosas de esta corriente que exacerban el problema y les dan la bienvenida a sus perpetradores.

¿Como cuáles?

Una es la teología del perdón. El abuso sexual y el acoso son vistos como ‘pecados’ en vez de crímenes y, por eso, pueden ser perdonados en el cristianismo conservador. Hay una presión para que las víctimas perdonen a quienes les han hecho daño y les den la bienvenida ‘con los brazos abiertos’, porque esa es una actitud muy ‘cristiana’.

Otra es la represión sexual y la opresión, basadas en la cultura de la pureza que promueve ideas terribles sobre el sexo, incluyendo que el hombre es dueño del cuerpo femenino. Eso contribuye a la cultura del abuso y la violación. Y cuando le dices a la gente de la comunidad que toda experiencia sexual que tengas más allá del matrimonio no solo está mal, sino que es condenable con un castigo eterno, se crea una cultura tabú alrededor de la sexualidad, por lo que todos los deseos sexuales y experiencias se convierten en fuente de vergüenza y miedo.

La tercera, en mi opinión, es la creencia en un dios vengativo. Muchos teólogos hombres blancos describen esta versión de un dios que suena mucho más a un esposo abusivo. Es como una secta religiosa que centra ese tipo de dios para atraer a los hombres que aspiran ser como él, y así son después.

¿Se han sumado a #ChurchToo personas de otras religiones?

He visto a personas de diferentes comunidades religiosas tuiteando con la etiqueta, incluyendo comunidades judías y musulmanas. Ahí ves que el abuso no tiene límites religiosos.

Muchas personas que sufrieron situaciones de sexismo, acoso o abuso en sus comunidades consideran que sus creencias religiosas siguen siendo más importantes que su integridad física o emocional. ¿Cuándo es el momento correcto para dejar a un lado las creencias religiosas y hablar por uno mismo?

En un mundo ideal diría que siempre es buen momento para exponer a los abusadores y contar la historia de uno; pero, lamentablemente, incluso en las iglesias eso puede poner a las víctimas y sus familias en peligro, especialmente si el abusador es alguien poderoso.

Yo estuve lista para contar mi historia 10 años después, pero creo que es importante resaltar que las víctimas no le deben a nadie una historia. Tenemos que dar un espacio a todas las respuestas que puede haber para el trauma y enfocarnos en sanarnos, como sea que eso pueda verse para la víctima.

#ChurchToo debe ayudar a muchas personas que nunca pensaron en hablar de sus propias historias de sexismo, abusos y acosos. ¿Cómo la ayuda a usted?

Me ha ayudado mucho el hecho de que amigos y extraños me creen y reconocen que lo que me pasó estuvo mal. Es algo que no recibí durante los primeros años después de que pasó. También me he sentido muy apoyada y validada por el trabajo que hacemos para ver a las comunidades exevangelistas o posevangelistas reunirse, escuchar estas experiencias y amplificarlas.

MARU LOMBARDO
Redactora EL TIEMPO
En Twitter: @puntoyseacabo

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