Hoy te enterarás de que te amo en silencio

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Mensaje Directo

Ramón, gracias por los besos que no sabes que me das cada noche antes de dormir. A lo mejor exista un lugar donde esto que siento por ti pueda vivir.

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Ilustración María Paula Cardona

29 de agosto 2018 , 10:54 a.m.

Quiero robarles unos segundos para relatar mi historia. Quizás puede ser muy normal. Pero si te tomas el trabajo de leerla, para mí ya tendrá significado. Todo este tiempo he tratado de ocultarla para evitar señalamientos y conclusiones innecesarias.

Todo comenzó hace unos años cuando tome la decisión de radicarme en Chile, movida por un sentimiento de decepción general. Estaba aburrida de mi trabajo y deseaba un cambio en mi vida. En ese país se abrió un nuevo panorama de oportunidades. Todo era novedoso.

Y aunque en ese momento ni pensaba en el amor, porque mis prioridades eran otras, sucedió lo que voy a relatar.

Conocí a una persona. Un hombre algunos años mayor que yo (él tenía 42 y yo 35). Nuestro primer encuentro no fue nada especial. Nos dio una capacitación a una colega y a mí acerca de los programas y sistemas que se manejaban. Cero romance.

Pasaron algunos años hasta que un día, por casualidad, coincidimos en un asado. Entonces me empezó a gustar su voz, sus comentarios, su sonrisa, pero lo tomé como algo normal. Como cuando dices “qué tipo tan simpático” pero ya.

Me cambiaron de sucursal en mi empresa y él empezó a venir más seguido. Nos saludábamos, intercambiábamos algunas palabras, pero no trascendía mucho más.

Esos encuentros cambiaron mi forma de percibir el amor. Lo que para algunos toma años a mí me pasó en ocho encuentros fortuitos.

Es muy loco que tenga la cuenta tan exacta, pero fue así. La octava vez que lo vi me di cuenta de todo, de que se había adueñado de mí. Sentía calidez, luz, paz, alegría inmensa, como sucede en las caricaturas. Me asusté, ¿qué me pasó?

En ese justo momento entré al baño, me miré al espejo intentando encontrar alguna respuesta. Me auto cuestionaba por lo que estaba sintiendo: “¿Será que te enamoraste?”

Me lo negué rotundamente y decía, no, no, no puede ser, si yo a este tipo ni lo conozco, no sé nada de él, ¿cómo me voy a enamorar de alguien a quien no conozco? ¡Es absurdo! Pero entre más lo negaba, más lo sentía.

Es increíble cómo cambiamos al enamorarnos, cómo experimentamos el mundo, la vida. Perdemos la racionalidad. La mente cae en una trampa mortal porque le sigue el juego al corazón. La imaginación va a tope y recreamos en nuestra cabeza momentos que no han pasado, besos que no se han dado, encuentros que no se han apuntado.

Sé que saben de qué hablo. Esta persona ya ocupa tu mente antes de dormir, al despertar. Te preguntas qué estará haciendo, lo ves y sonríes, deseas hacerle feliz, te alegras de sus éxitos y bienestar.

Para ser sincera, al principio pensé que solo era un capricho, nunca amor. Siempre concebí ese “enamorarse” como algo mucho más complejo que ver a alguien y tragarte al instante. Pero lo que siento es real.

Es increíble cómo cambiamos al enamorarnos, cómo experimentamos el mundo, la vida. Perdemos la racionalidad

Entonces busqué incesantemente saber si en el universo infinito de posibilidades existía una opción para mí, para los dos. Se me parte el corazón recordar esta parte de la historia. Lo primero que hice es lo que todos haríamos: lo busqué en redes sociales. Me costó muchísimo encontrarlo, pero Facebook no me falló.

Como no somos amigos, la información era muy limitada, pero pude ver muchas fotos con su pareja. Noté que no tenía argolla ni aparecen niños en las fotos, por lo que concluí que no tenían hijos. Pero eso no importaba. Su pareja aparecía en muchas fotos, en diversas épocas. Se ve que llevan mucho tiempo juntos.

Me alegró porque él se ve feliz, pero no puedo negar el dolor profundo que sentí cuando supe que ya estaba con alguien. Fue un portazo. Fue cerrar la posibilidad de estar con él. Nunca me metería en una relación consolidada, no soy así, no sería capaz.

Mi amor está vetado, encerrado, inexistente para el resto. A veces lo veo cerca y para el mundo exterior solo estoy con un colega, un compañero; esa mayoría desconoce que con solo verlo mi cuerpo se llena de sensaciones, se desequilibra. Por fuera es nada y por dentro es todo. Por fuera es frío y por dentro estalla.

Lo que me da más tristeza de todo esto es saber que yo, que hace mil años no me enamoraba de nadie ni me fijaba en nadie, justo haya quedado prendada de una persona que no me corresponde y que ese sentimiento al que tanto le costó existir de nuevo, le toque morir en la soledad de no ser recíproco.

¿Se preguntan si he llorado? Sí y mucho. Porque él no sabe que su amor me duele, porque desconoce los planes imaginarios que hago con él, porque aún sin amarlo me lastima. Pero estoy agradecida también. Volví a conocer algo que estaba muerto en mí, sepultado por la vida y sus afanes, por la oficina, por las deudas, por el “corre-corre” y la prisa de cada día. Volvió a latir mi corazón, a vibrar, a saltar cuando escuchaba una voz, a perderme en esos ojos azules por dos segundos.

No tengo el coraje para decirte. Me da miedo cómo reacciones, o que me mires raro, o que no me vuelvas a hablar o que todo se vuelva difícil entre nosotros

A mi amado Ramón* (obvio no es su nombre de verdad) solo le quiero dar las gracias.
Gracias por ayudarme a salir de ese sepulcro de la vida diaria
, gracias por dibujar una sonrisa en mi cara con tu existencia. Gracias por los besos que no sabes que me das cada noche antes de dormir. A lo mejor exista un lugar donde esto que siento por ti pueda vivir.

No tengo el valor de contarte nada de lo que siento. Quizás la idea me coquetee cuando sueño con una vida contigo. Todas las mujeres fantaseamos con el amor y sobre todo cuando ese amor está cerquita. Pero no lo voy a hacer.

No tengo el coraje. Me da miedo cómo reacciones, o que me mires raro, o que no me vuelvas a hablar o que todo se vuelva difícil entre nosotros. Al menos te puedo tener cerca por los temas de mi trabajo y, aunque suene raro, con eso me conformo. Pero lo más importante es que él tiene una vida sentimental resuelta y eso es un obstáculo para mí.

Tampoco puedo renunciar. Me gusta mi trabajo y necesito el dinero. Supongo que la realidad se estrella con el romanticismo de dejarlo todo otra vez. Lo que sí he pensado es que cuando me retire de aquí o él se vaya, le enviaré este escrito.

Es tan grande lo que siento que me haces escribir estas líneas, contar esta historia. Este amor sale por primera vez de mí y de alguna manera se hace realidad a través de este texto. Si publican esta historia, algún día llegará a tI. Así te enterarás, querido Ramón, que estuve enamorada de ti en silencio.

GARDENIA*
*Los nombres en esta historia han sido cambiados por petición expresa de su autor.

 ¿Tiene una historia de amor curiosa o poco común? Nos interesa conocerla y publicarla en #MensajeDirecto. Escríbala y envíela a los correos cinmor@eltiempo.com y rafqui@eltiempo.com y lo contactaremos. Debe tener un mínimo de extensión de dos hojas y un máximo de cuatro hojas. 

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