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La lucha de una pareja de recicladores por sobrevivir a la pandemia
Reciclador en cuarentena Bogotá

Aunque la normativa exige que todos se resguarden en sus hogares, los recolectores de oficio pueden circular por las hoy extrañas calles de Bogotá para continuar con sus actividades cotidianas.

Foto:

César Surdis

La lucha de una pareja de recicladores por sobrevivir a la pandemia

Así les ha cambiado su labor en los últimos meses: jornadas más cortas, pero menos rentabilidad.

En los contenedores de basura que se forman en línea en cada cuadra, grupos de personas se disponen a abrir los nudos de las bolsas de distintos colores que están en su interior.

Ante los ojos de estos rebuscadores un sinnúmero de artículos aparece: tiras de cables enredados, hojas de periódicos y revistas, latas abolladas y hasta electrodomésticos viejos.

También hay ocasiones en las que aparecen juguetes a los que se les acabaron las horas de juego, bolígrafos sin tinta, trozos de tela, relojes que dejaron de andar. Lo que se tira a la caneca no se desaparece, y para estos expertos en extraer lo valioso de lo que a los otros les sobra o les estorba, la tarea comienza.

Cada desecho rescatado se clasifica y se examina con cuidado. Hay que pesar lo que sirve y llevarlo a vender. Todo tiene un precio y, por pequeño que este sea, hace la diferencia entre poder completar los gastos del diario o seguir acumulando las facturas.

Para César Surdis, un reciclador de 54 años, esta rutina no es ajena, pues trabaja en este oficio desde los 9 años. Pero desde que el mundo se paralizó, su cotidianidad, así como la de sus compañeros, ya no es la misma.

Antes de que el nuevo coronavirus y la cuarentena nacional cambiaran todo el panorama, un día de los Surdis, en Soacha, Cundinamarca, comenzaba a las seis de la mañana, cuando sonaba el despertador en todos los rincones de su casa, una vivienda de dos pisos edificada con ladrillos, varillas, ventanas, puertas metálicas y muebles que César logró reciclar con su esposa, Clara Inés, a lo largo de 32 años.

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César se daba una ducha fría, arreglaba su espeso bigote negro y se armaba con su arsenal de trabajo: un par de guantes, el clásico tapabocas que empañaba sus gafas al respirar, gorra y su enterizo verde acompañado de unas gruesas botas negras con punta de acero.

Junto con Clara, su fiel compañera de trabajo, recorrían en su vehículo de carga, una camioneta Chevrolet roja cuyo distintivo de la Asociación de Recicladores (Asoredi E. S. P.) sobresale por los costados, las localidades de Usaquén y Chapinero.

Tocaban a la puerta de edificios, almacenes, conjuntos residenciales, empresas y bodegas para retirar el reciclaje que serviría para aumentar la cifra del tonelaje. A lo largo de 12 horas, costales blancos llenos de botellas de vidrio, trozos de cartón y envases de plástico llenaban la parte trasera del carro.

El 20 de marzo, día cuando se inició la cuarentena, empezaron los cambios
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Sobreviviendo a una nueva realidad

Aunque la normativa exige que todos se resguarden en sus hogares, César y Clara Inés hacen parte de las excepciones. De acuerdo con el decreto 455 del 22 de marzo, pueden circular por las hoy extrañas calles de Bogotá para continuar con sus actividades cotidianas.

Sin embargo, los seis días de jornada laboral fijados en su calendario se han reducido a solo tres: lunes, martes y miércoles. Su hora de regreso, que antes era las 9 p. m., ahora es un poco antes del mediodía.

Reciclador en cuarentena Bogotá

La ruta de reciclaje de César y Clara Inés la componen las localidades de Usaquén y Chapinero y el municipio de Soacha.

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César Surdis

Para la pareja de recicladores, esto representa tanto una ventaja como una desventaja. “Como casi no hay tráfico nos ha rendido más hacer las rutas. Eso es impresionante. Lo estamos haciendo de 7 a. m. a 11:30 a. m. Nos ha permitido agilizar”, dice César.

Su ruta de trabajo se mantiene vigente, pero la preocupación empieza a crecer.

Hasta el momento, Usaquén (595) y Chapinero (306) hacen parte del grupo de las localidades en la capital con mayor cantidad de infectados por coronavirus y esta última ha sido declarada como una zona en alerta naranja, según el Observatorio de Salud de Bogotá.

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Al ser el reciclaje la única fuente de ingresos para esta familia, César y Clara Inés no pueden sustituir su ambiente laboral por otro, por lo que adoptan todas las medidas de protección posibles, en medio del alto riesgo que corren al manipular los desechos de otros.

Ahora, en las mañanas se equipan con un traje de bioseguridad y careta de protección, además de incluir en su indumentaria recipientes llenos de gel y alcohol, porque algunos de los bloques de edificios y casas que suelen frecuentar entregan su reciclaje mezclado con la basura.

Mientras clasifican y separan, encuentran tapabocas usados y guantes desechables, elementos que deben ser depositados en una bolsa o contenedor diferente para no exponer a quienes se encargan de recolectar residuos y materia prima.

Reciclador en cuarentena Bogotá

Se han dado cuenta de que no muchas personas separan los residuos, porque mezclan el material aprovechable con la basura.

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César Surdis

“Hay mucha gente que es muy juiciosa, pero hay otras personas, en su gran mayoría, que definitivamente no separan los residuos. Obviamente, uno trabaja con mucho miedo, con mucho temor de que uno accidentalmente pueda contagiarse”, menciona César.

Antes de regresar a su hogar, con su camioneta cargada con lo que se logró recolectar en el día se dirigen a vender sus 'tesoros' para poder comprar un mercado o ayudar con los gastos de la casa.

Sin embargo, la emergencia sanitaria también ha tenido un impacto en su economía, en especial con el cierre de algunos centros de recolección y con la baja en los precios del material.

El reciclador que labora con la carretilla o el costalito se puede hacer alrededor de 9.000 a 11.000 pesos diarios

Así como los Surdis, normalmente, las ganancias diarias de un reciclador de oficio dependen de lo que venden a los establecimientos, conocidos como centros de acopio,  que compran los residuos recuperables y reutilizables. Eso incluye cartón, vidrio, plástico, papel y todo tipo de chatarra.

Por cada rincón de la ciudad, los recolectores emplean los clásicos costales de fique o fibra que apoyan en la espalda, las carretillas o zorras que empujan por el pavimento, triciclos y hasta camionetas para transportar los elementos que han logrado juntar.Las herramientas que se utilizan para reunir el reciclaje influyen en la cantidad, así como en la remuneración que se recibe a la hora de concretar el negocio.

Reciclador en cuarentena Bogotá

Aunque en volumen la carga del furgón se vea bastante, a la hora de realizar la venta la paga es mínima.

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César Surdis

“El reciclador que labora con la carretilla o el costalito se puede hacer alrededor de 9.000 a 11.000 pesos diarios, el de zorrillo puede hacerse entre 28.000 y 32.000 pesitos y el que se transporta en su vehículo puede ganar 45.000 o 60.000 pesos en el día”, menciona Surdis al explicar la paga que se hace con lo producido a diario.

La cuarentena ha alterado esos números. Así como son menos horas de trabajo, también las ganancias son más bajas. En el caso de los Surdis, ahora se llevan a sus bolsillos, al final de la jornada, menos de 40.000 pesos.

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Problemas en las ventas

A causa del miedo al contagio, algunos compradores prefieren abstenerse de abrir los centros de recogida de residuos; otros, sin manera de comerciar, han decidido reducir los precios o no recibir materiales como los que componen la chatarra por la falta de demanda.

Un ejemplo son entidades como Gerdau Diaco, una de las compañías líderes en la comercialización de acero, que tuvo que bajar el costo a 200 pesos el kilogramo; o siderúrgicas como Sidenal, que por las circunstancias pasó de comprar el kilo en 250 pesos a 150 pesos.

En su camioneta roja, la pareja lleva lo producido a las Estaciones de Clasificación y Aprovechamiento (Ecas), en las que se registra la recolección para recibir el subsidio del cual son beneficiarios. Sin embargo, estas solo permiten la entrada los días en los que se hace la recolección de basura.

Los que están pasando por la situación más dura son los abuelitos. No pueden salir a reciclar

Como ellos, otros recicladores reciben un incentivo proveniente del pago de la tarifa de aseo. Para poder acceder deben pertenecer a algún gremio o asociación.

“El tonelaje, es decir, la cantidad y peso del reciclaje, es recogido por la Superintendencia de Servicios Públicos y ellos se lo comunican a los consorcios de aseo, que se encargan de hacer los desembolsos a las organizaciones de recicladores y estos a su vez a los recolectores”, comentan César y su esposa, quienes reciben un beneficio que va desde los 150.000 hasta los 300.000 pesos mensuales.

Y aunque eso represente una ayuda, son conscientes de que está sujeto a la cantidad de material que reúnan en el diario.Con la jornada reducida y sin poder vender el vidrio y la chatarra, el porcentaje se ha disminuido.

Reciclador en cuarentena Bogotá

Se han puesto en marcha campañas que buscan reunir fondos y recursos para hacerlos llegar a los recolectores más veteranos.

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César Surdis

En la parte trasera del furgón casi no caben los costales llenos de material aprovechable, pero aunque en volumen se vea bastante, a la hora de realizar la venta la paga es mínima, ya que ganan menos de la mitad de lo que reunían antes en un día de trabajo.

La pareja también reconoce que son afortunados en ese sentido y que no todos corren con la misma suerte.

En la capital, para el 2018, se encontraban registradas 118 organizaciones en el Sistema Único de Información (SUI), las cuales agremiaban a más de 17.000 recicladores, pero aún quedan muchos que siguen trabajando de manera independiente para poder obtener su mínimo vital.

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Ellos también conocen compañeros que en estos momentos pasan por un momento difícil. “Los que están pasando por la situación más dura son los abuelitos. No pueden salir a reciclar, hay algunos que están saliendo por la necesidad y el hambre. También están las madres cabeza de familia que deben dejar a sus hijos en casa con el riesgo de salir a contagiarse”, comenta César.

Algunas empresas de reciclaje como Bio Círculo han puesto de su parte entregando  mercados a los adultos mayores. También se han creado campañas que buscan reunir fondos y recursos para hacerlos llegar a los recolectores más veteranos.

Una preocupación latente

Al regresar a su casa, César y Clara Inés lavan sus uniformes, antes de hacer cualquier otra actividad. Después se lavan las manos y se desinfectan. Un ejercicio que se ha vuelto recurrente como medida de prevención.

Después de asegurarse de limpiar su material de trabajo, se sientan a la mesa con dos de sus hijos menores: Edwin y Luz Stephania, quienes continúan sus estudios en casa con un computador que hace unos años reciclaron y lograron arreglar. También los acompaña su nieta Emily.

En la misma cuadra, a solo unos pasos de distancia, viven sus hijas Adriana y su hijo mayor César Augusto, quien ha decidido seguir los pasos de sus padres en el oficio del reciclaje.

Reciclador en cuarentena Bogotá

Lo primero que hacen al llegar a su hogar es lavar sus uniformes y prepararlos para una próxima jornada.

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César Surdis

Desde que empezó la contingencia por el coronavirus, ellos les dan una mano a sus hijos. “Les colaboramos por ahí con 50 o 100 pesitos para que ellos también se abastezcan. También les ayudamos con papita, plátano, yuca o arrocito”, dice su padre, orgulloso de poder apoyarlos.

Los Surdis descansan en su hogar y se enfocan en pensar qué es lo más positivo que les ha traído el aislamiento en medio de las dificultades. El tiempo que han podido compartir juntos es la respuesta.Para ellos, el problema no radica en que se siga ampliando la cuarentena, porque saben que es para proteger la salud de millones de personas, sino en la incertidumbre y el hambre de muchos que apenas alcanzan a reunir lo de su hospedaje diario.

Esta es una labor de no parar

Su mayor preocupación es su salud, pues si bien toman las medidas necesarias, están expuestos al riesgo de manipular residuos peligrosos. Enfermarse gravemente y no recibir la atención adecuada es una posibilidad que los persigue mientras realizan sus rutas de recolección.Saben que quedarse en sus hogares no es rentable, después de todo, como dice César, “este es una labor de no parar”. A diferencia de otros, quedarse en casa no es una opción.

JESSIKA PAOLA RODRÍGUEZ
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