Las confesiones de una modelo colombiana discriminada por su aspecto

Las confesiones de una modelo colombiana discriminada por su aspecto

¿Está cansado de las burlas? Soy Francia Moreno y quiero contarle cómo salí del matoneo.

#CómoSalíDe

Puse todo mi interés en ser aceptada y al final solo se trataba de darme el valor que merecía.

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Cortesía: Francia Moreno

Por: Francia Moreno
21 de agosto 2018 , 12:13 p.m.

Simulaba enfermedades para evitar ir al colegio. Subía al bus escolar casi obligada después de sufrir ataques de pánico. Vómito, sudor excesivo. Vivía atormentada. 

Todo empezó cuando tenía ocho años y fue agudizándose con el paso del tiempo. Notaba que a mis compañeras no les gustaba compartir conmigo, eran crudas con sus reacciones hacia mi apariencia y mi comportamiento. 

Jamás imaginé que esa niña víctima del matoneo después de un tiempo se convertiría en una modelo, presentadora y ex reina de belleza ¿Paradójico, verdad? 

Pues bien, esa es mi historia y la de muchos que se encuentran ahogados en sus colegios, universidades o trabajos sobreviviendo a la presión del qué dirán, las burlas y los señalamientos. Para ellos y por ellos es que decidí hablar de lo que me pasó, pues tal vez leerme los anime a seguir luchando y a no bajar los brazos por presión social.

Si está luchando con el matoneo, este mensaje es para usted

¿Qué está pasando con mi cuerpo?
#CómoSalíDe

A mis 16 años fui elegida como Reina Cívica de Palmira en un certamen de belleza que realizan en mi ciudad.

Foto:

Francia Moreno

Nací el 18 de Mayo de 1998 en un hogar trabajador, echado pa’ lante, espiritual y soñador. Estudié toda mi primaria y secundaria en un colegio femenino dirigido por monjas.

Tenía una vida muy tranquila hasta que empezó un duro capítulo en donde el tener buenas calificaciones lejos de ser una aptitud se volvió en la razón del rechazo de mis compañeras de estudio.

Los aplausos pasaron a ser abucheos, dártelas de nerd se consideraba 'poco cool'. Y se sumaron los extraños cambios que empezó a tener mi cuerpo gracias a las hormonas.

Era más alta de lo normal, bastante delgada, mis manos eran cada vez más grandes, mi cabello supremamente desordenado y, en un intento por parecerme a Demi Lovato, terminé con el capul trasquilado.

No encontraba aceptación en ningún lugar, no había espacio que me 'salvara' de luchar contra esa opresión que en su momento creí que merecía por ser tan “fea y poco agraciada”.

No soy una 'pobre diabla'

En ese tiempo estaba en furor la canción de 'Pobre diabla' de Don Omar, uno de esos temas que si uno analiza palabra a palabra puede descubrir la dureza de cada expresión: “Pobre diabla, se dice que se le ha visto por la calle vagando (...)”.

Aunque aparentemente esta letra no tenía ninguna relación directa con mi vida, mis compañeras decían que esa era mi canción. Para muchos puede sonar a una bobada, pero para una niña era todo un infierno soportar dicho trato. 

Recuerdo que lo único que hacía era rogar para que en la emisora no sonara ese tema camino al colegio. Luego, cuando llegábamos a las instalaciones del centro educativo, sufría porque la orden estricta era que nadie podía estar dentro del salón de clases durante el recreo y era precisamente eso lo que yo quería para no tener que golpearme con la dura realidad de no tener con quien compartir. 

Fue cuando me cansé de intentar arreglar el desastre que llegaron tres enseñanzas claves a mi vida

Todo eso me llevó a esconderme e inclusive a ocultar mi amor por los medios de comunicación, me daba terror que supieran que me paraba frente al espejo a jugar que presentaba la emisión de un noticiero luego de aprenderme los artículos de las revistas y convertir un cepillo para el cabello en micrófono. 

Hice todo lo que pude para lograr la aceptación de quienes me rodeaban, traté de entrar al grupo de las populares, mandé a que me hicieran un nuevo corte de cabello, me depilé las cejas, las piernas, en fin. Tal vez esos cambios se notaban físicamente, pero en mi interior continuaba sintiendo un gran vacío.

Fue cuando me cansé de intentar arreglar el desastre que llegaron tres enseñanzas claves a mi vida: todos tenemos un propósito, lo que atraigas sucederá y la mejor opción es reírse de ti. 

Lo que le agradezco al rechazo
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Repentinamente eso por lo que tanto me rechazaron, el ser la más alta y delgada del salón, se volvió en algo que me abrió muchísimas puertas.

Foto:

Cortesía: Francia Moreno

Podría decirse que le debo mucho al rechazo. Aunque no le deseo a nadie pasar por una experiencia de estas, estoy convencida que cuando alguien logra trascender a la crítica y descubre su valor se convierte en un ser indestructible que transforma el repudio en una fuerza interior sobrenatural.

En mi caso fue en el lugar donde pasé los días más amargos de mi infancia donde descubrí qué quería hacer por el resto de mi vida. Cuando tenía 14 años llegaron a promocionar un concurso, me inscribí y esa decisión me acercó al mundo de las pasarelas, los reinados, las fotografías y la presentación.

Repentinamente eso por lo que tanto me rechazaron, el ser la más alta y delgada del salón, se volvió en algo que me abrió muchísimas puertas. Dios no se equivoca y detrás de cada parte de nuestro cuerpo, en cada talento y característica de nuestra personalidad hay un propósito especial. 

Por experiencia propia estoy segura que todo pasa o deja de pasar por una razón. No se afane ni se compare con otros ¡Su propósito es único, luche por él sin importar lo que le digan! 

En cada talento y característica de nuestra personalidad hay un propósito especial

A mis 16 años fui elegida como Reina Cívica de Palmira en un certamen de belleza que realizan en mi ciudad, muchos pensarían que después de eso todo iba a ser más fácil, pero no fue así. Las directivas de mi colegio, estrictamente religiosas, me juzgaron y algunos profesores empezaron a hacerme la vida imposible con términos despectivos como 'reinita'. 

Esa vez decidí no dejarme intimidar, batallé por mi sueño y los frutos han sido más abundantes de lo que imaginé.

Gracias a la excelente labor que realicé recibí por parte de la Alcaldía el título 'Reina de la Década'. Cuatro años después puedo expresar un agradecimiento absoluto a esas personas que con su rechazo fortalecieron mi carácter y me hicieron ver la vida de una manera más profunda y sensible.

Ahora sé que mi tarea en este medio, que para muchos es superficial, es utilizar esa atención que genera en las personas para dejar un mensaje de superación y de amor propio.

Mi yo actual

Poco a poco han llegado personas excepcionales a mi vida, amistades hermosas que se forjaron en esos últimos años escolares y otras que fueron y siguen siendo una pieza fundamental en cada paso que doy a nivel personal, profesional y espiritual.

Es curioso, puse todo mi interés en ser aceptada y al final solo se trataba de darme el valor que merecía, abrazarme a mí misma a través de palabras de aceptación y motivación, escuchar y recibir la admiración de otros y saber que era un diamante valioso en las manos de mi creador.

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Logré una independencia total de las opiniones ajenas y cree un vínculo perfecto con mi paz interior

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Cortesía: Francia Moreno

El arma más poderosa frente a quienes me humillaron fue burlarme de mí, ahora me río de mis errores con plena consciencia de que siempre tendré la oportunidad de mejorar. Con eso he logrado una independencia total de las opiniones ajenas y cree un vínculo perfecto con mi paz interior
.
Mi gran enseñanza de vida tras sobrevivir al matoneo fue que aquello que para algunos son 'defectos', para Dios (el universo, las estrellas o en lo que usted crea) son características perfectas que fueron puestas para ayudarnos a cumplir nuestro propósito en la tierra.

Sus diferencias con otros lo hacen único, especial ¡No se desperdicie comparándose, sáquese el máximo provecho!

FRANCIA MORENO​

*Este texto contó con la edición, construcción periodística e investigación de DIANA MILENA RAVELO MÉNDEZ, @DianaRavelo, periodista de ELTIEMPO.COM.

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