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El activismo político del movimiento ‘k-pop’
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Fanáticos del grupo BTS en Los Angeles, California, que ha alcanzado la cima del Billboard 200 con cinco discos distintos en dos años. Desde Los Beatles, ningún grupo lo había logrado.

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El activismo político del movimiento ‘k-pop’

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Los 'k-poppers', fans de la música coreana, se han hecho sentir en el paro nacional. 

Los ‘k-poppers’, fans de la música pop coreana, se han hecho sentir en movimientos sociales que van del Black Lives Matter hasta las protestas en Chile y Colombia. ¿Qué es lo que hay detrás de esto? Expertos dan algunas claves.

Esta es una de las tendencias que los k-poppers han usado en el paro nacional.

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Los fanáticos de la música pop coreana, aquella que en 2014 el mundo conoció con la canción Gangnam Style, se han vuelto actores activos en la arena política global. El año pasado durante las protestas alrededor del movimiento Black Lives Matter en EE. UU., la policía de Dallas pidió a sus usuarios de Twitter subir videos de las protestas para detectar posibles ‘actividades ilegales’ en la calle. En cuestión de minutos, su cuenta fue invadida por cortos videos —denominados fancams— de conciertos de artistas de bandas de K-pop como BTS, ITZY y Blackpink, entre otros, como un acto de rechazo a la petición. La misma suerte corrió la tendencia #WhiteLivesMatter.

No todas sus estrategias son siempre iguales, y un ejemplo es lo que ocurrió en un acto de la campaña presidencial de Donald Trump en Tulsa, Oklahoma. A través de Tiktok, los K-poppers se organizaron para reservar entradas al evento sin la intención de asistir. El equipo de Trump pensaba que iba a tener un lleno total, pero solo alcanzaron un tercio del aforo.

En Chile, durante las protestas del 2019, el gobierno acusó a a los k-poppers de estar entre los incitadores de la revuelta, porque a través de redes sociales estaban denunciando activamente las violaciones a los derechos humanos. Y en el paro nacional que se vive en Colombia, también se han hecho sentir. Por ejemplo, para mostrar su desacuerdo con ‘etiquetas’ como #UribeTieneLaRazon o #YoApoyoAlEsmad, los K-poppers postearon millones de fancams con estos hashtag para ‘sabotear’ a quienes querían impulsar estos mensajes como tendencia.

Lo mismo le pasó a varias de las principales emisoras radiales del país cuando estas se unieron para convertir en tendencia el hashtag #MarchasSiBloqueos No, que buscaba respaldar el derecho a la protesta, pero rechazar los bloqueos que afectaron sensiblemente el abastecimiento en varias regiones.

En junio de 2020, atacaron esta tendencia en el marco del #BlackLivesMatter en EE.UU.

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Pero, ¿qué tiene que ver la música pop coreana con las protestas sociales? Para comenzar, lejos de ser una música ‘exclusiva’ para niñas o adolescentes, el fandom o seguidores de estas bandas es un grupo que congrega a personas que van desde los 13 hasta los 35 años en todo el mundo. Una gran masa que se ha dado cuenta del enorme impacto que pueden llegar a tener en el escenario del activismo digital.

Según datos globales de la Fundación Corea, en el año 2018 existían unos 89 millones de fanáticos en 113 países. Con lo cual no es equivocado suponer que hoy puedan superar los 100 millones.
Solo una banda del K-Pop, la popular BTS, ha vendido más de 30 millones de discos. BTS fue el primer grupo de K-pop en recibir una nominación al Grammy y el primero en encabezar la lista Billboard Hot 100 con una canción coreana, entre otros reconocimientos. Pero además han sido invitados a hablar frente a las Naciones Unidas con mensajes de paz y esperanza a la infancia y a la juventud.

Los fans de esta corriente musical se agrupan en fandoms divididos de acuerdo a sus bandas favoritas. La cultura de los fandom no es nueva pero desde que las redes sociales existen, ha tenido un mayor apogeo, creando nutridas y muy activas comunidades virtuales.

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Lina Manrique, docente de la Universidad Javeriana en TICS y política internacional, explica que el gran éxito que la cultura del k-pop ha tenido en occidente tiene que ver con los valores que promueve: “la idea de progreso, de éxito y de abundancia tecnológica, así como de bienestar y disciplina, son un modelo de exportación cultural ideal para penetrar en otras sociedades”. También señala que “la estética, los discursos y un mundo de ensueño seduce a muchos jóvenes”.

Un auténtico ejemplo de soft power, porque con el gancho de estas estéticas pop, comunes en occidente, llevan a sus fans a adentrarse en la cultura coreana.“Uno empieza a escuchar la música y luego vas a querer entender las letras, lo que están diciendo, te empiezas a meter por el idioma, y luego te empiezan a aparecer cosas en Tiktok de comida coreana”, dice Andreina Solórzano, estudiante de último semestre de Comunicación social de la Universidad Javeriana.

Ella, que está en proceso de finalizar su tesis de grado sobre el fenómeno de k-pop a raíz de su activismo como fan, comenta que se ha sentido identificada con los mensajes de las canciones de BTS, las cuales “suelen romper con estereotipos heteronormativos” y apelan a una inclusión y diversidad de identidades”, según explica.
“Implica un estilo de vida, un consumo, un fashion, y esto para los jóvenes es muy importante en la medida en que se crea identidad, y hay unas lógicas de participación colectiva”, explica Manrique.

Salto a la política

BTS ha sido responsable del 7,6 por ciento del turismo en Corea del Sur.

Los fandom se vienen organizando desde hace años para posicionar a sus bandas en las redes sociales y aumentar la venta de sus discos. ¿Pero por qué llegaron a tener una participación política en algunos temas? Manrique da algunas luces.

“La cultura la estudiamos como una forma de ‘poder suave’ pero que cala profundamente dentro del cerebro. La apropiamos sin darnos cuenta. Esa interacción entre cultura y poder es lo que ha llevado a este nuevo fenómeno que nos tiene curiosos a todos, no sabemos hasta donde puede llegar. Hemos hablado de cuarta revolución industrial pero puede ser formas de revolución que hemos visto a lo largo de la historia, solo que se manifiestan ahora a través de otros medios” señala.

Al respecto, Carolina Urrego, docente de Ciencia Política de la Universidad de los Andes y quien a su vez trabaja en la Cooperación económica y comercial entre Latinoamérica y Asia bajo el paraguas de la Korea Foundation, considera que este movimiento trascendió hace rato la esfera de la industria musical para convertirse en unos movimientos sociales autónomos mucho más complejos.

Para los analistas hay por lo menos dos fuentes de su accionar político muy claras. Una, la contención o rechazo a los discursos radicales por la vía de un sabotaje soft, nunca violento, en el que solo utilizan sus bandas y su música.

Otro común denominador, explica Urrego, es su rechazo al uso excesivo de la fuerza por parte de la policía y otras autoridades o grupos. “Eso lo hemos visto en Black Lives Matter, las protestas en Chile y ahora en Colombia”, dice la experta, que interpreta sus ‘acciones’ en este sentido como una forma de visibilizar y limitar el alcance e impacto de la violencia.

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Cómo operan

La estrategia de los k-poppers es intentar posicionar las tendencias que consideran negativas con fancams. Así, el algoritmo de Twitter las etiqueta en la categoría de k-pop, y no como una tendencia política.

Cuando el algoritmo encuentra que el contenido no coincide con la temática del hashtag, elimina la tendencia ya que esto viola las políticas de uso de la plataforma: porque se asume como información engañosa.

Fuentes del fandom explicaron a EL TIEMPO que en varias ocasiones, entre sus grupos distribuyen los hashtag potencialmente denunciables. Además, antes de iniciar un ‘ataque’, distintas personas del fandom comentan las situaciones de su país para informar a los demás. Esto se hace en sus grupos o a través de trinos con imágenes de k-pop, de modo que cuando estos ataques surgen, ya se han informado por sus propios canales.

Y es que según Solórzano, no hay un líder específico sino que surge de manera colectiva. “Los fans tienen mucha experiencia en este tipo de estrategias, de popularizar hashtag porque lo han hecho con sus artistas durante años. He visto varios que mueven temas de nuestra región y ni siquiera son latinoamericanos” agrega. También reflexiona sobre algunos riesgos. “Si tú estás en otra parte del mundo y no tienes claro el contexto en Colombia, es muy fácil para ti ver que todos dan retweet y dices ‘bueno, yo también voy a apoyar’”.

El activismo es una forma de participación y muchos movimientos sociales se han trasladado a los espacios digitales. Según Manrique, esta participación en lo digital, puede traer al tos riesgos: “manipulación, desinformación, llamados a la violencia o a cometer delitos del odio. Sin embargo, también permiten nuevas formas de libertad de expresión”. Esta forma de agitación que emerge en el mundo virtual “no solo pasa en la política, sino en movimientos ambientalistas, o en barras bravas”.

A esto, Carolina Urrego señala que hay muchos grupos que hacen tendencias generadas por bots, son financiadas y tampoco están reguladas. “Las redes sociales parecieran espacios públicos para la discusión pero son privadas y desde ahí han tratado de establecerse normas para bloquear ciertos tipos de discursos”. La experta señala que esto supone una doble preocupación, “no solo por quienes participan sino por la regulación misma de la plataforma”.

La juventud y el futuro

"La visión de los k-poppers tradicional es de gente muy light, pero ahora se están uniendo para causas con preocupaciones claras"

La mayoría de los integrantes del fandom global son jóvenes. Por eso el activismo de los K-poppers ha puesto en la agenda pública las preocupaciones de la juventud frente a las situaciones actuales. Para Manrique, “estamos frente a la emergencia de una generación con unas narrativas muy diferentes a generaciones precedentes”. Gente que a través de sus celulares y la redes sociales encuentran una “forma de conectarse y manifestarse”.

Para Urrego, estos movimientos han surgido de manera orgánica en las redes, y hasta el momento no habría necesidad de regular pues sería frenar la libertad de expresión. Sin embargo, explica que el peligro no es el fandom per sé sino que, en el futuro, su captura por otros grupos podría ocurrir. “Una preocupación mía es realmente que los bots y otros grupos empiecen a capturar el contenido de los fandoms para avanzar otro tipo de iniciativas”.

No obstante, la politóloga observa que los k-poppers han demostrado nuevos alcances a la hora de convocar y movilizar, a la vez que revelan nuevos universos de intereses y posiciones dentro de esas comunidades de jóvenes.

“Lo que esto va a generar es un aumento en temas de conciencia política y social. La visión de los k-poppers tradicional es de gente muy light, pero ahora se están uniendo para causas con preocupaciones claras. Esto sí va a generar un nuevo tipo de discusiones más abiertas en comunidades que se percibían antes como apáticas”, concluye.

GABRIELA HERRERA GÓMEZ
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO

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