Debbie Harry, mucho más que una musa

Debbie Harry, mucho más que una musa

La artista relata cómo su pelo teñido en casa y su limitación de vestuario se volvieron tendencia.

Debbie Harry

Así se ve hoy Debbie Harry, que está de gira con nuevo trabajo, ‘Pollinator’.

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AFP

Por: María Fernanda Mugica
11 de octubre 2018 , 01:42 a.m.

Antes de Madonna, Lady Gaga o Gwen Stefani, otra rubia platinada se convirtió en cantante y admirado ícono de la moda. Debbie Harry lideró una banda de rock, Blondie, cuando era algo poco común para una mujer, y con su ecléctico estilo inspiró a muchas otras que la siguieron en el camino de la música popular.

Pasaron más de cuarenta años desde que irrumpió en la escena musical, pero aún hoy hay notas en sitios de internet que les enseñan a las chicas jóvenes cómo copiar los looks de la cantante. Debbie Harry es una artista que hizo de su imagen una obra de arte. Blondie es una banda legendaria porque su música resultó innovadora a fines de los 70, al igual que por lo que la cantante hizo de su estética personal.

Asegura que su imagen no fue algo planificado: “Era como me sentía. Quería incorporar cosas que me gustaban mucho en la época en la que estaba creciendo. Me gustaban mucho las imágenes de las bandas de motociclistas de los 50, los mods de los 60, todas las cosas que tenían un aspecto visual muy fuerte”.

En las entrevistas insiste en su reticencia a ponerse en el lugar de ícono de la moda en el que la han puesto los fans, los medios y hasta sus propias colegas que la tienen como guía.

“Me siento muy halagada, pero preferiría que esperaran a que esté muerta –dice, riéndose–. Cuando piensas en una leyenda, piensas en Marlene Dietrich o alguien así. El sentido antiguo de una leyenda. Me parece que ahora, estas palabras se tiran como si nada, de una forma más casual de lo debido. En un sentido, sé que soy un ícono porque hice cosas en su tiempo que no se hacían y ahora parecen normales”.

No era normal que una mujer con una imagen tan fuerte liderara una banda de rock. “No fue difícil –explica–. Soy una persona muy testaruda. Chris (Stein, guitarrista) y yo éramos una pareja y teníamos una sociedad; no es que estuviera yo enfrentando el mundo sola. Éramos como Sonny y Cher o Ike y Tina, éramos un equipo. No estaba sola como Janis Joplin y otras mujeres que vinieron antes que yo. Una vez que fue viable comercialmente, ya estaba. Cualquiera lo podía hacer”.

Claro que eso no es cierto y reconoce que la industria de la música fue transformándose hasta que se hizo más común que las mujeres ocuparan un lugar central: “Cambió muchísimo. Miras los shows que son de mujeres y los rankings, y hay un gran número de artistas exitosas”.

Muchas le deben mucho a Harry, no solo en lo musical sino, en especial, por el trabajo con la imagen propia, que ahora se ha convertido en parte de un empaquetamiento estudiado como una parte más del producto que se quiere vender. “Ahora, la caracterización es como una ciencia aplicada –dice la cantante–. Pero si te fijas en Lorde, por ejemplo, siento que ahí hay una continuidad ética en ella. Parece ser más una artista que alguien del show business, y eso me gusta”.

El estilo Marilyn

Quizás un equipo de marketing de una discográfica no hubiera acertado tanto en construir una imagen como la que Harry armó para sí misma. Leyendo su historia parece que la cantante, nacida en Miami y criada por padres adoptivos, siempre hubiese tenido claro cómo quería verse, y se mantuvo fiel a sus gustos e intuiciones.

Fascinada por el magnetismo de estrellas como Marilyn Monroe, Marlene Dietrich y Carole Lombard, desde chica la cantante se dio cuenta de que su destino era ser rubia. “Mi propio pelo era un color rubio frutilla que tenía mucho rojo –escribió Harry en la revista In Style–. En el verano se me marcaban más los reflejos. Me juntaba con chicas más grandes en la pileta municipal de Hawthorne, Nueva Jersey, donde me crie. Había una chica en particular cuyo pelo rubio me encantaba. Su mamá era esteticista, así que le pregunté cómo acelerar el proceso de aclarado. Me dijo que mezclara dos tercios de peróxido con un tercio de amoníaco y lo cepillara por todo el pelo para que reaccionara al sol y se aclarara. Funcionó. Me encantó ser rubia. Tenía una personalidad aventurera y me gustaba ser creativa y jugar con distintos roles. Para mí, era parte de desarrollar e interpretar un personaje”.

Siguió aclarándose el pelo en casa durante la secundaria y cuando empezó a trabajar en un salón de belleza como maquilladora se entregó a manos profesionales y se transformó en rubia total. Luego volvió al castaño, color que lucía cuando trabajó como mesera con traje de conejita en el Playboy Club de Nueva York, entre 1968 y 1973. “Era una mesera histérica, muy tímida en esa época. Todos eran muy salvajes y venían completamente arruinados, queriendo mil cosas. Yo, siendo tan tímida, estaba lidiando con muchas cosas personales que tenía que conquistar dentro de mí misma”.

Harry volvió al rubio en 1974, cuando se unió a la banda The Stilettos y ahí conoció a Chris Stein, el guitarrista y compositor que sería su pareja y socio artístico. Juntos formaron una nueva banda y cuando tuvieron que elegir un nombre, el pelo de la cantante cumplió un papel crucial. La reprochable costumbre masculina de decirles cosas sobre su aspecto físico a las mujeres en la calle tuvo esta vez un resultado positivo, ya que al escuchar que la llamaban ‘blondie’ (rubiecita), Harry pensó que era un muy buen nombre para su nuevo proyecto musical. Blondie fue aceptado, aunque su idea de que todos los miembros de la banda se tiñeran de rubio fue rechazada por completo.

El ascenso final

Blondie empezó a tocar en los lugares claves de la escena musical de Manhattan de mediados de los 70, como CBGB y Max’s Kansas City.

“Cuando Blondie explotó en la escena, a mitad de los 70 –recordó–, no podíamos ni imaginarnos que los diseñadores podrían interesarse en nosotros –contó Harry en la revista W–. No teníamos acceso a ese mundo. La mayoría de nuestras elecciones de moda (medias de red rasgadas y cosas unidas con alfileres de gancho) eran económicas, lo único que podíamos pagar. Blondie llegó en la encrucijada entre el glam rock y el período de deconstrucción del punk y la new wave. En la moda, en la música, en el arte, todo se había roto y desgarrado. También estábamos muy influenciados por el cine de deconstrucción de Warhol. Además, Vivienne Westwood y Malcolm McLaren le dieron mucho poder a la escena artística. Una vez, Malcolm nos vino a visitar en una casa rodante llena de cajas de ropa de goma y nos volvimos completamente locos. Esa fabulosa ropa, básicamente fetichista: ¡Oh, la goma! ¡Oh, la delgadez y lo ceñido!”

Blondie contaría con más presupuesto una vez que su tercer disco, Parallel Lines, los llevó a la fama internacional con hits como Heart of Glass y One Way or Another.

En esa época –cuenta– siempre me hacía mi propio maquillaje y peinado. No teníamos suficiente dinero para que lo hiciera alguien más –continúa la cantante en el texto de W–. A veces no tenía tiempo de teñirme, así que las raíces quedaban como eran. (...) Usaba camisas de esmoquin masculinas o ropa interior para afuera. A veces me ponía un vestido de novia y lo iba rasgando a medida que lo usaba. Pero mi estilo cambió al conocer a Stephen Sprouse cuando él se mudó a mi edificio en el Bowery. Lo horrorizaban las cosas que yo probaba, como un vestido rojo de los años 40 con botas texanas blancas. Yo solo usaba lo que tenía”.

Y entonces llegó Warhol

Su estilo tomó otro vuelo cuando Sprouse comenzó a ayudarla. El diseñador, quien murió en 2004, había comenzado su carrera cuando tenía 14 años como pasante con Bill Blass, y después de estudiar en la Rhode Island School of Design trabajó en Halston, una de las firmas claves de la moda de los 70. En los 90 fue furor con sus intervenciones grafiti de las carteras Louis Vuitton y llamó la atención del propio Andy Warhol, quien lo hizo parte de su troupe. Sprouse ayudó a Harry a mejorar su particular estilo, que jugaba con el punk pero no se restringía a él, y Warhol fue quien dio el veredicto de que la cantante de Blondie era un verdadero ícono de la cultura popular.

Las facciones de Harry y su pelo rubio recibieron el tratamiento pop de Warhol en uno de los famosos retratos del artista, pasando a ser parte de ese grupo selecto de mujeres elegidas por el artista, como Elizabeth Taylor y Jackie Kennedy. La obra de Warhol que tiene a Harry en primer plano se vendió en una subasta de Sotheby’s, en 2011, en 5,9 millones de dólares.

“Debbie Harry es la culminación definitiva de la exploración de Warhol de nuestra fascinación con los íconos culturales femeninos –expresó la directora de Arte Contemporáneo de la Sotheby’s, Cheyenne Westphal, sobre la obra que retrata a la cantante–. Debbie Harry verdaderamente alcanzó el estatus de símbolo icónico de la cultura popular, y este retrato reafirma tanto su lugar como el de Warhol en la cúspide de la celebridad por la eternidad”.

También llevó su imagen a la pantalla grande y actuó en películas como Cuerpos invadidos, de David Cronenberg; Hairspray, de John Waters; Spun, de Jonas Åkerlund; Mi vida sin mí, de Isabel Coixet, entre muchas otras. También hizo numerosas participaciones en televisión, en series como Sabrina, la bruja adolescente, y Difficult People.

La banda se disolvió en 1982, y la cantante se dedicó a su carrera solista y probó cambiar su aspecto con pelucas de color verde, rosa y azul. Pero el público nunca dejó de asociarla con ese nombre que le gritaban por la calle. Así que volvió al rubio, Blondie volvió a juntarse y en 1997 tuvieron un gran éxito con Maria. Luego siguieron grabando discos y actualmente están de gira presentando su nuevo trabajo, Pollinator. Harry no abandonó más su pelo platinado y, a los 73 años, sigue sorprendiendo con sus elecciones de vestuario. Mientras, una nueva generación descubre en internet a una fuente de inspiración que es mucho, muchísimo más que una musa.

MARÍA FERNANDA MUGICA
GDA - La Nación (Argentina)

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