Las razones de la fascinación por los asesinos en serie

Las razones de la fascinación por los asesinos en serie

Expertos intentan explicar de dónde salen estos monstruos y la visión que expresa la sociedad.

Escena de ‘El silencio de los inocentes’

Escena de ‘El silencio de los inocentes’, que catapultó a uno de los asesinos en serie más famosos de la ficción: el doctor Hannibal Lecter.

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AFP

Por: Fabiana Scherer - La Nación (Argentina) - GDA
14 de octubre 2018 , 09:49 p.m.

“Nuestra fascinación con la muerte se remonta a tiempos lejanos. Por ejemplo, la evidencia de sacrificios en los aztecas y otras culturas atestigua la capacidad de violencia contra otros humanos –reflexiona Thomas Neer, exagente del FBI y uno de los mayores expertos en delitos violentos–. Los romanos construyeron coliseos para ver, por placer, a los hombres que luchaban hasta la muerte y a los leones que se comían a los cristianos. Las ejecuciones en las que los prisioneros eran descuartizados atrajeron multitudes en Inglaterra. Hoy, en Arabia Saudí, esto ocurre con las decapitaciones públicas de delincuentes. 

En las zonas rurales de Pakistán, la lapidación de mujeres acusadas de adulterio no es poco común. En Nueva York, donde viví en los 80, siempre ha habido visitas a lugares donde ocurrieron famosos asesinatos. Creo que la mayoría de la gente le teme a la muerte y también se siente atraída por ella, no de manera perversa, sino como un medio para dominar sus miedos. Sigmund Freud escribió sobre el deseo simultáneo de buscar placer a través de los instintos de vida (eros/libido) versus el deseo de muerte (tánatos)”.

Es con la prensa moderna que el crimen va a situarse en el centro de una gran transformación en relación con el público. “No solo porque la alfabetización hace que cada vez más gente acceda a las noticias, sino porque se modifica la relación con el gran público, que pasa a ser el principal consumidor, pero también un objeto de consumo –profundiza Diego Galeano, sociólogo e historiador especializado en historia de la cuestión criminal–. La historiadora Vanessa Schwartz explica ese fenómeno en el libro ‘Spectacular Realities’, sobre la cultura de masas en la París del fin de siglo XIX. Ella señala que ese interés cultural por el crimen abarcaba la lectura de diarios y el paseo a las morgues para ver cadáveres. Lo importante era que los consumidores se sintieran parte de las historias que estaban siendo narradas”.

Mary Ellen O’Toole, quien fue agente del FBI durante 28 años y pasó más de la mitad de su carrera en la Unidad de Análisis del Comportamiento –centro de la exitosa serie ‘Criminal Minds’–, anota que la “fascinación pública comenzó a finales de la década de 1880, después de una serie de asesinatos de prostitutas no resueltos en Whitechapel, Londres. Estos hechos fueron cometidos por un desconocido que en cartas enviadas a la policía se autodenominó Jack el Destripador. Estos crímenes engendraron leyendas y especulación sobre los autores. En los años 70 y 80, casos como los de Green River Killer, Ted Bundy y Dennis Lynn Rader (BTK) despertaron un renovado interés por los asesinatos en serie, que floreció en la década de 1990 con ‘El silencio de los inocentes’ ”. No obstante, anota, “el asesinato en serie es relativamente raro: se estima que comprende menos del 11 % de todos los homicidios”.

Tras trabajar 25 años en el FBI y ejercer durante 14 como supervisor de la Unidad de Ciencias del Comportamiento en Quantico, Virginia, Thomas Neer sostiene: “No hay una explicación única del interés por los asesinos. La fascinación por el mal, el interés legítimo en la investigación criminal, el deseo de entender la mente del asesino o de superar el temor al enfrentarlos indirectamente, el placer vicario de ver a las personas como víctimas pueden ser razones; otros se identifican con los asesinos porque ellos mismos tienen fantasías de matar. Y están aquellos cuya baja autoestima los atrae hacia los que tienen la reputación de malos. A menudo hay un deseo perverso de alimentar la notoriedad del asesino en serie. Muchas mujeres se comunican con ellos en prisión, les profesan su amor, les envían dinero y fotos (a menudo desnudas) y les proponen matrimonio. Baja autoestima es generalmente la motivación”.

A menudo hay un deseo perverso de alimentar la notoriedad del asesino en serie. Muchas mujeres se comunican con ellos en prisión, les profesan su amor, les envían dinero y fotos

Asesinos en serie

La expresión ‘asesino serial’ fue acuñada por Robert Ressler, agente del FBI, también de la Unidad de Ciencias del Comportamiento, la agencia con mayor autoridad mundial en el tema. “Con esa denominación –explica Raúl Torre, profesor de criminología y criminalística– son reconocidos los individuos que matan en forma reiterada, con intervalos ‘cooling off’ entre uno y otro hecho (indicativo de premeditación), sin motivo aparente, y que ejecutan al menos dos homicidios”.

Sus crímenes suelen ser exóticos. “Los ‘serial killers’ (SK) son tan brutales y, por lo tanto, tan antinaturales que provocan una gran curiosidad. Dado que la mayoría eligen víctimas desconocidas, esto convierte a cualquiera en un objetivo potencial. Atado a esta aleatoriedad está el hecho de que para la mayoría no hay un motivo discernible, como celos, venganza o ganancia financiera. A menudo existe un componente sexual. Los SK son tan diferentes que despiertan en nosotros áreas relacionadas con la lujuria, el miedo, la actuación sin consecuencias y la omnipotencia sobre otro”, reflexiona el agente del FBI Mark Safarik, una autoridad en perfiles criminales y asesor de ‘El silencio de los inocentes’.

Pese a lo macabro de sus actos, muchos asesinos pueden ser vistos de un modo romántico. “La hibristofilia es la atracción por las personas peligrosas –explica Analía Mougel, médica legista–. Es más frecuente en mujeres y podría ser consecuencia de lo que ocurre cuando las lógicas patriarcales se llevan al extremo”.

¿Se nace o se hace? Esta es la gran pregunta. “Y la respuesta es: ambas cosas –reflexiona Mark Safarik–. Existe un componente genético o biológico y uno ambiental, y ambos ejercen influencia en diferentes partes de la vida de una persona para moldear su personalidad. El impacto que las acciones tienen en un individuo varían en función de la personalidad. A menudo vemos que los SK han sufrido abuso físico, emocional o sexual en sus primeros años, con madres ausentes o padres que abusaron de ellos o los descuidaron. Es una danza compleja entre el ADN y los impactos ambientales que hace variar en efecto e intensidad el curso evolutivo de la vida de una persona”.

Hay investigaciones que respaldan la explicación de que algunos asesinos en serie nacen con –o experimentan– déficits neurológicos que los hacen vulnerables a la conducta antisocial. “En mi experiencia, sin embargo, la mayoría son producto de su entorno (es decir, la infancia), su personalidad, sus asociaciones, sus factores estresantes y sus fantasías”, destaca Thomas Neer.

“El desarrollo de los mecanismos sociales de afrontamiento comienza temprano y progresa a medida que los niños aprenden a interactuar, negociar y comprometerse con sus compañeros. En algunos individuos, la incapacidad de desarrollar mecanismos de afrontamiento adecuados lleva a un comportamiento violento”, explica Mary Ellen O’Toole, quien investigó casos de alto perfil, como el de Zodiac, el sádico sexual David Parker Ray y los tiroteos en Columbine.

María Laura Quiñones, especialista en perfiles y autora de ‘Rastros criminales’, coincide en que hay varias fuentes de riesgo. “En el caso de las psicopatías, depende del factor social impedir que las conductas antisociales florezcan y sublimarlas con otras apegadas al bien común, como en el caso del neurocientífico James Fallon, cuyas resonancias magnéticas cerebrales son similares a las de los criminales más crueles (el científico descubrió que era un psicópata una tarde del 2005, en medio de estudios sobre la actitud de personas que pueden llegar a atentar contra la vida de otro ser humano). Es la naturaleza versus la crianza”.

Raúl Torre, director de la Diplomatura en Criminología, Criminalística y Medicina Forense de la UCA, destaca que en criminología se considera que no todas las personas tienen la capacidad potencial de cometer un delito contra la propiedad (robo, estafa, corrupción). “Ello dependerá de pautas familiares, educativas, culturales, etc. Sin embargo, todos albergamos la capacidad potencial de matar”, reflexiona.

¿Usted cree que aun el más ortodoxo de los religiosos no sería capaz de matar ante un caso de fuerza mayor? El punto de inflexión está dado por la multiplicidad –plantea la perito Analía Mougel–. Si nos referimos a homicidas seriales, después de cada asesinato hay un período de tiempo hasta el siguiente. Este período, conocido como refractario, estaría dado por un fenómeno de activación neuronal que los neurobiólogos explican de la siguiente manera: una vez que una neurona se enciende, no puede volver a dispararse hasta haberse recargado, como una pistola. Esto explicaría los intervalos entre un homicidio y otro, así como la recarga de odio, resentimiento y ansiedad que despierta en el asesino el deseo de volver a matar”.

Mark Safarik, que durante 22 años supervisó la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI, traza el perfil de un psicópata: “Uno de los rasgos distintivos de los ‘serial killers’ y los psicópatas es la mentira compulsiva. Hacen y dicen lo que quieren sin importar a quién lastimen. Como no tienen vergüenza ni empatía, pueden mentir impunemente y obtener lo que necesitan. En sus mentes, todo está justificado. No están locos. Entienden claramente la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, lo legal y lo ilegal. Simplemente, eligieron hacer lo incorrecto”.

El morbo existe

¿Un asesino serial es un héroe o un antihéroe?, se cuestiona la especialista en medicina legal y grafóloga Mónica Laura Arra, autora de los libros ‘Jack, en Scotland Yard’ y ‘Jack el Destripador’. “En 1888, todos los diarios reproducían las cartas de Jack. Incluso existieron falsificadores de los propios medios para vender más. Hoy, con la tecnología, podría decirse que se invita a participar a quien esté interesado en el hecho delictivo de turno. El morbo existe, y para aquellos ávidos de sentirlo hay otro grupo encargado de servirles lo que piden. Así lo saborean y recomiendan”.

Algunos se animan a decir que en los últimos años hubo un cambio de mirada hacia los crímenes y quienes los cometen. “Creo que hay modificaciones importantes –destaca Diego Galeano, autor de la investigación ‘Delincuentes viajeros’–. Por ejemplo, una creciente despsiquiatrización del asesinato. El ejemplo más evidente es la aparición del concepto de feminicidio y la insistencia en pensar a los violadores y asesinos de mujeres como ‘hijos del patriarcado’. De esa manera, una explicación sociológica sale a disputar terreno a las interpretaciones ‘patologizantes’. Es posible hacer, creo yo, toda una relectura feminista del fenómeno de los asesinos seriales”.

A menudo vemos que los 'Serial Killers' han sufrido abuso físico, emocional o sexual en sus primeros años

¿Hombres y mujeres tienen diferentes formas de matar? “No siempre –advierte María Laura Quiñones–. Hubo casos en que se sospechó que era un hombre, pero se trataba de una mujer, como el de Juana Barraza Samperio, excampeona de lucha libre conocida como la ‘Mataviejitas’, que ahorcaba a ancianas en México. Se ha dicho que las mujeres suelen envenenar, pero hay casos de hombres que han usado ese recurso, como el doctor Michael Swango y algunos enfermeros de la muerte”.

Otra gran pregunta es si es posible rehabilitar a un asesino en serie. “Deberíamos preguntarnos si se puede rehabilitar a un criminal –advierte Thomas Neer–. En Estados Unidos, durante los años 60, hubo un gran entusiasmo por la rehabilitación. Varios años y millones de dólares más adelante, el Sistema Penitenciario Federal examinó las tasas de reincidencia y determinó que aquello fue, en gran parte, un fracaso. La Agencia Federal de Prisiones suprimió la palabra ‘rehabilitación’ de su política oficial. Ahora, la mayoría de los asesinos en serie reciben sentencias de 50 a 100 años. Aunque no todos están motivados del mismo modo, la naturaleza compulsiva de sus asesinatos los vuelve extremadamente resistentes al cambio”.

Sobre esta misma idea, Mark Safarik analiza que como los ‘serial killers’ son psicópatas no pueden ser rehabilitados, “ya que se trata de un trastorno de la personalidad. Seguirán siendo peligrosos toda su vida. La necesidad de dominación, control y satisfacción de sus propios deseos, independientemente del daño a las víctimas, no se puede cambiar”.

El ser humano se cuestiona si el demonio existe. “Cualquiera que haga mi trabajo no tiene dudas de que existe”, concluye Torre.

FABIANA SCHERER
LA NACIÓN (Argentina) - GDA
En Twitter: @LANACION

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