Pagar por romper objetos, la alternativa antiestrés de moda

Pagar por romper objetos, la alternativa antiestrés de moda

En 15 minutos hay licencia para destrozar electrodomésticos y botellas para soltar emociones.

Rage Room

Aunque no está comprobado que reduzca el estrés, quienes lo han experimentado dicen sentirse mejor.

Foto:

Cortesía Wreck Room

Por: Janina Marcano - El Mercurio (Chile) - GDA
03 de agosto 2019 , 10:43 p.m.

Sentirse estresado, angustiado o lleno de rabia y romper con un bate un televisor. O un computador. O botellas de vidrio. No parece la idea más racional a simple vista, pero desde que abrió sus puertas en mayo pasado, al menos 50 personas se han acercado a Rage Room Chile para hacer precisamente eso. Y pagaron por ello. Lo cuenta Mario Vásquez, propietario del negocio que se promociona como el primer ‘rage room’ (sala de ira) del país. Ubicado en una casona en Providencia, el local funciona bajo un concepto simple: el cliente paga 13.000 pesos y tiene 15 minutos para golpear un kit de objetos que incluye electrodomésticos, computadores y botellas de vidrio.

“Si la persona viene por despecho, puede traer una foto que necesite romper”, dice Vásquez. La idea se anuncia como un calmante para el estrés, un lugar seguro para desahogarse sin que nadie salga herido. “La idea es que esto sea un espacio para liberarse. La gente en Chile dice que está estresada, cansada y aburrida, y nosotros tratamos de cubrir esa necesidad de liberación”, dice Vásquez. En Rage Room Chile, los visitantes pueden elegir entre varias herramientas de destrucción: bates, mazos o martillos.

“La fantasía de la gente siempre es romper las pantallas de los televisores porque son las más difíciles”, cuenta. Según Vásquez, los objetos son recolectados a través de donaciones o de proveedores. Al final, dice, se separan los materiales rotos para reciclarlos. La actividad se realiza con una banda sonora de fondo. Se puede elegir entre tonadas de ascensor, ‘heavy metal’ (rock pesado) o “música de despecho, tipo Paquita la del Barrio”, aclara Vásquez.

Esta propuesta de vender minutos en un espacio para descargar la furia no es nueva. Una de las primeras salas de ira del mundo abrió en Dallas (EE. UU.) en 2008. Pero desde 2015 se popularizaron a tal punto que hoy existen decenas en EE. UU., Canadá, Australia y, hace poco, varias en Argentina.

En EE. UU., de hecho, existen salas que se pueden personalizar hasta hacerlas semejantes al set de alguna película. También hay otras que ofrecen romper maniquíes de reconocidos políticos o hasta platos con sus caras.

¿Más relajado?

La mayoría de los clientes que han llegado al local chileno son mujeres de entre 25 y 45 años, lo mismo que han reportado los dueños de otras salas similares en medios extranjeros. “Normalmente vienen por la acumulación de estrés, al igual que los hombres, no por algún hito particular”, dice Vásquez. “Hace poco, un marido le regaló a su esposa venir a la sala porque estaba muy estresada”, cuenta.

Carol Sandoval, kinesióloga de 32 años, vivió la experiencia en mayo pasado. “Había visto que existían estos centros en otros países y apenas vi que había uno acá, dije: ‘¡Quiero ir! ¡Necesito desestresarme!’”, cuenta. “Fui con tres amigos y rompimos todo. Lo primero que rompí fue un ‘notebook’. Salimos riéndonos y, sí, me sentí más relajada. Salí aliviada”, agrega.

Algo parecido dice Germán Contreras, odontólogo de 33 años que asistió con una amiga. Su balance de objetos rotos fue un ‘notebook’, botellas, un pollo de plástico y un tostador. Para la sesión eligió música de la banda de rock pesado Rammstein”. Me sentí relajado el resto de la tarde. Sentí que me sirvió harto. Creo que es una oportunidad para hacer algo que no está socialmente aceptado”, comenta Contreras.

Me sentí relajado el resto de la tarde. Sentí que me sirvió harto. Yo creo que es una oportunidad para hacer algo que no está socialmente aceptado

Pero los especialistas en salud mental advierten que cualquier satisfacción es solo temporal. “Se sienten bien al momento porque disminuye el nivel de tensión interna y se liberan neurotransmisores”, comenta Solange Anuch, psicóloga de Clínica Alemana. “La persona solo va a descargar la reacción física, pero no va a resolver el problema de base”, añade la especialista, quien cree que la actividad tiene sus riesgos. “Al contrario, es un peligro estimular este tipo de conductas porque aumenta el repertorio conductual, es decir, se refuerza una conducta violenta. Después, no sería raro que esa persona quiera golpear o destruir si le paran el carro en la calle”.

Lo mismo opina Paul Vohringer, psiquiatra y académico de la Universidad de Chile. “El estrés es un síntoma que se produce por una razón”, dice el médico. “Al romper cosas, la persona puede estar liberando frustración, pero no resuelve las razones”, asegura. “No hay ningún estudio que documente que romper cosas sea terapéutico”, añade.

Aun así, Vásquez espera expandir Rage Room Chile. “En poco tiempo, estamos viendo que el local nos queda pequeño, por lo que estamos mirando la posibilidad de abrir más salas”.

JANINA MARCANO
EL MERCURIO (Chile) - GDA

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